Hécate
diosa de las brujas y las encrucijadas en la mitología griega
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Hécate (en griego antiguo: Ἑκάτη, Hekátē)[1] es una compleja diosa liminal[2] en la antigua religión griega y en la mitología, quizá de origen no helénico. La tradición clásica la asocia principalmente con la magia, las brujas, las encrucijadas, la noche y la luna. Sin embargo, en sus orígenes era una diosa nutricia (curótrofa), propiciada especialmente por conceder la prosperidad material. Divinidad polifacética y misteriosa, no posee mito propiamente dicho. La caracteriza más bien sus funciones y atributos que las leyendas en que interviene.[3]

Entre sus atributos más característicos destaca su relación con las encrucijadas, los lugares por excelencia de la magia. En ellas se erigían numerosas estatuas de la diosa, representada como una figura tricéfala o de triple cuerpo —a veces con cabezas de animales como perra, yegua o loba—, ante las cuales se depositaban ofrendas. Esta asociación con los espacios liminales refleja uno de los rasgos esenciales de su naturaleza.[3] Tardíamente se llegó a considerar que etimológicamente Hécate provenía de ἑκατόν (hekatón, un ‘centenar’; o centum en latín), debido a la multiplicidad de sus dones.[4]
Las primeras referencias conservadas a Hécate aparecen en la Teogonía de Hesíodo[5] y en el Himno homérico a Deméter.[6] Es, pues, independiente de la soberanía de Zeus: Hesíodo la presenta como una antigua diosa con poder sobre tierra, mar y cielo.[5] Es difícil definir a Hécate, aunque se la considera hija de Perses y Asteria.[7] Autores tardíos la denominan como una titánide,[8] los neoplatónicos la incluyen, extrañamente, entre los dioses olímpicos,[9] y a menudo está considerada una diosa ctónica. Homero no la menciona, Hesíodo la promociona como una gran diosa y otros autores la hacen afín a Artemisa y a la simbología lunar.[3]
Sobre la naturaleza de su culto se ha señalado que «esta diosa se siente más cómoda en los márgenes que en el centro del politeísmo griego. Intrínsecamente ambivalente y polimórfica, se encuentra entre los límites convencionales y elude la definición».[10] Figura mistérica y esotérica, la mayoría de las veces se muestra sosteniendo un par de antorchas o una llave, y fue asociada con el conocimiento de hierbas y el mundo de las brujas.[11][12][13] Lucano ya la asocia con las brujas de Tesalia, reputadas desde la Antigüedad.[14] Los humanistas ya la identificaban con Trivia[15] pero los autores romanos la definían con una faceta nocturna e infernal, acompañada de una jauría de perros.[12][16] Su séquito también es horrible: podía enviar a las empusas[17] y va acompañada de las ninfas Lámpades.[18]
Origen
El origen de Hécate es incierto, pero algunos investigadores defienden que esta divinidad tiene orígenes anatolios, específicamente de Caria.[19] Su culto podría haber entrado en Grecia a través de Tracia, desde donde habría pasado a Tesalia y se habría fusionado con otras divinidades. Otros autores perciben las diferencias que hay entre la Hécate descrita por Hesíodo y la de épocas posteriores y sugieren que la primera, por su similitud con una Potnia Theron, puede ser la misma divinidad que aparece representada en un ánfora de Tespias del siglo VIII a. C., y que sería de origen micénico.[20][21]
Parece que las evidencias arqueológicas más antiguas actualmente conocidas del culto a Hécate proceden de Selinunte (Sicilia), donde las excavaciones del santuario urbano han llevado a identificar un templo de Hécate, construido hacia 570 a. C., como un posible santuario dedicado a la diosa.[22] Las inscripciones más antiguas se han encontrado en el Mileto arcaico tardío, cerca de Caria, donde Hécate es una protectora de las entradas.[23] En el culto de los molpoi (cantantes sagrados; griego antiguo: οἱ μολποί) milesios, se colocaba frente a una estatua de Hécate una piedra engalanada y bañada en libaciones.[24] Hécate fue una de las principales diosas menores adoradas en los hogares atenienses como diosa protectora y que otorgaba prosperidad y bendiciones diarias a la familia.[25]
En Natalis Comes

La Mythologiae de Natalis Comes, una de las compilaciones mitográficas más influyentes del Renacimiento, dedicó una amplia atención a Hécate, reuniendo y reinterpretando de forma alegórica numerosas tradiciones[26] antiguas sobre la diosa. Gran parte de la idea conceptual de Hécate en la cultura occidental proviene de esta obra. Para él Hécate, Proserpina y Luna eran la misma deidad múltiple, antigua y oscura.[27] A esto se refiere John Skelton cuando dice «Diana en las hojas verdes, Luna que resplandece tanto y Perséfone en el infierno».[28]
Venerada especialmente en Beocia y Egina, ella es el orden y la fuerza de los hados. Era llamada Lucífera (‘portadora de la luz’) y liberaba a los fantasmas desde las entrañas de la tierra. Su aspecto era terrible y enorme, midiendo medio estadio (poco más de noventa metros); sus pies tenían la forma de serpiente y su rostro causaba terror a guisa de gorgona. Se la llamó Brimo por el ‘bramido’ que emitió al intentar ser violentada sin éxito, bien por obra de Apolo, bien por Mercurio. A su alrededor los perros rabiosos la seguían y aclamaban con aullidos agudos. La propia Hécate, con el uso de las artes mágicas, los había domesticado. La conocen como ‘devoradora de perros’, pues a ella le sacrifican perras; pero también los aullidos de los perros son capaces de ahuyentar a los espíritus, como los golpes continuos con el bronce. [27]
