Indoeuropeización

proceso de asimilación cultural, relacionado con la etnogénesis y lingüística de Eurasia occidental From Wikipedia, the free encyclopedia

La indoeuropeización fue un proceso de asimilación cultural, básicamente relacionado con la etnogénesis y la lingüística de partes de Eurasia occidental, que puede ser parcialmente reconstruido mediante la lingüística histórica, la arqueogenética y la arqueología.

Expansión de los pueblos indoeuropeos desde su región originaria. En verde oscuro se marca la regió originaria donde pudo hablarse el proto-indoeuropeo, mientras que el verde claro muestra la extensión actual de las lenguas indoeuropeas, algo menor de lo que pudo haber sido en el pasado, ya Asia Central posteriormente fue invadida por pueblos túrquicos.

Los datos arqueogenéticos indican que entre el 3000 a. C. y el 2000 a. C. se produjeron movimientos migratorios procedentes de la estepa póntica, acompañados por la difusión de los haplogrupos R1b[1] y R1a[2] hacia Europa.

Las primeras fases de este proceso estuvieron en parte asociadas a la cultura del vaso campaniforme y a la cultura de la cerámica cordada, ambas con rasgos culturales vinculados a la anterior cultura yamna. Se considera que estas migraciones se relacionan con la expansión de las lenguas indoeuropeas desde una región originalmente limitada, que coincide de forma aproximada con el área atribuida a la cultura yamna. En ese territorio se habría desarrollado la fase final del protoindoeuropeo antes de su fragmentacion en diferentes ramas.

Además, hubo movimientos similares hacia Asia Central y regiones situadas más al sur, que contribuyeron a la indoeuropeizacion de partes de Asia occidental, Asia Central, Irán y el norte del subcontinente indio, donde también se observa un incremento de linajes arqueogenéticos asociados al haplogrupo R1a.

Panorama general

La indoeuropeización fue un proceso de etnogénesis, donde poblaciones procedentes de la estepa póntica, se hibridaron con poblaciones europeas descendientes de los primeros agricultores europeos, de tal manera que tanto la lengua, como la religión y aspectos tecnológicos procedentes de la cultura yamna fueron predominantes. Sin embargo, igualmente la eviencia arqueogenética muestra que las poblaciones resultantes conservaron una gran parte del acerbo genético. En particular, la indoeuropeización parece haberse llevado a cabo mediante muchas relaciones de hombres con linajes esteparios (cerca del 70% de la contribución al cromosoma Y son subramas del haplogrupo R,[3] y en este caso se le da una antigüedad de 18 500 años.[4] en gran medida llegado de las estepas pónticas), mientras que el 75% del ADN mitocondrial asociado a la herencia materna parece de origen preindoeuropeo. El resultado es que el ADN autosómico procedería en un 45-65% de los agricultores neolíticos preindoeuropeos (EEF), un 25-50% de pueblos indoeuropeos (este porcentaje varía ligeramente a lo largo de Europa) y 10-25% de los cazadores-recolectores paleolíticos (WHG). Este proceso de indoeuropeización sería el último gran cambio en la prehistoria europea, que habría sido un fenómeno etnolingüístico y social general.

Indoeuropiezación de la Península ibérica

En la península ibérica este proceso habría dado lugar a los pueblos prerromanos sin haberse integrado en los circuitos que van creando los centros dominantes en el proceso de historización.[5] Son diferenciaciones que encajan en los procesos culturales y no propiamente en las distinciones étnicas de base.[5]

Cuando se hace alusión a pueblos indoeuropeos, conocidos por datos escasos y difíciles de precisar, cuyo prototipo sería el de los ligures, en realidad se está queriendo decir que determinadas comunidades, ya en periodo histórico, aunque fuera durante una etapa muy breve dentro de él, se conservaban todavía sus peculiaridades sin haberse indoeuropeizado.[5]

