Joel 1

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Joel 1 (abreviado Yl 1) es el primer capítulo del Libro de Joel en la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana. Contiene la palabra de Dios que fue revelada al profeta Joel hijo de Petuel.[1][2]

La parte del libro de los Profetas Menores que contiene el libro completo de Joel en el Códice de Leningrado (año 1008 d. C.)

Texto

Fuente principal

Texto bíblico

[4]

Estructura

Versículo 1

La palabra del Señor que vino a Joel, hijo de Petuel.[5]
Idioma hebreo (de derecha a izquierda): דבר־יהוה אשר היה אל־יואל בן־פתואל׃
Transliteración hebrea: də·ḇar-Yah·weh ’ă·sher hā·yāh ’el- yō·w·’êl ben-pə·ṯū·’êl.

El profeta muestra que su mensaje es la palabra que recibió directamente de Dios. Por eso tiene que ver con todas las generaciones de creyentes.[6]

Según Jerónimo, el lugar de Joel al inicio de los Profetas Menores, tras Oseas, y su nombre —«el que empieza»— tienen un significado especial. Los estudiosos modernos coinciden en que Oseas y Joel funcionan como introducción a la colección: Oseas, «profeta del norte», proclama la misericordia de Dios y la fidelidad a la Alianza; Joel, «profeta del sur», anuncia la efusión del Espíritu Santo, formando ambos un pórtico adecuado para los demás profetas menores

Versículo 4

Lo que dejaron los saltamontes devoradores lo comieron los saltamontes migratorios,
«lo que dejaron los saltamontes migratorios lo devoraron los saltamontes saltadores»,
«y lo que dejaron los saltamontes saltadores lo devoraron los saltamontes devoradores.[7]
Hebreo (de derecha a izquierda): יתר הגזם אכל הארבה ויתר הארבה אכל הילק ויתר הילק אכל החסיל׃
Transliteración hebrea: ye·ṯer ha·gā·zām ’ā·ḵal hā·’ar·beh,
wə·ye·ṯer hā·’ar·beh ’ā·ḵal ha·yā·leq,
wə·ye·ṯer ha·ye·leq ’ā·ḵal he·khā·sîl.

Referencia cruzada: Joel 2:25.
La naturaleza de la crisis era una gran plaga de langostas que asoló todo el país; todas las zonas rurales y los cultivos quedaron destruidos, y el pueblo se enfrentó a una gran hambruna.[6]

El significado exacto de los cuatro tipos de saltamontes mencionados aquí no está claro:

Más información Indonesio, Hebreo; transliteración ...
IndonesioHebreo; transliteraciónEspañolAparece en la BibliaOtros versículos de la Biblia
langosta devoradoraגזם, gā·zāmlangosta devoradora; gusano palmero; oruga3Joel 2:25 {{{2}}}; Amós 4:9 {{{2}}}
langosta migratoriaארבה, ’ar·behlangosta enjambradora; langostas; saltamontes24Éxodo 10:4, 12-14, 19 {{{2}}}; Levítico 11:22 {{{2}}}; Deuteronomio 28:38 {{{2}}}; Jueces 6:5; 7:12 {{{2}}}; 1 Reyes 8:37 {{{2}}}; 2 Crónicas 6:28 {{{2}}};Job 39:20 {{{2}}}; Salmos 78:46; 105:34; 109:23 {{{2}}}; Proverbios 30:27 {{{2}}}; Jeremías 46:23 {{{2}}}; Joel 2:25 {{{2}}}; Nahúm 3:15,17 {{{2}}}
saltamontesילק, yā·leqlangosta rastrera; langostas; langostas jóvenes; gusano devorador9Salmos 105:34 {{{2}}}; Jeremías 51:14, 27 {{{2}}};
Joel 2:25 {{{2}}}; Nahum 3:15,16 {{{2}}}
langosta devoradoraחסיל, khā·sîllangosta devoradora; oruga; saltamontes61 Reyes 8:37 {{{2}}}; 2 Crónicas 6:28 {{{2}}}; Salmos 78:46 {{{2}}};
Isaías 33:4 {{{2}}}; Joel 2:25 {{{2}}}
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Quizás se refiera a las diferentes etapas de crecimiento de los saltamontes.[6]

