La pintura retrata a Judit, la protagonista del libro homónimo del Antiguo Testamento, tras haber decapitado a Holofernes, el general asirio que asediaba la ciudad donde vivía. La heroína bíblica ocupa todo el espacio de la composición vertical y emerge del fondo negro completamente desnuda. Sus piernas están cruzadas en una postura extraña. [3]
La obra es muy similar a otras tres pinturas de Baldung que también representan sujetos desnudos de cuerpo entero sobre fondo negro: el Adán y la Eva en el Museo de Bellas Artes de Budapest y la pintura Venus y Cupido conservada en el Museo Kröller-Müller de Otterlo, en los Países Bajos.[4] De hecho, es muy probable que estas cuatro obras sean las mismas que cita Remigius Fesch en uno de sus manuscritos, según el cual en 1641 cuatro pinturas de tamaño natural de Baldung que representan a estos personajes fueron enviadas de Estrasburgo a Basilea.[2]
La mujer sostiene un cuchillo en su mano derecha en lugar de una espada (el arma presente en muchas otras obras sobre el tema de la decapitación de Holofernes), probablemente porque Baldung tomó el término pugio usado en la traducción latina del Antiguo Testamento (la Vulgata), mientras que con su mano izquierda sujeta la cabeza decapitada del general asirio por el cabello. En lugar de mirar al espectador, la mirada de la heroína bíblica está girada hacia su izquierda, como si estuviera ocultando algo: este es un recurso también utilizado para Eva en la pintura Eva, la Serpiente y la Muerte, conservada en la Galería Nacional de Canadá en Ottawa, con quien comparte la enigmática sonrisa.[5]
La obra pertenece a un tema artístico muy extendido en la zona alemana del siglo XVI, el del poder de la mujer (Weibermacht), que se centraba en episodios bíblicos o mitológicos en los que las mujeres subyugaban a los hombres.[2] Al igual que muchos autores nórdicos de ese período, la pintura de Baldung retrata a una Judit erótica y peligrosa, una encarnación de los peligros que pueden surgir de la seducción lujuriosa.[6] Un atisbo de vello púbico (que en el arte renacentista era muy raro, presente principalmente en obras eróticas) no hace sino sexualizar aún más la figura, transformándola de una heroína del pueblo judío en una seductora fatal.[3]