Calfucurá
cacique mapuche del siglo XIX
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Juan Calfucurá o Callvucurá (del mapudungun Kallfükura, «piedra azul»: de kallfü, «azul», y kura, «piedra»; Araucanía, actual Chile, h. siglo XVIII-Salinas Grandes, La Pampa, Argentina, 3 de junio de 1873) fue un cacique o lonco mapuche nacido al oeste de la cordillera de los Andes, cuya actividad militar y política se desarrolló principalmente en la actual Argentina, entre los pueblos indígenas de la región pampeana y de la Patagonia oriental.
entre Pitrufquén y el lago Colico,[1] zona de la Araucanía (actual Chile)
| Juan Calfucurá | ||
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Representación artística de Juan Calfucurá. | ||
| Información personal | ||
| Nombre nativo | Kallfükura | |
| Otros nombres | Callvucurá | |
| Nacimiento |
h. 1778 entre Pitrufquén y el lago Colico,[1] zona de la Araucanía (actual Chile) | |
| Fallecimiento |
3 de junio de 1873 Salinas Grandes (hoy Macachín, provincia de La Pampa, Argentina) o Laguna de Chilli-hué (La Pampa) | |
| Etnia | Mapuche | |
| Religión | Religión mapuche | |
| Familia | ||
| Padres | Huentecurá | |
| Hijos |
Manuel Namuncurá Alvarito Reumay | |
| Familiares |
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| Información profesional | ||
| Ocupación | Lonco y guerrero | |
| Cargos ocupados | Cacique | |
| Lealtad |
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| Título | Cacique o lonco | |
| Predecesor | Huentecurá | |
| Sucesor | Manuel Namuncurá | |
Hacia 1830 cruzó los Andes y se instaló en las Salinas Grandes, un punto estratégico por sus yacimientos de sal y por confluir allí varias «rastrilladas» o rutas comerciales indígenas. Tras la matanza de los caciques borogas en Masallé (1834), encabezó durante casi cuatro décadas el cacicato de Salinas Grandes, núcleo de la llamada Confederación de las Salinas Grandes, que sostuvo mediante una red de alianzas, la redistribución de bienes y una intensa actividad diplomática con los gobiernos criollos. Aliado del gobernador Juan Manuel de Rosas, quien le concedió el grado de coronel, tras la caída de Rosas en 1852 alternó tratados de paz con grandes malones sobre la frontera bonaerense, lo que le valió los apodos de «Emperador de las Pampas» y «Napoleón del desierto».
Murió en 1873 y fue sucedido por su hijo Manuel Namuncurá. Durante la Conquista del Desierto su tumba fue profanada y su cráneo trasladado al Museo de La Plata, donde aún se conserva; desde 2001 diversas comunidades indígenas reclaman su restitución.
Biografía
Origen familiar y primeros años
Según la tradición, Calfucurá nació al oeste de los Andes en Llaima, en el Ngulu Mapu;[2] sin embargo, otra versión sitúa su nacimiento entre Pitrufquén y el lago Colico, también en el actual territorio chileno.[1] Posiblemente entre 1760[3] y 1780.[4] E incluso en una fecha tan tardía como 1790.[5] Sería por tanto un moluche (nguluche, «occidental») desde el punto de vista de los mapuches asentados al este de los Andes, posiblemente huilliche[2] o pehuenche con algo de sangre huilliche,[6] ya que al llegar a las pampas iba acompañado precisamente de jinetes de esos grupos étnicos.[7] Según autores como Rodolfo Casamiquela, Calfucurá era de estirpe pehuenche.
Era hijo del cacique Huentecurá (piedra de arriba), nacido hacia 1730, uno de los jefes que había ayudado a José de San Martín en su cruce de los Andes.[3] Tenía por hermanos a Antonio Namuncurá (pie de piedra),[2] padre del cacique Manuel Lefiñancú,[8] y al poderoso toqui Reuquecurá o Renquecurá (piedra que hace dos, lava de volcán),[9] que vivió entre 1800 y 1887,[10] líder de numerosas tribus pehuenches, y que podía poner en pie de guerra más de 2500 hombres.[11]
Cacique general de la Pampa
Hacia 1830 Calfucurá cruzó los Andes y se radicó en la gran llanura pampeana, llamado por los borogas que, habiendo incumplido los acuerdos que tenían con la Provincia de Buenos Aires, recibían constantes reclamos y amenazas por parte del gobernador Juan Manuel de Rosas.

