Juan Crisóstomo

patriarca de Constantinopla, padre y doctor de la Iglesia From Wikipedia, the free encyclopedia

Juan Crisóstomo (griego: Ἰωάννης ὁ Χρυσόστομος, latín: Ioannes Chrysostomus) o Juan de Antioquía (latín: Ioannes Antiochensis; Antioquía, 347-Comana Pontica, 14 de septiembre de 407)[2] fue un clérigo cristiano eminente, patriarca de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. La Iglesia ortodoxa griega lo valora como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de esa Iglesia, juntamente con Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno. Por su formación intelectual y su origen, es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía.[3]

Predecesor Nectario
Sucesor Arsacio
Otros títulos Padre de la Iglesia Oriental.
Santo megalo-mártir de la Iglesia ortodoxa griega
Ordenación diaconal En el 381 por Meletio de Antioquía.
Datos rápidos Predecesor, Sucesor ...
Juan de Antioquia "El Crisóstomo" (Boca de Oro)
Patriarca de Constantinopla
398-404
Predecesor Nectario
Sucesor Arsacio

Clérigo, teólogo y escritor
Otros títulos Padre de la Iglesia Oriental.
Santo megalo-mártir de la Iglesia ortodoxa griega
Información religiosa
Ordenación diaconal En el 381 por Meletio de Antioquía.
Ordenación sacerdotal En el 386 por Flaviano I de Antioquía.
Culto público
Festividad
  • Rito romano:
    –27 de enero (vetus ordo).
    –13 de septiembre (novus ordo)
  • Rito bizantino
    –27 de enerojul./ 9 de febrerogreg. (traslado de sus reliquias)
    –30 de enerojul./ 12 de febrerogreg. (fiesta de los Padres trisolares[1])
    –13 de noviembrejul./ 26 de noviembregreg.
  • Atributos Vestiduras de obispo griego, libro.
    Venerado en Iglesia católica
    Iglesia ortodoxa
    Comunión anglicana
    Iglesia luterana
    Iglesia metodista
    Patronazgo Constantinopla. Pío X lo declaró patrono de los predicadores
    Santuario Catedral Patriarcal de San Jorge, Estambul Bandera de Turquía
    Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano Bandera de Ciudad del Vaticano
    Información personal
    Nombre Juan de Antioquia "El Crisóstomo" (Boca de Oro)
    Nacimiento 347
    Antioquía (Siria) Bandera de Imperio bizantino
    Fallecimiento 14 de septiembre, ca. 407
    Comana Pontica (Armenia Secunda) Bandera de Imperio bizantino
    Padres Antusa (madre) y Juan (padre)
    Alma mater Escuela de Antioquía
    Obras notables Letter to Acacius bishop of Melitene
    Adversus oppugnatores vitae monasticae
    Cerrar

    Este Padre de la Iglesia fue famoso por sus discursos públicos y por su denuncia de los abusos de las autoridades imperiales y de la vida licenciosa del clero bizantino. Su enfrentamiento con la corte del emperador Arcadio y de su esposa Elia Eudoxia resultó en su destierro. Reinstalado en su sede episcopal temporalmente, fue por último depuesto y exiliado hasta su muerte.[3] Un siglo después, Juan de Constantinopla recibió el título por el que le conoce la posteridad: Juan Crisóstomo.[4] Ese término proviene del griego chrysóstomos (χρυσόστομος) [jrisóstomos], y significa ‘boca de oro’ (χρυσός: jrüsós 'oro' y στόμα: stoma 'boca') en razón de su extraordinaria elocuencia que lo consagró como el máximo orador entre los Padres griegos.[3]

    Es venerado como santo en las iglesias Iglesia ortodoxa, ortodoxa oriental, católica, anglicana y luterana, así como en algunas otras. Los ortodoxos orientales, junto con los bizantinos católicos, lo tienen en especial consideración como uno de los Tres Santos Jerarcas (junto con Basilio de Cesarea y Gregorio Nacianceno). Junto con ellos y Atanasio de Alejandría, también es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia griegos.[5] Las fiestas de Juan Crisóstomo en la Iglesia Ortodoxa son el 14 de septiembre, el 13 de noviembre y el 27 de enero. En la Iglesia católica, se le reconoce como Doctor de la Iglesia. Debido a que la fecha de su muerte coincide con la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), el Calendario romano general lo celebra desde 1970 el día anterior, 13 de septiembre; desde el siglo XIII hasta 1969 lo hacía el 27 de enero, aniversario de la traslación de su cuerpo a Constantinopla.[6] De otras iglesias occidentales, incluidas las provincias anglicanas y las iglesias luteranas, algunas lo conmemoran el 13 de septiembre y otras el 27 de enero. Juan Crisóstomo es honrado en los calendarios de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal el 13 de septiembre.[7][8] La Iglesia copta ortodoxa también lo reconoce como santo (con festividades el 16 de Thout y el 17 de Hathor).[9]

    Biografía

    Primeros años y formación

    Nació en Antioquía (Siria), (actual Antakya, Hatay, Turquía) hacia el año 347.[10][11][12] En aquel entonces, dicha ciudad era la segunda más importante del Imperio Romano de Oriente. El padre de Juan, Secundo, era un alto oficial del ejército romano y murió poco tiempo después del nacimiento de Juan por lo que su hermana mayor y él quedaron totalmente a cargo de Antusa, la madre cristiana de ambos si bien diferentes estudiosos describen a su madre Antusa como pagana o como cristiana.[13]

    Juan fue bautizado en 368 o 373,[14] y tonsura como lector (una de las órdenes menores de la Iglesia). A veces se dice que fue mordido por una serpiente cuando tenía diez años, lo que le provocó una infección. A la edad de 23 años, y fue ordenado lector (una de las órdenes menores de la Iglesia). Comenzó estudios con el filósofo Andragatio y, como resultado de las influyentes conexiones de su madre en la ciudad, Juan comenzó su educación con el retórico Libanio,[15] que entonces era un famoso orador y el más ferviente partidario del paganismo romano. De Libanio, Juan adquirió las habilidades necesarias para dedicarse a la retórica, así como el amor por la lengua griega y la literatura.[16] Finalmente, se convirtió en abogado.

