Fiesta de la Anunciación
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La Anunciación por Paolo de Matteis. | ||
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| Datos generales | ||
| Tipo | Celebración de la Iglesia católica | |
| Celebrada por | Iglesia católica | |
| Sede | Toda la Iglesia Universal | |
| Duración | Un día | |
| Fecha | 25 de marzo.[1] | |
| Organizador | Iglesia católica. | |
| Motivo | Anunciación del Señor | |
| Relacionada con | Navidad | |
La Fiesta de la Anunciación (en griego, Ο Ευαγγελισμός της Θεοτόκου, contemporáneamente la Solemnidad de la Anunciación, y también llamada Lady Day, la Fiesta de la Encarnación (Festum Incarnationis), o Conceptio Christi (Concepción de Cristo)), conmemora la visita del arcángel Gabriel a la Virgen María, durante la cual le informó que sería la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Se celebra el 25 de marzo de cada año. En la Iglesia católica, cuando el 25 de marzo cae durante el Triduo Pascual, se adelanta al primer día adecuado durante el Tiempo de Pascua.[2] En la ortodoxia y en el catolicismo oriental, nunca se traslada, aunque caiga en Pascha (Pascua). La concurrencia de estas dos fiestas se denomina Kyriopascha.
La fiesta de la Anunciación se observa casi universalmente en todo el cristianismo, especialmente dentro de la Ortodoxia, el Anglicanismo, el Catolicismo y el Luteranismo.[3] Es una de las principales fiestas marianas, clasificada como solemnidad en la Iglesia Católica, como «festiva» en las Iglesias Luteranas, y como «fiesta principal» en la Comunión Anglicana. En la cristianismo ortodoxo, debido a que anuncia la encarnación de Cristo, se cuenta como una de las ocho grandes fiestas del Señor, y no entre las cuatro grandes fiestas marianas, aunque algunos aspectos destacados de su observancia litúrgica son marianos.[4][5] Dos ejemplos en el cristianismo litúrgico de la importancia concedida a la Anunciación son el rezo del Ángelus y, especialmente en el catolicismo, la posición del acontecimiento como primer misterio gozoso del Rosario.[6]
Según el Evangelio de Mateo, 1; 18-25
La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: —José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta: Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios–con–nosotros. Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.[7]
Según el Evangelio de Lucas, 1; 26-38
En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. Y entró donde ella estaba y le dijo: —Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo: —No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. María le dijo al ángel: —¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón? 35Respondió el ángel y le dijo: —El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible. Dijo entonces María: —He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.[8]
Aquí se registra el «saludo angélico» de Gabriel a María: «Salve, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas DRA; Latin Vulgata: have gratia plena Dominus tecum VULGATE), y la respuesta de María a la voluntad de Dios, «hágase en mí según tu palabra» (DRA; Vulgata: fiat mihi secundum verbum tuum VULGATE). El «saludo angélico» es el origen de la oración del Ave María y del Ángelus; la segunda parte de la oración proviene del saludo de santa Isabel a María en la Visitación.[9]