Estos caciques, especialmente Rondeao y Melín, y tal vez otros como Cañiuquir, Cañuillán y otros, pidieron la protección de Calfucurá. Pero cuando este cruzó los Andes, aquellos habían parlamentado y acordado la paz con Rosas e impidieron que Calfucurá pasara a malonear sobre la provincia, lo que, según la tradición, Calfucurá consideró una traición. La ruptura se agravó cuando trascendió que habían ejecutado en Tandil al cacique Toriano, muy estimado por Calfucurá, quien dirigió la venganza contra Rondeao y Melín y, el 9 de septiembre de 1834, efectuó la matanza de Masallé sobre los borogas, matando a ambos caciques en sus propios toldos en el paraje homónimo.
Otra versión sostiene que fue el propio Rosas quien mandó llamar a Calfucurá, mediante el cacique Coñuepán, para eliminar a los borogas que estaban incumpliendo los tratados. Tras dar muerte a los caciques borogas, Calfucurá notificó a los demás caciques de la región que, por voluntad del dios Guenechén, se había erigido en jefe supremo del gobierno de las Salinas Grandes (o cacique general de la Pampa). El ataque, ejecutado por sorpresa, le permitió descabezar a los borogas y hacerse con el mando de la región.
Entre los pueblos que habitaban la Pampa y la Patagonia no existía una unidad política estable, sino un estado de paz armada entre las tribus que se quebraba al menor indicio de desconfianza, lo que provocaba frecuentes guerras intertribales. La venganza de Calfucurá contra los borogas permitió a Rosas ahondar la brecha entre los indígenas de distintas tribus, presentando a Calfucurá como el gran enemigo de los borogas y del gobierno, y alentando a aquel pueblo a unirse contra él. Los borogas reaccionaron auxiliados por tropas de la Fortaleza Protectora Argentina y por sus auxiliares indígenas encabezados por Venancio Coñoepán, que obligaron a Calfucurá a huir por el camino de Chalileo.
La imagen tradicional de una «Confederación Indígena» poderosa y estable, difundida por Estanislao Zeballos a fines del siglo XIX, ha sido matizada por la historiografía posterior. Las historiadoras Ingrid de Jong y Silvia Ratto sostienen que ese liderazgo estuvo condicionado por el carácter de la organización política indígena y fue menos unificado y permanente de lo que suele afirmarse.[12]
Calfucurá formó a partir de 1835 una confederación con base en Chillué o Chilihué («Nueva Chile», según Estanislao Zeballos,[13] traducción puesta en duda por Magrassi[14]) en las Salinas Grandes. En 1837 derrotó y mató con mil lanzas al cacique mapuche boroga Railef, procedente de la Araucanía, junto a 500 de sus guerreros, en el lugar llamado Quentuco, sobre el río Colorado, después de que este hubiera realizado un malón con 2000 indígenas sobre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe y regresaba a la Araucanía con 100 000 cabezas de ganado.[15]
Calfucurá dominó un extenso territorio que abarcaba la mayor parte de la provincia de Buenos Aires, San Luis y el sur de Mendoza, así como las actuales provincias de Neuquén, Río Negro y La Pampa,[16] y recibió el apodo de «Emperador de las Pampas».[17][18] Por su control de las Salinas Grandes del Sur tenía en su poder un punto estratégico de las «rastrilladas» —las rutas comerciales mapuches en las pampas— y el dominio de la sal, sustancia fundamental en esa época para la conservación de la carne.
La buena relación de Rosas con Calfucurá recién se dio después de 1841, cuando el cacique se convenció de la imposibilidad de imponerse sobre el gobierno bonaerense. Hasta ese momento, Calfucurá había sido uno de los más firmes enemigos de Rosas, como lo fueron los caciques ranqueles Yanquetruz y Painé y otros de origen pehuenche y huilliche.
Rosas le otorgó entonces a Calfucurá el grado de coronel del ejército de la Provincia de Buenos Aires y entró en alianza con él, como ya la tenía con muchos borogas, tehuelches septentrionales y meridionales y huilliches, firmando un pacto por el que debía recibir anualmente 1500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco. Estas mercancías eran redistribuidas por el cacique entre sus aliados, en particular entre sus pares llegados del oeste de la cordillera, que le cubrían las espaldas ante un posible ataque de rivales.