    Libanio quedó maravillado con la elocuencia de su discípulo y previó para el mismo una brillante carrera como estadista o legislador. Sin embargo, un encuentro con el obispo Melecio resultó decisivo en la vida de Juan, quien comenzó a estudiar teología con Diodoro de Tarso (uno de los líderes de la antigua escuela de Antioquía) mientras mantenía un ascetismo extremo.

    A medida que fue creciendo, Juan se comprometió más profundamente con el cristianismo y pasó a estudiar teología con Diodoro de Tarso, fundador de la reconstituida Escuela de Antioquía. Según el historiador cristiano Sozomeno, Libanio habría dicho en su lecho de muerte que Juan habría sido su sucesor «si los cristianos no nos lo hubieran quitado».[17]

    Juan vivió en un ascetismo extremo y se convirtió en ermitaño alrededor del año 375; pasó los dos años siguientes de pie continuamente, durmiendo muy poco y memorizando la Biblia. Como consecuencia de estas prácticas, su estómago y sus riñones sufrieron daños permanentes y su mala salud le obligó a regresar a Antioquía.[18]

    Diaconado y servicio en Antioquía

    No obstante, las ansias de una vida más perfecta lo llevaron a convertirse en un eremita (alrededor de 375) condición en la que permaneció hasta que su quebrantada salud por excesivas vigilias y ayunos durante el invierno lo obligaron a volver a Antioquía donde retomó su actividad como lector. Crisóstomo fue siempre un admirador de un monaquismo activo y utilitario y se pronunció contra los peligros de una contemplación ociosa.

    Juan fue nombrado por primera vez lector en la iglesia de Antioquía por Zenón de Verona a su regreso de Jerusalén. Más tarde, en 381, fue ordenado diácono por el obispo Melecio de Antioquía, que en aquel momento no estaba en comunión con Alejandría y Roma. Tras la muerte de Melecio, Juan se separó de los seguidores de este, sin unirse a Paulino II de Antioquía, rival de Melecio por el obispado de Antioquía. Tras la muerte de Paulino II (388), fue ordenado presbítero (sacerdote) por Evagrio de Antioquía, sucesor de Paulino por la facción de Eustacio de Antioquía en la ciudad. [19] Más tarde, estaba destinado a lograr la reconciliación entre Flaviano I de Antioquía, Alejandría y Roma, lo que llevó a la comunión entre esas tres sedes por primera vez en casi setenta años. [20]

    En Antioquía, a lo largo de doce años (386-397), Juan ganó popularidad gracias a la elocuencia de sus discursos públicos en la Iglesia Dorada, la catedral de Antioquía, especialmente por sus perspicaces exposiciones de pasajes bíblicos y enseñanzas morales. Las obras más valiosas de este periodo son sus homilías sobre varios libros de la Biblia. Hacía hincapié en la caridad y se preocupaba por las necesidades espirituales y temporales de los pobres. Se pronunció en contra del abuso de la riqueza y la propiedad personal:

    «¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo ignores cuando está desnudo. No le rindas homenaje en el templo vestido con seda, para luego descuidarlo fuera, donde pasa frío y está mal vestido. El que dijo: «Este es mi cuerpo» es el mismo que dijo: «Me visteis hambriento y no me disteis de comer», y «Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»... ¿De qué sirve que la mesa eucarística esté repleta de cálices de oro cuando tu hermano se muere de hambre? Empieza por saciar su hambre y luego, con lo que sobre, puedes adornar también el altar.[21]

    Su comprensión directa de las Escrituras, en contraste con la tendencia alejandrina hacia la interpretación alegórica de la Biblia, significaba que los temas de sus charlas eran prácticos y explicaban la aplicación de la Biblia a la vida cotidiana. Esta predicación directa ayudó a Crisóstomo a ganarse el apoyo popular.[22]

    Con el transcurso del tiempo Crisóstomo llegó a ser el sucesor de Flaviano I. Durante su misión como obispo mostró gran preocupación por las necesidades espirituales y materiales de los pobres. También se pronunció en contra de los abusos de los poderosos y de la propiedad personal. Su interpretación directa de las Escrituras (en contraste con la tendencia de Alejandría donde se recurría a una interpretación alegórica) lo condujo a seleccionar para sus charlas temas eminentemente sociales que explicaban el concepto de la vida cristiana.

    Un incidente que ocurrió durante su servicio en Antioquía ilustra la influencia de sus homilías. Cuando Crisóstomo llegó a Antioquía, Flaviano, el obispo de la ciudad, tuvo que intervenir ante el emperador Teodosio I en nombre de los ciudadanos que se habían rebelado y mutilado las estatuas del emperador y su familia. Durante las semanas de Cuaresma de 387, Juan predicó más de veinte homilías en las que suplicaba al pueblo que reconociera el error de sus actos. Estas homilías causaron una impresión duradera en la población general de la ciudad: muchos paganos se convirtieron al cristianismo como resultado de ellas. La ciudad se libró finalmente de graves consecuencias.[23] A la muerte de Nectario el 27 de septiembre de 397 fue instituido de cierta forma en contra de su voluntad como metropolitano de Constantinopla (por su calidad de villa imperial, el metropolitano de Constantinopla recibió posteriormente el título de Patriarca). Para poder abandonar la ciudad de Antioquía, en donde era tan querido, una escolta militar tuvo que acompañarlo para así evitar la conmoción del pueblo. Quedó instituido como metropolitano el 26 de febrero de 398 por Teófilo, patriarca de Alejandría, quien con gran desgano llevó a cabo el pedido del emperador Arcadio.

