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Jornada de Argel

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Se conoce como la Jornada de Argel a la expedición efectuada por el rey Carlos I de España en 1541 para arrebatar Argel al almirante otomano Jeireddín Barbarroja que terminó en una derrota española. La poca planificación y el clima desfavorable llevó al fracaso de la expedición.

Fecha 21 de octubre-25 de octubre de 1541
Lugar Argel, Argelia
Resultado Victoria Argelina
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Jornada de Argel
Lucha por la supremacía en el Mediterráneo
Parte de guerra hispano-otomana de 1515-1577 y sin etiquetar

Sitio de Argel en 1541, grabado de 1555
Fecha 21 de octubre-25 de octubre de 1541
Lugar Argel, Argelia
Resultado Victoria Argelina
Beligerantes
Bandera del Imperio español Monarquía Hispánica
Bandera de Orden de Malta Orden de San Juan
Bandera de República de Génova Génova
Estados Pontificios
Bandera de Ducado de Saboya Saboya
Bandera de la República de Venecia Venecia
Bandera de Mónaco Mónaco
Regencia de Argel
Apoyo: Imperio otomano
Reino de Francia
Comandantes
Carlos I
Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel
Andrea Doria
Alfonso de Ávalos
Hernán Cortés
Hasán Agá
Fuerzas en combate
65 galeras
300 naves de guerra y transporte
8000 infantes españoles
6000 infantes alemanes
6000 infantes italianos
3000 aventureros
2000 caballeros
4000 soldados de las dotaciones de las galeras
12 000 marinos
Menos de 6000: 5000 soldados moros locales
800 jenízaros
600 jinetes cabilos y otros jinetes árabes
Bajas
160 naves naufragadas, 1200 marineros y 3000 soldados muertos[1] Sin datos
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Antecedentes

A pesar del éxito del rey Carlos I de España alcanzado en 1535 en la Jornada de Túnez contra el almirante otomano Jeireddín Barbarroja, este amenazaba desde Argel las costas cristianas del Mediterráneo. Ya desde la conquista de Túnez, donde se capturó la flota de Barbarroja, el emperador había intentado tomar Argel también, escondite privado del almirante turco.

El 11 de noviembre de 1540, Álvaro de Sande con los tercios de Sicilia y Hungría se vio obligado a socorrer Túnez, sitiada por el morabito rebelde Sidi Arfa con 15.600 infantes y 22.000 jinetes. Sande reunió 2.500 infantes españoles y 8.000 jinetes tunecinos, pero aunque inicialmente venció a los rebeldes en Cairuán, la torpeza del rey de Túnez les obligó a retirarse a la defensiva, que sin embargo Sande ejecutó con gran perfección. En esta acción destacó una mujer, María de Montano, a la cabeza de un grupo de mozos armados.[2] En abril de 1541, Ferrante Gonzaga hizo tomar Kélibia, una de las sedes rebeldes.

Carlos había pensado en enviar refuerzos a Túnez, pero con las actividades de Barbarroja y sus relaciones con los moriscos españoles, el peligro para España era doble, por lo que decidió conquistar Argel. El papa intentó disuadirle planteando que era más importante atacar a los turcos en el centro de Europa, ya que acababan de tomar Budapest. Por otro lado, el almirante genovés Andrea Doria y el Marqués del Vasto, Alfonso de Ávalos, también trataron de disuadirle, considerando que se estaba acabando el verano de 1541 y que se acercaba la época de los temporales. Pese a ello, Carlos I emprendió la expedición.

La escuadra

La flota y los tercios de España se concentraron en la bahía de Palma de Mallorca y en Menorca, de donde salieron hacia Argel el 18 de octubre de 1541. La escuadra de Málaga, junto con los galeones del Cantábrico, se dirigieron directamente hacia Argel. El encuentro se efectuó en Cabo Cajina, al oeste de Argel.

La escuadra que salió de Palma, en la que fue embarcado Carlos I, estaba formada por:

La de Málaga salió con las 15 galeras de Bernardino de Mendoza y hasta 200 embarcaciones de todos los tamaños. Mandaba esta escuadra el Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel —III duque de Alba de Tormes— y fueron embarcados en ella muchos nobles y personajes famosos, de los que merecen especial mención Hernán Cortés —conquistador de México y I Marqués del Valle de Oaxaca— y el poeta Gutierre de Cetina.

En total eran 365 velas, contando 65 galeras, 200 naves de vela mayores y 100 menores, CON 12.000 hombres de mar. para el desembarco se contó con 20.000 soldados, siendo de éstos 8.000 infantes españoles, 6.000 italianos, 6.000 alemanes, 3.000 aventureros y 2.000 caballos, más unos 3.000 soldados de dotación de las galeras.[3]

La operación

El 21 de octubre la flota española se encontraba en la costa argelina. Durante la travesía desde Mahón a Argel, se desató una tormenta que casi llevó a la flota a pique. Al fin, llegaron a costas argelinas, pero el mal tiempo hizo retrasar el desembarco, y los marinos más avezados aconsejaron a Carlos I que desistiera de la operación, pues además de que el clima les era contrario, el gobernador de la ciudad, Hasán Agá, había defendido bien la costa. Pero él insistió en ejecutar su plan, a pesar de que se estaban empezando a producir daños en las embarcaciones.

