Karl Mannheim
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Budapest (Imperio austrohúngaro)
Londres (Reino Unido)
| Karl Mannheim | ||
|---|---|---|
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
27 de marzo de 1893 Budapest (Imperio austrohúngaro) | |
| Fallecimiento |
9 de enero de 1947 (53 años) Londres (Reino Unido) | |
| Sepultura | Crematorio de Golders Green | |
| Nacionalidad | Alemana, británica y húngara | |
| Lengua materna | Húngaro | |
| Familia | ||
| Cónyuge | Juliska Mannheim (1921-1947) | |
| Educación | ||
| Educado en |
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| Alumno de | ||
| Información profesional | ||
| Ocupación | Sociólogo, profesor universitario y escritor | |
| Área | Filosofía | |
| Empleador |
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| Estudiantes | Norbert Elias | |
Karl Mannheim (Budapest, Hungría, 27 de marzo de 1893 - Londres, Reino Unido, 9 de enero de 1947), fue un sociólogo de origen húngaro.
Estudió en las Universidades de Budapest, Berlín, París y Friburgo. Entre 1920 y 1933 fue profesor en Alemania, fundamentalmente en la Universidad de Fráncfort, pero tras la llegada del nazismo decidió salir de Alemania y desde 1934 hasta la fecha de su muerte desarrolló su labor docente en Inglaterra. Muy influenciado por el pensamiento de Karl Marx, y contemporáneo de Georg Lukács, fue uno de los sociólogos considerados por Raymond Aron en su ensayo "Sociología alemana contemporánea" (1935). Es una personalidad de gran relevancia en el debate acerca de la sociología del conocimiento, muy candente en Alemania en los años 20. Mannheim otorgaba mayor valor a las creencias subjetivas que a los hechos comprobables.[1]
Una de las obras más importantes de Mannheim fue Diagnóstico de nuestro tiempo.
Mannheim es conocido por su libro Ideología y utopía (1929),[2] en el que distingue entre ideologías parciales y totales, esta última representa visiones del mundo integrales distintivas de grupos sociales particulares, y también entre ideologías que brindan un apoyo obsoleto a los arreglos sociales existentes. y utopías, que miran hacia el futuro y amenazan con transformar una sociedad.[1]
El autor estima que su época es la de la transición del laissez-faire a una sociedad planificada. La sociedad planificada futura puede tener dos formas distintas: la dominación de una minoría mediante una dictadura o un nuevo tipo de gobierno democrático. Según el autor el valor de un diagnóstico consiste en la finura del análisis de los factores que parecen determinar el curso de los acontecimientos.
Los cambios fundamentales que se dan en su época pueden imputarse a la irrupción de la sociedad de masas. Dice que el gobierno de las masas requiere una serie de invenciones y mejoras en el campo de las técnicas sociales, económicas y políticas. Entiende por técnicas sociales el conjunto de los métodos que tratan de influir la conducta humana y que en las manos del gobierno operan como un medio de control social.
Observemos cómo una nueva técnica militar permite una concentración de poder en manos de una minoría mayor de la que fue posible con la técnica de un período anterior cualquiera. Si los ejércitos de los siglos XVIII y XIX estuvieron equipados con rifles y cañones, nuestros ejércitos disponen de bombas, aviones y unidades mecanizadas. Un hombre con un rifle únicamente amenaza a poca gente, pero un hombre con una bomba puede amenazar a miles de individuos. Esto significa que en nuestra época el cambio en las técnicas militares contribuye en gran manera a aumentar las posibilidades de una dominación minoritaria.
Idéntica concentración ha tenido lugar en el campo del gobierno y la administración. El teléfono, el telégrafo, la radio, el ferrocarril, el automóvil y la dirección científica de una organización en gran escala facilitan la centralización del gobierno y el control.
Considera que una concentración similar puede observarse en los medios de comunicación (medios de formación de la opinión pública). Si sumamos a esto la posibilidad de controlar desde un centro único todo el sistema educativo, podemos percibir cómo el tránsito de gobiernos democráticos a sistemas totalitarios se debió no tanto a un cambio en las ideas de los hombres como a la transformación en las técnicas sociales.
Mannheim las llama técnicas porque no son en sí mismas buenas ni malas; todo depende del uso que de ellas haga la voluntad humana. Lo más importante acerca de esas técnicas es que tienden a fomentar la centralización y, por lo tanto, la dominación minoritaria.
Allí donde se pueda disponer de técnicas industriales en gran escala y de un aparato burocrático jerarquizado para la producción y distribución de bienes y para la dirección de los asuntos humanos, las decisiones fundamentales pueden tomarse desde determinadas posiciones clave. Este establecimiento gradual de posiciones clave dentro de la sociedad moderna ha hecho inevitable la planificación. Mannheim dice que esta planificación debe hacerse sobre una base democrática (planificación democrática o planificación para la libertad).
Propugna también que debe realizarse la exigencia de la justicia social si deseamos garantizar el funcionamiento del nuevo orden de la sociedad. Este movimiento hacia una mayor justicia puede realizarse con los medios de reforma ya existentes: impuestos, control de inversiones, obras públicas.
Defiende el reformismo en lugar de la revolución: el primero tiene la ventaja de que permite la incorporación de las elites liberales.
Dice más adelante que nuestra democracia tiene que transformarse en una democracia militante: una democracia caracterizada por aquellos valores básicos (fraternidad, ayuda mutua, decencia, libertad, justicia) que son los fundamentos del funcionamiento de un orden social. Debe dejar de lado el relativismo del laissez-faire y buscar un consenso sobre esos principios.
La transición a un estadio superior de civilización requiere de la cooperación y el acuerdo de grupos y partidos respecto a estas cuestiones básicas.