En cuanto a sus cabezas, algunos consideran que tiene la cabeza derecha de yegua, la izquiera de perra y la del centro de mujer o cerda. También estaba coronada con una rama de encina y una maraña de serpientes en los cabellos. La llamaron Hécate, ‘centenar’, porque su poder en incontable y guardaba los caminos y las encrucijadas. Fue llamada Trivia porque fue expuesta en una encrucijada y en una encrucijada se le degollaban víctimas, cada luna nueva. Vigilaba los vestíbulos de las casas y por eso ante las puertas se levantaban altares. Era invocada mediante sacrificios, causando así que se aparecieran los espectros de los fallecios; por eso estos son llamados Hecateos y pueden adoptar diferentes formas que dan forma a las pesadillas.[27]
Sobre las plantas asociadas a la hechicería, estaba primero el moly, si es que no es el mismo que la ruda silvestre, pero también se tenían en consideración el laurel, la hierba pulguera, el ramno y el sauce. A veces es infernal, ejercía cien cargos en los asuntos de la naturaleza y estaba al frente de los reinos subterráneos. Siendo una cazadora despiadada, arrojaba flechas contra los hombres y sus fármacos venenosos, en especial el acónito, extinguían la vida. En fin, su poder es tan grande como cabría esperar de la diosa que patrocina a las brujas; estas la invocan siete veces al amparo de la noche y bajo la luz de la luna. Hécate puede desviar el cauce de los ríos, hundir los montes, arrojar los astros de los cielos, marchitar las cosechas e interrumpir el curso del destino.[27]
Representaciones

Las primeras representaciones griegas de Hécate son simples y no triples. Lewis Richard Farnell afirma:
La evidencia de los monumentos sobre el carácter y la importancia de Hécate es casi tan completa como la de la literatura. Pero solo fue en el periodo tardío cuando llegó a expresar su naturaleza múltiple y mística. Antes del siglo V a.C. hay pocas dudas de que solía ser representada bajo una forma simple como la mayoría de las demás divinidades, y que fue así como el poeta beocio (Hesíodo) la imaginó, pues nada en sus versos alude a una diosa triple.
El monumento más antiguo conocido es una pequeña terracota hallada en Atenas con una dedicatoria a Hécate en el estilo de escritura del siglo VI a.C. La diosa aparece sentada en un trono con una corona de flores alrededor de su cabeza, careciendo totalmente de atributos y personalidad, siendo el único valor de esta obra, que evidentemente es de un tipo bastante general y recibe una referencia y nombre especiales solo por la inscripción, el demostrar que la forma simple era la original y que su conocimiento en Atenas era anterior a la invasión persa.[29]
Tzetzes ya nos decía que Hécate tenía tres cuellos y tres formas.[30] El viajero del siglo II d. C. Pausanias afirmó que Hécate fue representada en forma triple por vez primera por el escultor Alcámenes en el periodo griego clásico de finales del siglo V a. C.[31] Las convenciones antropomórficas del arte griego se resistían a representarla con tres caras: una escultura votiva del siglo III a. C. procedente del Ática la muestra como tres imágenes diferentes contra una columna, alrededor de la cual bailan las Cárites. Algunos retratos clásicos la muestran como una diosa triple sosteniendo una antorcha, una llave y una serpiente. Otros continuaron mostrándola en su forma simple.[32]
En los escritos esotéricos griegos de inspiración egipcia relacionados con Hermes Trismegisto y en los papiros mágicos de la Antigüedad tardía era descrita con tres cabezas: una de perro, otra de serpiente y otra de caballo. La triplicidad de Hécate se expresaba de una forma más helénica, con tres cuerpos en lugar de cabezas, como aparece tomando parte en la batalla con los titanes en el vasto friso del gran altar de Pérgamo (actualmente en Berlín). En la Argólida, cerca del altar de los Dioscuros, Pausanias vio el templo de Hécate frente al santuario de Ilitía: «La imagen es obra de Escopas. Es de piedra, mientras las de bronce de enfrente, también de Hécate, fueron hechas respectivamente por Policleto y su hermano Naucides, hijo de Motón».[33] Durante la Gigantomaquia, batalla similar a la Titanomaquia, Hécate venció al gigante Clitio con teas.[34]
Un relieve en mármol del siglo IV a. C. en Cranón (Tesalia) le fue dedicado por el dueño de un caballo de carreras. Muestra a Hécate con un perro a su lado, poniendo una corona sobre la cabeza de una yegua. Su ayudante y representación animal era la perra y la forma más común de ofrenda era dejar carne en las encrucijadas. Algunas veces incluso se le sacrificaban perros (una buena indicación de su origen no helénico, pues los perros, como los burros, muy rara vez jugaban este papel en el genuino ritual griego).[35]
Lugares de culto
Su santuario más importante estaba en Lagina, una ciudad-estado teocrática en la que la diosa era atendida por eunucos.[36] Lagina, donde el famoso templo de Hécate atraía grandes reuniones festivas cada año, quedaba cerca de la colonia originalmente macedonia de Estratonicea, ciudad de la que era patrona.[37] En Tracia desempeñó un papel similar al del menor Hermes, es decir, gobernadora de los puntos liminares (tránsitos o umbrales) y de lo salvaje, guardando poco parecido con la vieja paseante nocturna en la que se convirtió. Adicionalmente, esto llevó a su papel como ayudante de las mujeres en los partos y la crianza de los jóvenes.
