Juan Peset Aleixandre
médico, catedrático de universidad y político español, ejecutado por el franquismo poco después del final de la guerra civil española
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Joan Baptista Peset Aleixandre (Godella, 2 de julio de 1886 - Paterna, 24 de mayo de 1941)[1] fue un médico, catedrático de universidad y político español. Rector de la Universidad de Valencia durante la Segunda República, presidió el partido de Izquierda Republicana en Valencia. Fue fusilado por la dictadura franquista tras el final de la Guerra Civil.[2][3]
Paterna (España)
| Juan Peset Aleixandre | ||
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| Información personal | ||
| Nombre en español | Juan Bautista Peset Aleixandre | |
| Nacimiento |
2 de julio de 1886 Godella (España) | |
| Fallecimiento |
24 de mayo de 1941 (54 años) Paterna (España) | |
| Causa de muerte | Herida por arma de fuego | |
| Sepultura | Cementerio General de Valencia | |
| Nacionalidad | Española | |
| Familia | ||
| Padre | Vicente Peset Cervera | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad de Valencia | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Médico, profesor y político | |
| Cargos ocupados | Diputado en las Cortes republicanas por Valencia (capital) (1936-1939) | |
| Empleador | Universidad de Valencia | |
| Partido político | Izquierda Republicana | |
| Distinciones | ||
Perteneciente a una familia valenciana de larga tradición médica y científica (y liberal), a los veinticuatro años ganó la cátedra de Medicina Legal y Toxicología de la Universidad de Sevilla y cuatro años después, en 1916, consiguió el traslado a la Universidad de Valencia, desarrollando una brillante actividad docente e investigadora en el campo de la medicina legal, situándola a nivel europeo, y también en el de la salud pública, trabajando activamente en colaboración con los organismos locales.
Cuando en 1931 se proclamó la Segunda República Española decidió comprometerse políticamente y se afilió al partido de Manuel Azaña Acción Republicana. Al año siguiente fue nombrado rector de la Universidad de Valencia, cargo al que renunció a principios de 1934 tras el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933. Cuando Acción Republicana se transformó en Izquierda Republicana, siempre bajo el liderazgo de Azaña, ocupó la presidencia provincial de Valencia del nuevo partido. En las elecciones generales de febrero de 1936 se presentó como candidato del Frente Popular por la circunscripción de Valencia-capital, resultando elegido (fue el candidato más votado).
Cuando estalló la guerra civil se puso a disposición del Gobierno de la República y fue nombrado comisario civil del Ejército, pasando después a ocuparse de la dirección médica de los Hospitales militares de Castellón y de Valencia. Cuando terminó la guerra rechazó el ofrecimiento de marchar al exilio y fue detenido por las fuerzas franquistas tras haber sido denunciado por un grupo de médicos falangistas valencianos. Fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo que lo condenó a muerte, aunque en una primera sentencia el tribunal militar recomendó la conmutación por treinta años de cárcel, pero en una segunda fue eliminada. Fue fusilado en Paterna en 24 de mayo de 1941.
Biografía
Orígenes familiares y años de formación
Nacido en 1886 en la localidad valenciana de Godella, donde sus padres, Vicente Peset Cervera y Vicenta Aleixandre Ballester,[4][nota 1] tenían su segunda residencia, Joan Baptista Peset perteneció a una familia de larga tradición médica e investigadora —Joan Fuster, citado por Francesc Pérez Moragón, la calificó como «una admirable dinastía de médicos, y de médicos humanistas, que han dejado un rastro imborrable en la vida colectiva de los valencianos»—,[6][7] iniciada por su bisabuelo Mariano Peset y Martínez de la Raga (1770-1850) y seguida por su abuelo Juan Bautista Peset Vidal (1821-1885). El primero publicó trabajos sobre el cólera y un tratado sobre las pasiones, mientras que el segundo estudió temas de epidemiología, medicina interna, psiquiatría e historia de la medicina (publicó un Bosquejo de la historia de la medicina en Valencia). Su padre, Vicente Peset Cervera (1885-1945), fue catedrático de Terapéutica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, cuyas investigaciones se centraron en microbiología, aplicaciones de la electricidad a la terapéutica y al diagnóstico y el uso de rayos X. Asimismo participó activamente en la sanidad pública de la ciudad de Valencia, como químico del Ayuntamiento, analizando aguas potables y alimentos. Su hermano Tomás fue también médico y colaboró en algunas de sus investigaciones; su otro hermano Mariano Peset Aleixandre (1896-1968) fue arquitecto. Además, la familia tenía una larga tradición liberal, que se remontaba al bisabuelo Mariano Peset de la Raga, quien fue perseguido por Fernando VII. Su abuelo Juan Bautista participó en la Revolución Gloriosa de 1868 y el hermano de este Vicente fue diputado de las Cortes Constituyentes de 1869. Su padre era republicano, aunque sin militar en ninguna organización.[2][8][9] Por otro lado, Concepción Aleixandre Ballester, hermana de su madre, fue una destacada médica y científica, pionera del feminismo en España.[10][11]
Joan Peset pronto destacó por su precocidad intelectual, su talento y su enorme capacidad de trabajo. Con apenas 23 años, era ya doctor en Medicina, Ciencias (sección Química) y Derecho, además de perito químico y mecánico y de haber estudiado francés y alemán —el peritaje en química lo obtuvo en 1901, el mismo año que acabó el bachillerato, y al año siguiente el peritaje en mecánica; las licenciaturas en Medicina y Cirugía y la de Ciencias (sección Química) en 1906 y en 1907 la licenciatura en Derecho y el doctorado en Medicina con la tesis Nota experimental sobre varias sales nuevas de piridina—. En 1908 había sido pensionado por la recién creada Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para trabajar en el campo del análisis toxicológico y médico-legal en Wiesbaden con el alemán Fresenius y en París con los franceses Jules Ogier y Alphonse Bertillon. A su regreso, en diciembre de ese año se doctoró en Ciencias (sección Química) con la tesis Nuevo método general para la determinación electroquímica y en 1909 en Derecho con la tesis Aplicación jurídica de las ideas modernas sobre responsabilidad criminal por causas psicológicas.[12][2][13][14] Sus excelentes calificaciones académicas le hicieron merecedor en 1905 del diploma de Caballero de la Orden Civil de Alfonso XII.[6]
Carrera médica y científica
En mayo de 1910, cuando aún no había cumplido los veinticuatro años, ganó la cátedra de Medicina Legal y Toxicología en la Universidad de Sevilla y, al año siguiente, comenzó a trabajar en el Laboratorio Bacteriológico Municipal de Sevilla, del que obtuvo la plaza de director por oposición, ocupándose de la epidemia de tifus que atacó la ciudad en 1912. De hecho al año siguiente fue comisionado por el Ayuntamiento de Sevilla para viajar a París y estudiar allí la vacuna antitífica.[15][2][16] En 1912 había ingresado en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y en 1915 en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla.[17]
En 1913 participó en el I Congrés de Metges de Llengua Catalana ('I Congreso de Médicos de Lengua Catalana'), celebrado en Barcelona, en el que su padre Vicente Peset Cervera era uno de los presidentes de honor, designado por el cuerpo médico de Valencia. En el mismo presentó junto con su padre una comunicación con el título Bosqueig crític de l'hematoquímia legal, que fue publicada al año siguiente.[18][19][17]

En 1916 consiguió, por permuta, el traslado a la Universidad de Valencia, ocupando la cátedra de igual denominación, que ostentaría hasta 1939 cuando fue depurado por las autoridades franquistas, lo que supuso la separación definitiva del cuerpo y dado de baja en el escalafón. Durante esos veintitrés años, a los que hay sumar los que pasó en Sevilla, publicó cerca de un centenar de trabajos de investigación (no sólo sobre medicina legal y toxicología, sino también sobre bacteriología y medicina preventiva),[20] dirigió una decena de tesis doctorales (una de ellas de Juan José López Ibor, sobre las neurosis traumáticas en medicina legal, presentada en 1929), y consiguió formar escuela científica —la Escuela médico-legal valenciana o Escuela Peset—,[21] una novedad con escasos precedentes («Despertaba entre los alumnos ilusión por investigar», recordó muchos años después Antonio Llombart Rodríguez, uno de sus discípulos).[nota 2] Además, como había sucedido en Sevilla, dedicó sus esfuerzos y conocimientos a la medicina preventiva en puestos de la administración local. De hecho recién trasladado fue contratado por la Diputación Provincial de Valencia para dirigir el Instituto Provincial de Higiene (cuyo edificio sufragó), cargo desde el que volvió a ocuparse de las epidemias de tifus y en 1918 puso en marcha una campaña de vacunación. Asimismo descubrió un tratamiento contra la meningitis purulenta (que aplicó con éxito a uno de sus hijos de pocos meses que estuvo a punto de morir).[22] En diciembre de ese año, en el que fue nombrado por su colegas presidente de la Asamblea Médica Regional Valenciana,[23] viajó otra vez a París, invitado por los médicos de la Sorbona para que diera a conocer sus investigaciones y experiencias, y fue nombrado miembro honorario de la Societé Terapeutique. Al año siguiente, 1919, fue nombrado profesor honorario del Instituto de Medicina Legal, Psiquiatría y Toxicología de la Universidad de Madrid. Y por esas fechas recibió diversas condecoraciones entre las que destacó la gran cruz de la Orden de la Beneficencia en reconocimiento a su labor en la prevención y lucha contra las epidemias.[24][25] Entre 1928 y 1939 dirigió la tercera época de la revista Crónica Médica, publicación de referencia de la medicina experimental de la época.[19][14]
Se ha dicho que el doctor Peset Aleixandre dio nivel europeo a la medicina legal española.[27][2] Como han señalado Marc Baldó y María Fernanda Mancebo, Joan Baptista Peset formó parte del grupo de profesores que «desde sus cátedras o desde la Junta para la Ampliación de Estudios u otras instituciones provinciales o locales similares, comenzaron a desarrollar una producción científica en diversos campos con cierto grado de originalidad. Estos maestros conocían idiomas, viajaron, estudiaron en el extranjero, mantuvieron contacto con sus colegas de allende los Pirineos, asimilaron el horizonte cultural europeo, frecuentaron Alemania, Francia, Inglaterra... Los científicos de aquellos años, que van de la Primera Guerra Mundial a la Guerra Civil, con discreción pero con empeño, empezaron ellos mismos a crear, superando la larga fase decimonónica de asimilación y repetición de novedades».[28]
En 1935 un numeroso grupo de alumnos y de discípulos le dedicaron un homenaje con motivo del veinticinco aniversario de haber conseguido la cátedra. En la nota explicativa que acompañaba a los alrededor de cuarenta trabajos de investigación que publicaban en su honor se decía lo siguiente sobre lo que era la escuela científica de Peset (nota que fue recogida en la revista Crónica Médica, dirigida por el propio Juan Peset):[29][30]
Un espacio escaso, un material insuficiente, unos temas áridos, una cátedra. No es mucho panorama si el espacio no se dilata, los temas no se embellecen y la cátedra no se puebla de discípulos al conjuro de una gran personalidad. Este hecho insólito, casi taumatúrgico, es el que todos, discípulos y amigos, conmemoramos aquí.
El catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Valencia Juan Antonio Gisbert Calabuig, discípulo de uno de los discípulos de Peset, señaló en 1982 los siguientes «rasgos más destacados de la obra científica del Prof. Peset Aleixandre»:[31]
- Consolidó la definitiva incorporación de la Medicina Legal española al contexto de la ciencia médico-legal europea.
- Destacó con su ejemplo y con su enseñanza la necesidad de una formación básica en ciencias físico-químicas y biológicas para su aplicación a la investigación médico-legal.
- Desarrolló al máximo el rigor científico para la incorporación a la doctrina médico-legal de los avances y descubrimientos en cualquiera de los campos de las ciencias conexas.
- Mantuvo la necesidad de una información bibliográfica actualizada y exhaustiva que le permitió seguir el desarrollo de la ciencia médico-legal en el resto de los países.
Vida política
República (1931-1936)
En 1928, en plena dictadura de Primo de Rivera, Juan Peset, de ideas liberales, republicanas y de izquierda, declaró:[32]
En política no milito. Tengo mis propias ideas interiores, como cada cual. Pero me centro en mis libros, en mi laboratorio, en mi cátedra, con lo que he estudiado en Francia y en Alemania durante mis viajes de pensionado; no me ha quedado tiempo para ser político.

Todo cambió tres años después cuando inesperadamente se produjo la proclamación de la Segunda República Española. En aquel momento, con cuarenta y cinco años, gozaba de un gran prestigio profesional y social y era un hombre muy conocido y estimado en Valencia. Sus modos de vida eran burgueses (residía en una calle del Ensanche al lado del modernista mercado de Colón y poseía un automóvil lujoso, un Chrysler Imperial)[nota 3] pero como otros profesionales e intelectuales de la época consideró que la llegada de la República abría una oportunidad para la renovación y modernización del país y decidió ingresar en Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña.[34][33][35][36][37] En plena guerra civil escribiría: «La historia de la República antes de la guerra puede resumirse en una ilusión optimista, un desengaño esperable y una dura realidad».[38][39]
Su compromiso político con la República se centró inicialmente en la gestión universitaria. Desde 1930 ya era decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia y tras el advenimiento de la República pasó a ser vicerrector para convertirse en mayo de 1932 en rector de la Universidad de Valencia, sucediendo a Mariano Gómez, el primer rector del período republicano, que dejó el puesto por haber sido nombrado magistrado del Tribunal Supremo. Según Marc Baldó y María Fernanda Mancebo, «la vinculación de Peset con el partido de Azaña —como el de su antecesor con el de Alcalá Zamora— fue lo que propició su nombramiento».[40]
Durante los dos años que estuvo en el cargo realizó una serie de cambios, tratando de impulsar la modernización y democratización de la universidad —introduciendo la representación de profesores auxiliares y estudiantes en los órganos de gobierno—,[14][41] pero no pudo ir más lejos porque las Cortes Republicanas dieron prioridad a la enseñanza primaria para erradicar el analfabetismo y la desescolarización, y el proyecto de ley de bases para la reforma universitaria elaborado por el equipo del ministro de Instrucción Pública Fernando de los Ríos no llegó ni siquiera a discutirse (lo único que aprobaron, además de algunas modificaciones administrativas, como la forma de nombrar tribunales en las oposiciones a cátedra, fue conceder a las Facultades de Letras de Madrid y Barcelona una amplia capacidad para organizar los estudios y la investigación y el régimen de autonomía universitaria a la Universidad de Barcelona, que cambió su nombre por el de Universidad Autónoma de Barcelona). Los estudiantes afiliados a la Federación Universitaria Escolar (FUE) protestaron: «Salvo que ahora la universidad se llama republicana y laica, todo sigue igual».[42]
El rector Peset también se ocupó de la mejora de las instalaciones y los equipamientos de la Universidad (comenzó a funcionar el campo de deportes, se saneó y dignificó el Jardín Botánico, se mejoraron las dotaciones de las bibliotecas y de los laboratorios, se esbozó el proyecto de una residencia de estudiantes, el futuro Colegio Mayor Luis Vives)[43] y puso especial empeño en la reanudación de los trabajos de las nuevas facultades de Medicina y de Ciencias (el proyecto había sido aprobado en 1906 y el diseño de los edificios y las expropiaciones habían comenzado en 1908), sobre todo después del incendio que se había producido el día antes de tomar posesión del cargo en los locales que ocupaba la Facultad de Ciencias en el viejo edificio de la calle de la Nave. En abril de 1933 la Junta de Gobierno encargó a Mariano Peset Aleixandre, hermano de Joan, la revisión del edificio de ciencias, pero este no sería inaugurado, como el de la Facultad de Medicina, hasta después de la guerra civil.[42][44] También fue uno de los impulsores de la creación del Instituto Cossío de Valencia, obedeciendo a un mismo carácter de «renovación docente».[45]
Tras el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933, Peset dimitió de su cargo de rector, aunque su renuncia no le fue aceptada hasta el 28 de mayo de 1934, siendo sustituido por el derechista Fernando Rodríguez Fornos.[14] Años después, en plena guerra civil, explicó la caída del gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña en septiembre de 1933 por «la incomprensible intolerancia de las derechas» y «por tropiezos debidos a impaciencias explicables por ansias de una justicia social ausente tantos siglos» y la derrota de las izquierdas en noviembre por «el equivocado aislamiento para ir a las elecciones».[46][39]

Un mes antes de su abandono del cargo de rector Acción Republicana se había fusionado con otros dos partidos republicanos para dar nacimiento a Izquierda Republicana (IR), también presidida por Manuel Azaña, y Juan Peset fue nombrado su presidente en la provincia de Valencia (cargo en el que fue ratificado en diciembre de 1935 por la asamblea provincial del partido que reunió a los representantes de 218 municipios de los 264 con que contaba la provincia y durante la cual hizo una defensa de la democracia y de la República: «¿Entendemos por revolución el afán español de una verdadera república como fue soñada el 14 de abril, desplegable dentro de una verdadera constitución vigente? Pues, somos revolucionarios», dijo).[47]
Desde el puesto de presidente provincial de IR participó activamente en la campaña de Azaña para lograr la unión de las izquierdas y de la que surgiría la coalición del Frente Popular. Así, además de recorrer todas las principales localidades de la provincia,[48] fue quien hizo la presentación de Azaña en el gran mitin que dio el 26 de mayo de 1935 en el campo de Mestalla y que reunió a unas 60 000 personas, y cuando en enero de 1936 se convocaron elecciones generales para el mes siguiente encabezó la lista del Frente Popular por la circunscripción de Valencia capital. Durante la campaña electoral solo intervino en tres actos electorales (celebrados en los teatros Moulin-Rouge y Apolo de Valencia y en el Patronat Musical del Grao)[49] pero fue el candidato que obtuvo el mayor número de votos, 84 106 (de los once distritos de la ciudad consiguió la mayoría en siete),[50] lo que se explicaría por su prestigio profesional y por su popularidad debida a sus servicios de higiene pública en la ciudad y en la provincia (el candidato de la derecha, Luis Lucia, consiguió 68 227 votos). Como han señalado Baldó y Mancebo, «el médico que combatía el tifus y hacía campañas de vacunación, fue visto con simpatía y cercanía por las capas populares».[51][52][53][54] Por otro lado, según estos mismos historiadores, «su incorporación a la candidatura fue una jugada maestra de la coalición. Peset era una persona liberal, moderada y conocida; su presencia contradecía la imagen que la derecha quería dar de sus rivales políticos».[55] Una valoración compartida por Luis Aguiló Lúcia[56] y por Joan Puchalt.[57] El mismo día de las elecciones, domingo 16 de febrero, Izquierda Republicana de Valencia hizo pública la siguiente proclama llamando al voto:[58]
Valencianos, hoy 16 de febrero, como todos los españoles, nos mueve la responsabilidad de escribir uno de los momentos más culminantes de la historia de nuestro país. La patria, angustiada, busca el afán de una época de paz y concordia que la haga seguir el camino de la civilización y de la inteligencia que la marcaron aquellas gloriosas jornadas de abril de 1931.
