Graciana de Barrenechea
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Zugarramurdi (España)
Logroño (España)
| Graciana de Barrenechea | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
1540 Zugarramurdi (España) | |
| Fallecimiento |
1610 Logroño (España) | |
Graciana de Barrenechea (en euskera: Graziana Barrenetxea; Zugarramurdi, Navarra, c. 1530 - Logroño, 1610) fue una mujer acusada de ser una figura destacada en el culto al diablo durante los juicios que se llevaron a cabo en Navarra para erradicar la brujería. Murió en prisión antes del auto de fe de 1610 celebrado en Logroño y en su lugar fueron quemados sus restos y una efigie suya.[1][2]
El primer marido de Barrenechea fue Juanes (o Joanes) de Yriarte, un pastor, con quien tuvo tres hijas,[3] entre ellas Estevanía y María de Yriarte. Estevanía se casó con otro pastor, Juanes (o Joanes) de Goiburu, hijo de Miguel de Goiburu, un pastor de prestigio.[4] El segundo marido de Barrenechea era el hermano de Miguel, también llamado Joanes,[3] aunque otras fuentes afirman que Barrenechea fue la esposa de Miguel.[1]
Todos ellos vivían en Zugarramurdi y sus alrededores durante los juicios de brujas, y la historiadora Emma Wilby y el antropólogo Mikel Azurmendi teorizan que esta extensa familia fue un punto focal de acusaciones de brujería, debido a que, tiempo atrás, lucharon por la libertad del pueblo del cercano monasterio de Urdax, la autoridad local en la caza de brujas. Miguel fue acusado de ser el cabecilla del akelarre[4] y Barrenechea también fue acusada de haber sido "reina de las akelarre", antes que María de Arburu.[5] El primer marido y la tercera hija de Barrenechea fueron los únicos miembros de la familia que no fueron acusados de brujería.[3]
Los registros de Zugarramurdi presentan quizás la primera asociación de un sapo como animal familiar de una bruja, basada principalmente a partir de relatos sobre la elaboración de veneno de sapo proporcionados por Barrenechea, María y Juanes de Goiburu cuando fueron obligados a confesar. Wilby considera relevante que la profesión de pastor probablemente implicara el uso de sapos con fines veterinarios.[4]

Acusaciones de brujería y muerte
Barrenechea tenía más de 80 años cuando fue acusada de brujería,[1][5] Cuando el comisario del Santo Oficio y obispo de Urdax, León Aranibar, la interrogó por primera vez sobre las acusaciones de brujería, señaló que fue «vacilante y contradictoria en sus declaraciones».[6]
En sus confesiones documentadas, Barrenechea supuestamente admitió ser la reina del aquelarre, haber practicado canibalismo con niños desmembrados y cadáveres, y tener una relación amorosa con el diablo. También confesó haber sentido tantos celos de otra mujer, Marijuán de Odia, por el afecto del diablo, que ambos envenenaron a Odia con piel de sapo; la mujer murió tres días después.[7][8]
Además de las confesiones, hubo muchas acusaciones contra Barrenechea por parte de niños de la época en que vivió en Arraioz, afirmando que los atraía al diablo y trataba de raptarlos, lo que provocó múltiples enfrentamientos públicos entre los padres y Barrenechea.[6] Una de las acusaciones, relatada por María de Echaleco, afirmaba que
«aviendola llevado la Reyna Graciana de Barrenechea por el ayre después de comer a un campo donde estaba una cueva, dexandola sola, se fue hazia la cueva,y pasando un rato vio que la dicha Graciana y Estevania de Telechea, salieron de la cueva llevando en medio y abraçado al Demonio, en muy espantosa figura, y que todas tres iban hazia donde ella estaba, de que con el espanto que tuvo nombró el nombre de Iesus y luego al punto desaparecieron.».[7][9]
Los habitantes de Arraioz rezaron por ella, y ella se lo agradeció; sin embargo, más tarde se retractó de sus confesiones de brujería, lo que enfureció a los vecinos. Fue encarcelada durante un tiempo en el palacio de Zugarramurdi, pero continuó con su actitud de confesar y luego retractarse. Los aldeanos acudieron entonces a Miguel de Narbart, familiar de la Inquisición, para que la interrogara.
En su intento por hacerla confesar, Narbart ató a Barrenechea a una columna con una cadena alrededor del cuello.[6] Tenía los pies descalzos, y la gente le echaba agua en los pies, lo que le provocaba dolor debido al frío.[8] Alguien vio que Barrenechea ya no podía hablar, pero aún respiraba; los asistentes la animaron a encomendarse a Dios, y entonces murió. Los niños que presenciaron su muerte dijeron que el demonio con forma de macho cabrío apareció junto a ella en el momento en que falleció.[6]
Los relatos indican que la tortura a la que fue sometida Barrenechea para hacerla confesar, mientras continuaba alegando que era inocente, la llevó a la muerte en la prisión de Logroño.[1][6] Entre quienes presenciaron su fallecimiento, solo se tiene constancia de una persona que desaprobó su tortura; las demás le restaron importancia, achacando el desenlace a su edad, o consideraron que la merecía.[6]
Los archivos de la Inquisición sobre el auto de fe de Logroño muestran que Barrenechea y Estevanía fueron condenadas conjuntamente por «tantas cosas y muertes que no pueden detallarse en la sentencia».[7] La Inquisición consideró a Barrenechea una bruja especialmente influyente y le impuso una condena tan severa que, aunque murió antes de ser juzgada, debía ser castigada igualmente. Tanto sus restos como la efigie que la había representado en el juicio fueron quemados.[5]

Las dos hijas de Barrenechea que fueron acusadas también murieron en prisión y fueron quemadas en efigie.[10] En 1611, el Consejo de la Suprema Inquisición absolvió a todas las personas que habían sido acusadas de brujería en Logroño,[6] y entre 1612 y 1613 se celebró un juicio colectivo en la Corte Mayor de Navarra, contra varios residentes de la región acusados de haber lanzado amenazas y cometido ataques en el marco de su caza de brujas.
Como ostentaba el cargo de familiar de la Inquisición, Narbart gozaba de inmunidad, pero aun así fue obligado a testificar en el juicio, y el fiscal lo amenazó con cargos de asesinato en relación con la muerte de Barrenechea. Los acusados fueron declarados culpables y condenados a períodos de exilio de Navarra.[6]