También había un templo consagrado a Hécate en el recinto del templo de Artemisa en Éfeso, donde oficiaban los sacerdotes eunucos o megabyzi.[38] Por otra parte, uno de sus epítetos, «cerintia», está relacionado con el culto que se le rendía en la cueva de Cerinto, situada en la isla de Samotracia.[39]
Textos mitológicos

En la Teogonía de Hesíodo
Hesíodo, en la Teogonía atribuyó a Hécate tan amplios y fundamentales poderes que resulta difícil resistirse a verla como una figuración de la gran diosa, aunque como buen olímpico Hesíodo atribuye sus poderes a un «regalo» de Zeus:[40]
Hécate, a la que Zeus Crónida honró sobre todos y le procuró espléndidos regalos, la suerte de participar en la tierra y el mar estéril. Ella también obtuvo en lote la dignidad que confiere el estrellado cielo y es especialmente respetada por los dioses inmortales. [...] En nada la maltrató el Crónida ni tampoco le quitó nada de lo que recibió en suerte entre los primeros dioses, los Titanes; sino que sus atribuciones son las mismas que tuvo desde el principio.
Sus regalos a los humanos abarcan todo, según Hesíodo:[41]
Al que ella quiere, grandemente le asiste y ayuda; en el juicio se sienta junto a los venerables reyes, y en el ágora hace destacar entre la gente al que ella quiere. O cuando armados de coraza marchan los varones hacia la guerra destructora de hombres, allí la diosa asiste a los que quiere decididamente concederles la victoria y encumbrarles de gloria. Es capaz de asistir a los nobles que quiere y con igual capacidad, cuando los jóvenes compiten en juegos, allí los asiste y ayuda la diosa; y el vencedor en fuerza y capacidad, fácilmente y contento se lleva un magnífico premio y proporciona gloria a sus padres. A los que trabajan en el mar intransitable y elevan sus súplicas a Hécate y al resonante Ennosigeo, fácilmente la ilustre diosa les concede pesca abundante y fácilmente se la quita cuando parece segura si así lo desea su corazón. Es capaz de aumentar el ganado en los establos junto con Hermes, y en cuanto a las manadas de bueyes, los extensos rebaños de cabras y las majadas de lanudas ovejas, si así lo desea en su corazón, multiplica los pequeños y disminuye los numerosos.
Hécate era cuidadosamente servida:[42]
Todavía ahora, cuando alguno de los hombres de la tierra los propicia, celebrando magníficos sacrificios según costumbre, invoca repetidamente a Hécate. Muy fácilmente obtiene gran honor aquél cuyas súplicas acepta complaciente la diosa, y le concede prosperidad puesto que está en su mano.
La inclusión y alabanza de Hécate en la Teogonía son problemáticas para los investigadores, ya que Hesíodo parece elogiar en demasía sus atributos y responsabilidades en el antiguo cosmos a pesar de ser en aquella época una diosa relativamente menor y extranjera. Se ha propuesto que en la población de origen de Hesíodo hubo una devoción substancial hacia Hécate y que su inclusión en la Teogonía fue su propia forma de promover a la diosa local entre el público no familiarizado.[43]

En los Himnos homéricos
En el Himno homérico a Deméter, Hécate aparece como una de las pocas divinidades que percibe el rapto de Perséfone cuando esta es raptada por Hades, ya que ni los dioses ni los mortales escuchan su grito. Solo Hécate, desde su cueva, y Helios, el Sol, son testigos del suceso. A partir de ese momento, Hécate toma su papel en el desarrollo del mito. Tras la desaparición de Perséfone, Deméter vaga durante nueve días con antorchas en las manos, sumida en el dolor y la búsqueda. En la décima aurora, Hécate se le acerca portando también una antorcha y le revela que ha oído la voz de la muchacha, aunque no ha visto quién la raptó. Le informa de lo ocurrido en la medida de lo que sabe y se convierte en su acompañante en la investigación del suceso. Más adelante, cuando Perséfone regresa del inframundo, Hécate se aproxima de nuevo a ella y la acoge con afecto, abrazándola repetidamente. A partir de ese momento, el himno afirma que Hécate pasa a ser compañera y asistente de Perséfone, quedando asociada de forma permanente a su esfera y a su tránsito entre el mundo superior y el inframundo.[44]
En Diodoro Sículo
El poder de Hécate terminó pareciéndose al de la hechicería. Medea, que era una de sus sacerdotisas, conocía conjuros para propiciar a la diosa y así lograr pócimas de propiedades especiales.[45][46] Diodoro Sículo reinventa un árbol genealógico en donde figuras asociadas a la hechicería quedan unidas por un abolengo común.[47]