    Dignos de mencionar son los comentarios que hizo a pasajes bíblicos y la exposición de enseñanzas morales muchas de ellas recopiladas en sus Homilías.

    Obispo de Constantinopla

    Constantinopla, fundada por Constantino I el Grande en 330 en el lugar que ocupaba Bizancio, al convertirse en la capital del Imperio Romano de Oriente pasó a ser la principal sede episcopal del Oriente y se convirtió en el centro de la teología oficial, las intrigas palaciegas y las controversias teológicas. A Crisóstomo le desagradaban los privilegios que le habían sido conferidos por su condición de metropolitano. Durante su mandato se negó a ofrecer recepciones suntuosas y criticó el alto nivel de vida que llevaba el clero. Sus esfuerzos por reformar la Iglesia de Constantinopla chocaron con la oposición de los poderosos y del clero corrupto y tuvieron poco éxito aunque incrementaron su popularidad entre las personas comunes. Su estancia en Constantinopla resultó muy difícil.

    Juan Crisóstomo enfrentándose a Aelia Eudoxia, en una pintura anticlerical del siglo XIX de Jean-Paul Laurens.

    En otoño de 397, Juan fue nombrado arzobispo de Constantinopla, tras haber sido propuesto sin su conocimiento por el eunuco Eutropio. Tuvo que abandonar Antioquía en secreto por temor a que la marcha de una figura tan popular provocara disturbios civiles. [24]

    Durante su mandato como arzobispo, se negó rotundamente a organizar fastuosas reuniones sociales, lo que le granjeó la simpatía del pueblo llano, pero le granjeó la antipatía de los ciudadanos ricos y del clero. Sus reformas del clero tampoco fueron bien recibidas. Ordenó a los predicadores regionales que visitaban la ciudad que regresaran a las iglesias a las que debían servir, sin ninguna compensación económica.[25] También fundó varios hospitales en Constantinopla.[26][27][28]

    Su estancia en Constantinopla fue más tumultuosa que la que pasó en Antioquía. Teófilo I de Alejandría, patriarca de Alejandría, quería someter Constantinopla a su dominio y se opuso al nombramiento de Juan para Constantinopla. Teófilo había castigado a cuatro monjes egipcios (conocidos como «los hermanos altos») por apoyar las enseñanzas de Orígenes. Estos huyeron y fueron a Juan, quien les dio la bienvenida. Por lo tanto, Teófilo acusó a Juan de ser demasiado parcial con las enseñanzas de Orígenes. Se ganó otra enemiga en Aelia Eudoxia, esposa del emperador Arcadio, quien supuso que las denuncias de Juan sobre la extravagancia en la vestimenta femenina iban dirigidas a ella.[23] Eudoxia, Teófilo y otros de sus enemigos celebraron un sínodo en 403 (el Sínodo del Roble) para acusar a Juan, en el que se utilizó en su contra su conexión con Orígenes. El resultado fue su destitución y destierro. Arcadio lo llamó de vuelta casi inmediatamente, ya que el pueblo se «alborotó» por su partida, llegando incluso a amenazar con quemar el palacio imperial.[29] La noche de su detención hubo un terremoto, que Eudoxia interpretó como una señal de la ira de Dios, lo que la llevó a pedir a Arcadio que readmitiera a Juan.[30]

    La paz duró poco. Se erigió una estatua de plata de Eudoxia en el Augustaion, cerca de la Santa Sofía constantiniana, su catedral. Juan denunció las ceremonias de dedicación como paganas y se pronunció en términos duros contra la emperatriz: «De nuevo Herodías delira, de nuevo baila y de nuevo desea recibir la cabeza de Juan en una bandeja»,[31] una alusión a los acontecimientos bíblicos que rodean la muerte de Juan el Bautista. Una vez más fue desterrado, esta vez al Cáucaso en Abjasia.[32] Su destierro provocó disturbios entre sus partidarios en la capital, y en los enfrentamientos se incendió la catedral construida por Constancio II, lo que obligó a construir una segunda catedral en el mismo lugar, la Santa Sofía de Teodosio.

    Alrededor del año 405, Juan comenzó a prestar apoyo moral y financiero a los monjes cristianos que aplicaban las leyes antipaganas de los emperadores, destruyendo templos y santuarios en Fenicia y regiones cercanas. [33]

    Exilio y muerte

    El exilio de Juan Crisóstomo, escena del Menologio de Basilio II del siglo XI.

    Las causas del exilio de Juan no están claras, aunque Jennifer Barry sugiere que tienen que ver con sus conexiones con el arrianismo. Otros historiadores, entre ellos Wendy Mayer y Geoffrey Dunn, han argumentado que «el exceso de pruebas revela una lucha entre los bandos johannita y anti-johannita en Constantinopla poco después de la partida de Juan y durante algunos años después de su muerte».[34] Ante el exilio, Juan Crisóstomo escribió una petición de ayuda a tres eclesiásticos: El papa Inocencio I; Venerio de Milán, obispo de Mediolanum (Milán); y Cromacio, obispo de Aquilea.[35][36][37] En 1872, el historiador eclesiástico William Stephens escribió:

