Hacer la cama
disponer ordenadamente la ropa de cama
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Hacer la cama (o tender la cama, en algunos países hispanohablantes) es el acto de disponer ordenadamente la ropa de cama, estirándola y doblándola de manera regular.[1] La cama se hace comúnmente después de usarla durante la noche para darle una apariencia estética y organizada el resto del día, realizándose habitualmente por las mañanas tras haber ventilado la habitación.

Origen

El término «hacer la cama» proviene de la Edad Media, cuando las camas se construían tan solo con un manojo de paja que se extendía sobre el suelo o sobre un banco elevado. En vista de que la paja se recogía diariamente para secarla al sol o destinarla a otras funciones domésticas, la cama tenía que hacerse literalmente cada noche.[2]
Secuencia de acciones

Para hacer la cama, se sigue la siguiente secuencia de acciones:
- Estirar y remeter la sábana bajera por debajo del colchón. No hace falta habitualmente remeterla si es ajustable.
- Estirar y alisar la sábana encimera junto con la manta (si la hay) alineándola con ésta. Doblar la parte superior de la sábana sobre la manta creando así el embozo[3] o parte que la protege de roces y suciedades.
- Meter la sábana y la manta bajo el colchón por los dos laterales y el pie.
- Colocar la almohada (cojín, en algunos países hispanohablantes) en la cabecera de la cama.
- Estirar y alisar la colcha o edredón y colocarlo sobre las demás piezas.
Si la cubierta de la cama consiste en un edredón nórdico, la operación se simplifica al eliminar las etapas segunda y tercera.
Logística y optimización en el almacenamiento de textiles



La eficiencia en el proceso de hacer la cama depende en gran medida de las condiciones logísticas previas del almacenamiento de la ropa de cama.[4] La manipulación y el guardado de piezas textiles de gran formato, como las de matrimonio (como sábanas de dimensiones King o Queen), suponen un desafío operativo debido al volumen excedente del tejido y a su tendencia natural al arrugado durante el reposo en el armario.[5] Con el objetivo de mitigar este impacto, en el ámbito de la organización doméstica y la gestión hotelera se aplican sistemas estandarizados basados en el doblado geométrico por tercios y el anidamiento técnico de las esquinas elásticas (en este último caso, para el caso específico de las sábanas bajeras ajustables).[6]
Estas técnicas de doblado estructurado, entre las que destacan los denominados sistemas de archivo, compresión vertical o doblado en tercios por bandas, incorporan la eliminación manual del aire atrapado entre los pliegues de fibra textil durante el proceso de aplanamiento.[7] Este procedimiento busca homogeneizar las dimensiones de los paquetes resultantes para su posterior disposición en paralelo sobre su base autónoma —evitando el apilamiento tradicional en torres—, lo que optimiza el espacio cúbico disponible en los organizadores, reduce la fricción entre telas para prevenir deformaciones en el tejido y agiliza la extracción individualizada de las sábanas durante las rutinas de tendido.[8][9] Como soporte mecánico a esta tarea, es habitual el empleo de plantillas rígidas denominadas tablas de doblado, las cuales delimitan físicamente el contorno de la pieza para asegurar la simetría y uniformidad de calibre en lotes de gran formato.[10]
Asimismo, para el almacenamiento a largo plazo o de cambio de temporada, se ha extendido el uso de sistemas mecánicos de compresión mediante bolsas herméticas al vacío; este método utiliza una bomba o una aspiradora doméstica para extraer por completo el aire del interior del contenedor plástico, disminuyendo drásticamente el volumen textil y protegiendo el tejido contra la humedad y agentes externos.[11] No obstante, bajo criterios de ergonomía y seguridad en el manejo de cargas, la reducción extrema del volumen no implica una disminución de la masa real; el almacenamiento de múltiples piezas comprimidas en un único contenedor o balda del armario altera la percepción sensorial de su peso, lo que exige precaución para evitar sobreesfuerzos físicos durante su manipulación.[12]
La eficiencia en el proceso de hacer la cama depende en gran medida de las condiciones logísticas previas del almacenamiento de la ropa de cama.[13] La manipulación y el guardado de piezas textiles de gran formato, como las de matrimonio (como sábanas de dimensiones King o Queen), suponen un desafío operativo debido al volumen excedente del tejido y a su tendencia

natural al arrugado durante el reposo en el armario.[14] Con el objetivo de mitigar este impacto, en el ámbito de la organización doméstica y la gestión hotelera u hospitalaria se aplican sistemas estandarizados basados en el doblado geométrico por tercios y el anidamiento técnico de las esquinas elásticas (en este último caso, para el caso específico de las sábanas bajeras ajustables).[15]
Estas técnicas de doblado estructurado, entre las que destacan los denominados sistemas de archivo, compresión vertical o doblado en tercios por bandas, incorporan la eliminación manual del aire atrapado entre los pliegues de fibra textil durante el proceso de aplanamiento.[16] Este procedimiento busca homogeneizar las dimensiones de los paquetes resultantes para su posterior disposición en paralelo sobre su base autónoma —evitando el apilamiento tradicional en torres—, lo que optimiza el espacio cúbico disponible en los organizadores, reduce la fricción entre telas para prevenir deformaciones en el tejido y agiliza la extracción individualizada de las sábanas durante las rutinas de tendido.[17][18] Como soporte mecánico a esta tarea, es habitual el empleo de plantillas rígidas denominadas tablas de doblado, las cuales delimitan físicamente el contorno de la pieza para asegurar la simetría y uniformidad de calibre en lotes de gran formato.[19]
Asimismo, para el almacenamiento a largo plazo o de cambio de temporada, se ha extendido el uso de sistemas mecánicos de compresión mediante bolsas herméticas al vacío; este método utiliza una bomba o una aspiradora doméstica para extraer por completo el aire del interior del contenedor plástico, disminuyendo drásticamente el volumen textil y protegiendo el tejido contra la humedad y agentes externos.[20] No obstante, bajo criterios de ergonomía y seguridad en el manejo de cargas, la reducción extrema del volumen no implica una disminución de la masa real; el almacenamiento de múltiples piezas comprimidas en un único contenedor o balda del armario altera la percepción sensorial de su peso, lo que exige precaución para evitar sobreesfuerzos físicos durante su manipulación.[21]
Relacionados y curiosidades
- «Hacer la cama[22]» o «Hacer una cama» es también una expresión coloquial que significa engañar a alguien para obtener algún provecho.
- Algunas supersticiones están ligadas al acto de hacer la cama, estableciendo, por ejemplo, que no hacerla provoca mala suerte al igual que interrumpir la operación con un estornudo o colocar las sábanas al revés.[23]
- En las bodas charras, era costumbre que las mozas del pueblo fueran a hacer la cama de los novios días antes de la boda.[24]
- Una broma popular consiste en hacer la cama de una manera diferente para impedir que la persona entre en la misma. Se llama hacer la petaca (sábanas cortas, en Chile), y se realiza metiendo el extremo inferior de la sábana encimera por la cabecera volviéndola luego sobre la manta. De este modo, la persona que intenta entrar no lo consigue, al haber reducido con la sábana el espacio disponible.
- "Hacer la cama", en el deporte, significa que, cuando un jugador salta, otro del equipo contrario se queda debajo, inclinado, forzando una mala caída.
- En el fútbol[25] y en la jerga futbolística, es cuando los jugadores de un equipo se ponen de acuerdo en secreto para jugar mal e intentar culpar al entrenador del mal rendimiento del equipo, hasta que es despedido.
Véase también
Enlaces externos
Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre hacer la cama.