El talante moderado de Peset lo demostró al día siguiente de las elecciones, el lunes 17 de febrero, cuando se subió a una farola de la plaza de Emilio Castelar (según se puede ver en la foto que publicó al día siguiente el diario republicano El Mercantil Valenciano) para pedir calma —«orden y disciplina», según la crónica de El Mercantil Valenciano— a la multitud que celebraba la victoria del Frente Popular y que exigía la liberación de los presos. Les aseguró que se cumpliría el programa de la coalición cuyo primer punto era precisamente la amnistía de los encarcelados por los hechos de la Revolución de Octubre de 1934.[59][60][61] Así informó de lo ocurrido el diario conservador Las Provincias (en el consejo de guerra el denunciante Ángel Moreu tergiversó a propósito los hechos para convertirlos en una prueba de cargo contra Peset afirmando que este esa mañana había dado un mitin de exaltación de los «ideales marxistas»):[60][62]
La mañana de ayer comenzó con gran tranquilidad, trabajándose en todas partes como en días normales, pero a media mañana comenzó a reunirse numeroso concurso en la plaza de Emilio Castelar, frente al Casino de Izquierda Republicana, donde constantemente iban colocándose en la pizarra los resultados que iban obteniendo a medida que llegaban las noticias de los pueblos. Algunos grupos enardecidos por el triunfo ocuparon varios camiones y recorrieron algunas calles, levantando los puños en alto y dando vivas al Frente Popular, los grupos iban cada vez ingresando en la mencionada plaza y aumentaba el nerviosismo de ellos. El jefe provincial del partido que acaudilla el señor Azaña, don Juan Peset, tuvo necesidad de dirigir la palabra a la multitud con el fin de calmarla e impedir que pudiera organizar manifestaciones peligrosas.
Peset viajó a Madrid para tomar posesión del escaño de diputado de las Cortes republicanas en las que fue nombrado presidente de la comisión de Instrucción Pública y Sanidad y miembro de la de Trabajo y Asistencia Social, lo que le obligó a establecerse temporalmente en la capital. También fue nombrado vocal suplente de la Diputación Permanente.[63]
Guerra Civil (1936-1939)
Tras el golpe de Estado de julio de 1936 que dio inicio a la guerra civil española, se puso a las órdenes del Gobierno y desempeñó las tareas que este le encomendó. Inicialmente fue nombrado Comisario civil del Ejército y, como tal, encargado de la sección de abastecimiento de la Comisión de Reclutamiento en Castellón (una de sus tareas fue la compra de uniformes para los soldados) y después pasó a desempeñar la dirección médica de la Agrupación de Hospitales de Castellón y, a partir de enero de 1938 la dirección del Hospital Militar Base de Valencia, ubicado en la Facultad de Medicina, donde trabajó con su amigo y también miembro de Izquierda Republicana, Adolfo Rincón de Arellano Lobo (su hijo, Adolfo Rincón de Arellano García, que combatía en el bando sublevado y entre 1958 y 1969 sería alcalde de Valencia designado por el Generalísimo Franco, lograría librarlo de la cárcel al finalizar la guerra). Todo ello lo compaginó con sus tareas de parlamentario —a comienzos de 1937 viajó a París como miembro de la delegación española encabezada por Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes republicanas, para asistir a un encuentro de la Unión Interparlamentaria—.[64][53]
Al mismo tiempo salvó cuantas vidas pudo de personas derechistas o de religiosas amenazadas por las milicias que se habían hecho con el poder tras el fracaso del golpe, dándoles en algún caso refugio en su propia casa,[53] tal como atestiguó, por ejemplo, en el primer consejo de guerra al que fue sometido tras la contienda, la portera del edificio de la calle Jorge Juan donde vivía: «Todos los inquilinos eran de derechas a excepción de D. Juan que era el único izquierdista, y la que habla vio que, por tres o cuatro veces, el mismo D. Juan... hizo salir de la casa a individuos que en grupos venían en busca de inquilinos de derecha».[65] También declaró a su favor, entre otros, Pilar Esteve Fernández, hermana del falangista Enrique Esteve Hernández, asesinado por las milicias.[64] Otro testigo lo definió como «un hombre atento, buen amigo, profesor ejemplar y perfecto caballero».[66]
También impidió que fuera quemada la iglesia de la parroquia de San Juan y de San Vicente (el párroco declararía en el consejo de guerra reiterando la decisiva intervención de Peset para evitar el incendio y saqueo de la iglesia) y junto con otros miembros de Izquierda Republicana, como el alcalde José Cano Coloma, logró calmar los ánimos e impedir que la basílica de la Virgen de los Desamparados fuera asaltada (como medida de precaución la imagen de la Virgen de los Desamparados sería llevada al Ayuntamiento para su custodia).[nota 4] Así lo atestiguaron varios comparecientes en el consejo de guerra, como el médico Francisco Ramón Llin, socio fundador de la Derecha Regional Valenciana y entonces capitán de caballería y miembro de Falange (muy agradecido por la ayuda que había recibido su familia de Peset) quien manifestó lo siguiente: «Hizo con todo calor cuanto estuvo en su mano para evitar el desmán, el latrocinio y la revuelta sanguinaria».[65][66]
La intervención de Peset en favor de perseguidos le valió la animadversión de las organizaciones obreras que controlaban Valencia. Así lo señaló el maestro Eladio García Barruete, presidente de la Junta Municipal de Izquierda Republicana, quien, en agosto de 1936, le advirtió de que «determinados elementos de la CNT-FAI y entre ellos un tal Baldomero El Francés» trataban de atentar contra él y contra otros miembros del partido. «Estos tíos políticos que no vienen más que a molestar; por su conveniencia debían abstenerse de estos visiteos», se habría dicho en una reunión de nuevos agentes de policía, a propósito de unas gestiones realizadas por Peset en el Gobierno Civil a finales de julio de 1936.[68]
Por otro lado, la aportación de Peset al discurso político durante la guerra fue escasa. Se limitó al folleto titulado ¡Siempre por la República!, editado por Izquierda Republicana en 1938, que recopilaba varios artículos publicados en El Mercantil Valenciano («Constitucionalidad de los fines de guerra», comentando los trece puntos de Negrín, «Momentos de la República», «Un orden digno para el entusiasmo y la disciplina», «La aspiración humana a la igualdad», «Masa o grupo», «Partido y sindicato» y «Sufragio universal y representación profesional») a los que se añadió «El Ejército popular de la República», y a la conferencia que pronunció en la Universidad de Valencia el 27 de abril de 1937 con el título Las individualidades y la situación en las conductas actuales, en la explicaba los problema psicológicos derivados de la participación, activa o pasiva, en la guerra y que fue editada en los Anales de la Universidad de Valencia (su contenido sería utilizado para condenarlo a muerte en el segundo consejo de guerra sumarísimo al que fue sometido al terminar la guerra civil).[64][69][61][70] Algunos de los párrafos de la conferencia que se utilizaron para condenarlo a muerte fueron los siguientes:[71]
Desde el primer momento de esta tragedia he dicho lo que ha sido repetido por muchos. No estamos en tiempo de hablar, sino de trabajar por la causa. Eso es lo que he hecho diariamente, sirviendo al Gobierno de la República desde mi cargo de comisario civil del Ejército. [...]
Este Frente Popular ha actuado de verdadero ariete político, y ha permitido a España, a la verdadera España, a la España que trabaja, hacer frente a los momentos dificilísimos que la traición ha creado. El Frente Popular no ha tenido tiempo de fracasar; pero, su corta existencia ha servido para demostrar definitivamente su valor al sellar la Historia de nuestro país con rumbos inabordables por ahora, sin su existencia. [...]
Al principio parecía una sublevación militar, la más ilógica e inoportuna que registra la historia, dados los pocos meses transcurridos desde las elecciones generales con unos resultados tan claros. Esperaban un triunfo electoral, y el pueblo no se lo concedió. [...]
Tampoco se tendrá que calificar de guerra civil, porque desde el momento en que el enemigo negocia con el extranjero haciendo que su planta chafe nuestro suelo, adquiere para nosotros, los españoles, el carácter de una guerra de independencia.[...]
El gesto colectivo ya lo expresó el presidente de la República: Nosotros hacemos la guerra porque no la hacen. Nosotros somos los agredidos... ¿Cuál es el deber del Estado? Oponerse como sea a la rebelión militar.
«En sus escritos políticos, si algo destaca, es el tono moralizante, reflexivo y crítico. En los más de estos trabajos estudia los comportamientos humanos condicionados por la guerra y aporta propuestas para calmar los ánimos en una incesante labor pedagógica», han señalado Marc Baldó y María Fernanda Mancebo. Citan como ejemplo el siguiente pasaje de ¡Siempre la República! (también citado por Joan Puchalt): «El intolerante es el primitivo, aunque se presente en un escenario civilizado. Civilización, es voluntad de convivencia. Nunca podemos confundir la solidaridad social independiente, libre y esencialmente respetuosa con el individuo, con la solidaridad gregaria, pasiva, aborregada, esencialmente tiránica y opresiva de las individualidades que constituyen el alma móvil e inestable de las multitudes desorganizadas».[69][72]
También sería utilizado contra él en el consejo de guerra el manifiesto de protesta por el bombardeo de Almería por la escuadra alemana que firmó junto a otros catedráticos universitarios, como Pere Bosch Gimpera, Lluís Pericot, Pompeu Fabra, José Deleito y Piñuela, Ricardo Gutiérrez Abascal, Demófilo de Buen Lozano y Francisco Orts Llorca (algunos de ellos habían participado en el ciclo de conferencias organizada por la Universidad de Valencia y la Casa de la Cultura en el que Peset también había intervenido con Las individualidades y la situación en las conductas actuales), además del rector de la Universidad de Valencia José Puche junto con los cuatro decanos (José María Ots, de Derecho; Fernando Ramón Ferrando, de Ciencias; Ramón Velasco, de Filosofía y Letras; y Luis Urtubey, de Medicina). El manifiesto decía lo siguiente:[73]
Ante monstruoso bombardeo población civil de Almería por escuadra alemana, profundamente compenetrados con el pueblo español que lucha heroicamente en defensa de nuestras libertades y con el Gobierno legítimo de la República, encarnación auténtica de la voluntad popular, nosotros, universitarios españoles, formulamos nuestra encendida protesta contra reiteradas agresiones a nuestra independencia nacional, cometidas por el nacionalismo alemán y por el fascismo italiano, recabando adhesión a nuestra causa de todos los universitarios del mundo y de todos los hombres consagrados al cultivo de las actividades intelectuales, en la conciencia de que en España hoy no luchamos solamente por nuestra independencia, sino también por la libertad y la paz en el mundo.