    El patriarca de Roma Oriental apela a los grandes obispos de Occidente, como defensores de una disciplina eclesiástica que él mismo confiesa ser incapaz de hacer cumplir o de ver alguna posibilidad de establecer. El patriarca de la Nueva Roma no siente envidia alguna del patriarca de la Antigua Roma. Se corteja la interferencia de Inocencio, se le concede cierta primacía, pero al mismo tiempo no se le trata como árbitro supremo; se le solicita ayuda y simpatía como a un hermano mayor, y otros dos prelados de Italia son destinatarios conjuntos con él del llamamiento.[38]

    El papa Inocencio I protestó por el destierro de Juan de Constantinopla a la ciudad de Cucusus (Göksun) en Capadocia, pero fue en vano. Inocencio envió una delegación para interceder en nombre de Juan en 405. Estaba dirigida por Gaudencio de Brescia; Gaudentius y sus compañeros, dos obispos, encontraron muchas dificultades y nunca lograron su objetivo de entrar en Constantinopla.[39]

    Juan escribió cartas que aún tenían gran influencia en Constantinopla. Como resultado de ello, fue exiliado de Cucusus (donde permaneció desde 404 hasta 407) a Pitiunt (Pityus) (en la actual Georgia). Nunca llegó vivo a su destino, ya que murió en Comana Pontica (la actual Gümenek, Tokat, Turquía) el 14 de septiembre de 407 durante el viaje.[40] Murió en el presbiterio o comunidad del clero perteneciente a la iglesia de San Basilisco de Comana.[41] Se dice que sus últimas palabras fueron «Δόξα τῷ Θεῷ πάντων ἕνεκεν» («Gloria a Dios por todas las cosas»).[42]

    Oposición, deposición y muerte

    Teófilo, el patriarca de Alejandría, quería someter a Constantinopla a su poder y se opuso al liderazgo de Crisóstomo. Como era un fuerte oponente de las enseñanzas de Orígenes, Teófilo acusó a Crisóstomo de parcialidad ante las enseñanzas de ese maestro y sacó provecho del episodio de cuatro monjes de Egipto, los llamados cuatro hermanos largos (Dióscoro, Ammón o Ammonio, Eusebio y Eutimio, conocidos por su saber y su piedad), a quienes había condenado por su apoyo a las teorías de Orígenes. Dichos monjes huyeron de la represalia de Teófilo y fueron acogidos por Crisóstomo en Constantinopla. Además Crisóstomo se ganó a otro enemigo en la persona de la emperatriz Elia Eudoxia, esposa de Arcadio, que se vio identificada con las críticas del metropolitano contra las extravagancias en el vestir de las mujeres.

    Se puede decir que Crisóstomo se caracterizó por denunciar las ofensas de las instancias superiores y su actitud condujo a que se creara una alianza en su contra entre Eudoxia, Teófilo y el clero molesto quienes convocaron un sínodo en 403 y acusaron a Crisóstomo de favorecer las enseñanzas de Orígenes. El Sínodo de la Encina (Synodus ad quercum) se pronunció por la deposición de Crisóstomo.

    Sin embargo al poco tiempo fue restituido por Arcadio temeroso de la ira del pueblo y porque un incidente que ocurrió en palacio la emperatriz lo atribuyó a la ira de Dios. Sin embargo la paz fue corta. Una estatua de plata que Eudoxia se hizo erigir frente a la catedral fue denunciada por Crisóstomo y una vez más fue suspendido y enviado a una región lejana en la frontera con Armenia. Las frecuentes deposiciones de las que fue objeto en vida demuestran la influencia del poder temporal sobre la Iglesia de Oriente en dicho período, a la par de la rivalidad entre Constantinopla y Alejandría por ser reconocidas como la sede principal del Oriente. Las hostilidades entre los patriarcas de ambas urbes fueron causa de grandes sufrimientos y rupturas dentro de la Iglesia.

    Las homilías de Juan Crisóstomo sobre los judíos

    Relieve bizantino de Juan Crisóstomo (siglo XI).
    Museo de Louvre.

    Durante sus primeros dos años como presbítero en Antioquía (386-387), Juan Crisóstomo denunció a judíos y cristianos judaizantes en una serie de ocho homilías entregadas a cristianos en su congregación que participaban en festividades y celebraciones judías. Se discute si el objetivo principal era específicamente judaizantes o judíos en general. Sus homilías se expresaron de la manera convencional, utilizando la forma retórica intransigente conocida como los psogos (griego: culpa, censura).

    Uno de los propósitos de estas homilías era evitar que los cristianos participaran de las costumbres judías, y así prevenir la erosión del rebaño de Crisóstomo. En sus homilías Juan criticó a los "cristianos judaizantes", que participaban en fiestas y celebraciones judías como el shabat, se sometían a la circuncisión y peregrinaban a Israel. Hubo un renacimiento de la fe y la tolerancia judía en Antioquía en el 361 d. C., por lo que los seguidores de Crisóstomo y la comunidad cristiana en general estaban en contacto con los judíos con frecuencia, y a Crisóstomo le preocupaba que esta interacción alejara a los cristianos de la fe de su identidad.

    Juan afirmó que las sinagogas estaban llenas de cristianos, especialmente mujeres, en los días de shabat y otras fiestas judías, porque les encantaba la solemnidad de la liturgia judía y disfrutaban escuchando el shofar en Rosh Hashaná, y aplaudían a predicadores famosos como era la costumbre de entonces. Una teoría más reciente dice que realmente lo que trató de hacer fue persuadir a los judíos cristianos, que durante siglos habían mantenido lazos con los otros judíos y el judaísmo, a que eligieran entre el judaísmo y el cristianismo. Promovió la proselitización de los judíos, y muchos de sus sermones resaltaban su necesidad de ser "salvados" de su fe corrupta. Se refería a los judíos como extraños, enfermos, idólatras, lascivos y bestias.

