Júpiter y Sémele

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Autor Gustave Moreau
Creación 1894 y años 1880
Material Óleo y Lienzo
Júpiter y Sémele
Autor Gustave Moreau
Creación 1894 y años 1880
Ubicación Museo Gustave Moreau (Francia)
Material Óleo y Lienzo
Dimensiones 213 centímetros × 118 centímetros

Júpiter y Sémele (1894-95) es una pintura del pintor simbolista Gustave Moreau (1826-1898), una de sus obras más conocidas. Ilustra el episodio mitológico de la mortal Sémele, madre del dios Baco, y su amante, Júpiter, rey de los dioses. La diosa Juno, esposa de Júpiter, se disfrazó de anciana, se ganó la confianza de la princesa y le aconsejó traicioneramente que le pidiera al dios que apareciera ante ella en todo su divino esplendor, algo que sabe que ningún mortal puede soportar. Atado por la promesa que le había hecho de concederle lo que quisiera, Júpiter tuvo que acatar el deseo de Sémele, lo que provocó su muerte violenta causada por truenos, relámpagos y resplandor que la redujeron a cenizas. Como se encontraba ya embarazada, de entre ellas sacó Júpiter el feto semi inmortal y lo cosió a su muslo, del que se desprendió el pequeño Baco unos meses después.

Esta pintura es una representación "divinizada del amor físico" y la abrumadora experiencia que consume a Sémele cuando el dios se manifiesta en su suprema belleza ha sido comparada con..."La expresión más suntuosamente imaginable de un orgasmo».

Sobre esta obra, el propio Gustave Moreau escribe:

«El dios, tantas veces invocado, se manifiesta en su esplendor aun velado: Sémele, penetrada por los efluvios divinos, regenerada, purificada por la consagración, muere fulminada y con ella el genio del amor terreno, el genio con pie de cabra».

En sus cuadernos, Moreau describe su pintura de la siguiente manera:

En el centro de arquitecturas aéreas, colosales, sin base ni cimas, cubiertas de vegetación animada y vibrante, flora sagrada recortada contra el azul oscuro de las bóvedas estrelladas, el Dios tantas veces invocado se manifiesta en su esplendor aun velado.

La obra de Moreau representa una atmósfera mística compleja, intensa y sorprendente, embrujada y cargada de imágenes simbólicas. Su iconografía se nutre de la mitología, los escritos simbolistas y sus propias interpretaciones personales, deliberadamente misteriosas y ambiguas. Júpiter aparece con un halo radiante, sentado frontalmente "en Majestad", con la desafortunada Sémele encaramada en su muslo derecho, con el costado comenzando a sangrar al contacto de la irradiación divina y expresión de terror. El dios, no maduro y barbado si no joven e imberbe, más parecido a Apolo u Orfeo y de hecho descansando la mano izquierda sobre una lira, como un Júpiter poético muy del gusto de Moreau, tiene una mirada severa e inescrutable, con los ojos muy abiertos y fijos al frente, expresando una sensación de feroz conquista. Su trono y la corte circundante exhiben una profusión poco convencional y extravagante de elementos arquitectónicos y vegetales que, aunque representados con realismo, incluso con precisión joyera, crean una impresión general onírica y fantástica. Por doquier, una profusión de colores vivos compite con las sombras oscuras que representan el volumen. Innumerables grupos de dioses, diosas y figuras alegóricas parecen coexistir a diferentes escalas, independientes e indiferentes entre sí. La mirada del espectador debe adaptarse a los extraños cambios de proporciones a medida que recorre la pintura. Entre las figuras, tres están colocadas sentadas directamente a los pies de Júpiter: a la derecha una mujer con un manto azul que sostiene una espada ensangrentada simboliza la Muerte que acaba de golpear, otra mujer a la izquierda, con una corona espinosa personifica la Tristeza y el Dolor, aferra un lirio blanco (símbolo de pureza), y entre ellas el dios Pan detrás del cual una gran águila, símbolo de Júpiter, extiende sus alas.

Al pie del trono, la Muerte y el Dolor forman la base trágica de la vida, bajo la égida del águila de Júpiter, el gran Pan, símbolo de la Tierra, inclina su frente entristecida en un arrepentimiento por la esclavitud y el exilio, mientras a sus pies se amontona la oscura falange de los monstruos del Érebo y de la Noche...
Gustave Moreau, Cuadernos

El pie derecho de Júpiter reposa sobre una serpiente que se muerde la cola. Una temible Hécate, con su polo enjoyado y su luna creciente, aparece en la esquina inferior izquierda con la misma mirada fija y sobrehumana. Otras figuras incluyen un demonio de tres cabezas y múltiples alas, así como figuras angelicales y esfinges.

Recepción e interpretación

El escritor y pintor francés Malcolm de Chazal (1902-1981) bautizó la imagen de Júpiter y Sémele como " Este nacimiento-muerte en uno".

El surrealista sueco Ragnar von Holten (1934-2009) describió la obra como "una alegoría de la regeneración a través de la muerte".

El tema de Júpiter y Sémele también fue interpretado por los pintores Jacopo Tintoretto ( ca. 1545) y Jean-Baptiste Deshays de Colleville (ca. 1760).

El cuadro es una de las «105 obras decisivas de la pintura occidental» que constituyen el museo imaginario de Michel Butor.[1]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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