Asistió a la última sesión de las Cortes republicanas en Figueras el 1 de febrero de 1939, pasando la frontera francesa poco después. Sin embargo, al igual que el presidente del Gobierno Juan Negrín, volvió a la España republicana por considerar que era su deber y para proteger a su familia, ya que sus tres hijos —Vicente, Juan y Francisco Javier— se habían incorporado como voluntarios al ejército republicano —y no «al comprobar en Francia que el dinero que llevaba en billetes rojos no tenía valor», como dirá el propagandista franquista Joaquín Arrarás—.[74][75][53][nota 5] Ya en Valencia trató de mediar, sin éxito, en el golpe de Estado del coronel Casado y cuando este triunfó acompañó Negrín, y a José Puche, rector de la Universidad de Valencia durante la guerra, hasta el aeródromo de Elda donde iban a coger un avión para marchar al exilio, pero se negó a acompañarlos a pesar de la insistencia del presidente. Tras reunirse con sus hijos intentó abandonar la península con ellos y con Ricardo Muñoz Suay, ahijado suyo y amigo de la familia, por el puerto de Alicante, que se había convertido en la única posibilidad de fuga para los republicanos. Sin embargo, los barcos que habrían tenido que rescatar a los miles de personas que allí se reunieron no llegaron nunca y todos fueron hechos prisioneros por las tropas franquistas.[76][77][78][53]
Expoliados de todos sus bienes fueron trasladados al improvisado campo de concentración de Los Almendros, que evocará Max Aub, vigilado por tropas italianas, y dos días después en vagones de ganado al campo de concentración de Albatera, que llegó a reunir entre 18 000 y 30 000 prisioneros, cuando estaba concebido para 3000. Allí el doctor Peset se ocupó de atender una precaria enfermería y de intentar remediar la devastadora de epidemia de tifus que se extendió por el campo —de hecho, tras arduas gestiones, consiguió que fueran vacunados los internados allí; argumentó que también podría afectar a los guardias—.[76][77][79][80][81] Como otros muchos internos fue sometido al doloroso castigo denominado «la parrilla», que consistía «en un espacio acotado, al sol, sin techo, a la inclemencia del tiempo, sin camisa ni camiseta, sin pantalones, solo en calzoncillo, sin botones, además, para que así se obligara al castigado a sujetarlo con las manos, impidiendo que con ellas pudiera hacerse sombra, defendiéndose del duro sol de aquella zona».[82]

Más tarde fue trasladado al campo de concentración de la Cartuja de Porta Coeli, prosiguiendo con su labor en pro de mejorar las condiciones higiénicas y sanitarias de los prisioneros, y cuando el campo se cerró el 1 de diciembre a la propia cartuja, convertida en cárcel. De allí pasaría a la Cárcel Modelo de Valencia, reclamado por la justicia militar como «responsable de asesinatos», a partir de una denuncia presentada por el Servicio Provincial de Sanidad de la Falange de Valencia. Llegó el 15 de enero de 1940 custodiado por guardias civiles.[76][77][79][80]
Mientras tanto, mediante una orden publicada el 29 de julio de 1939, Juan Peset, colectivamente con otros muchos docentes, había sido separado de su cátedra por ser «pública y notoria la desafección [...] no solamente por sus actuaciones en las zonas que han sufrido la dominación marxista, sino también por su pertinaz política antinacional y antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional».[83][84][85][86] No cabía ni expedientarlos porque «la evidencia de sus conductas, perniciosas para el país, hace totalmente inútiles las garantías procesales».[79]
Consejos de guerra sumarísimos y fusilamiento
La denuncia contra el doctor Peset como «responsable de asesinatos de Valencia y Castellón», pero sin mencionar ningún hecho concreto, había sido presentada el 6 de julio de 1939 por el Servicio Provincial de Sanidad de Falange avalada por cinco firmas, posiblemente de médicos. Como las firmas eran ilegibles se requirió que se identificaran con sus nombres y sus domicilios y sólo tres personas lo hicieron: los médicos falangistas Francisco Marco Merenciano, recién nombrado director del Hospital Psiquiátrico de Valencia y auxiliar de la cátedra de la que acababa de ser desposeído Peset; Ángel Moreu González-Pola, antiguo militante de la Derecha Regional Valenciana y miembro de la Quinta Columna; y Antonio Ortega Tena —este último señaló que la denuncia había sido suscrita «en unión de otros compañeros del Colegio Médico»—. Dos meses después, el 16 de septiembre, el auditor de guerra de la III Región Militar, el coronel Fernando Bosch Lliberós, procedió a instruir un procedimiento sumarísimo de urgencia, que fue registrado con el número 13.291-V y que fue encomendado al Juzgado Militar número 10, a cargo de Manuel Lojo Tato y Casto Pérez de Arévalo. Inmediatamente la Brigada Social de Valencia inició su búsqueda en los diferentes centros de detención hasta que lo localizó en la Cartuja de Porta Coeli habilitada como prisión.[87][88][86]
Declaración de Francisco Marco Merenciano, uno de los tres médicos falangistas denunciantes. Es hombre que sin proceder del campo de las izquierdas comenzó su vida política de este matiz a raíz del advenimiento de la República, llegando en el año 36 con motivo de las elecciones de Febrero [a] obtener el puesto de Diputado de las Cortes Constituyentes [sic], en representación del partido de Azaña, desde cuya fecha puede decirse que fue el encauzador o dirigente de la política de izquierdas de esta capital, siendo una figura de relieve y significación por su influencia moral y dada también su categoría social por tratarse de un Catedrático de la Facultad de medicina. Que por esos motivos y por no oponerse desde un principio al caos y actividades francamente marxistas introducidas por los elementos frentepopulistas, sino dando su anuencia a toda actividad revolucionaria es por lo que se le considera indirectamente responsable de los desmanes acaecidos, ya que no intentó hacer ligera oposición a la actuación revolucionaria. Pero concretamente no puede decirse que haya tenido intervención directa en hechos delictivos determinados.[89] |
En la ficha policial de la Brigada Social de Valencia no constaba que hubiera cometido ningún delito de sangre. Se decía lo siguiente: «Fue diputado, manteniendo con Manuel Azaña lazos de amistad indiscutible. Figuró como Teniente de Alcalde en el Ayuntamiento de esta ciudad. Durante el dominio rojo ostentó el cargo de jefe de los Hospitales de Castellón y, últimamente, de los de Valencia. En resumen se trata de una de las figuras más relevantes del marxismo en Valencia, habiendo sido una de las personas más influyentes en esta capital y toda la zona roja». El historiador Salvador Albiñana comenta: «Resultaba errónea la calificación de figura del marxismo, y exageraba su capacidad de influencia, que más bien fue escasa y no buscada».[90] Por su parte los denunciantes le hacían responsable «indirecto» de «desmanes y atropellos», pero de ningún delito específico. Marco Merenciano, de quien Carlos Castilla del Pino dijo años más tarde que era «un católico sectario hasta extremos que debieron hacerlo temible en los años de la posguerra» (de hecho participó en la comisión depuradora de Magisterio y de la Diputación Provincial de Valencia) declaró: «Concretamente no puede decirse que haya tenido una intervención directa en hechos delictivos determinados». Ángel Moreu: «Que aunque no se pueden señalar hechos delictivos en concreto en que haya intervenido directamente, cae sobre él la responsabilidad de muchos de los desmanes y atropellos acecidos en esta capital».[91][92]
Declaración favorable de Rafael Gil Maties, funcionario de la Diputación Provincial de Castellón y excautivo de Falange Declaro: Que conocí a D. Juan Peset Aleixandre, con motivo de haber sido destinado este a la Comisaría Civil del Ejército Voluntario de Castellón, en donde se le encargó el departamento de Avituallamiento. Que dicha sección tenía a su cargo exclusivamente la adquisición de vestuario sin ninguna intervención en el reclutamiento, parte política de la Comisaría que ejercía un Diputado marxista, que a su vez ostentaba la Jefatura de la misma. Que en ese aspecto siempre tenía apartado al Dr. Peset, al que nada se le comunicaba, porque su criterio de hombre justo, honrado y bueno, discrepaba del sustentado por el jefe de la Comisaría. Que en infinidad de ocasiones me llamó la atención que a persona del prestigio científico y social del Dr. Peset se le hubiera nombrado para cargo de tan poca importancia, pués [sic] más bien parecía que se le hubiera arrinconado. Que druante todo este periodo me consta que D. Juan Peset no solo no persiguió a ninguna persona de derechas, sino que siempre que pudo empleó su escasa influencia aquí (no era persona grata a los rojos) en favorecer y ayudar a cuantos llegaban a él en demanda de ayuda, pudiendo citar como caso concreto el de un tío del declarante, Arturo Rey Marzal, que vive en Valencia, calle Joaquín Costa, 5, que habiendo tenido que salir de Valencia en Agosto de 1936 por sus ideas derechistas, sin ninguna clase de documentación, solicitó del Dr. Peset, por mi mediación, un salvoconducto para poder marchar a Barcelona a esconderse, y el Dr. Peset, en momentos difíciles, le obtuvo el salvoconducto que le salvó la vida. Que durante su estancia en Castellón no participó en la vida política activa local, ni en ningún mitin ni conferencia, no frecuentó centro político alguno. Y que le considero una persona dignísima por todos conceptos, capaz de ofrendar sin reservas, todo su prestigio científico a la causa Nacional. Y para que conste y como ampliación de mi declaración anterior, extiendo esta que jurada, firmo en Castellón a diecisiete de Febrero de mil novecientos cuarenta.[93] |