    Debido a su alta posición en la iglesia, tanto a nivel local como dentro de la jerarquía eclesiástica mayor, sus sermones tuvieron bastante éxito en la difusión de un sentimiento antijudío. Esto provocó la introducción de legislaciones antijudías y regulaciones sociales, aumentando la separación entre las dos comunidades. A pesar de estar en un mundo diversificado, Crisóstomo y muchos otros cristianos de la época tenían el objetivo de establecer una comunidad que fuera distinta a todas las demás, y que limitara la presencia de los no cristianos. Como solo había otras dos personas ordenadas en Antioquía legalmente reconocidas como autorizadas a predicar el cristianismo, Crisóstomo pudo llegar a la mayoría de la población local, especialmente con sus habilidades en el arte de la oratoria. Como tenía un gran poder social y político en Antioquía, determinó dónde se podía ir y a dónde no ir físicamente. Con frecuencia mencionaba actos de violencia ocurridos en lugares frecuentados por judíos a fin de disuadir a los cristianos de que fueran a esos lugares.

    En griego sus homilías se titulan Kata Ioudaiōn (Κατὰ Ἰουδαίων), traducidas al latín como Adversus Judaeos, y Contra los Judíos, en castellano. El primer editor benedictino de las homilías, Bernard de Montfaucon, incluyó la siguiente nota al título Adversus Judaeos: «Un discurso contra los judíos, pero pronunciado contra aquellos que fueron judaizantes y hacían ayunos con ellos [los judíos en Yom Kipur]».[43] Como tal, se afirmó que el título original tergiversa el contenido de los discursos, los cuales muestran que los objetivos primarios de Juan Crisóstomo eran aquellos miembros de su propia congregación que continuaban observando las fiestas y ayunos judíos. Sir Henry Savile, en su edición de 1612 de las Homilías 27, Volumen 6, daba también el título: Discurso de Crisóstomo contra aquellos que eran judaizantes y observaban sus ayunos.

    Según algunos estudiosos de la Patrística, la oposición a cualquier punto de vista particular a finales del siglo IV se expresó convencionalmente a través de la utilización de la forma retórica conocida como psogos,[44] cuyas convenciones literarias consistían en vilipendiar a los opositores de manera inflexible, por lo que calificar a Juan Crisóstomo como un «antisemita» es anacrónico, e incongruente con el contexto y registro histórico.[45] Avery Dulles retomó la argumentación de Wilken que señalaba que sería mejor llamar a esas predicaciones Homilías contra los judaizantes, ya que los principales adversarios eran los cristianos que observaban aspectos de la ley judía y celebraban las fiestas con los judíos.[46]

    Pero según otros estudiosos, la teología de Crisóstomo era claramente antijudía. El clérigo anglicano James Parkes llamó a los escritos de Crisóstomo sobre los judíos "las denuncias más horribles y violentas del judaísmo que se encuentran en los escritos de un teólogo cristiano". Según el historiador estadounidense William I. Brustein, sus sermones contra los judíos impulsaron la idea de que los judíos son colectivamente responsables de la muerte de Jesús. Para el filósofo estadounidense Steven Katz, las homilías de Crisóstomo son "el giro decisivo en la historia del antijudaísmo cristiano, un giro cuya última consecuencia fue promulgada en el antisemitismo político de Adolf Hitler" .

    Rehabilitación, conmemoraciones y títulos

    En el proceso de paulatina rehabilitación de Juan Crisóstomo cabe señalar, ya en el año 428, la institución por parte de la corte imperial de una festividad el 26 de septiembre en su honor. Posteriormente se celebró el solemne traslado y deposición de sus restos mortales en la iglesia de los Santos Apóstoles (donde yacía Eudoxia desde el año 404), el 27 de enero de 438.

    Varios monasterios del monte Athos llevan su nombre. El Martirologio Romano y los sinaxarios orientales fijan la festividad de Juan Crisóstomo el 27 de enero, aniversario del retorno de sus restos mortales a Constantinopla. Se lo festeja el 30 de enero con Basilio Magno y Gregorio Nacianceno quienes, al igual que él, habían sido oradores de gran fama. En la reciente edición del calendario romano, la festividad de Juan Crisóstomo se trasladó al 13 de septiembre.

    Veneración y canonización

    Bizancio relieve del siglo XI en esteatita de Juan Crisóstomo, Louvre

    Juan comenzó a ser venerado como santo poco después de su muerte. Casi inmediatamente después, un partidario anónimo de Juan (conocido como pseudo-Martyrius) escribió un discurso fúnebre para reivindicar a Juan como símbolo de la ortodoxia cristiana.[34] Pero tres décadas más tarde, algunos de sus seguidores en Constantinopla permanecieron en el cisma.[47] Proclo, arzobispo de Constantinopla (434-446), con la esperanza de lograr la reconciliación de los joanitas, predicó una homilía alabando a su predecesor en la iglesia de Santa Sofía. Dijo:

    Oh, Juan, tu vida estuvo llena de dolor, pero tu muerte fue gloriosa. Tu tumba es bendita y tu recompensa es grande, por la gracia y la misericordia de nuestro Señor Jesucristo. ¡Oh, bendito, que has vencido los límites del tiempo y el espacio! El amor ha vencido al espacio, la memoria imborrable ha aniquilado los límites y el lugar no obstaculiza los milagros del santo.[48]

    En 1568, Pío V lo declaró doctor de la Iglesia. Es uno de los cuatro doctores orientales. Por su parte, Pío X lo declaró patrono de los predicadores.

    También figura en el Calendario de Santos Luterano.

    Escritos

    Se conservan unos 700 sermones y 246 cartas de Juan Crisóstomo, además de comentarios bíblicos, discursos morales y tratados teológicos.

