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Kawakibi

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Nombre en árabe عبد الرحمن الكواكبي Ver y modificar los datos en Wikidata
Apodo أبو الضعفاء Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 9 de julio de 1855, 8 de julio de 1855 o 1849 Ver y modificar los datos en Wikidata
Alepo (Imperio otomano) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 14 de junio de 1902 o 22 de junio de 1902 Ver y modificar los datos en Wikidata
El Cairo (Jedivato de Egipto) Ver y modificar los datos en Wikidata
Kawakibi
Información personal
Nombre en árabe عبد الرحمن الكواكبي Ver y modificar los datos en Wikidata
Apodo أبو الضعفاء Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 9 de julio de 1855, 8 de julio de 1855 o 1849 Ver y modificar los datos en Wikidata
Alepo (Imperio otomano) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 14 de junio de 1902 o 22 de junio de 1902 Ver y modificar los datos en Wikidata
El Cairo (Jedivato de Egipto) Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Islam Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Árabe Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Teólogo, filósofo, escritor, político, journal editor, periodista y journal editor Ver y modificar los datos en Wikidata
Área Filosofía Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador
  • Al-Furāt
  • Al-Shahbāʾ Ver y modificar los datos en Wikidata

Abd al-Rahman al-Kawakibi (en árabe:عبد الرحمن الكواكبي) fue un intelectual y editor sirio de finales del siglo XIX. Es considerado como uno de los precursores del panarabismo y fue uno de los reformistas islámicos más influyentes de las provincias árabes del Imperio Otomano. Este grupo de intelectuales contribuyó a la emergencia del "Despertar árabe" (al-Nahda) y asentó las bases del Salafismo modernista. Al-Kawakibi articula sus ideas en dos obras fundamentales, Tabai al-Istibdad wa Masasi al-Isti'bad ("La naturaleza del despotismo y la lucha contra el servilismo"), una crítica contra la tiranía del Imperio Otomano, y Umm al-Qura ("La madre de las ciudades"), donde sugiere la resurgencia del panislamismo. Su defensa por los méritos de los árabes en el apéndice de su obra Umm al-Qura hizo que fuera considerado un pionero del nacionalismo árabe.

Tras recorrer la India, Zanzíbar, la Península Arábiga y el norte de África murió envenenado en el café Estambul de El Cairo en el año 1902, en presencia de su amigo Muhammad Rashid Rida.[1]

Juventud y formación

Al-Kawakibi nació el 8 de julio de 1855[2] en el seno de una familia de notables académicos y dignatarios de Alepo. Desde su infancia, recibió una formación religiosa, tanto en su círculo familiar, como en la escuela coránica de Alepo donde memorizó algunas partes del Corán y estudió gramática árabe, turco y persa. Cuando acabó sus estudios en la escuela coránica, fue enviado a una escuela privada en Antioquia para recibir las enseñanzas de prestigiosos académicos como Abbas II Hilmi, el último jedive de Egipto.[3]

Un año más tarde, al-Kawakibi se incorporó a la Escuela Kawakibi (al-Madrasa al-Kawakibiyya), fundada por sus ancestros y administrada por su padre, donde siguió una formación de ciencias árabes e islámicas. Además, recibía una instrucción privada en persa, turco y otras materias de ciencias sociales y ciencias naturales que le ayudaron a desarrollar un especial interés en las matemáticas, la historia y la política.[4] Su inclinación por la política y su conocimiento en lenguas le permitió acceder a la prensa que circulaba desde Estambul y Beirut a partir de la cual inspiró sus ideas patrióticas y constitucionales, en particular de los artículos de los Jóvenes Otomanos para editar periódicos en los años posteriores.[4]

Kawakibi se casó cuando tenía 20 años con Fátima, hija del sheij Muhammad Ali al-Kahel, y tuvieron cinco hijos. Rashid Rida describía a al-Kawakibi como un gran autodidacta y conocedor del fiqh.[5] Y otros autores coetáneos a al-Kawakibi como Georges Antonius alababan sus virtudes y le apodaban "Abu al-du'afa" (Padre de los débiles)[6]