Juan Peset fue sometido a dos consejos de guerra sumarísimos, por el delito de «auxilio a la rebelión». «Los que se rebelaron contra la legalidad —paradoja donde las haya— lo acusaron de adhesión a la rebelión», han comentado Marc Baldó y María Fernanda Mancebo.[94] La fase testifical del primero tuvo lugar entre los días 6 y 16 de febrero de 1940. Declararon veinte personas, la casi totalidad en favor del acusado (incluidos dos presos de la Cárcel Modelo),[nota 6] además del propio Peset que lo hizo en cuatro ocasiones.[96] En la primera de ellas explicó su trayectoria política en Izquierda Republicana, indicando que su militancia no le impidió mantener la amistad con personas de derechas y recomendar para cátedras a discípulos de esa ideología, «lo cual demuestra el respeto que siempre tuvo por la opinión ajena», y también sus actividades durante la guerra (llevar la dirección médica de los hospitales militares de Castellón y de Valencia, comprar uniformes para el ejército republicano), resaltando que durante la misma «favoreció y trató de favorecer a personas que estaban perseguidas y a todas las que pudo». Precisamente sobre esto último se le interrogó durante su segunda y tercera intervenciones, los días 7 y 12 de febrero, más concretamente sobre el asesinato de dos familiares de su discípulo Juan José López Ibor, perseguido por la CNT-FAI, y del hijo de Vicente Pallarés Machí, presidente del Instituto Médico Valenciano (utilizando estos dos casos, uno de los tres denunciantes, Ángel Moreu, le había acusado de haberse negado reiteradamente «a prestar ayuda a personas sañudamente perseguidas por las hordas rojas»). Peset contestó que tanto López Ibor como Pallarés eran amigos suyos y que «con toda franqueza, puede decir que hizo cuanto pudo y que en aquellas circunstancias no podía humanamente hacer más». Lo mismo declaró el propio López Ibor que en el proceso dijo «que si en la mano de éste [Peset] estuviese evitar los asesinatos dichos [los de sus dos familiares], lo haría». Sin embargo, el tribunal militar finalmente cargó a cuenta del acusado su fracaso para impedir estos asesinatos y lo utilizó como argumento para condenarlo a muerte. «Favoreció a contadas personas, dejando de hacerlo en cuanto a otras, por razones que no constan», se decía en la sentencia.[97]
El 4 de marzo de 1940 el tribunal militar dictó sentencia y lo condenó a muerte por el delito de «adhesión a la rebelión» —la «justicia al revés», como reconocería muchos años después Ramón Serrano Suñer (los «rebeldes» eran los que se había mantenido leales)—, pero recomendando la conmutación por una pena de reclusión de treinta años y un día.[98][99][86] En la sentencia se reconocía que el procesado no había tomado «parte directa y material en la ejecución de los crímenes» y que había «intercedido con éxito a favor de personas», aunque no con otras, pero se le condenaba porque «participó en la dirección de la España roja, compenetrando con las directrices del marxismo», tuvo «una actitud pasiva sin extremismos dentro de su tendencia» y careció del «necesario arrojo» para oponerse «a la corriente revolucionaria».[100]
Sin embargo esta sentencia no llegó a ser aprobada porque el auditor de guerra ordenó que se reabriera la vista ante la nueva prueba presentada dos días después de emitirse el fallo por el delegado provincial de Sanidad, el falangista José Rosa Meca —antiguo miembro de Renovación Española y presidente de Colegio de Odontólogos, donde llevó a cabo una feroz represión—. Empeñado en eliminar la posibilidad de la conmutación de la pena de muerte por treinta años y un día de cárcel, Rosa Meca había entregado al auditor de guerra el texto de la conferencia que Peset había impartido en 1937, con el título «Las individualidades y la situación de las conductas actuales» (publicada en la revista Anales de la Universidad de Valencia, 1937, vol. I), en la que criticaba la sublevación de julio de 1936 calificándola de respuesta inadecuada de los que no habían aceptado la pérdida de las elecciones de febrero de 1936 —el documento que le entregó llevaba subrayados por el propio Roca Mesa los párrafos en los que, a su juicio, quedaban patentes la «gravedad de conceptos»; el primero de los párrafos subrayados decía: «No estamos en tiempo de hablar, sino de laborar por la causa. Tal he hecho diariamente sirviendo al Gobierno de la República en mi cargo de Comisario civil del Ejército»—. El segundo consejo de guerra, presidido por el coronel Óscar Boán Callejas, se celebró el 25 de marzo y la sentencia confirmó la pena de muerte —pasó a ser considerado orador de «mítines y conferencias de marcado carácter marxista», aunque obrase «en autos» sólo una, pero en la que se «justificaba el asesinato» y culpaba «a los nacionales de la agresión»—, pero en esta ocasión se eliminó la recomendación de su conmutación por treinta años y un día de prisión. «Procede abstenerse de solicitar la conmutación de la pena impuesta», se decía en la nueva sentencia.[101][99][102][103]
De nada sirvió el alegato del defensor, el alférez Carreres y Calatayud, argumentando que se trataba de una conferencia de psicología aplicada a la que habían asistido un reducido número de especialistas (formaba parte de un ciclo de conferencias organizado por la Universidad de Valencia y la Casa de la Cultura del Ministerio de Instrucción Pública) y que no había tenido ninguna repercusión pública, por lo que la nueva prueba presentada no alteraba lo sustancial de los hechos que habían servido de base para la primera condena.[104] «Puestos a ser severos, su encaje legal caería dentro del delito de excitación a la rebelión... con la atenuante de falta de trascendencia por las condiciones en que... se pronunció», alegó (un delito que preveía un castigo de seis años y un día a doce años)[105].

Los catorce meses que trascurrieron entre la segunda sentencia de muerte y la ejecución, que tendría lugar el 24 de mayo de 1941 en Paterna, el doctor Peset los pasó en la galería de los condenados a la pena capital de la Cárcel Modelo de Valencia —los chapados, según el argot penitenciario, en alusión al sonido que producía el pasador que cerraba la puertas de las celdas—,[106] «esperando día a día y hora a hora su suerte, como tantos otros sentenciados. En cualquier momento podían avisarle para la ejecución o para comunicarle la conmutación por treinta años de cárcel».[107] Las condiciones de vida en la galería de los chapados eran incluso más duras que las del resto de las galerías, pues en las celdas previstas para un preso se amontonaban hasta trece personas durmiendo en colchones en el suelo y sólo tenían derecho a una hora de patio por la mañana y otra por la tarde (Gonçal Castelló, que pasó seis años en la Modelo, las describirá en su novela Sumarísim d'urgència publicada en 1979 y en la que también habla de Joan Peset, de quien evoca su planta de hombre grande y alto, el aspecto parsimonioso, el gesto esmerado).[nota 7][109] Uno de los reclusos, Josep Lluch Ferrando, le hizo un retrato a lápiz en agosto de 1940 que lo muestra encanecido, delgado y con la mirada un tanto triste.[110]
En ocasiones el profesor, como era conocido por los reclusos, atendía a alguna emergencia médica y cuando era reclamado por el director de la prisión para que le pusiera una inyección (siempre exigía que se la pusiera él). En el patio dedicó tiempo a corregir trabajos y traducciones y a leer textos de su especialidad, así como a dar clases a otros presos. Además hizo gestiones para mejorar la higiene de los servicios. Pero, como han señalado Marc Baldó y María Fernanda Mancebo, «lo peor era esperar a las "sacas" de aquellos para los que llegaba el "enterado" de "Su Excelencia"» (el Generalísimo Franco era quien decidía sobre todas las penas de muerte y cuando escribía una "E", de "Enterado", en el expediente significaba que debía cumplirse; si escribía una "C", significaba que se conmutaba por la de treinta años de prisión; en alguna ocasión escribió «garrote y prensa», lo que significaba que el reo merecía esa forma de muerte y publicidad).[111][85][110]
Paralelamente, durante esos catorce meses su esposa, Ana Llorca, sus tres hijos y toda la familia se dedicaron febrilmente a obtener los «avales» de personas «afectas» al régimen para salvarle la vida, algunas de las cuales ya habían declarado a su favor durante el primer consejo de guerra. Consiguieron el apoyo de nada menos que 28 personas, entre falangistas, sacerdotes, catedráticos —la mayoría de ellos discípulos de Peset— y religiosas, que firmaron la petición de indulto dirigida al «Excelentísimo Señor Jefe del Estado Español» (lo que da idea del prestigio y la consideración social que tenía el doctor Peset).[26][112][113] Entre los firmantes se encontraba también el general Francisco Ibáñez Alonso, cuya adhesión a la petición de indulto decía lo siguiente:[112]
Francisco Ibáñez Alonso, General de Brigada de Ingenieros y juez especial en el Kursaal de San Sebastián, a V.E. con el debido respeto expone: Que teniendo noticia de la petición de indulto que para su esposo el Dr. Juan Peset Aleixandre, hace Dª Ana Llorca Cubells, se adhiere a la misma por considerarlo digno de esta gracia y conveniente para los intereses de nuestra santa causa. San Sebastián a diez de Abril de Mil novecientos cuarenta.