    Homilías

    El emperador bizantino Niceforo III recibe un libro de homilías de Juan Crisóstomo; el arcángel Miguel se encuentra a su izquierda (manuscrito iluminado del siglo XI).
    Mosaico del siglo XI de Juan Crisóstomo en la concha del ábside sureste de la nave del monasterio de Hosios Loukas

    General

    Los restos del Templo de Artemisa en Éfeso, cuya destrucción se ha atribuido a Juan Crisóstomo

    Las obras homiléticas conservadas de Crisóstomo son muy extensas e incluyen cientos de homilías exegéticas tanto sobre el Nuevo Testamento (especialmente las obras del apóstol Pablo) como sobre el Antiguo Testamento (en particular sobre el Génesis). Entre sus obras exegéticas hay sesenta y siete homilías sobre el Génesis, cincuenta y nueve sobre los Salmos, noventa sobre el Evangelio de Mateo, ochenta y ocho sobre el Evangelio de Juan y cincuenta y cinco sobre los Hechos de los Apóstoles.[22] La más conocida de sus numerosas homilías es una extremadamente breve, la Homilía pascual (Hieratikon), que se lee en el primer servicio de Pascha (Pascua), el Orthros de medianoche (Maitines), en la Iglesia ortodoxa oriental.[49]

    Las homilías fueron transcritas por taquígrafos y posteriormente difundidas, revelando un estilo que tendía a ser directo y muy personal, pero moldeado por las convenciones retóricas de su época y lugar. [50] En general, su teología homilética muestra muchas características de la escuela antioquena (es decir, más literal en la interpretación de los acontecimientos bíblicos), pero también utiliza en gran medida la interpretación alegórica más asociada a la escuela alejandrina.[22]

    El mundo social y religioso de Juan estaba marcado por la presencia constante y generalizada del paganismo en la vida de la ciudad. Uno de sus temas habituales era el paganismo en la cultura de Constantinopla, y en sus homilías arremete contra los entretenimientos paganos populares: el teatro, las carreras de caballos y las fiestas que rodeaban las vacaciones.[51] En particular, critica a los cristianos por participar en tales actividades:

    Si se pregunta a [los cristianos] quién es Amós u Abdías, cuántos apóstoles o profetas había, se quedan mudos; pero si se les pregunta por los caballos o los aurigas, responden con más solemnidad que los sofistas o los retóricos. [51]

    Cirilo de Alejandría atribuyó la destrucción del Templo de Artemisa en Éfeso a Juan Crisóstomo, refiriéndose a él como «el destructor de los demonios y derribador del templo de Diana». Más tarde, el arzobispo de Constantinopla, Proclo de Constantinopla, repitió la acusación, diciendo: «En Éfeso, despojó el arte de Midas». Ambas afirmaciones se consideran falsas. [52]

    Cuidado de los necesitados

    Una de las características recurrentes de las homilías de Juan es su énfasis en el cuidado de los necesitados:[53] era «quizás el predicador más ferviente sobre la justicia social» de todos los padres orientales.[54] Haciéndose eco de los temas que se encuentran en el Evangelio de Mateo, exhorta a los ricos a dejar de lado el materialismo en favor de ayudar a los pobres, empleando a menudo todas sus habilidades retóricas para avergonzar a los ricos y que abandonen el consumo conspicuo:

    ¿Honras tanto tus excrementos como para recibirlos en un orinal de plata mientras otro hombre creado a imagen y semejanza de Dios perece de frío?[55]

    En esta línea, escribió a menudo sobre la necesidad de dar limosna y su importancia junto con el ayuno y la oración, por ejemplo, «la oración sin limosna es infructuosa».[56]

    Homilías contra los judíos y los cristianos judaizantes

    Juan Crisóstomo con Basilio de Cesarea y Gregorio de Nacianceno en un icono de finales del siglo XV de los Tres Santos Jerarcas de la Catedral de Santa Sofía, Novgorod

    Durante sus dos primeros años como presbítero en Antioquía (386-387), Juan denunció a los judíos y a los cristianos en una serie de ocho homilías dirigidas a los cristianos de su congregación que participaban en fiestas judías y otras celebraciones judías.[57][58] Se discute si los principales objetivos eran específicamente los llamados «judaizantes» o los judíos en general. Sus homilías se expresaban de manera convencional, utilizando la forma retórica intransigente conocida como «psogos» (griego: culpa, censura).[57]

    Uno de los propósitos de estas homilías era evitar que los cristianos participaran en las costumbres judías y, de este modo, impedir la erosión percibida del rebaño de Crisóstomo. En sus homilías, Juan criticaba a los «cristianos judaizantes», que participaban en las fiestas judías y en otras celebraciones judías, como el shabat, se sometían a la circuncisión y peregrinaban a los lugares sagrados judíos.[57] En el año 361 se produjo un renacimiento de la fe y la tolerancia judías en Antioquía, por lo que los seguidores de Crisóstomo y la comunidad cristiana en general estaban en contacto frecuente con los judíos, y a Crisóstomo le preocupaba que esta interacción alejara a los cristianos de su identidad religiosa.[59]

    Juan afirmaba que las sinagogas estaban llenas de cristianos, especialmente mujeres cristianas, durante los sabbats y las fiestas judías, porque les encantaba la solemnidad de la liturgia judía y disfrutaban escuchando el shofar en Rosh Hashaná, y aplaudían a los predicadores famosos según la costumbre contemporánea. [60] Debido a la importancia de Crisóstomo en la Iglesia cristiana, tanto a nivel local como dentro de la jerarquía eclesiástica, sus sermones tuvieron bastante éxito en la difusión del sentimiento antijudío.