Helios, se dice, tuvo dos hijos: Eetes y Perses. Eetes fue rey de la Cólquide, mientras que el otro reinó en la Táurica, y los dos se distinguieron por su crueldad. Perses engendró una hija, Hécate, que superaba a su padre por su osadía y su desprecio por las leyes. Era amante de la caza y, cuando no tenía éxito, asaeteaba a los hombres en vez de disparar a las fieras. Al tener una gran pericia en la composición de venenos mortales, descubrió el llamado acónito, y experimentó la potencia de cada veneno mezclándolos en la comida dada a los extranjeros. Y puesto que había adquirido una gran experiencia en esta materia, primero mató a su padre con una pócima y le sucedió en el trono; luego construyó un templo a Artemisa y, al ordenar que los extranjeros que desembarcasen allí fueran sacrificados a la diosa, se hizo famosa por su crueldad. A continuación Hécate se casó con Eetes y parió dos hijas, Circe y Medea, y también un hijo, Egialeo (Apsirto). Circe también se dedicó a la creación de toda clase de drogas y descubrió en las raíces todo tipo de propiedades y poderes increíbles; respecto a un gran número de drogas fue instruida por su madre Hécate.[47]
Simbolismo de Hécate

En Cornuto
Cornuto es el autor que más diserta sobre la triple naturaleza de Hécate, de manera simbólica. Dice que a Hécate se la representa con triple figura (trímorphos) porque la luna cumple tres (tría) fases fundamentales: creciente cuando nace, luna llena y cuando adopta una tercera (tritón) figura, fase en la cual está completo su creciente sin estar completo el círculo. A partir de este hecho ya fue también invocada como «la de los tres caminos» (triodîtis) y se la consideró guardiana de las encrucijadas (triódon) dado que experimenta tres cambios (trichós) cuando recorre su camino entre las figuras zodiacales. La llaman nocturna, noctívaga y telúrica, y empezaron a honrarla los dioses que moran bajo la tierra. Contamina la tierra, al igual que los muertos, coopera con hechiceras y encanta las casas. También se alegra con los lutos y las muertes violentas y algunos la aplacan con sacrificios insólitos y degollando hombres.[48]
En los Himnos órficos
En el primero de los himnos órficos, Hécate es invocada como protectora de los caminos y de las encrucijadas, una divinidad benévola y a la vez poderosa que abarca múltiples ámbitos del mundo. Es descrita como una diosa celeste, terrestre y marina, vinculada tanto a lo sagrado como a lo funerario, pues se mueve también entre las almas de los muertos. Se la presenta como hija de Perses, solitaria por naturaleza, amante de los ciervos y asociada a la noche, lo que refuerza su carácter noctámbulo. Es protectora de los perros y soberana invencible, ligada a lo salvaje y a la fuerza de la naturaleza, incluso a la devoración de animales. Su imagen es ambivalente: de figura irresistible, sin ceñidor y de aspecto dinámico, aparece también como guardiana del orden cósmico y del universo entero. El himno subraya igualmente su dimensión juvenil y activa, describiéndola como conductora, guerrera y nutridora de los jóvenes, además de diosa montaraz y vinculada al movimiento entre los toros. Finalmente, la invocación concluye pidiendo que la diosa asista favorablemente a los sagrados misterios y muestre su benevolencia al pastor o boyero de corazón alegre.[49]
Papel en los mitos
Diosa de múltiples nombres
A medida que su culto se extendió a otras zonas de Grecia se presentó un problema, dado que el papel de Hécate ya estaba cubierto por otras deidades más prominentes del panteón griego, particularmente Artemisa, Perséfone, Hermes y Selene.[50] Los humanistas, por ejemplo, decían que la diosa tutelar de la luna tenía diversos nombres: Luna, Diana, Hécate, Trivia, Lucina, Argentea (luz plateada), Febe, Artemia o Arnotemis (tránsito y movimiento) y Mena (fases de la luna).[51]
Robert Graves dice que Core, Perséfone y Hécate eran, claramente, la diosa en Tríada como la Doncella, Ninfa y Vieja, en una época en que solamente las mujeres practicaban los misterios de la agricultura. Core representa al grano verde, Perséfone a la espiga madura y Hécate al cereal cosechado.[52]
Asociada a Artemisa
Emergen entonces dos versiones de Hécate en la mitología griega. La menos conocida es un claro ejemplo de intento por integrarla sin disminuir a Artemisa. Pausanias a ello se refiere cuando dice que «Hesíodo, en el Catálogo de mujeres, imaginó que Ifigenia no murió, sino que, por decisión de Artemisa, es Hécate».[53] En esta primera versión, Hécate es una sacerdotisa mortal comúnmente asociada con Ifigenia, que desdeña e insulta a la diosa, lo que la lleva finalmente a suicidarse. Artemisa adorna entonces el cadáver con joyas y susurra para que su espíritu se eleve y se convierta en la diosa Hécate, que actúa de forma parecida a Némesis como espíritu vengador, pero únicamente para mujeres heridas. Este tipo de mitos en el que una deidad local patrocina o «crea» a una deidad extranjera era popular en las culturas antiguas como forma de integrar sectas extranjeras. Adicionalmente, a medida que la adoración de Hécate crecía, su figura fue incorporada al mito posterior del nacimiento de Zeus como una de las comadronas que escondieron al niño mientras Crono devoraba la roca falsa que le había dado Rea.[43]
Como diosa liminal