Edición de periódicos

El interés que mostraba Abd al-Rahman al-Kawakibi en asuntos contemporáneos y su dominio en el turco le aseguraron, en 1975, un puesto en la administración otomana como editor y traductor del periódico oficial de Alepo, el-Furat (Éufrates). El-Furat había sido fundado en 1968 por el intelectual Cevdet Pasha que, como otros reformadores de la época, consideraba el periódico como un vehículo de transmisión de ideas y noticias. En 1977, mientras trabajaba en el-Furat, al-Kawakibi se convirtió en editor y escritor del primer periódico privado en Alepo, el-Shahba, que aparecía como un nuevo periódico de opinión política en medio de la efervescencia periodística de al-Nahda en  Siria.[7] Los artículos de al-Kawakibi en el-Shahba se inspiraban de los movimientos de reforma como los Jóvenes Otomanos y presentaban una crítica radical contra el gobierno del Imperio Otomano, en particular, contra el gobernador de Alepo. En 1979, el Consejo provincial suspendió el periódico, y la editorial cerró definitivamente.

Con la llegada del nuevo gobernador, Ghalib Pasha, al-Kawakibi renovó su iniciativa periodística con un nuevo periódico, al-I'tidal (Moderación), con la que continuó la misma línea crítica radical que el-Shahba y, al igual que este periódico, fue suspendido por su tendencia patriótica y sus ataques a los déspotas de su época.[8]

Su implicación como editor dividió su trayectoria: por una parte, comenzó a ostentar altos cargos en la administración de Alepo durante las reformas de la Tanzimat (1839-1876); por otra parte, era el responsable de varias iniciativas civiles de defensa de la población árabe frente al gobierno otomano.[9]

Un exilio a Egipto

Tras su polémica actividad periodística, ocupó varios puestos gubernamentales y administrativos en la Siria del Imperio Otomano. Sin embargo, su actividad política aumentó y decidió abrir una Oficina de Leyes independiente en Alepo, donde recibía varias personas cada día para resolver sus problemas financieros y defender sus derechos como ciudadanos.[10]

A pesar de ocupar numerosos puestos en la administración otomana, las autoridades continuaron persiguiendo a al-Kawakibi por su compromiso político y por no ceder sus críticas por escrito contra el gobierno.[11] Para huir de la censura y las persecuciones, el autor decide partir a Egipto en 1898. Egipto había ganado autonomía del Imperio Otomano a lo largo del siglo XIX y se había convertido, desde 1880, en un centro político y cultural bajo la colonia británica. Al igual que al-Kawakibi, multitud de activistas y reformistas político-religiosos de Líbano y Siria llegaron a Egipto para poder desarrollar libremente sus proyectos e iniciativas reformistas.[12]

Encuentro con el reformismo islámico

La reforma islámica en Egipto estuvo representada por tres precursores del reformismo del siglo XIX, Jamal al-Din al-Afghani, Muhammed Abduh y Rashid Rida, que influyeron el pensamiento de al-Kawakibi. El reformismo islámico de al Kawakibi estaba motivado por las realidades políticas y socioeconómicas de finales del siglo XIX, particularmente de Alepo, y por los movimientos nacionalistas árabes que se desarrollaban libremente en la escena egipcia.[13]

Su exilio en Egipto se caracterizó por su integración en la escena intelectual egipcia y, en particular, por su amistad con Rashid Rida, con quien compartía ideas tanto de islamismo y panarabismo como de interpretaciones coránicas.  

Aunque al-Kawakibi rechazaba una imitación de Occidente y de sus valores, el autor también estuvo influido por ideas y pensamientos provenientes de Europa. Algunos autores que contribuuyeron en el desarrollo de su percepción política fueron  Montesquieu, Vittorino Alfieri y Wilfrid Scawfen.[14]

Pensamiento

Un panislamismo exclusivamente árabe

Las ideas de al-Kawakibi expresan un esfuerzo por formular un proyecto de renacimiento sustentado en la convicción de que el panislamismo y el panarabismo podían articularse de manera compatible dentro de un contexto histórico que aún parecía permitir esa síntesis. En este planteamiento, el arabismo se concibe como parte de una unidad islámica superior. Ello se traduce en la afirmación de la primacía de los árabes dentro de la al-Umma al-Islamiyya (nación islámica), evidente en su apoyo a la idea de un califato bajo liderazgo árabe. En consecuencia, su nacionalismo no se dirige contra el Imperio otomano en sí mismo, sino específicamente contra la hegemonía turca dentro de él.[15]

 Al-Kawakibi, influido por el movimiento reformista, salafiyya, de Al-Afghani, Abduh y Rida, defiende que un "retorno a los orígenes del islam significa una revivificación del islam para los árabes; el Corán y la Sunna deben ser únicamente comprendidos en lengua árabe porque el árabe es la lengua del  Corán"[16]

