Inmigración filipina en México
grupo étnico; mexicanos de origen o ascendencia filipina
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La inmigración filipina en México se remonta al periodo virreinal, cuando ambos territorios pertenecían al Imperio español y estaban vinculados administrativamente por el virreinato de Nueva España.[2] Entre los siglos XVI y XIX, la ruta comercial del Galeón de Manila facilitó la llegada de filipinos al territorio novohispano, donde muchos se establecieron en puertos como Acapulco y Manzanillo, integrándose paulatinamente en la sociedad local mediante el comercio, el trabajo y los matrimonios con la población.[3]
| Filipinos en México | ||
|---|---|---|
| Mga Pilipino sa Mehiko (en tagalo) | ||
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Alejandro Gómez Maganda, exgobernador de Guerrero, de ascendencia filipina | ||
| Pueblo de origen | ||
| Lugar de origen |
Luzón, | |
| Población censal | 1646 hab. (2023)[1] | |
| Descendencia estimada | 33 % de los guerrerenses tiene ascendencia filipina. | |
| Cultura | ||
| Idiomas | español, tagalo, inglés, entre otros | |
| Religiones | Cristianismo | |
| Principales asentamientos | ||
| Guerrero | ||
| Michoacán, Colima, Jalisco y Ciudad de México | ||
A lo largo de los siglos, sus descendientes se integraron plenamente en la población mexicana, dejando una huella en el patrimonio cultural y la composición genética del país, especialmente en Guerrero, donde estudios genéticos indican que cerca de un tercio de las personas analizadas en el estado tienen ascendencia filipina.[4] En la actualidad, en el país residen aproximadamente 1600 ciudadanos filipinos contemporáneos.[1]
Historia
La presencia de filipinos en territorio mexicano comenzó en 1565 con el establecimiento de la ruta comercial entre Manila y Acapulco, después del tornaviaje realizado por fray Andrés de Urdaneta.[5] Durante los dos siglos y medio siguientes, esta ruta unió regularmente ambos puertos, facilitando la llegada de comerciantes, soldados, artesanos, marineros, viajeros y esclavos procedentes principalmente de Filipinas.[6] En la documentación novohispana estos inmigrantes eran designados de manera genérica como indios chinos, indios manilos, indios luzones o simplemente chinos.[7]
Junto a los llamados indios chinos llegaron asimismo esclavos embarcados por la misma ruta, conocidos en la época como negros chinos, muchos de ellos originarios de Nueva Guinea, Indonesia, Madagascar y la región de Cafrería, en la costa sur de África. Mientras una parte de los inmigrantes asiáticos permanecía bajo condición servil, otros llegaron como hombres libres o consiguieron posteriormente su libertad, pudiendo establecerse por cuenta propia, adquirir propiedades y dedicarse al comercio o a diversos oficios.[8]
Los principales puntos de asentamiento fueron Acapulco y las poblaciones de su entorno, donde desembarcaban los galeones. Desde allí muchos inmigrantes se dispersaron hacia Colima, Jalisco, Puebla, la Ciudad de México y otras regiones del virreinato. En ciudades como México, Puebla y Guadalajara existieron barrios y mercados denominados parián, nombre tomado de los centros comerciales de Manila. En las costas del Pacífico también fueron empleados para sustituir la mano de obra indígena, reducida por las epidemias del siglo XVI, en las haciendas dedicadas al cultivo del cacao y, posteriormente, del cocotero.[9]
Hacia comienzos del siglo XVII, la mayor parte de las tripulaciones estaba integrada por filipinos, sometidos con frecuencia a duras condiciones de trabajo. Muchos documentos registran las continuas deserciones que se producían al arribar a Acapulco. En 1619 el capitán Sebastián de Piñeda informó a la Corona que, de los setenta y cinco marineros filipinos que habían llegado a bordo del galeón Espíritu Santo, únicamente cinco permanecían para realizar el viaje de regreso. Muchos de quienes abandonaban los galeones se establecían en la costa, donde contraían matrimonio con mujeres indígenas y afrodescendientes.[10]
Además de establecerse en el propio puerto de Acapulco, numerosos indios chinos libres arrendaban tierras, residían en repúblicas de indios y se integraban mediante matrimonios con indígenas y mulatas. Otros permanecían dispersos en las haciendas cacaoteras y cocoteras de la región.[9] Una descripción del obispado de Michoacán elaborada en 1641 registró que en 47 parroquias se hablaba un total de 23 lenguas, entre ellas el chino, muy posiblemente haciendo referencia al tagalo.[11] En esos mismos años, algunos filipinos acudían a la feria anual de la nao de China para convencer a los recién llegados de permanecer en la región y dedicarse al cultivo del cocotero. A finales del siglo XVII, un indígena filipino ejercía como gobernador del pueblo de indios de Huitzuco.[12]
La presencia filipina alcanzó especial importancia en la costa del actual Guerrero. Allí surgió el pueblo de San Nicolás de los Chinos, actualmente integrado en Coyuca de Benítez, considerado el único asentamiento en México fundado por filipinos.[12] Según documentos del siglo XVIII, el poblado se originó cuando indios manilos que esperaban el regreso anual del galeón decidieron permanecer en la región y establecerse de forma permanente, donde levantaron viviendas, huertas, tierras de cultivo y una capilla, llegando a ser oficialmente reconocidos como pueblo de indios. En 1744 contaba con alcalde propio, Pedro Zúñiga, descrito como chino criollo, es decir, nacido en América, y en 1746 se registró que el pueblo tenía una población de 120 familias.[13]
En el siglo XIX, algunos filipinos formaron parte de los levantamientos protagonizados por Miguel Hidalgo, como Ramón Fabié.[14] Tras la independencia de México, el comercio transpacífico desapareció y cesó la inmigración organizada desde Filipinas. Con el paso del tiempo, los descendientes de aquellos inmigrantes se integraron plenamente en la población mediante el mestizaje, por lo que dejaron de constituir una comunidad diferenciada, aunque su legado histórico permaneció especialmente en las costas del Pacífico.[15]
Cultura filipina en México
La influencia cultural filipina en México ha dejado muchas aportaciones, entre las que destacan la introducción y difusión de cultivos procedentes del sudeste asiático, como el cocotero,[16] el mango Manila,[17][18] el abacá y diversas variedades de plátano. Los filipinos también contribuyeron al desarrollo del cultivo del arroz y transmitieron conocimientos agrícolas que favorecieron la expansión de la industria cocotera en las costas de Colima, Michoacán y Guerrero.
En la gastronomía introdujeron la producción de tuba, bebida fermentada obtenida de la savia del cocotero, así como la destilación del lambanog, cuya tecnología fue adaptada posteriormente para la elaboración de destilados de agave, antecedente de parte de la producción tradicional del mezcal.[19] Asimismo, se les atribuye la introducción del chamoy, que evolucionó hasta convertirse en uno de los condimentos más característicos de la cocina mexicana.[20]
También se encuentra cierta influencia lingüística del tagalo en el habla tradicional de algunas localidades de la costa de Guerrero, especialmente en la región de Coyuca y Acapulco, donde se conservan préstamos léxicos de origen filipino como palapa, batalán, bolo, bonote, guinatán, linogao y parián, algunos de estos siendo conocidos y utilizados en todo el país.[13] En cuanto a la vestimenta, el mantón de Manila alcanzó popularidad al ser traído a México,[21] así como la guayabera se cree que podría tener un origen filipino.[22]