Procedente de una noble familia de origen siracusano, nació en Palermo en 1813, hijo de Aloisio Beneventano, barón del Bosco, y de Marianna Roscio.[1]
Con su familia se trasladó a Nápoles, donde a los nueve años (1822) ingresó como alumno en la Real Academia Militar de la Nunziatella. Al finalizar su formación fue nombrado subteniente y asignado a los granaderos de la Guardia.[1][2]
De carácter voluntarioso y agresivo, con una natural inclinación al mando, tuvo que abandonar temporalmente el ejército y refugiarse en Malta, ya que había desobedecido la prohibición de participar en duelos. Regresó a Nápoles tras tres años de suspensión y continuó su carrera, alcanzando en 1848 el grado de capitán del Ejército de las Dos Sicilias.[1][3]
Participó en la represión de la Revolución siciliana de 1848, distinguiéndose en el sitio de Mesina, donde resultó levemente herido.[1] Su comportamiento fue elogiado por el comandante en jefe de las tropas borbónicas, Carlo Filangieri.[1] En Taormina solicitó sin éxito dirigir la primera oleada del asalto; en Catania estuvo en primera línea en el ataque a una barricada, logrando además dos victorias importantes en la zona de Monserrato y Punta Verde.[1][4]
En 1850 fue uno de los pocos oficiales en recibir la medalla de oro de primera clase de manos del rey Fernando II de las Dos Sicilias, quien además lo nombró caballero de San Fernando y San Jorge.[1]
En 1858, ya como mayor, mandaba un batallón en Monreale. En abril de 1860 reprimió la Revuelta de la Gancia y en mayo combatió contra los garibaldinos en la Toma de Palermo. Fue ascendido a teniente coronel[2][3] y enviado a reforzar con tres batallones el fuerte de Milazzo. El 20 de julio combatió contra la columna Medici en la batalla de Milazzo, viéndose obligado a refugiarse en el fuerte hasta que se negoció la rendición con los garibaldinos.[1][2]
De regreso en Nápoles, fue ascendido a general de brigada.[1] Tras la entrada de Garibaldi en la ciudad fue arrestado y liberado casi de inmediato. En noviembre de 1860 marchó a Gaeta para combatir junto a Francisco II.[1]
Dos meses después, tras la capitulación, acompañó al rey a Roma, hasta que en septiembre de 1861 fue expulsado de los Estados Pontificios por Pío IX.[1][4] Desde entonces se dedicó a organizar la resistencia antiunitaria, con fama de haber sido uno de los pocos oficiales borbónicos que no huyeron ante Garibaldi.[4]
Tras su expulsión vivió en varias ciudades del extranjero, como Trieste, Madrid, Barcelona[4] e incluso Marruecos.[1] Se desconoce cuándo regresó a Nápoles, pero allí pasó los últimos años de su vida, falleciendo el 8 de enero de 1881.[1][4]