Julie Bondeli
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Julie Suzanne Bondeli (Berna, 24 de diciembre de 1731; bautizada el 1 de enero de 1732; Neuchâtel, 8 de agosto de 1778)[1] fue una famosa salonnière y literata suiza. Su casa se convirtió en la sede de un salón que se convirtió en el centro de la vida intelectual de Berna.[2][3][4][5]
Biografía
Hija de Friedrich y Julie Bondeli, recibió formación en lenguas, matemáticas y filosofía, una educación atípicamente completa para una chica, teniendo en cuenta las costumbres sociales de la época en que vivió.[2] [3] Uno de sus profesores podría haber sido el radical Samuel Henzi, que fue ejecutado en 1749 como principal organizador de una conspiración para derrocar al gobierno patricio de Berna.
No se casó nunca, pero en 1752 empezó a albergar un salón científico en Berna que se convertiría, una década más tarde, en un centro de la vida cultural de la ciudad. Entre las personalidades con las que mantuvo relación estaba el filósofo y naturalista Johann Georg Zimmermann, el poeta Christoph Martin Wieland y el escritor y filósofo Jean-Jacques Rousseau. Bondeli y Christoph Martin Wieland estuvieron prometidos durante un tiempo, pero nunca llegaron a casarse. También asistían asiduamente a su salón mujeres de letras como Albertine Necker de Saussure, una de las primeras defensoras de la educación de las mujeres, o Suzanne Curchod, quien también era anfitriona de un salón que acogía a un grupo literario llamado Académie des Eaux, casada con quien fue ministro de Finanzas de Luis XVI. También estaba el historiador y filósofo Vincent Bernard Tscharner, el economista Johann Rudolf Tschiffeli, o el geógrafo Jean Rodolphe Sinner.[3]
Los intereses de Julie Bondeli, centrados en las ciencias y la filosofía enciclopedista más que en las artes, le acercaron a Jean-Jacques Rousseau, con quien se seguiría escribiendo después de que él dejara Berna y se instalara en Môtiers, en 1763. El conjunto de esta correspondencia permite seguir y comparar los criterios de ambos sobre la moral y la metafísica. También mantuvo correspondencia con Johann Georg Zimmermann, la novelista y editora Sophie von La Roche, el poeta Johann Kaspar Lavater, el teólogo Leonhard Usteri o Christoph Martin Wieland, especialmente cuando se fue terminando la actividad del salón. Esta correspondencia se ha convertido en un material que muestra una brillante crítica literaria y una verdadera mujer de letras, dotada de amplios conocimientos y erudición, y madurez de juicio.[2] [3] [6]