Pero no todos los que habrían podido actuar en su favor lo hicieron. La Junta de Gobierno de la Universidad de Valencia encabezada por el rector José María Zumalacárregui Prat guardó silencio —sólo pidió la «clemencia posible» el 14 de mayo de 1941, cuando ya se había producido el «enterado» de Franco y se le había comunicado al reo, y con el nuevo rector Fernando Rodríguez Fornos—. Su esposa Ana Llorca llegó a pedirle ayuda por carta al hermano del Generalísimo Franco, Nicolás Franco, quien durante un tiempo había vivido en el mismo edificio de la calle Jorge Juan de Valencia donde residía la familia Peset (cuando fue director de la Unión Naval de Levante) y había entablado cierta amistad con Juan Peset (compartieron tertulia en la cafetería Ideal Room de la plaza Mariano Benlliure,[49] además de ser ambos miembros del Rotary Club), pero no obtuvo respuesta. Quien no firmó la petición de indulto ni hizo ninguna gestión, aunque había declarado a su favor durante el proceso y había «avalado» a sus hijos, fue el psiquiatra falangista y discípulo de Peset Juan José López Ibor (de hecho cuando logró pasar a la «zona nacional» publicó su Discurso a los universitarios españoles en el que lamentó la situación que estaba viviendo la «descarriada» Valencia). «Algún malestar debió quedar agazapado en él», comenta el historiador Salvador Albiñana. Tampoco firmó Pedro Laín Entralgo, aunque según afirmó años después hizo gestiones junto a la esposa de Peset en Valencia y en Madrid para conseguir la conmutación de la pena de muerte, llegando a entrevistarse con el ministro del Ejército, el general Varela, quien se negó a solicitar el indulto (en Descargo de conciencia, publicado en 1976, escribió que Peset había sido condenado a muerte «por algo que a mi juicio no pasaba de ser una apariencia de delito»).[nota 8] En general las clases acomodadas de Valencia se negaron a ayudarle. Como ha señalado Salvador Albiñana, «debió ser considerado un traidor a su clase y se lo hicieron pagar caro».[114][115] La esposa de Peset, Ana Llorca, acompañada de su hijo Vicente, también pidió la intercesión del arzobispo de Valencia Prudencio Melo, pero según relató años después Vicente Peset no se comprometió a nada y los despachó con buenas palabras. Según el historiador Salvador Albiñana, finalmente se adhirió a la petición de indulto, reconociendo «las varias intervenciones que durante el periodo rojo tuvo en favor del dicente», pero no testificó en el juicio.[116][26]

Meses antes de que fuera condenado a muerte había habido una gestión internacional, iniciada en julio de 1939, denunciando su encarcelamiento, junto con el de otros dos diputados de las Cortes republicanas —Manuel Molina Conejero y Josep Briansó—, por parte de Víctor Basch, presidente de la francesa Liga de los Derechos del Hombre (que sería asesinado por la Gestapo en 1944, junto con su esposa). Basch escribió una carta al diputado laborista en la Cámara de los Comunes Philip Noel-Baker (que en 1959 sería distinguido con el Premio Nobel de la Paz) con el fin de que presionara al gobierno británico para que se interesara por la suerte de estos tres diputados republicanos. En la carta le decía que los tres «son completamente inocentes, no solamente de todo crimen, sino de toda falta... el único crimen de estos hombres es el haber participado en los trabajos de las Cortes, sin haber estado mezclados en las persecuciones que han podido sufrir los partidarios del General Franco». De Juan Peset decía en concreto que «era un sabio universalmente conocido y que ha estado encargado solamente de la organización de los hospitales» en la retaguardia valenciana. En la carta le decía también que temía que les sucediera lo mismo que a los diputados Eliseo Gómez Serrano, y a Alfonso Ruiz Blázquez, ambos fusilados nada más acabada la guerra. Acababa la misiva expresando su deseo de que «nuestros esfuerzos comunes no sean vanos» (Bach también escribió al mariscal Petain, entonces embajador francés ante el Gobierno de Franco, pero no recibió respuesta).[117]
Noel-Baker se ocupó inmediatamente del tema y envió una carta al subsecretario parlamentario del Foreign Office, Richard Butler, en la que le exponía el problema, adjuntándole la carta de Víctor Basch. Pero el gobierno británico, siguiendo su política de apaciguamiento, no intervino alegando que dudaba «si hay alguna acción que nosotros podamos llevar a cabo en este caso», para añadir a continuación que «sobre los delitos [que se les imputan]... nosotros no tenemos la suficiente información». El expediente del caso concluía: «Ninguna acción ha de ser tomada». El gobierno británico prefirió creerse la nota que le envió el gobierno franquista en la que le garantizaba que sólo serían juzgados «los autores de crímenes» y le aseguraba que «el Gobierno Nacional y el Caudillo están exentos de todo espíritu de represalias», y ello a pesar de que acaba de promulgarse la Ley de Responsabilidades Políticas.[118]
Tanto esfuerzo para salvar su vida no dio resultado. El 12 de mayo de 1941, el auditor de división, jefe de la asesoría del Ministerio del Ejército, certificaba que el general Franco había dado el «enterado» de la sentencia. En un último intento Agustín Aleixandre, hermano de su madre y antiguo diputado del Partido Conservador, pidió en nombre de la familia al Capitán General de Valencia, Enrique Cánovas Lacruz, que interviniera pero este le dijo que nada se podía hacer porque ya se había producido el «enterado» de Franco. El sábado 24 de mayo de 1941, después del mediodía —esa misma mañana había intervenido quirúrgicamente a un recluso—,[119] se le comunicó que había llegado la hora de cumplirse la sentencia, diligencia que Peset se negó a firmar (por otro lado, se hizo de forma antirreglamentaria ya que no se advirtió al auditor de guerra como era preceptivo).[120] Fue conducido al cementerio de Paterna con otros tres condenados que formaban la «saca» de ese día (Antonio Agustín Gil, Leopoldo José Milla y Jacinto Ferrer Llàcer). Allí fue fusilado a las seis de la tarde.[2][115][121][nota 9] El teniente médico que certificó su muerte recurrió a un eufemismo para eludir mencionar que había sido fusilado: «En el día de hoy, a las dieciocho horas, he reconocido el cadáver de Juan Peset Aleixandre, el cual presenta síntomas de muerte real a consecuencia de heridas múltiples por arma de fuego, en virtud de procedimiento judicial».[122][123]
Nada más conocer que iba a ser fusilado el doctor Peset escribió un nota dirigida a sus hijos que escondió entre sus ropas —un torpedo lo llamaban los chapados— y que el enterrador Leoncio Badía Navarro, un republicano represaliado,[124] hizo llegar a su familia (también les avisó para que recogieran el cadáver y evitar así que fuera depositado en la fosa común). La nota decía lo siguiente:[125]
Mis queridísimos hijos:
Os escribo al salir hacia lo inevitable. Agradezco cuanto se ha hecho para salvar mi vida. Sé que cuidaréis á vuestra inmejorable madre, á vuestro abuelo y á vuestra tía Concha. Sustituidme ya que el destino me ha elegido como instrumento de su dolor. Confío, seguro en Dios, en que algún día mi Patria os devuelva mi nombre como el de un ciudadano que jamás hizo más que servirla cumpliendo sus deberes legales. [...]
Del juicio y de la ejecución de Juan Peset Aleixandre los historiadores Marc Baldó y María Fernanda Mancebo han hecho la siguiente valoración:[88]
La lectura del proceso evidencia que no se trataba de juzgar sólo a la persona, sino esencialmente lo que él representaba. Lo que Peset hizo —máxime cuando se evidenció que no hizo nada— carecía de importancia; en cambio lo que representaba en Valencia era relevante. El proceso, estrictamente político, más que buscar hechos delictivos concretos, indagó en la causa general: los vencedores juzgaron y sentenciaron a la República, al Frente Popular, a uno de sus diputados, junto a otros miles y miles. De nada le sirvieron a Peset ni la generosidad que tuvo con los que opinaban de distinto modo, ni los auxilios que prestó a diversas personas perseguidas por sus ideas o sus creencias; de nada le valió evitar el incendio de la parroquia de San Juan y San Vicente, ni interponerse frente al incendio de la basílica de la Virgen de los Desamparados, ni albergar en su casa a una religiosa y prestar "generosa asistencia" a las demás de esa comunidad; de nada le sirvió un puñado de testimonios de personas que acreditaron su bondad y sus actuaciones para salvarles la vida... Nada de eso valió. Peset fue sentenciado a muerte.
Salvador Albiñana ha destacado también la «odiosa paradoja jurídica» en que se basó su condena a muerte:[126]
Fue, como tantos otros —miles—, víctima de la muy violenta e inmisericorde represión del naciente Estado franquista y de una odiosa paradoja jurídica: acusar del delito de rebelión a quienes se mantuvieron fieles a la legalidad y al orden constitucional. A los vencidos se les aplicó una figura delictiva, tipificada en el Código de Justicia Militar vigente en la España republicana, en virtud del Bando de declaración del estado de guerra promulgado por quienes la provocaban.
El médico, cirujano y estudioso de la historia de la medicina Ramón Trullenque Peris en el prólogo al libro de Joan Puchalt Joan Peset i Aleixandre. Un home bo, afusellat pels seus ideal pacífics coincide con las valoraciones anteriores:[127]
Peset pertenece al nutrido contingente de víctimas del franquismo que se vieron frente al pelotón de ejecución no por acciones concretas y probadas que habían hecho, sino por las circunstancias históricas del país, para llenar la sed de venganza, para ajustar cuentas, para escarmentar moralmente a los vencidos, para imponer —finalmente— el nuevo orden, pues no se trataba solo de juzgar a una persona, sino, esencialmente, a todo lo que representaba.
Memoria
Su memoria fue relegada al olvido durante toda la dictadura franquista. Como ha señalado Ramón Trullenque, «con todo, lo peor de la muerte no es el fin de la vida, sino el olvido».[128] En el exilio solo unos pocos se acordaron de él (Mariano Gómez, su antecesor en el rectorado de la Universidad de Valencia, le dedicó su obra Jornadas republicanas de Valencia. Historia de dos días, publicada en Buenos Aires en 1942 y su nombre apareció en el boletín de la Unión de Profesores exiliados y en informes sobre la situación de la cultura en España, como el publicado en la revista Les Temps Modernes en 1950). Habrá que esperar a la muerte del dictador Franco para que comience a ser recuperada su memoria (si exceptuamos la revista clandestina en ciclostil que elaboró un grupo de estudiantes de la Universidad de Valencia en 1966 con motivo del veinticinco aniversario de su ejecución).[129][130]
El primer acto público en que se reivindicó su memoria fue en la presentación en Valencia el 6 de abril de 1976 del Congreso de Cultura Catalana, en la que participaron Joan Fuster, Manuel Sanchis Guarner, Vicent Andrés Estellés, José María López Piñero, Manuel Sánchez Ayuso y Miquel Batllori, entre otros, además del hijo de Juan Peset, Vicente Peset Llorca. Fue organizado con la colaboración de la Cátedra de Historia de la Medicina, el Departamento de Lingüística Valenciana y la Cátedra de Historia Económica de la Universidad de Valencia y al acto se adhirieron diversas personalidades y organizaciones políticas democráticas y culturales. Grupos vinculados al Ayuntamiento franquista intentaron interrumpir violentamente el acto y desde la prensa se profirieron amenazas nada disimuladas. Por su parte las asociaciones estudiantiles democráticas subscribieron e hicieron público un manifiesto (en valenciano) pidiendo al Ayuntamiento de Valencia que diera a una calle o a una plaza importante «el nombre del doctor Joan Baptista Peset i Aleixandre, como homenaje a todo lo que, como científico, profesor, rector de la nuestra Universidad y demócrata sincero, representa la figura de este ilustre valenciano, inicuamente fusilado en Paterna el 24 de mayo de 1941, por haber defendido los valores de la cultura y de la civilización contra el fascismo, actitud que le había valido ser representante, democrática y mayoritariamente elegido, del pueblo valenciano, en 1936».[131][nota 10] Poco después Estellés compondría el largo poema Ofici permanent a la memòria de Joan B. Peset, que fou afusellat a Paterna el 24 de maig de 1941,[133] que sería publicado en 1979 con una nota biográfica introductoria de Francesc Pérez Moragón.[134][135] Los primeros versos de la estrofa del Ofici permanent... titulada «In memoriam. Joan Bta. Peset» dicen lo siguiente (pág. 43):
El teu matí, la difunta dolcesa,
entre fusells de tenebrós metall,
abandonat, abandonat pels déus,
abandonat, caminaves segur.