    En griego, las homilías se denominan «Kata Ioudaiōn» (Κατὰ Ἰουδαίων), que se traduce como Adversus Judaeos en latín y «Contra los judíos» en español. [61] El editor benedictino original de las homilías, Bernard de Montfaucon, añade la siguiente nota al pie al título: «Un discurso contra los judíos; pero fue pronunciado contra aquellos que judaizaban y guardaban los ayunos con ellos [los judíos]». [61]

    Según los estudiosos de la Patrología, la oposición a cualquier punto de vista concreto a finales del siglo IV se expresaba convencionalmente de una manera, utilizando la forma retórica conocida como psogos, cuyas convenciones literarias consistían en vilipendiar a los oponentes de manera intransigente; por lo tanto, se ha argumentado que llamar a Crisóstomo «antisemita» es emplear una terminología anacrónica de una manera incongruente con el contexto y los registros históricos.[62] Esto no excluye las afirmaciones de que la teología de Crisóstomo era una forma de supersesionismo antijudío. [63]

    Sus sermones contra los judíos dieron un nuevo impulso a la idea de que los judíos son colectivamente responsables de la muerte de Jesús. [64]

    Homilía contra la homosexualidad

    El discurso más notable de Juan Crisóstomo al respecto es su cuarta homilía sobre Romanos 1:26,[65] donde argumenta lo siguiente:

    Todos estos afectos eran viles, pero principalmente la loca lujuria por los hombres; pues el alma sufre más por los pecados y se deshonra más que el cuerpo por las enfermedades. ... [Los hombres] han insultado a la propia naturaleza. Y aún más vergonzoso que esto es cuando incluso las mujeres buscan estas relaciones, que deberían tener más sentido de la vergüenza que los hombres.[66]

    Afirma que el hombre activo victimiza al hombre pasivo de una manera que lo deja más deshonrado que incluso una víctima de asesinato, ya que la víctima de este acto debe «vivir bajo» la vergüenza de la «insolencia».[66] La víctima de un asesinato, por el contrario, no lleva ninguna deshonra. Afirma que el castigo para tales transgresores se encontrará en el Infierno y que las mujeres pueden ser tan culpables del pecado como los hombres. Crisóstomo sostiene que el compañero pasivo masculino ha renunciado efectivamente a su masculinidad y se ha convertido en mujer, por lo que merece ser «expulsado y apedreado». Atribuye la causa al «lujo». «No penséis, dice (Pablo), porque habéis oído que fueron quemados, que el mal estaba solo en el deseo. Porque la mayor parte de ello provenía de su lujo, que también encendió la llama de su lujuria».[66]

    Según el erudito Michael Carden, Crisóstomo fue especialmente influyente en la configuración del pensamiento cristiano primitivo de que el deseo entre personas del mismo sexo era un mal, afirmando que alteró la interpretación tradicional de Sodoma como un lugar inhóspito a otra en la que las transgresiones sexuales de los sodomitas pasaron a ser primordiales. [67] Sin embargo, otros estudiosos, como Kruger[68] y Nortjé-Meyer[69]—disputan esto, argumentando que el autor de la Epístola de Judas ya interpretó el pecado de Sodoma como homosexualidad en el Nuevo Testamento.

    Tratados

    Además de sus homilías, otros tratados de Juan han tenido una influencia duradera. Una de estas obras es el tratado temprano de Juan «Contra los que se oponen a la vida monástica», escrito cuando era diácono (en algún momento antes del 386), que estaba dirigido a padres, tanto paganos como cristianos, cuyos hijos contemplaban la vocación monástica.[70] Crisóstomo escribió que, ya en su época, era costumbre entre los antioquenos enviar a sus hijos a ser educados por monjes.[71]

    Otro importante tratado escrito por Juan se titula «Sobre el sacerdocio» (escrito entre 390 y 391, contiene en el libro 1 un relato de sus primeros años y una defensa de su huida de la ordenación por parte del obispo Melecio de Antioquía, y luego continúa en los libros posteriores exponiendo su exaltada comprensión del sacerdocio). Otros dos libros notables de Juan son «Instrucciones a los catecúmenos» y «Sobre la incomprensibilidad de la naturaleza divina»..[72] Además, escribió una serie de cartas a la diaconisa Olimpia, de las cuales se conservan diecisiete.[73]

    Liturgia

    Más allá de sus predicaciones, el otro legado perdurable de Juan es su influencia en la liturgia cristiana. Dos de sus escritos son particularmente notables. Armonizó la vida litúrgica de la Iglesia revisando las oraciones y rúbricas de la Divina Liturgia, o celebración de la Sagrada Eucaristía. Hasta el día de hoy, las Iglesias ortodoxas orientales y católicas orientales de rito bizantino suelen celebrar la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo como liturgia eucarística normal, aunque su conexión con ella sigue siendo objeto de debate entre los expertos.[74]

    Legado e influencia

    Escultura de Juan Crisóstomo en la Catedral de San Patricio, Nueva York

    En una época en la que el clero de la ciudad era objeto de críticas por su lujoso estilo de vida, Juan se propuso reformar el clero de Constantinopla. Estos esfuerzos se encontraron con resistencia y tuvieron un éxito limitado. Se le consideraba un excelente predicador[74] cuyas homilías y escritos aún se estudian y citan. Como teólogo, ha sido y sigue siendo muy importante en el cristianismo oriental, y generalmente se le considera uno de los Tres Santos Jerarcas de la Iglesia griega, pero ha tenido menos importancia para el cristianismo occidental. Sus escritos han sobrevivido hasta nuestros días más que los de cualquier otro Padres griegos.[22]