La segunda versión ayuda a explicar cómo Hécate se ganó el título de «Reina de los Fantasmas» y su papel como diosa de la hechicería. De forma parecida a como las hermas (tótems de Hermes) se ponían en las fronteras como protección frente al peligro, imágenes de Hécate, como diosa liminal, podían también jugar dicho papel protector. Se hizo común poner estatuas de la diosa en las puertas de las ciudades y finalmente en las puertas de las casas. Con el tiempo la asociación con el alejamiento de espíritus malignos llevó a la creencia de que ofender a Hécate también los atraía. Así surgieron las invocaciones a Hécate como gobernadora suprema de las fronteras entre el mundo normal y el de los espíritus.[43]
Como diosa ctónica
Como deidad ctónica, Hécate era emulada en ciertos ritos. En las Argonáuticas, una epopeya alejandrina del siglo III a. C. basada en material más antiguo, Jasón aplaca a Hécate mediante un ritual prescrito por Medea, su sacerdotisa: tras bañarse a medianoche en una corriente de agua y vestido con una toga oscura, Jasón cava un pozo y ofrece una libación de miel[54] y sangre de la garganta de una oveja, que se quema en una pira junto al pozo como holocausto, retirándose entonces del lugar sin mirar atrás.[55]
La transición de la figura de Hécate puede seguirse hasta la Atenas del siglo V a. C. Aparece como una gran diosa en dos fragmentos de Esquilo. En Sófocles y Eurípides se ha convertido ya en la señora de la brujería y las Keres.[56] La implacable Hécate ha sido llamada «la de tierno corazón» (ἑκηβόλος), un eufemismo quizás para enfatizar su preocupación por la desaparición de Perséfone cuando se dirigió a Deméter con dulces palabras en un momento en que la diosa estaba afligida. Más tarde se convirtió en la asistente de Perséfone y su íntima compañera en el Inframundo.[57]
La Hécate helenística
La comprensión moderna de Hécate procede de la cultura helenística sincrética de Alejandría. En los papiros mágicos del Egipto ptolemaico se la llama la Perra y su presencia era indicada por los ladridos de los perros. Mantuvo un gran número de seguidores como diosa de la protección y los partos. En la imaginería posterior también tiene dos perros fantasmales como sirvientes a su lado.[58] El nombre de Hécate fue usado como nombre teofórico para personas (en masculino, Hecateo), con lo que se le asignaba a la persona la protección de la divinidad.[59]
Familia
| Familia | Variantes |
|---|---|
| Progenitores | a) Perses y Asteria;[7] b) Perses, hijo de Helios;[47] c) Zeus y Deo;[60] d) Zeus y Asteria;[61] e) Zeus y Hera;[62] f) Zeus y Ferea, hija de Eolo;[63] g) Aristeo, hijo de Peón;[64] h) Nix;[65] i) Leto;[66] j) Tártaro[67] |
| Descendencia | a) ninguna, diosa virgen;[68] b) Circe y Medea (con Eetes);[47] c) Escila (con Forbante o Forcis);[69] d) Cratéis (con Tritón);[70] e) las empusas (hijas simbólicas)[71] |
Hécate es una diosa ctónica preolímpica y no fue fácilmente asimilada en el panteón posterior de la Grecia clásica. Más allá de la Teogonía, que la describe como hija de Perses y Asteria, las fuentes griegas no ofrecen una historia sobre su parentesco ni de sus relaciones en el panteón: a veces es considerada de la sangre de los titanes[7] y a veces la propia Hécate es referida directamente como una titánide.[8] Precisamente por su filiación con Perses también es llamada con el patronímico de Perseide (que no hay que confundir con la oceánide homónima).[72] Cuando se le nombra como padre de Hécate, a Perses se lo imagina como hijo de Crío,[73] de Helios,[47] o bien del Cielo (Caelus).[27]
Hécate, como Deméter, era una diosa de la tierra y la fertilidad. Una versión poco difundida la hacía incluso la hija menor de Zeus,[61] un rasgo que sin embargo comparte con Atenea y Afrodita, como aspectos de antiguas deidades que tampoco pudieron ser eclipsadas por los olímpicos debido a que su adoración era muy dominante. Por lo demás su papel en los mitos es secundario: ayudó a Deméter cuando Perséfone fue raptada.[44] En algunas versiones del mito fue Hécate quien rescató a Perséfone del inframundo.[74]
La figura de Angelos («mensajera») es citada en una serie mitos relativos al nacimiento de Hécate, lo que permite pensar que Angelos era una faceta de Hécate como mensajera.[75] Angelos, robó unos ungüentos pertenecientes a su madre y se los entregó Europa, provocó la ira de Hera, madre de Angelos. Para escapar, buscó refugio primero en la casa de una mujer que acababa de dar a luz y después entre unos hombres que transportaban un cadáver, lugares que Hera se negó a profanar con su presencia. Finalmente, por orden de Zeus, los Cabiros la purificaron en las aguas del lago Aquerusia. Después de esta purificación, Angelos quedó vinculada al mundo de los muertos y recibió el epíteto katachthonia (Καταχθονία, «la subterránea» o «la del inframundo»).[76]
Como muchas antiguas diosas madre o de la tierra, Hécate permaneció sin casarse y no tuvo consorte habitual, diciéndose a menudo que se reproducía por partenogénesis. Se consideraba que todos los grandes magos y hechiceros mitológicos eran descendientes suyos. Algunos autores sostuvieron que Hécate era una diosa que permaneció eternamente virgen.[68] Por otra parte es la madre simbólica de muchos otros monstruos que representaban los aspectos pavorosos de la naturaleza que producían miedo y sobrecogimiento, por ejemplo las empusas.[71]