Versículo 7

Ha destruido mi vid y mi higuera ha quedado mutilada;
ha despojado su corteza por completo y la ha arrojado, de modo que sus ramas han quedado blancas.[8]

Comentarios

A los versículos 2-12

El pasaje es un poema de lamentación y advertencia dirigido a todos los sectores de la sociedad. Joel describe la devastación causada por la plaga de langostas, interpretada como presagio del castigo divino por los pecados del pueblo. No está claro si los nombres mencionados en el versículo 4 indican distintas especies de langostas o etapas de su desarrollo, aunque todas resultan especialmente destructivas para una sociedad agrícola. En el versículo 8, Judá se compara con una virgen vestida de saco, en luto y penitencia por el novio perdido de su juventud.[9] En el versículo 8, se compara a Judá con una virgen vestida de saco, en luto y penitencia por el novio de su juventud que ha perdido:

No otro se entiende sino Dios, que en Abrahán, Isaac y Jacob tomó para sí como esposa a una virgen, limpia de las manchas de la idolatría (…). De donde el Apóstol dice a los creyentes: Os he desposado con un solo esposo para presentaros a Cristo como una virgen casta. Mientras esté el esposo con la esposa, no puede ésta ayunar, ni plañir, ni mostrar con lágrimas el deseo del esposo ausente. Pero cuando le sea arrebatado el esposo, plañirá y llorará, y se envolverá de saco y cilicio y se ceñirá una soga por cinturón.[10]

El profeta recurre principalmente a una imagen agrícola: el campo arrasado, sin frutos, sin espacio siquiera para las ofrendas (v. 9). Estas imágenes se han mantenido en la tradición espiritual como medio para subrayar la responsabilidad y el deber del hombre.

No se nos puede ocultar que resta mucho por hacer. En cierta ocasión, contemplando quizá el suave movimiento de las espigas ya granadas, dijo Jesús a sus discípulos: “la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe trabajadores a su campo” (Mt 9,38). Como entonces, ahora siguen faltando peones que quieran soportar “el peso del día y del calor” (Mt 20,12). Y si los que trabajamos no somos fieles, sucederá lo que escribe el profeta Joel: “destruida la cosecha, la tierra en luto: porque el trigo está seco, desolado el vino, perdido el aceite. Confundíos, labradores; gritad, viñadores, por el trigo y la cebada. No hay cosecha” (Jl 1,10-11).[11]

A los versículos 13-20

Como un poema, Joel llama con urgencia a la conversión y a la penitencia públicas para alcanzar la misericordia de Dios sobre el pueblo y la tierra. El profeta utiliza imágenes de duelo y ayuno —«Entrad, pasad la noche vestidos de saco» (v. 13) y «Promulgad el santo ayuno» (v. 14)— que recuerdan prácticas de penitencia en la historia bíblica, como las de David, Ajab o los sacerdotes de Jdt 4,14. El motivo central de estos actos se subraya en el versículo 15 mediante un juego de palabras que vincula la inminencia del «día del Señor» con el «azote» del Todopoderoso. Los vv. 16-18 muestran que el pueblo reconoce su culpa y prepara la oración comunitaria que Joel dirige al Señor (v. 19), en la que incluso las bestias del campo participan en una súplica muda. La exhortación se dirige primero a los sacerdotes, quienes deben dar ejemplo de duelo y penitencia antes de extender la llamada a los ancianos y al pueblo, reflejando la constante bíblica y eclesial de que los ministros sean los primeros en vivir la ejemplaridad.[9]

Los que han sido llamados a administrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás, e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores, presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?.[12]

Véase también

Referencias

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