Els criminals del ossos criminals,
més criminals que mares han parit,
els criminals de plom i tenebra,
t'obrien pas, y segur caminaves
vers una mort, vers el mur popular
que se't donà un matí qualsevol.
Tu, l'home bo, tu, l'home intel·ligent,
tu, la raó de tot un poble, caus,...Tu mañana, la difunta dulzura,
entre fusiles de tenebroso metal,
abandonado, abandonado por los dioses,
abandonado, caminabas seguro.
Los criminales de los huesos criminales,
más criminales que madres han parido,
los criminales de plomo y tiniebla,
te abrían paso, y seguro caminabas
hacia una muerte, hacia el muro popular
que se te dio una mañana cualquiera.
Tú, el hombre bueno, tú, el hombre inteligente,
tú, la razón de todo un pueblo, caes,...
Tras este primer reconocimiento se sucedieron algunos actos de reivindicación de la memoria del doctor Peset, como el celebrado en Godella, su pueblo natal, al que asistió José Luis Albiñana, presidente del recién creado Consell del País Valencià, o como los organizados por entidades republicanas.[136]
En 1982 fue cuando la Universidad de Valencia rindió homenaje al que había sido su rector durante dos años mediante la publicación de una obra en tres volúmenes titulada Estudios dedicados a Juan Peset Aleixandre en la que se recogían decenas de trabajos originales de profesores de la Universidad de todas las especialidades.[134][137] La obra contaba con una presentación del rector Joaquín Colomer (en la que se refería a su «personalidad científica que supo encumbrar el nivel científico y cultural de esta Universidad», pero sin hacer ninguna mención explícita a su compromiso político ni a la forma en que murió, limitándose a decir que «se convirtió en un objetivo de los que practican el odio desde la incultura y que por sus reprobables actos privaron a esta Universidad de una insustituible persona tanto si es valorada como profesor universitario como si lo hacemos en su destacada humanidad creadora de los afectos que en este homenaje se recogen»; «Gracias en nombre de esta Universidad por tu entrega a la misma, admirado Rector Magnífico Dr. Juan Peset Aleixandre», terminaba diciendo el rector Colomer), una nota biográfica a cargo de Pedro Laín Entralgo, basada en sus recuerdos de la relación que mantuvo con él como discípulo suyo (también centrada en su actividad científica señalando que fue «el hombre que dio nivel verdaderamente europeo a nuestra Medicinal legal», aunque sin dejar de referirse a su «execrable muerte»: «él era un vencido en nuestra guerra civil y le mató la saña implacable de los que en ella vencieron»; «me cabe la amarga satisfacción de haber acompañado de despacho en despacho, implorando clemencia, a la que pronto iba a ser su viuda»), un análisis de su obra científica por Juan Antonio Gisbert Calabuig, el entonces catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Valencia,[138] y unas notas sobre su actuación política por el historiador Lluís Aguiló Lúcia (centradas en las elecciones generales de febrero de 1936 en las que Joan Peset, en la lista del Frente Popular, fue el candidato más votado en la circunscripción de Valencia capital).[139]
Además de la fotocopia de la carta manuscrita excusando su colaboración por motivos de salud del poeta Vicente Aleixandre, pariente por parte de su madre (era hijo de un hermano suyo),[140] se incluía también una nota de agradecimiento por el homenaje del segundo hijo de Juan Peset, Juan Peset Llorca (el primogénito Vicente Peset acababa de fallecer) que incluía el reproche de que la Universidad de Valencia no hizo nada por salvar la vida de su padre, ni en las décadas siguientes para mantener viva su memoria (pág. XLVIII):
Debo también expresar mi gratitud a la Universidad de Valencia por saldar una deuda que tenía con el que fue su Rector Exmo. Sr. Juan Bautista Peset Aleixandre. De todos es conocido el trágico final de su vida. Todos podrán imaginar los esfuerzos que la familia y amigos hicieron por evitarlo. Entre estos esfuerzos y peticiones de gracia no figuraba la que en aquella lejana y triste época se titulaba Universidad de Valencia. Hoy en día, en que nada resta de la Universidad de aquellos tiempos, emocionado agradezco en nombre de los que desaparecieron la actual prueba de afecto y desagravio.

Tras las primeras elecciones municipales democráticas celebradas en abril de 1979 el nuevo consistorio de la ciudad de Valencia, con mayoría de izquierdas, decidió dar el nombre de Avenida del Doctor Peset Aleixandre a una de las principales vías de la urbe. Pocos después la Generalitat Valenciana, bajo la presidencia del socialista Joan Lerma, hacía lo mismo con el nuevo hospital construido junto a la antigua Residencia Sanitaria general Sanjurjo, que pasó a llamarse Hospital Doctor Peset y que entró en funcionamiento en 1989. Ocho años después, en 1997, la Universidad de Valencia inauguraba el Colegio Mayor Rector Peset,[142] sito en el histórico barrio de El Mercat de la ciudad de Valencia.[44][143]
En el año 2000 en la exposición Cinc Segles i un dia ('Cinco Siglos y un día') que conmemoraba el quinto centenario de la fundación de la Universidad de Valencia se presentaron los documentos originales del expediente del consejo de guerra sumarísimo al que fue sometido en 1940 y que lo condenó a muerte, sentencia que fue cumplida al año siguiente.[134] En 2001, coincidiendo con el sexagésimo aniversario de su muerte, la Universidad publicó Proceso a Juan Peset Aleixandre, la edición facsímil del legajo del sumario (restaurado en la medida de lo posible ya que estaba muy deteriorado) acompañada de una biografía de Juan Peset por los historiadores Marc Baldó y María Fernanda Mancebo y de un estudio del proceso sumarísimo a cargo de Salvador Albiñana (quien expresaba «el deseo de que la edición de este sumario contribuya a honrar en Juan Peset Aleixandre la figura de un profesor eminente y un ciudadano ejemplar»). En esa publicación se dio a conocer también, por primera vez y por gentileza de Juan Peset Llorca, la carta que escribió Juan Peset a sus hijos poco antes de morir y que estos habían guardado durante sesenta años.[134] La presentación del libro fue un acto de homenaje al doctor Peset, al que no acudió ningún representante del Partido Popular, entonces al frente de la Generalitat Valenciana y del gobierno de España, lo que fue muy criticado desde algunos sectores políticos y sociales que lo acusaron de «despreciar» la «justicia histórica».[115] Por su parte el rector de la Universidad de Valencia Pedro Ruiz Torres escribió en el prólogo del libro lo siguiente:[44]
Su vida y con ella toda su brillante trayectoria como científico y como intelectual, quedó brutalmente interrumpida por el sectarismo y por la intolerancia. Valga este homenaje como testimonio de que, a pesar de ello y del silencio que durante muchos años quiso prolongar semejante acto de barbarie, su figura y lo que representa en nuestra reciente historia siguen estando muy presentes en la Universidad en la que fue profesor y rector Juan Bautista Peset.
Pocos años después se fundó en Valencia la Associació Joan Peset i Aleixandre del País Valencià que en abril de 2011, con motivo del septuagésimo aniversario de su ejecución, celebró en los locales del Colegio Mayor Rector Peset de la Universidad de Valencia las III Jornadas sobre la Represión franquista en Levante dedicadas a la figura y al proceso de Juan Peset (contando con el apoyo y el patrocinio del Ministerio de la Presidencia en el marco de la Ley de Memoria Histórica y la colaboración del Departamento de Historia Contemporánea y del partido Izquierda Republicana). Las jornadas se completaron con una exposición titulada «La Valencia de Juan Peset Aleixandre y la imposición franquista». Las ponencias presentadas, que incluían una breve biografía,[144] fueron publicadas por la Editorial Eneida en el volumen titulado Juan Peset. Médico, rector y político republicano.[137] En la presentación del libro se decía (pág. 11): «De los innumerables crímenes de la dictadura franquista, sin duda el de Juan Peset Aleixandre se mantendrá como símbolo de la barbarie franquista». Y la valoración que hacían de su figura histórica era la siguiente:[115]
Sin duda, el doctor Juan Bautista Peset no sólo fue un eminente científico, un destacadísimo médico, un magnífico docente que hablaba con soltura el francés y el alemán, admirado y adorado por sus alumnos. Lo más sobresaliente de su humanidad estriba en que se trataba, ante todo, de una excelente persona cuyo único delito fue el de no pensar como los vencedores, y cuyo asesinato no hizo más que dejar patentes las miserias de sus verdugos.