Epítetos y atributos
Epítetos

- Angelos (Ἄγγελος, ‘mensajera’)[75]
- Antania (ἀντανία ‘enemiga de la humanidad’)
- Artemisa de las encrucijadas (Ἄρτεμις τετραοδῖτις ‘de los cuatro caminos = de las encrucijadas’)[77]
- Audnea (en una invocación)[78] (Αὐδναία, tal vez por Ἀϊδωναία ‘esposa de Aidoneo’)
- Brimo (‘aterradora’; βριμός ‘terrible’)[79]
- Catactonia (Καταχθονία, ‘subterránea’)[80]
- Cerintia (Ζηρυνθία, en relación con la ciudad y la cueva de Cerinto (gr.: Ζήρυνθος, Ζήρυνθον ἄντρον), en Tracia, consagrada a ella)[81]
- Cliduco (κλειδοῦχος ‘guardiana de las llaves’)
- Cratéis (κραταιίς, ‘poderosa’)
- Ctonia (χθονία, ‘de debajo de la tierra, del submundo’)[82]
- Curótrofa (κουροτρόφος, ‘niñera de los jóvenes’)[80]
- Enodia (ἐνόδια, ‘de los caminos’)
- Ferea (φεραία ‘de Feras’; ya fuera porque era hija de Zeus y de Ferea, hija de Eolo, o porque había sido criada por los pastores de Feras, o porque se la veneraba en Feras)[83]
- Fósforo (φωσφόρος ‘que trae la luz’)[84] o Lucífera[27]
- Pritania (πρυτανεία ‘reina de los muertos’)
- Propilea (προπύλαια ‘[la que está] delante de la puerta’)
- Propolos (πρόπολος ‘la que dirige’)[80]
- Soteira (σώτειρα ‘salvadora’)
- Tricéfala o Tríceps (gr.: τρικέφαλος; lat.: trīceps trīcĭpĭtis ‘de tres cabezas’)
- Triforme (gr.: τρίμορφος; lat.: trĭformis ‘de tres formas’)[85]
- Trinacia (θρινακία ‘de la isla homónima de Trinacia’)[86]'
- Trioditis (griego) o Trivia (latín), (gr.: τριοδῖτις;[80] lat.: Trĭvĭa ‘de la encrucijada de tres caminos’)
Diosa de las encrucijadas
Hécate era invocada como protectora de los caminos y encrucijadas. Tenía un papel especial en las encrucijadas de tres caminos (o trivios), donde los griegos situaban postes con máscaras de cada unas de sus cabezas mirando en diferentes direcciones.[87] La función de Hécate en las encrucijadas proviene de su esfera original como diosa de las tierras salvajes y las zonas inexploradas. Esto llevaba a realizar sacrificios para viajar con seguridad por estos territorios. Por lo general se le sacrificaban perros negros o, algunas veces, pescado. Este papel tiene relación con el de Hermes, dios de las fronteras.[88] Hécate era la diosa que aparecía con más frecuencia en textos mágicos como los papiros mágicos griegos y las defixios, junto con Hermes.
Macrobio y Cicerón asociaban a Trivia, diosa de las encrucijadas, con Diana. Según Macrobio, Jano y Jana (Diana) son una pareja de divinidades, adoradas como el sol y la luna.[89] No obstante, a partir de Renacimiento, ya se identificaba a Trivia con Hécate.[27] En el siglo VII Eligio acostumbraba a recordar a su recién convertida congregación de Flandes que «ningún cristiano debería prestar o guardar devoción alguna a los dioses de los trivios, donde tres caminos se cruzan, a los fanos o las rocas, o fuentes o arboledas o esquinas».[90]
Reina de las brujas

En los escritos poscristianos de los oráculos caldeos (siglos II-III) adopta un papel más universal como salvadora (Soteira, σώτειρα), madre de los ángeles y el Anima mundi.[91][92] Los oráculos caldeos, que fueron editados en la Alejandría grecorromana, fue también asociada a un laberinto serpentino alrededor de una espiral, conocido como rueda de Hécate (el «Strophalos de Hécate», verso 194 de la traducción de 1836 de Isaac Preston Cory). El simbolismo alude al poder de la serpiente para renacer, al laberinto de conocimiento a través del cual Hécate guía a la humanidad y a la llama de la propia vida: «Los senos productores de vida de Hécate, esa Llama Viviente que se viste a sí misma de Materia para manifestar la Existencia» (verso 55 de la traducción de Cory de los oráculos caldeos). Sin embargo, también se creía que, bajo ciertas circunstancias, Hécate podía provocar locura.[93]
En El evangelio de las brujas compilado por Charles Leland (1899) se describen los remanentes de una tradición de brujería italiana, incluyendo un culto a Diana parecido al de Hécate. Es discutible si la Diana representada en la obra de Leland es en realidad Hécate o no. Aunque Diana suele ser muy identificada con Artemisa, no se representa en El evangelio como la del culto romano. Por ejemplo, dice que «Diana siempre tiene un perro a su lado»,[94] siendo Hécate famosa por su relación con los perros.
Reina de los muertos

«Reina de los Fantasmas» es un título asociado con Hécate debido a la creencia de que podía tanto evitar que el mal saliese del mundo de los espíritus, como también permitir que entrase.[43] En un Himno órfico se menciona entre sus características que era «sepulcral, que se agita delirante entre las almas de los muertos».[87] Las hojas del álamo blanco son oscuras por una cara y claras por la otra, lo que simboliza el límite entre los mundos. El tejo ha estado asociado desde tiempos remotos con el Inframundo.