El proceso de integración de la península no fue homogéneo y en ello se basa precisamente la complejidad del desarrollo histórico desde la Prehistoria hasta la unificación peninsular.[5] Ahora bien, más que pueblos indoeuropeos, hay que referirse a la historia de comunidades con rasgos culturales que se conservan desde la situación previa a la presencia de influencias indoeuropeas.[5]

De otro lado, si la difusión lingüística no representa necesariamente la identificación con grupos étnicos y, si el hecho de que unas zonas se hayan indoeuropeizado y otras no, no significa por fuerza que haya que establecer entre sus habitantes distinciones de tipo étnico, en este plano también el dato arqueológico, con más motiva, resulta cada vez más impropio para establecer identificaciones étnicas.[5] Sin duda, puede ser significativo de que se extiendan o no, a partir de un punto determinado, ciertas prácticas funerarias o formas de instrumentos líticos o métodos de fabricación de cerámica o de objetos metálicos, pero ya es más difícil identificar una forma cerámica o un tipo de enterramiento de un pueblo.[5]

Sin embargo, existen datos arqueológicos que, por su relevancia, o por haber servido como argumento para la identificación de determinados datos históricos procedentes de otras fuentes, merece la pena que se tengan en cuenta dado que el no aceptar la identificación mecánica no quiere decir que la huella arqueológica no represente, de una manera menos simple, un elemento objetivamente significativo de lo que ha ocurrido en el campo de las transformaciones históricas, en la idea de que tales transformaciones no están constituidas solo por movimientos de colectividades, sino, antes bien, de una manera que reviste mayor importancia, por cambios que afectan al interior mismo de las comunidades, debidos a condiciones internas o externas, a dinámicas resultantes de los propios enfrentamientos o al efecto de contactos con otras comunidades, en planos específicos o bélicos, en situación de paridad evolutiva o de superioridad o inferioridad, cultural o material, numérica o instrumental.[5]

Indoeuropeización de la Península itálica

La indoeuropeización de la península itálica fue un proceso que se desarrolló durante la Edad del Bronce y comienzos de la Edad del Hierro, cuando diversos grupos de hablantes indoeuropeos penetraron en Italia procedentes de Europa central. Se considera que los pueblos itálicos (portadores de las lenguas que darían lugar posteriormente al latín, el osco y el umbro) descienden de comunidades relacionadas con la expansión de la cultura de los campos de urnas y otras tradiciones del Bronce Final en la llanura danubiana. Estos grupos habrían entrado en Italia hacia el segundo milenio a. C., asentándose principalmente en el centro de la península y dando origen a los distintos Pueblos antiguos de Italia.

Sin embargo, la indoeuropeización no fue completa. En la península sobrevivieron lenguas no indoeuropeas, entre las cuales destacan el etrusco, el rético en los Alpes orientales, y el piceno septentrional, también conocido como piceno de Novilara. Pese a su carácter lingüístico no indoeuropeo, los etruscos muestran evidencias arqueogenéticas de haber absorbido componentes genéticos relacionados con poblaciones de la estepa, lo que indica mezcla cultural y demográfica sin sustitución lingüística.

Además de los pueblos itálicos, en el noreste de la península se desarrollaron los vénetos, quienes hablaban una lengua indoeuropea relacionada de forma amplia con el grupo itálico pero con rasgos distintivos propios. En el sur de Italia y en la costa adriática llegaron los mesapios, probablemente procedentes de los Balcanes y asociados a la expansión de poblaciones adriático-egeas durante la Edad del Hierro. También se ha propuesto que los ligures del noroeste de Italia pudieran haber sido una población de origen mixto, con elementos preindoeuropeos e indoeuropeos, aunque su clasificación sigue siendo debatida.

