Historia de los observatorios astronómicos
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Un observatorio astronómico es un lugar en el que se busca estudiar el universo, analizando y conservando la información obtenida con la ayuda de instrumentos como telescopios u ordenadores. Considérese a los observatorios astronómicos más que un edificio con una cúpula cubriendo su techo, son el lugar en donde se crean y desarrollan prácticas y métodos diferentes.[1] Están involucrados no solo el propio observatorio si no todo a su alrededor, como las personas, los instrumentos, los técnicos, los fabricantes de los instrumentos científicos, las observaciones dirigidas al enfoque científico, arquitectos, astrónomos.
Históricamente los observatorios astronómicos se han utilizado con fines diferentes, entre los cuales se encuentran la cartografía, hidrografía, meteorología, creación de calendarios, divulgación, medición del tiempo entre otros. Nos enfocaremos en la historia acerca de esta evolución y desarrollo que los observatorios tuvieron desde sus comienzos, hasta los inicios de los actuales, considerando los elementos que cada tipo de observatorio tuvo según la época.
Se tienen registros de antecesores de lo que actualmente conocemos como observatorios, conocidos como proto-observatorios,[2] en las antiguas civilizaciones de Egipto, Babilonia, China, Mesopotamia, Maya, entre otras. Principalmente eran utilizados para la creación de calendarios. Se necesitaba contar los días y fijar fechas para llevar un control económico, establecer ciclos agrícolas, regular la vida social y legitimar el poder de los sacerdotes-gobernantes. Por lo que la observación del cielo y de los cambios que presentaba eran importantes para ordenar y formalizar estas temporadas.
Los observatorios más antiguos son el Círculo de Goseck, el cual consiste en una estructura neolítica situada en Alemania construida hace unos 7000 años, así como el conjunto megalítico de Nabta Playa, en Egipto, ubicado en el sur del Cairo.[2] Muchos de los megalitos tenían la función de un observatorio astronómico y con el paso del tiempo empezaron a adquirir intereses religiosos. Los megalitos estaban en posiciones específicas que corresponden con posiciones celestes, muchos de ellos dedicados a la observación de las posiciones del sol y de la luna, alineados con solsticios y equinoccios.[3]

En Mesoamérica, la cultura Maya contaba con diversas estructuras, como El Caracol en Chichen Itza, que además de servir para actividades políticas y religiosas, se utilizaban como puntos de referencia para el estudio de los astros. Conocer el movimiento de estos les era útil para construir calendarios que indicaran los momentos adecuados para la siembra y cosecha.[4] Casos similares se encuentran en el Antiguo Egipto.
La cultura islámica fue la encargada de conservar las prácticas y conocimientos astronómicos obtenidos por los griegos, además de hacer sus propios estudios. Debido al aumento del tamaño de los instrumentos utilizados en las observaciones, fue necesaria la instalación de un lugar fijo en el cual trabajar. Fue así que la civilización islámica construyó sus primeros proto-observatorios. El proto-observatorio de Shammas Iyya fue el primero del que se tenga registro, en el año 828 y fue construido por orden del califa al-Ma’mun, con el fin de determinar la alquibla (la dirección en la que se encuentra La Meca).[5]
Observatorios náuticos y geodésicos
Son aquellos observatorios dedicados a la astronomía con aplicaciones directas a la navegación y la geodesia. Sus principales propósitos son la investigación para la mejora de las técnicas de navegación, el trazado de mapas, medición del tiempo, aplicaciones que se requerían en el tránsito del comercio marítimo.[6] Cabe destacar que en los siglos XVIII y XIX, este tipo de observatorios alcanzó su más notable y crucial prestigio. En la actualidad, las funciones y objetivos que estos cumplían han sido sustituidas por nuevos instrumentos e instituciones.

La creación de este tipo de observatorio se dio por la necesidad de perfeccionar la navegación con fines comerciales; además, de reconocer todo el territorio que poseía un país. La determinación de la longitud en el mar llevó a una búsqueda competitiva, incluso se ofrecieron recompensas para aquellas personas que dieran una solución práctica al problema.[6] Otros ejemplos de productos de estos observatorios son los almanaques, que corresponden a una serie de publicaciones con información astronómica usada en la navegación, estudios de meteorología, cartografía e hidrografía y para la delimitación de territorios.
A mediados del siglo XVIII los observatorios astronómicos/navales tenían como objetivo prioritario determinar la latitud, y el instrumento utilizado para este propósito fue el octante,[7] siendo un instrumento más delicado en su manipulación, por lo que únicamente era utilizado por oficiales navales y astrónomos. Los oficiales de la Armada Española requirieron del uso de este tipo de instrumentos y de diferentes conocimientos astronómicos, así, el Observatorio Real de Cádiz se construyó para formar a los militares y marines en astronomía, aunque no fue su único interés.
La historia del Observatorio Real de Greenwich como el primer observatorio náutico comienza por la orden de Carlos II de nombrar una Comisión Real para investigar la astronomía, con el fin de impulsar la navegación, el comercio y la cartografía.[6] En agosto de 1675 el primer astrónomo real John Flamsteed, nombrado "observador astronómico" por Carlos II, colocó la primera piedra para la construcción del Observatorio Real. Se usó el ruinoso Castillo de Greenwich para su construcción, puesto que tenía cimientos sólidos y la ubicación, al ser un terreno alto, era ideal para las observaciones. El encargado de esta decisión y del diseño del edificio fue Sir Christopher Wren.

En 1760, se introdujeron las tablas de Nevil Maskelyne para encontrar la longitud en el mar por medios astronómicos como el posicionamiento de los astros y dieron pie a los cronometradores de John Harrison, que lograron que el mundo fuera trazado con una nueva precisión científica.
El Observatorio Real fue clave para ayudar a desarrollar relojes precisos, pues se sabe que se instalaron pequeños observatorios con un personal limitado de astrónomos competentes en algunos puertos marítimos, con el fin de sincronizar y calibrar los cronómetros navales de forma más accesible para los navíos, pero no solo ocurrió en este observatorio, se unieron Gran Bretaña y Estados Unidos con las llamadas “bolas de tiempo”.
La hora internacional de muchos procesos comerciales se medía con respecto a la hora oficial del Observatorio de París. En 1884 terminó un debate internacional entre Greenwich y París,[8] respecto a mover el meridiano cero al Real Observatorio, lo cual fue algo que a los ojos de los franceses no fue bien recibido, pero tuvieron que asimilarlo.