Animales
La perra es el animal más comúnmente asociado a Hécate, quien a veces es llamada la «perra negra»,[95] se la invoca como protectora de los perros[87] y alguna vez se le sacrificaron perros negros en rituales de purificación. En Colofón (Tracia) Hécate podía manifestarse como perro. Los ladridos de los perros eran la primera señal de su cercanía en la literatura griega y romana. En un mito no muy conocido, Hécuba, reina de Troya, es convertida por Hécate en una de sus perras negras.[96] Como diosa triple aparece a veces con tres cabezas: perra, yegua y cerda[27] o loba.[3] La rana, significativamente una criatura que puede cruzar dos elementos, estaba también consagrada a Hécate.[97]
En el Malleus maleficarum (1486) se afirma que Hécate era adorada por brujas que adoptaban partes de su mito como su diosa de la hechicería. Debido a que Hécate ya había sido muy difamada a finales del periodo romano, a los cristianos de la época les resultó fácil envilecer su imagen. De esta forma todas sus criaturas fueron también consideradas «criaturas de la oscuridad»; sin embargo, la historia de animales tales como cuervos, búhos nocturnos, serpientes, escorpiones, asnos, murciélagos, caballos, osos y leones como criaturas suyas no es siempre oscura y aterradora.[98]
Gala (Γαλῆ), literalmente «comadreja», era en otro tiempo una bruja que padecía un apetito sexual muy desbordado. La cólera de Hécate la transformó en el animal que desde entonces llevó su nombre.[99] Otra versión nos dice que Hécate, apiadándose de Galintíade, que había sido metamorfoseada en comadreja por obra de las Moiras, se compadeció de ese animal y lo hizo desde entonces su servidora sagrada.[100]
Lugares
En diversos momentos se han asociado con Hécate las zonas salvajes, bosques, fronteras, murallas y puertas de las ciudades, encrucijadas y cementerios. A menudo se afirma que la luna está consagrada a Hécate, contra lo que argumentó Farnell:
Algunos de los antiguos escritores sobre mitología, tales como Cornuto y Cleomedes, y algunos de los modernos, como Preller, el del diccionario de Roscher y Petersen, explican las tres figuras como símbolos de las tres fases de la luna. Pero muy poco puede decirse en favor de esto, y muchísimo en contra. En primer lugar, la estatua de Alcámenes representó a Hécate Επιπυργιδια, a quien el ateniense de ese periodo consideraba la guardiana de la puerta de su Acrópolis, y como tal relacionada en este punto particular con las Cárites, deidades de la vida que florece y da fruto. Ni en este lugar ni ante la puerta de las casas de la ciudad aparecía como una diosa lunar.
También podemos preguntar: ¿por qué deberían darse a una divinidad a veces considerada como lunar pero con muchas otras y más importantes conexiones tres formas para señalar las tres fases de la luna, y por qué la escultura griega ha sido en este insólito caso culpable de un frígido simbolismo astronómico, mientras Selene, que era obviamente la luna y nada más, nunca tratada de esta manera? De esta misma forma Helios debería haber recibido doce cabezas.[101]
Sin embargo en los papiros mágicos del Egipto grecorromano[102] se conservan varios himnos que identifican a Hécate con Selene y la luna, ensalzándola como suprema diosa, madre de los dioses. De esta forma, como diosa triple, Hécate sigue teniendo seguidores en algunas tradiciones neopaganas.[103]
Estudios sobre la naturaleza de Hécate
La diosa extranjera y la "marginación" de los muertos
Walter Burkert analiza a Hécate desde una perspectiva histórico-evolutiva. Burkert defiende con firmeza el origen anatolio (de Caria, Asia Menor) de la diosa. Destaca cómo penetró tardíamente en la Grecia continental a través de los cultos domésticos y los textos de Hesíodo. Para Burkert, Hécate personifica la inquietud ante lo exterior. Las encrucijadas y las puertas de las casas (pylai) son lugares donde se junta el peligro de los extraños con el de los difuntos errantes. Al colocar su imagen en estos límites, los griegos hacían una "magia profiláctica": usaban el poder terrible de Hécate para repeler el mal antes de que entrara a la comunidad o al hogar.[104]
La señora de la noche y el aspecto oscuro de la Gran Diosa
Karl Kerényi adopta un enfoque arquetípico y psicológico profundamente influido por el análisis de Carl Jung. Estudia a Hécate como parte de la "gran estructura divina femenina" que se divide en tres aspectos: Artemisa (la doncella cazadora), Perséfone (la reina del submundo) y Hécate (la anciana sabia y terrible de la noche profunda). Para él, Hécate no es malvada, sino la representación de la "oscuridad de la luna". Es la conciencia latente que guía las almas en el tránsito de la vida a la muerte. Su antorcha no ilumina los campos soleados, sino los caminos ciegos del alma humana y del inconsciente.[105]
La liminalidad y la ambigüedad social