En 2016 ACICOM, Associació Ciutadania i Comunicació, realizó el documental Peset, un home bo. Metge, rector i republicà, codirigido por Matilde Alcaraz y Santiago Hernández, que en Festival Cinema Compromés de 2017 recibió el «Premio del Público».[145]
El 24 de mayo de 2017, septuagésimo sexto aniversario de su ejecución, la Generalitat Valenciana puso una placa en su honor en el vestíbulo del Hospital Doctor Peset con la frase «Un home bo» ('Un hombre bueno'). El acto, organizado en colaboración con la Associació Cultural de Jubilats i Jubilades Doctor Peset y que contó con la presencia de una nieta del doctor Peset, Carmen Peset, estuvo presidido por la consellera de Sanidad Carmen Montón quien en su discurso destacó que era el primer homenaje que rendía la Sanidad Pública Valenciana a la figura de Peset Alexandre. Entre otras cosas dijo:[146]
Estamos ante un acto de justicia. Pero más allá de su brillante trayectoria profesional, hablar del doctor Peset es una gran ocasión para hablar de los valores, de la condición humana en su más alta expresión, de solidaridad con el prójimo, de coherencia y de principios. [...]
La intransigencia de los que lo condenaron por no pensar como ellos y rechazaron su indulto, tiene que estar siempre en nuestra memoria, para que no se repitan estos episodios de cruel confrontación.
En 2025 Martí Domínguez publicó una novela titulada Ingrata pàtria (versión en castellano: Ingrata patria mía) en la que narra las últimas horas de vida de Joan Peset y de los otros tres republicanos condenados en consejos de guerra (uno de ellos Antonio Agustí Gil, alcalde de Sagunto) y que fueron fusilados con él en Paterna. En el epílogo de libro dice:[147]
El profesor Joan Baptista Peset fue enterrado en secreto en un nicho del cementerio municipal de Valencia. Su cuerpo descansó durante años oculto tras una lápida que llevaba el nombre de un hermano suyo, muerto de pequeño. Hasta la llegada de la democracia, su figura no fue recordada, cayó en el pozo oscuro del olvido. Pero, hoy en día, da nombre a avenidas, hospitales, asociaciones culturales y colegios mayores de la ciudad. Como escribía en su carta de despedida, esperaba que en el futuro su nombre sería recuperado. Y así ha sido, en gran parte.
Publicaciones
- La fotografía métrica de Bertillon, 1908
- Agente productor de la reacción de Barberio, 1909
- Microquimia de los yodomercuriatos alcalídicos, 1909
- Nuevo método de destrucción de la materia orgánica en el análisis toxicológico, 1909.
- Apología de D. Luis Bertrán, fundador del Instituto Médico Valenciano, 1910.
- Estudio crítico de los medios propuestos para investigación urológica de la glucosa, 1911 (en colaboración con Tomás Peset Aleixandre)
- Sobre ionoterapia antiúrica, 1911.
- Análisis cuantitativo del bismuto por electrólisis, 1912.
- La responsabilidad atenuada, 1912 (en colaboración con Alfredo Fernández Hernández)
- Otención de fotografías métricas con las cámaras ordinarias, 1912.
- Sobre ionoterapia antiúrica, 1912.
- Tratamiento electrolítico de la intoxicación mercurial, 1912.
- Análisis industrial de la cianamida del calcio, 1913 (en colaboración con Vicente Peset Cervera).
- Datos para la investigación toxicológica de alcaloides y algunos glucósidos, 1913.
- Historia de un hermadrodita, s.a.
- La docimasias de la agonía, s.a.
- Bosqueig crític de l'hematoquímia legal, 1914 (en colaboración con Vicente Peset Cervera).
- Filias, 1914.
- Causas de error en la hemoaglutinación y modo de evitarlas, s.a.
- La vacunación antitífica preventiva en Sevilla con tifovacuna etérea, 1915.
- Datos para el pronóstico bactererológico de la fiebre tifoidea, 1917.
- ¿El poder opsonizante de los sueros puede explicarse por su acción antigenolística?, 1917.
- La reacción de Wasserman del humor acuoso, s.a.
- La vacunación mixta antitífica y antimelitocóccica parece la más adecuada para nuestra región, 1918.
- Otro reactivo nuevo de coloración para alcaloides y compuestos análogos, s.a.
- Resumen de la información sobre vacunación antitífica preventiva del Instituto Médico Valenciano, 1917.
- Tres epidemias de fiebre tifoidea tratadas por la vacunación: acción detentivaa de la misma, s.a.
- Vacunación y revacunación antitíficas, 1917.
- Mecanismo químico-coloidal de las reacciones de inmunidad, 1922.
- La albuminorreacción del moco nasal, síntoma de lepra, s.a.
- Nuevas bases para la sueroterapia local, y en particular para ala antimeningocóccica, s.a.
- Nuevos fundamentos experimentales para la sueroterapia antimeningocóccica, 1925.
- Programa de Medicina Legal y Toxiología, 1925 (Curso académico 1925-1926)
- Programa de Medicina Legal y Toxicología, 1934 (Curso académico 1934-1935)
- ¡Siempre por la República!, 1938.
Notas
- Fue bautizado con el nombre de su abuelo Juan Bautista Peset que había fallecido el año anterior a su nacimiento, víctima de la epidemia de cólera de 1885.[5]
- El lujoso automóvil le fue requerido por el Ayuntamiento de Valencia con motivo de una visita del dictador Miguel Primo de Rivera y del infante don Jaime.[33]
- Sobre el traslado de la imagen de Virgen de los Desamparados al Ayuntamiento el alcalde José Cano relató lo sucedido en «Vientos contrarios»:[67]Al anochecer un viejo camión que había pasado el día repartiendo patatas por el racionamiento de la ciudad, llegó a la plaza de la Virgen, y marcha atrás se acercó a las puertas de la Basílica. Los bomberos tuvieron el honor de llevar la sagrada imagen, un tanto deteriorada, sacarla de la iglesia, cargarla en la caja del camión, cubrirla, no con su manto, sino con una colcha usada para proteger las patatas, y trasladarla a la Casa-Ayuntamiento. Solo los bomberos y la Guardia Civil acudieron a amparar a la Virgen de todos. La patrona recogía la amarga, pero humana, cosecha del abandono de las decenas de miles de hombres y de mujeres que acudían al traslado y desde aquel día, lo juro por mi honor, no vi a ninguno. Tampoco vi a ninguno de los muchos entusiastas, cargados de ramos de flores y de verde, que frecuentan para acompañarla en las procesiones del segundo domingo de mayo.
- El sindicalista Juan López Sánchez relató en sus memorias, publicadas en 1972, el encuentro entre Peset y el cónsul español en Toulouse. Cuando éste le aconsejó esperar para volver a la España republicana, como otros esperaban, Peset le respondió: «Bueno, señor cónsul. Ellos pueden considerar su deber esperar aquí, pero ahora cada cual interpreta el deber a su manera, yo entiendo que mi deber es estar en la otra zona».[75]
- Declaración favorable a Juan Peset de Ramón Zaragoza Puelles realizada ante el tribunal el 9 de febrero de 1940:[95]Preguntado convenientemente, manifiesta: Que el día veinte de julio de 1936, su padre D. Gonzalo Zaragoza Moreno, subteniente jubilado, fue detenido en su casa hacia las dos o tres de la madrugada, acusado de haber disparado contra milicianos desde su domicilio, siendo encarcelado en la Cárcel Modelo. Como declarante, que recién terminada la carrera de medicina, no conociese a nadie de Valencia, se le ocurrió acudir al que había sido su catedrático D. Juan Peset Aleixandre para que interviniese en favor de su padre, y en efecto, este señor después de hablar con el declarante, le llevó en su auto hasta el Gobierno Civil en donde gestionó la libertad del referido padre, al cual, como consecuencia de tales gestiones fue puesto a los dos días en libertad, cosa que le comunicó por teléfono seguidamente un hijo de D. Juan, llamado D. Vicente. Después de esto, su padre estuvo oculto hasta que en 1937 se vio libre de todo riesgo. Que solo trataba a D. Juan Peset por ser su alumno. Leída esta declaración y se halla conforme, en ella se afirma y ratifica, firmándola después el señor Juez, y doy fe.
- Gonçal Castelló cuanta en su libro una conversación entre varios reclusos de la cárcel Modelo, condenados a muerte, sobre qué serían capaces de hacer si salían con vida de la prisión y se encontraban cara a cara con sus denunciantes. Peset dijo: «Yo, si me encontrase con José Rosa, le... le... retiraría el saludo».[108]
- Peset Aleixandre forma parte de la larga lista de catedráticos y auxiliares universitarios «asesinados» (término utilizado por el historiador Jaume Claret Miranda) por el bando sublevado durante la guerra civil y los primeros años de la posguerra. Esta es la lista que da Claret: el catedrático y rector de Oviedo Leopoldo García Alas Argüelles, el catedrático y rector de Granada Salvador Vila Hernández, el catedrático y ex rector de Valencia Joan Peset Aleixandre, los catedráticos de Granada Joaquín García Labella, Rafael García-Duarte Salcedo, Jesús Yoldi Bereau y el vicerrector José Palanco Romero, el catedrático de Valladolid Arturo Pérez Martín y el auxiliar Federico Landrove López, el catedrático de Salamanca Casto Prieto Carrasco y los auxiliares Julio Pérez Martín y Julio Sánchez Salcedo, y los catedráticos de Zaragoza Francisco Aranda Millán, José Carlos Herrera y Augusto Muniesa Belenguer y, el hermano de este último, el auxiliar José María Muniesa Belenguer. Además, existen diversas muertes no suficientemente esclarecidas como las de los auxiliares de Madrid Manuel Calvelo López, Francisco Pérez Carballo y Luis Rufilanchas Salcedo, y del auxiliar de Sevilla Rafael Calbo Cuadrado.[83]
- El manifiesto de las asociaciones de estudiantes universitarios acababa diciendo (en valenciano): «Consideramos que hay que romper el injusto silencio denigratorio que durante muchos años se ha tejido sobre la obra del doctor Peset i Aleixandre y que una buena manera de comenzar esta ruptura es dar su nombre a una vía de la ciudad donde ejerció su magisterio y donde desarrolló la mayor parte de su obra ejemplar por la que se le debe, por siempre, respeto y memoria.
Además, en esta hora de lucha por la consecución de la libertad y la democracia, es un deber para todos los valencianos mantener bien vivo el recuerdo de los patriotas que con su vida —y algunos , como el doctor Peset, con su muerte— trabajaron para la defensa de estos derechos».[132]