    Catecismo de la Iglesia Católica

    El Catecismo de la Iglesia Católica lo cita en dieciocho secciones, en particular sus reflexiones sobre el propósito de la oración y el significado del Padrenuestro:[75]

    Considera cómo [Jesucristo] nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que nuestra virtud no depende solo de nuestro trabajo, sino de la gracia que viene de lo alto. Él ordena a cada uno de los fieles que reza que lo haga de manera universal, por todo el mundo. Porque no dijo «hágase tu voluntad en mí o en nosotros», sino «en la tierra», en toda la tierra, para que el error sea desterrado de ella, la verdad eche raíces en ella, todos los vicios sean destruidos en ella, la virtud florezca en ella y la tierra ya no difiera del cielo.[76]

    Leyenda de la penitencia de San Juan Crisóstomo

    “'La penitencia de San Juan Crisóstomo”', grabado de Lucas Cranach el Viejo, 1509. El santo aparece en segundo plano, a cuatro patas, mientras que la princesa y su bebé ocupan el primer plano.

    Una leyenda de finales de la Edad Media cuenta que, cuando Juan Crisóstomo era ermitaño en el desierto, se le acercó una princesa real en apuros.[77] Juan, pensando que era un demonio, al principio se negó a ayudarla, pero la princesa lo convenció de que era cristiana y de que las bestias salvajes la devorarían si no le permitía entrar en su cueva. Por lo tanto, la admitió, dividiendo cuidadosamente la cueva en dos partes, una para cada uno de ellos. A pesar de estas precauciones, se cometió el pecado de fornicación y, en un intento por ocultarlo, Juan, angustiado, cogió a la princesa y la arrojó por un precipicio. Luego se dirigió a Roma para pedir la absolución, que le fue denegada. Al darse cuenta de la terrible naturaleza de sus crímenes, Crisóstomo hizo el voto de no levantarse del suelo hasta que sus pecados fueran expiados, y durante años vivió como una bestia, arrastrándose a cuatro patas y alimentándose de hierbas y raíces silvestres. Posteriormente, la princesa reapareció, viva, amamantando al bebé de Juan, quien milagrosamente declaró que sus pecados habían sido perdonados. Esta última escena fue muy popular a partir de finales del siglo XV como tema para grabadores y artistas. El tema fue representado por Albrecht Dürer alrededor de 1496,[78] Hans Sebald Beham y Lucas Cranach el Viejo, entre otros. Martín Lutero se burló de esta misma leyenda en su obra Die Lügend von S. Johanne Chrysostomo (1537) para analizar las trampas de la leyenda (hagiografía) cristiana. [79][80]

    Reliquias

    El regreso de las reliquias de San Juan Crisóstomo a la Iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla

    Juan Crisóstomo murió en la ciudad de Comana en 407, cuando se dirigía a su lugar de exilio. Allí permanecieron sus reliquias hasta el año 438, cuando, treinta años después de su muerte, fueron trasladadas a Constantinopla durante el reinado del hijo de la emperatriz Aelia Eudoxia, el emperador Teodosio II (408-450), bajo la guía del discípulo de Juan, Proclo de Constantinopla, que para entonces se había convertido en arzobispo de Constantinopla (434-447).[81]

    La mayoría de las reliquias de Juan fueron sacadas de Constantinopla por los cruzados en 1204 y llevadas a Roma, pero algunos de sus huesos fueron devueltos a la Iglesia ortodoxa el 27 de noviembre de 2004 por el papa Juan Pablo II. [82][83][84] Desde 2004, las reliquias se conservan en la Catedral patriarcal de San Jorge.[85]

    Sin embargo, el cráneo, que se conservaba en el monasterio de Vatopedi en el Monte Athos , al norte de Grecia, no se encontraba entre las reliquias que se llevaron los cruzados en el siglo XIII. En 1655, a petición del zar Alejo I de Rusia, el cráneo fue trasladado a Rusia, por lo que el monasterio recibió una compensación de 2000 rublos. En 1693, tras recibir una solicitud del Monasterio de Vatopedi para que se devolviera el cráneo de San Juan, el zar Pedro el Grande ordenó que el cráneo permaneciera en Rusia, pero que se pagaran al monasterio 500 rublos cada cuatro años. Los archivos estatales rusos documentan estos pagos hasta 1735. El cráneo se conservó en el Kremlin de Moscú, en la Catedral de la Dormición de la Madre de Dios, hasta 1920, cuando fue confiscado por los soviéticos y depositado en el Museo de Antigüedades de Plata. En 1988, con motivo del milenario del Bautismo de Rusia, la cabeza, junto con otras reliquias importantes, fue devuelta a la Iglesia ortodoxa rusa y conservada en la Catedral de la Epifanía, hasta que fue trasladada a la Catedral de Cristo Salvador tras su restauración.

    Hoy en día, el monasterio de Vatopedi reivindica la posesión del cráneo de Juan Crisóstomo, y allí los peregrinos veneran un cráneo como el de San Juan. Dos lugares en Italia también afirman tener el cráneo del santo: la Basílica de Santa María del Fiore en Florencia y la capilla Dal Pozzo en Pisa. La mano derecha de San Juan se conserva en el Monasterio de Filoteo en el Monte Athos,[86] y numerosas reliquias más pequeñas se encuentran dispersas por todo el mundo.[87]

    Traducciones

    Hay una edición de sus Obras vertidas en versión bilingüe en tres volúmenes en la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) por el helenista español Daniel Ruiz Bueno (1905-1997).

    Obras


    Predecesor:
    Nectario
    Arzobispo de Constantinopla
    398-404
    Sucesor:
    Arsacio

    Referencias

    Bibliografía

    Lecturas adicionales

    Obras

    Enlaces externos

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