En conjunto, la indoeuropeización de Italia fue un proceso gradual que combinó la llegada de grupos indoeuropeos desde el norte, la persistencia de comunidades preindoeuropeas locales y la llegada de poblaciones adicionales desde el Adriático. El resultado final fue una península lingüísticamente diversa en la Edad del Hierro, con lenguas itálicas, vénetas y mesapias coexistiendo junto a tradiciones no indoeuropeas como la etrusca y la rética, antes de la expansión del latín y de la romanización en épocas posteriores. En las islas, Córcega, Cerdeña y Sicilia, existen también grupos de población que, en época histórica, conservaban sus rasgos previos, en condiciones de relativa falta de contactos.[5]

Indoeuropeización de Europa oriental y central

La indoeuropeización de Europa central y oriental fue un proceso ligado a la expansión de poblaciones con ascendencia esteparia procedentes de la cultura yamna y su difusión a través de la cultura de la cerámica cordada durante el III milenio a. C. Estas comunidades introdujeron nuevas prácticas funerarias, una economía ganadera intensiva y patrones sociales que se extendieron por gran parte de Europa centro-oriental.

En Europa central, dicho proceso se consolidó con la cultura de Únětice (c. 2300 - 1600 a. C.), generalmente considerada como mayoritariamente formada por hablantes de lenguas indoeuropeas. Se ha propuesto que la lengua dominante en Únětice podría haber sido una forma temprana de protoindoeuropeo noroccidental, aunque esta hipótesis es conjetural y se basa sobre todo en la distribución posterior de ramas indoeuropeas en la región tras el 1000 a. C. La cultura de Únětice no fue homogénea, sino que generó diversas tradiciones regionales durante la Edad del Bronce.

Hacia el norte, la tradición de Únětice habría evolucionado progresivamente hacia la Edad de Bronce nórdica (c. 1750 - 500 a. C.) y posteriormente hacia la cultura de Jastorf (c. 600 - 1 a. C.), esta última comúnmente asociada con los pueblos germánicos y el desarrollo de la lengua proto-germánica.

Hacia el oeste y suroeste, Únětice dio paso a la cultura de los túmulos (c. 1600 - 1200 a. C.), seguida por la cultura de los campos de urnas (c. 1250 - 750 a. C.) y la cultura de las Terramaras (c. 1500 - 1100 a. C.). Estas tradiciones han sido asociadas por algunos investigadores con el desarrollo de formas tempranas del proto-italocéltico, aunque la relación lingüística exacta sigue siendo debatida debido a la ausencia de registros escritos en estas fases.

En la parte más oriental de la expansión de la cultura de la cerámica cordada, se desarrollaron otras tradiciones culturales ya fuertemente indoeuropeizadas. Entre ellas, la cultura de Trzciniec (c. 2200 - 1600 a. C.) ocupa un papel central como posible origen del proto-baltoeslavo, dando lugar posteriormente a las lenguas baltoeslavas. La distribución hidronímica y patrones de continuidad cultural en el área del Dniéster, el Bug y el Vístula apoyan esta interpretación.

Por otro lado, más al sureste, la Cultura de Sintashta (c. 2100 - 1800 a. C.), también derivada de contextos tardíos relacionados con la cerámica cordada, está asociada al desarrollo de innovaciones tecnológicas como el carro de guerra de dos ruedas y ciertos rituales funerarios con armas y caballos. Por estas características y por la evidencia arqueogenética, Sintashta y sus desarrollos posteriores (como el complejo Andronovo) son considerados los candidatos más probables para el origen de las lenguas indoiranias.

En resumen, la indoeuropeización de Europa central y oriental no fue un evento único, sino una secuencia de transformaciones culturales y demográficas: la cerámica cordada introdujo la base poblacional y lingüística indoeuropea, la cultura de Únětice articuló las primeras sociedades complejas de la Edad del Bronce central, mientras que Trzciniec y Sintashta marcaron divergencias hacia las ramas baltoeslava e indoirania, respectivamente.

Indoeuropeización de Asia

La indoeuropeización de partes de Asia Occidental y el norte de Asia Meridional es el resultado principal de migraciones indoeuropeas durante la Edad de Bronce que llevaron a la región a hablantes de lenguas indoeuropeas antiguas. Los pueblos responsables de estas migraciones eran originarios en las estepas de Asia Central. Este proceso de asimilación cultural de otras culturas de Asia central se asocia con comunidades que hablaban formas tempranas de las lenguas indoiranias. Antes de esta migración, había habido otras oleadas como las asociadas a los tocarios que parecen ser descendendientes los pobladores de la cultura de Afanásievo.