La escuadra de Bernardino de Mendoza quedó al resguardo de una ensenada, y el resto de los buques siguieron la costa buscando un lugar propicio para el desembarco. Lo escogieron entre los riachuelos Khemir y Harzach, a pocos kilómetros de Argel.

El domingo 23, al amanecer, amainó el temporal y se inició el desembarco. Las tropas tuvieron que vadear un largo trecho con el agua a la cintura, llevando sus armas, impedimenta y víveres para tres días. Al mediodía casi toda la tropa había desembarcado, pero arreció el temporal, lo que impidió desembarcar el material pesado, los caballos y los víveres.

Al desembarcar Carlos I, envió un correo a Hasán Agá, que estaba a cargo de la defensa de Argel, exigiendo la sumisión y prometiendo la libertad de los ciudadanos moros y turcos de Argel, pero Hasán se negó.[3]

Plano de Argel en el siglo XVI

El lunes, las tropas desembarcadas comenzaron su avance, divididas en tres cuerpos. Los españoles en vanguardia, al mando de Ferrante Gonzaga; los alemanes, en medio, mandados por el duque de Alba y acompañados por el emperador, y los italianos al mando de Camilo Collona, y acompañados por 400 caballeros de la Orden de Malta por la costa. Fueron hostigados por jinetes indígenas irregulares, armados de escopetas y ballestas.

La ciudad estaba bien fortificada pero contaba con pocas tropas. Unos 800 turcos y unos 5000 moros y moriscos españoles. Se estableció el sitio y se preparó el plan para el asalto, para el que se contaba con el apoyo de las galeras desde el mar. Pero al no disponer del material pesado (artillería de asedio, herramientas de escalada de los muros, etc.), se fue retrasando el ataque.

Empeoró el clima, con lluvias torrenciales y vientos huracanados, que derrumbaron las tiendas del campamento. Con el suelo embarrado y sin resguardo, las tropas no pudieron dormir en toda la noche. Al día siguiente, el clima siguió malo, y los sitiados hicieron una salida obligando a huir a un destacamento italiano. Acudieron en su ayuda los alemanes y los caballeros de Malta, y la escaramuza se mantuvo en las puertas de Argel. Hubo unos 300 muertos y otros tantos heridos, pero las tropas invasoras consiguieron cerrar el cerco. Ya confiaban en tomar la ciudad al día siguiente.

Un caballero maltés clava su daga en la puerta de Bab Azzoun, de Léon Galibert (1844)

El 24 y 25 de octubre recrudeció el temporal. En poco tiempo se hundieron 150 naves cargadas de víveres, municiones y caballos. Las tripulaciones de las naves que habían quedado varadas por el temporal y desprovistas de armas fueron pasadas a cuchillo por los argelinos. Muchas naves consiguieron salvarse tirando al agua elementos pesados, como la artillería. Doria reunió a las supervivientes y las llevó al abrigo del cabo Matefu. Para las tropas de tierra también se inició la retirada hacia el cabo, casi sin víveres y con los españoles protegiendo la retaguardia.

A la vista de la situación y la falta de víveres, en tierra se celebró consejo. Aunque algunos recomendaban continuar la campaña, advirtiendo que con lo que quedaba del ejército tendrían suficiente para conquistar Argel si no desesperaban, otros lo consideraban demasiado arriesgado y preferían regresar a Europa. Hernán Cortés, quien no había sido invitado al consejo, solicitó al emperador que reembarcase dejándole a él al mando de la campaña, sabiéndose experimentado en aprietos semejantes. A lo mismo se ofreció Martín de Córdoba, conde de Alcaudete. Sin embargo, sus ruegos no fueron oídos, y al final Carlos I ordenó levantar el asedio y embarcar.[3]

Naufragio de barcos cristianos en la bahía de Argel, 1541

Para efectuar el reembarque en las naves de carga que quedaban, como faltaba espacio para todos los hombres, se mataron los caballos. Casi terminado el reembarque, el clima volvió a empeorar, por lo que se terminó precipitadamente, y se hicieron a la mar. Algunas naves se estrellaron contra los arrecifes, otras se dirigieron a Argel, entregándose a los turcos bajo promesa de que les respetasen la vida, que sin embargo los turcos no cumplieron antes de que los españoles formasen un cuadro y amenazasen con morir combatiendo.

Posterioridad

La flota se dispersó, dirigiéndose unos a Orán, otros a Italia, Cerdeña o España. Las galeras de Doria, en las que iba Carlos I, recalaron en Bugía, donde pasaron veinte días. Hasta el 23 de noviembre no amainó el temporal, y se dirigieron a Ibiza y Cartagena, a donde llegaron a primeros de diciembre. Las pérdidas de la Jornada de Argel fueron muchas, pero no se contabilizaron, ni al parecer hubo voluntad de hacerlo.

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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