José María Conget Arizaleta
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José María Conget Arizaleta (Tauste, Zaragoza, 11 de noviembre de 1926 - Pamplona, 18 de octubre de 2001) fue un obispo español.
por Mario Tagliaferri
| José María Conget Arizaleta | ||
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Obispo de Jaca | ||
| 1990 – 2001 | ||
| Predecesor | Rosendo Álvarez Gastón | |
| Sucesor | Jesús Sanz Montes | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación sacerdotal | 23 de julio de 1951 | |
| Ordenación episcopal |
21 de abril de 1990 por Mario Tagliaferri | |
| Información personal | ||
| Nombre | José María Conget Arizaleta | |
| Nacimiento | 11 de noviembre de 1926, Tauste (Zaragoza) | |
| Fallecimiento | 18 de octubre de 2001, Pamplona | |
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Amén. Alelluya
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Biografía
Nació en Tauste (Zaragoza) el 18 de noviembre de 1926, pero desde niño vivió en Pitillas. De padre taustano y madre pitillesa, se crio en Pitillas en la casa materna, al morir su padre muy joven, junto a sus hermanas Ana María y María Pilar.
Sacerdote
Ordenado sacerdote el 23 de julio de 1951 en la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol de Pitillas, desempeñó el ministerio sacerdotal como coadjutor de Estella, director de la Casa de Ejercicios, vicerrector del seminario, párroco de San Fermín (1974-1979) y San Miguel (1979-1990), y vicario episcopal de la archidiócesis de Pamplona. En 1967 obtuvo la licenciatura en teología por la Universidad Pontificia Comillas.
Obispo
El 7 de marzo de 1990 el Santo Padre Juan Pablo II le nombra obispo de Jaca; recibiendo la ordenación episcopal el 21 de abril del mismo año por el nuncio Mario Tagliaferri y coconsagradores José María Cirarda Lachiondo y Elías Yanes (entonces arzobispos de Pamplona y de Zaragoza, respectivamente). Según los fieles y los sacerdotes de Jaca fue un gran obispo.
En la Conferencia Episcopal Española destacó sobre todo en el Apostolado Seglar, en los Movimientos de Acción Católica y en "Manos Unidas", donde fue Presidente del Comité Rector de 1991 a 1998. Hasta estos momentos era obispo Consiliario General de la Acción Católica, cargo que desempeñaba desde 1991, y obispo miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), desde 1990.[1]
Fallecimiento
Falleció de cáncer el 18 de octubre de 2001, a las 7 de la mañana, en la Clínica Universitaria de Navarra (Pamplona). El funeral fue celebrado en la Catedral de Jaca por Mons. Elías Yanes. Sus restos mortales descansan en la Capilla de San Miguel de dicha catedral por voluntad propia. Semanas antes, le mandó una nota al entonces obispo de Huesca, Monseñor Javier Osés Flamarique, también ingresado en la misma clínica, en la que le escribió: «Javier, nos veremos en el cielo». El 22 de octubre del mismo año -cuatro días después de su óbito- también falleció Osés, el obispo oscense.
Reconocimientos
- El Ayuntamiento de Jaca concedió el 24 de junio de 2003, el título de «Hijo adoptivo de la ciudad de Jaca», a título póstumo, a José María Conget Arizaleta, quien fuera obispo de la diócesis homónima (1990-2001).[2]
- El Ayuntamiento de su pueblo natal concedió el 6 de mayo de 2004, el título de «Hijo Predilecto de la Villa de Tauste», a José María Conget Arizaleta, en «testimonio de su amor al prójimo, generosidad y caridad para nuestros semejantes, ofreciéndole nuestro mejor recuerdo como pueblo»,[2] dedicándole la ciudad una avenida también.
En la presentación de un libro que contiene las homilías predicadas por José María Conget Arizaleta, el escritor José María Cabodevilla le dedicó las siguientes palabras:
Tengo como una de las mayores gracias del cielo contar con la indefectible amistad de José Mari Conget desde hace muchos años, desde que éramos niños. Soy un testigo privilegiado y puedo dar fe de la entrega y generosidad incesantes de este hombre a lo largo de su vida. He aquí alguien que, de manera deliberada o espontánea, se pone sistemáticamente de parte del débil, ayuda siempre, está pendiente del prójimo siempre, siempre te dice lo más agradable o lo más saludable, carga con el bulto más pesado, se sirve el último, friega los platos. Para un pecador como yo, nada más fácil que convivir con este santo. Porque es un santo bastante especial. Iba a decir que él perdona siempre, pero no lo digo, no puedo decirlo: la verdad es que él está íntimamente convencido de que no tiene nada que perdonarte. Su bondad no es menor que su generosidad. (Tal vez resulte impertinente o extemporáneo escribir tales cosas dentro de un texto destinado simplemente a prologar un libro de homilías; no sé si soy impertinente o no, lo que sí sé es que soy justo. Me gustaría que el abogado de la causa pudiera utilizar este testimonio mío cuando se incoe el proceso de beatificación de Monseñor Conget, Dios quiera que sea dentro de muchos años. Ya desde ahora juro solemnemente ante aquel presumible juez de la Curia que cuanto he dicho es verdad, toda la verdad y nada más que la verdad).[3]José María Cabodevilla