Luego de pactar la paz con Buenos Aires, durante la década de 1840 Calfucurá consolidó su dominio sobre la región pampeana, se alió con los ranqueles de Painé y con los manzaneros de Valentín Sayhueque, quien hizo la paz con Casimiro Biguá, cacique principal de los tehuelches, lo que también dio a Calfucurá el dominio sobre el norte de la Patagonia.[19] Además, estableció una alianza con los wenteches (arribanos) de la Araucanía del cacique Quilapán[20] y, por medio de estos, con los pehuenches de Purrán, que controlaban los pasos cordilleranos.[21] Estas alianzas le permitieron enfrentar durante muchos años y con bastante éxito a los ejércitos chileno y argentino y a sus rivales indígenas: los nagches o abajinos de Colipí y Coñoepán en la Araucanía, y Catriel —aliado suyo durante mucho tiempo, como en la Batalla de Sierra Chica— e Ignacio Coliqueo en la pampa.[22]
Caída de Juan Manuel de Rosas
Calfucurá envió guerreros para que combatieran en las filas de Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, que culminó con la caída de Rosas y el ascenso del gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza. Al día siguiente atacó Bahía Blanca con 5000 guerreros[23] y robó 65 000 cabezas de ganado.[24] A partir de la caída de Rosas hizo la guerra al gobierno establecido en la Argentina, aunque con largos períodos de paz entre sus ataques.
Tras el derrocamiento de Rosas, la paz alcanzada hasta entonces con la mayoría de las tribus, y en especial con Calfucurá, se quebró, y el cacique, que había mantenido la paz con los «huincas», retomó la guerra de malones.
Para congraciarse con Urquiza, Calfucurá envió en 1854 a Paraná —capital de la Confederación Argentina— a su hijo Manuel Namuncurá, quien se convirtió al catolicismo. En busca de una alianza con Urquiza, arrasó con 5000 guerreros la ciudad de Azul el 13 de febrero de 1855, causando la muerte de 300 personas, llevándose 150 cautivas y 60 000 cabezas de ganado. Fue perseguido por Bartolomé Mitre, sobre quien Calfucurá obtuvo la victoria en la Batalla de Sierra Chica (cerca de Olavarría), lo que le valió el mote de «Napoleón del desierto». En septiembre de 1855 derrotó y mató al comandante Nicanor Otamendi junto a 125 de sus soldados en la estancia de San Antonio de Iraola y después saqueó el pueblo de Puntas de Arroyo Tapalqué. Mitre organizó entonces el Ejército de Operaciones del Sur, con 3000 soldados y 12 piezas de artillería al mando del general Manuel Hornos.[25]
El 29 de octubre de 1855 Calfucurá derrotó a Hornos en San Jacinto, entre las sierras de San Jacinto y el arroyo Tapalqué, muriendo del lado gubernamental 18 oficiales y 250 soldados. Luego de esta victoria las fuerzas de Calfucurá atacaron los pueblos de Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Cruz de Guerra, Junín, Melincué, Olavarría, Alvear, Bragado y Bahía Blanca. Estos malones provocaron gran temor en toda la frontera y la necesidad de encarar una solución para el «problema del indio».[26]
El ejército de Calfucurá en 1856 era estimado en 6000 guerreros: 1500 ranqueles, 2000 «pampas», 1000 «chilenos» (seguidores de él mismo y de los caciques Cañumil, Quentriel y demás), 800 araucanos traídos desde el otro lado de los Andes y 700 pehuenches, muestra del control del lonco sobre un territorio amplio y variado.[27] Calfucurá jamás recibió el apoyo material de su principal aliado, Valentín Sayhueque, quien se negó a participar de los malones realizados por los otros caciques.[28] En buena medida esto se debió a los esfuerzos de la diplomacia porteña por evitar que las numerosas huestes de manzaneros apoyaran a los pampas en su esfuerzo bélico.[29]
Un nuevo gran malón se realizó en junio de 1870, cuando Calfucurá atacó con entre 3500 y 6000 lanceros Tres Arroyos y la arrasó. Luego, en octubre, hizo lo mismo en Bahía Blanca, matando a medio centenar de criollos, secuestrando numerosas cautivas y capturando 80 000 cabezas de ganado.[30] Solicitó el apoyo de los tehuelches para atacar también Carmen de Patagones, pero estos, entendiendo que el objetivo era hacerles perder el último centro de comercio que les quedaba con los «cristianos», no solo no lo apoyaron, sino que le hicieron saber que la defenderían, por lo que la ciudad se libró del ataque.[31][32]
En marzo de 1872, tras el ataque a las tolderías de los caciques tehuelches Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir por el coronel Francisco de Elías, comandante de la frontera sur con quien había firmado un acuerdo de paz en 1870, Calfucurá entró en Veinticinco de Mayo y se llevó a todos los indígenas que se habían rendido al gobierno, por lo que el presidente Domingo Faustino Sarmiento ordenó atacarlo. Calfucurá declaró formalmente la guerra a Sarmiento y saqueó las ciudades de Veinticinco de Mayo, Alvear y Nueve de Julio con 8000 lanzas, con un resultado de 300 civiles muertos, 500 cautivos y entre 150 000 y 200 000 cabezas de ganado robadas,[33] pero el 11 de marzo de 1872 fue derrotado en la batalla de San Carlos de Bolívar, en el actual partido bonaerense de Bolívar, por el general Rivas y los guerreros del cacique Catriel.[30]
Fallecimiento
Calfucurá murió el 3 de junio de 1873, sucedido por su hijo Manuel Namuncurá, aunque estuvo a punto de producirse una guerra civil dentro de su tribu por la sucesión. Manuel tuvo que enfrentar a su hermano primogénito, considerado el legítimo heredero, José Millaquecurá (piedra que es parecida al oro), y a otro hermano, Bernardo Namuncurá, este último apoyado por sus parientes, los caciques Carupancurá (piedra verde del revés o de la espalda), Melicurá (cuatro piedras) y Carumanqueucurá (piedra del cóndor verde), y por su hermano mayor, José Morales Catricurá (piedra partida, dividida).
