Jorge Miota
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Buenos Aires, Argentina
| Jorge Miota | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1871 Abancay, Apurímac, Perú | |
| Fallecimiento |
1926 Buenos Aires, Argentina | |
| Nacionalidad | Peruana | |
| Familia | ||
| Padres | Manuel Miota y Serafina González | |
| Educación | ||
| Educación | Colegio Guadalupe | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Escritor y periodista | |
| Movimiento | Modernismo | |
| Géneros | Cuento, crónica | |
Jorge Miota González (Abancay, 1871-Buenos Aires, 1926) fue un periodista y escritor peruano. Narrador modernista, escribió cuentos y crónicas para publicaciones periódicas; no llegó a publicar libros. Es más recordado como el introductor del término huachafo (equivalente a cursi) en el habla peruana.
Nacido en Abancay, a temprana edad se estableció con su familia en Lima, donde debió soportar las vicisitudes de la guerra del Pacífico; su padre murió combatiendo en la batalla de Miraflores (1881). Gracias a los esfuerzos de su madre, pudo educarse en el Colegio Guadalupe; y tras pasar por varios empleos precarios, consiguió el puesto de secretario de la prefectura del departamento de Apurímac. Pero enfermó de malaria, y debió regresar a Lima para recuperar su salud.[1][2]
Finalizando el siglo XIX, viajó a Buenos Aires, para pasar luego a Montevideo y Asunción, antes de regresar a Lima. En la capital peruana colaboró intensamente en el diario El Comercio y en la revista Actualidades, y algo menos en las revistas Prisma, Siluetas, Cinema, Contemporáneos y Monos y Monadas. Luego viajó a Europa, y vivió en París entre 1911 y 1912. Logró que Francisco García Calderón Rey (entonces segundo secretario de la legación peruana en París), le diera carta de recomendación para el poeta Rubén Darío, aunque no se sabe si este le favoreció de algún modo.[1][3]
Cuando retornó al Perú, se hallaba ya presa de una enfermedad mental. Sufría de ataques de ira y de delirio persecutorio; llegó incluso a acusar a su madre y a dos médicos de secuestro. El diagnóstico que le dieron era de «insano peligroso». El asunto se comenzó a ventilar públicamente cuando el escritor Clemente Palma publicó un artículo en donde trataba del «caso del escritor señor Miota» (1913).[3]
Miota estuvo un tiempo internado en el Manicomio de Lima, para luego ser alojado en una Casa de Salud. Finalmente, convenció a su madre para emprender viaje a Buenos Aires (1916). Allí se perdió su rastro; diez años después, llegó al Perú una vaga noticia de su fallecimiento, posiblemente acaecido en un sanatorio mental (1926).[3][1]