Jean-Pierre Vernant, junto a colaboradores como Marcel Detienne, abordó a Hécate a través del estructuralismo. Vernant destaca la absoluta ambigüedad de Hécate en los mitos. No tiene una familia nuclear estable en el Olimpo ni un relato de matrimonio tradicional. Es un "comodín cósmico" que pertenece al cielo, a la tierra y al mar simultáneamente (como dice Hesíodo). El análisis de la Escuela de París subraya que Hécate representa los márgenes de la civilización. Mientras que deidades como Atenea o Zeus representan el orden, las leyes y el centro de la ciudad de día, Hécate gestiona todo aquello que la racionalidad griega de la pólis prefiere dejar fuera: la noche, los pactos secretos, la contaminación ritual (miasma), los ritos de exclusión y la hechicería individual de las mujeres.[106]
Brujas y papiros mágicos
Tipos de brujas
Hécate está asociada a tres tipos conceptuales de ‘artes mágicas’, según la tradición de la antigua Grecia y los papiros mágicos griegos:[107][108][109]
| bruja | definición |
|---|---|
| φαρμακίς (pharmakís) | La φαρμακεία (pharmakeía): vía de la naturaleza y los filtros. Es la magia botánica, arte de los filtros (brebaje mágico, pócima o lazo de amor). Venenos y remedios herbales; pharmakós; de aquí deriva la voz española farmacia[107] |
| γόησσα
(góēssa) |
La γοητεία (goēteía): vía del inframundo y los espíritus. Invocación de muertos (espiritismo, nigromancia); lamentos rituales, magia ctónica, parajes subterráneos. Eidolones, sombras, goecia, magos persas.[108] |
| στρίγξ
(strínx) |
La στρίγλα (strígla): vía metamorfosis y vampirismo. Raptos nocturnos (empusas, mormo); la noche y sus pesadillas; pasó a llamarse en el latín medieval strigaria y de aquí evolucionó en las estrigas.[109] |
Gran papiro mágico de París
Entre las apariciones e invocaciones a Hécate en el Gran papiro mágico de París, se encuentran:[110][111]
- Hechizo de atracción amorosa forzada y dominación (philtrokatadesmoi). Se invoca a Hécate bajo el nombre de Ereshkigal (sincretismo con la diosa mesopotámica del inframundo). El mago le pide el control sobre los nekydaimones (espíritus de los muertos prematuros o violentos) para que actúen como mensajeros, atormenten el alma de la víctima y la arrastren hacia el operador.[110]
- Invocación general para obtener poder, visiones proféticas y sumisión de los espíritus. Es el himno más famoso del papiro. Describe a Hécate como una deidad triple ("de tres caras y tres cabezas") asociada a Selene (la Luna) y Perséfone. Se detallan sus atributos terroríficos: portadora de llaves, lanzadora de fuego, amante de los cementerios y los aullidos de los perros. Incluye las voces magicae secretas (como Baubo) para forzar su presencia en una encrucijada.[111]
- Protección ritual del mago contra maleficios ajenos, demonios y locura. Hécate es invocada como la protectora suprema del operador mágico. El texto detalla cómo la fabricación de un amuleto con los nombres secretos de la diosa actúa como un escudo invisible. Al conocer su "verdadero nombre", el mago se vuelve inmune a los ataques de otros hechiceros y a los terrores nocturnos enviados por la propia corte de la diosa.[111]
Menciones ulteriores
Festividades
Hécate era adorada tanto por los griegos como por los romanos y en ambas culturas había fiestas dedicadas a ella. Según Ruickbie los griegos guardaban dos días consagrados a Hécate, uno el 13 de agosto y otro el 30 de noviembre, mientras los romanos consideraban el 29 de cada mes como consagrado a ella.[112]
Paralelismos en otras culturas
La figura de Hécate puede relacionarse con la Isis egipcia a causa de su papel de diosa de la magia y de los encantamientos. Ambas eran símbolos de los puntos liminares.[113] Apuleyo asocia a Hécate con Isis en su obra El asno de oro:
Aquí me ves, Lucio, en respuesta a tu plegaria. sepas que yo soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y relina de todos los difuntos, primera y única gola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí sola y una diosa honra y sacrifica todo el mundo, en muchas maneras de nombres. [...] Otros me llaman Juno, otros Belona, otros Hécate, otros Ramnusia. Los etíopes, ilustrados de los hirvientes rayos del sol, cuando nace, y los arrios y egipcios, donde nació mi doctrina, cuando me honran y sacrifican con mis propios ritos y ceremonias, me llaman mi verdadero nombre, que las reina Isis.[114]
Por otra parte, Plutarco en Isis y Osiris asocia a Hécate con Anubis. Este último es representado con un perro que ve tanto de día como de noche mientras que a Hécate se la representa acompañada de perros y portando antorchas.[115]
En la literatura moderna

Hécate es un personaje de la tragedia de William Shakespeare Macbeth, representada por vez primera hacia 1606, donde manda sobre las tres brujas, aunque no se sabe si ella es una bruja, un demonio o una diosa. Hay algunas evidencias que sugieren que el personaje y las escenas o partes de las mismas en las que aparece (acto III, escena V y una parte del acto IV, escena I) no fueron escritos por Shakespeare, sino añadidos durante una revisión de Thomas Middleton,[116] quien usó material de su propia obra The Witch, producida en 1615. La mayoría de las ediciones modernas de Macbeth indican estas interpolaciones.
Tradición esotérica
Hécate es invocada en varios lugares de La Biblia satánica siendo una divinidad importante del satanismo y forma parte de ‘Los nombres infernales’.[117] En la época moderna Hécate se ha hecho popular en las religiones neopaganas de inspiración feminista y la wicca gracias, en gran parte, a su asociación como diosa de las brujas.[118]