Manuel era apoyado por su hermano menor, Álvaro Reumaycurá (duro como piedra), también llamado Albarito o Alvarito Rumay, que durante el gran parlamento realizado para decidir quién sería el nuevo jefe se mantuvo cerca con centenares de lanzas. Por esto se organizó un triunvirato formado por Manuel, Bernardo y Álvaro, aunque para 1875 el primero había desplazado a los otros dos y era el líder único de la tribu. Catricurá se sometió a su hermano posteriormente, mientras que Millaquecurá murió en combate en 1879.
Hacia finales de 1878, durante la Conquista del Desierto, su tumba fue profanada por soldados al mando del teniente coronel Nicolás Levalle.[34] Su cráneo fue entregado por Estanislao Zeballos a Francisco Pascasio Moreno, fundador del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, donde aún se conserva.[35]
Su nieto, Ceferino Namuncurá, que murió en Roma en 1905 cuando estudiaba para sacerdote católico salesiano, fue proclamado beato el 11 de noviembre de 2007.
Economía y sociedad del cacicato
Las Salinas Grandes eran el centro económico y político del cacicato. Además de abastecer de sal —imprescindible para los saladeros del Río de la Plata, donde se producía el tasajo o carne salada—, en el lugar confluían varias «rastrilladas», los caminos por los que circulaba el comercio indígena de la pampa.[36]
La principal actividad económica era el comercio de ganado: buena parte de los animales capturados en los malones sobre la frontera se conducía por esas rutas a través de la cordillera de los Andes hasta los mercados del sur de Chile, en especial la región de Valdivia.[37] El historiador José Bengoa caracteriza a la sociedad de Salinas Grandes como una sociedad ganadera de fuerte orientación mercantil, cada vez más rica y compleja.[37] Distintos autores la describen como un centro de poder «rico en ganado, platería y textiles», desde el que Calfucurá controlaba buena parte de los circuitos comerciales que vinculaban a las sociedades indígenas con las criollas.[36] El historiador Sebastián Alioto ha estudiado además la cría de yeguas y el cultivo de chacras que se practicaban en el cacicato.[38]
El campamento de Salinas Grandes, que su jefe llamó Llailma-mapú («tierra del volcán y el río»), funcionaba como el centro político, económico y poblacional de la región y reunía a varios miles de personas.[39] Entre sus habitantes había numerosos cautivos tomados en los malones. El viajero francés Auguste Guinnard, que estuvo cautivo durante años en las pampas, destacó la protección que Calfucurá dispensaba a los prisioneros; según algunos relatos, ya moribundo advirtió a los cautivos de sus tolderías que huyeran antes de su muerte.[40]
Diplomacia y correspondencia
La historiografía reciente ha destacado el papel de Calfucurá como diplomático, capaz de negociar «de igual a igual» con los principales dirigentes de la política argentina del siglo XIX: Rosas, Urquiza, Mitre, Sarmiento y Alsina.[41]
Durante casi cuatro décadas mantuvo correspondencia con comandantes de frontera, jefes militares, gobernadores y presidentes. Se conservan 127 de sus cartas, escritas entre 1854 y 1873 y reunidas por el investigador Omar Lobos.[42] Como Calfucurá y sus hijos mayores entendían el español y sabían leer, controlaban que lo escrito por sus secretarios y lenguaraces (intérpretes) —muchas veces cautivos— reflejara lo que querían decir.[42]
Un ejemplo de esa actividad es la carta que en septiembre de 1868 dirigió al coronel Álvaro Barros, fundador de Olavarría, para rechazar la instalación de un fuerte del Ejército en Choele Choel, sobre el río Negro: advirtió que, de no retirarse las tropas, su pueblo lucharía por recuperar ese territorio. Algunos investigadores consideran que esa ocupación fue uno de los detonantes de los grandes malones de 1871 y 1872.[43]