El proceos de indoeuropeización tuvo lugar aproximadamente el 2500 y el 1500 a. C. se desarrolla en la región de los Urales meridionales y Kazajistán la esfera cultural conocida como Sintashta-Petrovka y, posteriormente, el complejo Andronovo. Estas sociedades muestran las primeras evidencias arqueológicas claras de carros de dos ruedas, prácticas funerarias con armas y caballos, y una organización social que algunos estudios relacionan con la religión y estructura social indoirania más antigua. Estas comunidades poseían un componente genético estepario característico (Edad de Bronce Temprana y Media de la Estepa) y un porcentaje elevado del haplogrupo R1a-Z93, que más tarde aparecerá con frecuencia entre poblaciones indoiranias históricas.

En el sur, en las regiones de Bactria y Margiana (actual Turkmenistán, Uzbekistán y Afganistán), existía la Complejo arqueológico Bactria-Margiana (BMAC), floreciente entre aproximadamente 2250 y 1700 a. C., caracterizada por grandes asentamientos amurallados, irrigación y artesanía desarrollada. La interacción entre grupos esteparios y la BMAC no fue una invasión súbita, sino un proceso gradual de contactos, circulación de personas y transmisión cultural. Tras el declive de la BMAC, surge el horizonte Yaz (hacia 1500/1400 a. C.), con asentamientos fortificados y cerámicas hechas a mano, que se considera un candidato claro para las primeras comunidades iránicas en Asia Central. Desde este horizonte, a lo largo del primer milenio a. C., las poblaciones iranias se expandieron hacia el altiplano iranio, donde aparecen mencionadas históricamente como medos y persas desde el siglo IX a. C.

En paralelo, parte de los grupos indoiranios avanzaron hacia el sur y sureste, a través de los corredores montañosos que conectan Asia Central con el noroeste del subcontinente indio. Tras el colapso de la civilización del valle del Indo (c. 1900 a. C.), en la región del Punjab y el noroeste aparecen culturas arqueológicas como la cultura del Cementerio H (1900–1300 a. C.) y, más tarde, la cultura de las tumbas de Gandhara en el valle de Swat (aprox. 1400/1200–800 a. C.). Esta última presenta inhumaciones y cremaciones, uso del caballo y, en algunos sitios, introducción temprana del hierro. La cultura de las tumbas de Gandhara es el principal correlato arqueológico de la llegada de los indoarios, cuya presencia lingüística se refleja en el Rig-veda, compuesto en el noroeste de la India durante la segunda mitad del II milenio y primera mitad del I milenio a. C.

Los estudios arqueogenéticos recientes confirman este proceso. El genoma de individuos asociados a Sintashta/Andronovo contiene el mismo componente estepario que aparece posteriormente en individuos de la región de Swat durante la Edad del Bronce final y la Edad del Hierro. Además, el análisis de ADN antiguo de la civilización del Valle del Indo indica que su población carecía de este componente estepario, lo que implica que la llegada del componente asociado a la Edad de Bronce Temprana y Media de la Estepa ocurrió después del colapso harappense, en consonancia con la cronología lingüística de la expansión indoaria.

En resumen, la indoeuropeización de Irán y del noroeste del subcontinente indio fue un proceso en fases: surgimiento de comunidades proto-indoiranias en Sintashta-Andronovo (c. 2200–1500 a. C.), interacción y mezcla con el mundo urbano de la BMAC, formación del horizonte Yaz en Asia Central (1500/1400–1000 a. C.) y difusión diferenciada hacia el altiplano iranio (iránicos) y hacia el Punjab y el Ganges medio (indoarios), acompañada de la transmisión de lenguas, prácticas rituales y un componente genético estepario identificable en el presente.

Referencias

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