Farallones de Seboruco
sitio arqueológico en la provincia de Holguín, Cuba
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Los Farallones de Seboruco constituyen un importante sitio arqueológico ubicado en el municipio cubano de Mayarí, en la provincia de Holguín.[1] Se consideran una de las expresiones más tempranas de la presencia de comunidades aborígenes en la isla y poseen un extraordinario valor científico, histórico y cultural.
| Farallones de Seboruco | ||
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Monumento Nacional (según Resolución 10/1979) | ||
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| Situación | ||
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| Provincia |
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| Municipio |
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| Ciudad cercana | Mayarí | |
| Coordenadas | 20°32′56″N 75°37′59″O | |
| Datos generales | ||
| Administración | Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba | |
| Fecha de creación | 25 de diciembre de 1979 | |
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Ubicación en Cuba. | ||
Las investigaciones realizadas en este conjunto de cuevas y grutas han permitido identificar evidencias de los grupos humanos protoarcaicos que habitaron el territorio cubano hace aproximadamente seis mil años.[2]
En reconocimiento a su relevancia patrimonial, los Farallones de Seboruco fueron declarados Monumento Nacional el 25 de diciembre de 1979.[3]
Ubicación
Los farallones se localizan a unos 7 kilómetros de la ciudad de Mayarí, en la parte nororiental de la provincia de Holguín. Se encuentran entre los arroyos Batayal y Seboruquito, al norte de la línea férrea que une Felton con las minas de Pinares de Mayarí.
La llamada Cueva de Seboruco forma parte de un sistema de solapas, grutas y cavidades que se abren en el conjunto rocoso frente a la ladera norte de la Sierra de Nipe.[4]
Historia y descubrimiento
El hallazgo del sitio arqueológico se remonta a 1939, cuando el investigador cubano Antonio Núñez Jiménez y el Grupo Humboldt documentaron por primera vez la existencia de restos aborígenes en la zona. Las investigaciones iniciales pusieron en evidencia la presencia de grupos protoarcaicos, considerados los primeros habitantes de Cuba.[5]
Los descubrimientos señalaron que estos grupos practicaban enterramientos con un desarrollo ritual incipiente, colocando objetos líticos a manera de ofrendas funerarias. Las comunidades identificadas se dedicaban a la caza, la pesca y la recolección, eran de carácter nómada, y no conocían la agricultura ni la cerámica. Sin embargo, dominaban técnicas de talla en madera y fabricaban herramientas como cuchillos, destrales y majadores de piedra sílex.[6]
El 18 de mayo de 1979, Núñez Jiménez volvió a encabezar nuevas excavaciones en el sitio, acompañado por los investigadores José A. Viciedo y Carlos Betancourt. En estas campañas se hallaron restos óseos y otros materiales que ampliaron el conocimiento sobre la dieta y las prácticas rituales de estas comunidades. Entre los hallazgos más significativos destaca un esqueleto en posición acuclillada, atribuido a una adolescente de aproximadamente 13 años, acompañado de piezas de madera tallada que se interpretan como cetros rituales.[7]
Características arqueológicas
El complejo está conformado por varias cuevas y abrigos rocosos en cuyo interior se conservan pictografías que representan la primera manifestación de arte rupestre documentada en la zona oriental de Cuba. Estas pinturas, en blanco y negro, se caracterizan por su estilo abstracto y trazos lineales simples, constituyendo una de las expresiones artísticas más antiguas de la prehistoria cubana.[8]
Los estudios arqueológicos clasifican los restos encontrados en Seboruco dentro de la etapa preagroalfarera o protoarcaica, que se divide en fases temprana, media y tardía. Los yacimientos de Seboruco y Levisa corresponden a la fase temprana, caracterizada por industrias de lascas y puntas de sílex.[9]
Flora
La vegetación original del entorno de Seboruco fue un bosque semideciduo mesófilo típico. Sin embargo, debido a la actividad antrópica, hoy predomina la vegetación secundaria, aunque subsisten algunas especies nativas. Entre las principales se encuentran el jubabán (Trichelia hirta), el algarrobo (Pithecellobium saman), la guásima (Guazuma menifolia), entre otras.[10]
Fauna
La fauna local incluye tanto vertebrados como invertebrados. Entre los invertebrados destacan los lepidópteros (mariposas diurnas) como Siprueta stelenes insulares, Agraulis vanillae y Papilio thoa oviedo, así como los moluscos, entre los que resalta por su colorido la Polymita.[11]
En cuanto a la fauna vertebrada, están presentes principalmente reptiles y aves, con menor representación de mamíferos. Entre los reptiles identificados en la zona figuran la lagartija común (Anolis sagrei), la lagartija de cresta (Anolis homolechis), la lagartija del tablado (Anolis argenteolus), el jubo veré (Anolis noblei), la baboyana (Leiocephalus macropus), amastrapanza (Ameiva auberi) y el jubo galano (Anolis orientalis).[12]