La instalación del fuerte en Choele Choel tenía también un objetivo estratégico: el gobierno argentino buscaba cortar una de las principales rutas utilizadas para trasladar el ganado robado hacia la cordillera y los mercados chilenos. El fuerte funcionaba así como un punto de bloqueo que dificultaba la retirada de las partidas indígenas y el traslado del ganado y las cautivas hacia territorio bajo control indígena y posteriormente hacia Chile.[cita requerida]
Restitución de sus restos
La Ley 25.517, de fines de 2001, establece que «los restos mortales de aborígenes, cualquiera fuera su característica étnica, que formen parte de museos y/o colecciones públicas o privadas, deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que los reclamen».[44] El primer reclamo por el cráneo de Calfucurá data de 2001, pero el expediente se abrió en 2015 ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), a partir de un pedido del lonco Luis Namuncurá, de la comunidad Namuncurá de Neuquén y descendiente directo del cacique. Con el tiempo se sumaron otras comunidades de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén —cinco reclamantes en total—, que fundamentaron el pedido tanto en la línea sanguínea como en el criterio territorial: el regreso de los restos al Valle de Chillhué, donde había sido sepultado.[35]
En 2019 las comunidades preveían que el cráneo fuera restituido el 3 de junio de ese año, al cumplirse 146 años de la muerte de Calfucurá, por la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP.[45] El acto fue pospuesto a causa de la pandemia de COVID-19.[46] El caso se inscribe en un conjunto de reclamos de restos humanos indígenas conservados en el Museo de La Plata.[47]
Según el acta acordada en Santa Rosa por las comunidades reclamantes, los restos serían entregados a sus descendientes directos —las comunidades Juan Calfucurá y Lof Namuncurá— en una ceremonia mapuche, para su posterior inhumación en la zona de la laguna de Chillhué (La Pampa) conforme al protocolo del Eluwvn (ceremonia de sepultura de un lonco). En paralelo, las organizaciones impulsaron la creación de una «Ruta del Toki», con hitos en los sitios asociados a la figura de Calfucurá.[48]
Leyendas
En torno a la figura de Calfucurá se tejieron numerosas leyendas, incluso mientras vivía. Se decía, por ejemplo, que tenía dos corazones o que tenía a su servicio a un witranallwe (jinete fantasmal) que lo ayudaba en las batallas. Según creían sus seguidores, cuando Calfucurá era niño recibió una pequeña piedra cherüwfe (meteorito) de color azul de manos de un huecufu (espíritu maligno), que lo hacía invencible.
Memoria e historiografía
La imagen histórica de Calfucurá fue moldeada en buena medida por Estanislao Zeballos, que le dedicó la novela histórica Callvucurá y la dinastía de los Piedra (1884), basada en manuscritos del propio archivo del cacicato atribuidos al cautivo Santiago Avendaño.[39] Zeballos afirmó haber hallado esos manuscritos hacia 1879, cerca de la actual General Acha.[49] Aquella versión, que presentaba una «Confederación» poderosa y a un jefe temible, influyó en los biógrafos posteriores; la historiografía académica reciente la ha matizado y ha puesto el acento en su faceta política, comercial y diplomática.[12]
Nacido al oeste de los Andes, Calfucurá es reivindicado también dentro de la historia mapuche del lado chileno.[36] En la Argentina, la reivindicación de su figura comenzó con investigaciones de la Universidad Nacional de La Pampa en la década de 1960 y se reforzó tras la reforma constitucional de 1994.[43] En el centro de Santa Rosa, un mural de trece pisos iniciado por el artista Abel Magnani hacia 1960 y terminado en 1967 lo representa en la fachada de un hotel que lleva su nombre; en 2003 fue declarado bien de interés provincial.[43] Su vida fue llevada al documental La era de los caciques (2015), de Canal Encuentro,[50] y en 2023, al cumplirse 150 años de su muerte, se le dedicó un ciclo de canciones con letras de Omar Lobos y música de Franco Luciani, estrenado en Radio Nacional Argentina.[43]