Su premisa de que "los árabes son los mejores musulmanes" estaba marcada por la experiencia personal del autor en su ciudad de origen, Alepo, donde el Imperio Otomano privilegiaba a los no-árabes frente a los árabes. Además consideraba a los árabes de Arabia como mejores árabes porque eran los más cercanos a los musulmanes originales.[16] Proponía también el establecimiento de un Califato árabe en Meca como una reforma del islam y una forma de unificación panarabista.[16]

Despotismo y tiranía

Al-Kawakibi sostiene que el principal factor del estancamiento de la ummah islámica es su propia organización política y administrativa:

"Me quedó claro que el despotismo político era el origen de la enfermedad".

[17]

Esta afirmación debe entenderse a la luz de su experiencia personal; no se trata de la reflexión de un teórico imparcial, sino del resultado de su vivencia directa bajo un régimen arbitrario en Siria durante el dominio otomano.[18]

Una gran parte del pensamiento de este intelectual se orienta hacia una crítica contra el Imperio Otomano y contra las sociedades árabes de su época. En sus obras, Tabai al-istibdad wa Masari al-Isti'bad y Umm al-Qura reflexiona sobre el despotismo y la tiranía influidos por un acaparamiento del poder en exceso por los regímenes de su época. Así lo describe textualmente:[1]

"La opresión es la descripción de un gobierno absoluto, verdaderamente desenfrenado, o un gobierno que interfiere en los asuntos de su pueblo sin vergüenza ni castigo alguno. Es cuando un gobierno no garantiza que sus leyes se apliquen a sí mismo, ni a los ejemplos tradicionales, ni a la voluntad de la nación. Estas son las condiciones de los gobiernos absolutos: cuando un gobierno está sujeto a sus propias leyes, pero controla los medios para invalidarlas según su propio deseo".

[1]

Define el despotismo como:

"Una característica del gobierno que se comporta en los asuntos de sus sujetos tal y como desee, sin temer ser sancionado".

[15]

Para evitar que los déspotas se apoderen del islam, al-Kawakibi propone una renovación del islam y una democracia basada en el Corán para "vivir en justicia e igualdad".[19]

De acuerdo con al-Kawakibi, la tiranía política deriva de una tiranía religiosa. "El islam está construido sobre una libertad política situada entre la aristocracia y la democracia. En el islam original, los líderes religiosos no controlaban a las personas",[19] es por esta razón que el autor que defiende un retorno al islam original. 

Fundamentos islámicos de la democracia

Según al-Kawakibi "el islam se funda sobre las bases de la administración democrática";[19] "Dios es supremo y adorado y nadie más puede someterse y adorar a otra persona que no sea sea Dios".[19] Así, al-Kawakibi presenta la democracia como el sistema político que mejor se adapta a los principios islámicos porque permite establecer el Corán como fuente de legitimidad y es incompatible con el "despotismo y la tiranía". Sostiene, por ejemplo, que la subjetividad del individuo en las llamadas «naciones avanzadas» se construye a partir de diez formas de expresión lingüística, entre las cuales se incluyen:[1]

"Mi religión no es aparente ni invisible", "me define la verdad", "soy libre y muero libre", "soy independiente y no dependo de nadie más que de mi propio intelecto", "soy un ser humano verdadero (؛insan)" y "mi alma y mi utilidad preceden a todo lo demás".

Formula estos criterios al explicar qué entiende por el éxito y la “fortaleza” de Occidente, es decir, por qué considera que las sociedades occidentales son “avanzadas” y qué valores debería adoptar Oriente. Estas ideas aparecen integradas en sus constantes apelaciones a los “orientales”, los “musulmanes”, los “occidentales” y a la “nación” o “patria” (watan). Sin embargo, un aspecto que suele pasar desapercibido en los debates sobre la formación de las subjetividades nacionales y los nacionalismos es que estas se apoyan en la idea de un sujeto individualista: un individuo que nace y muere en libertad, que posee derechos y que no está sometido al arbitrio de quienes detentan el poder. Es a partir de este sujeto que se construye la nación y, mediante su participación activa, se combate la opresión y se alcanzan el progreso y la prosperidad.[1]

Sus fundamentos son la figura de un emir (autoridad), la shura (consulta) a la comunidad islámica, la división de poderes, la nasiha (consejo del Califa), la bay'ah (juramento de lealtad) a un Califa y el ijtihad. (esfuerzo de reflexión del Corán y la Sunna).[19] En un informe consular británico de 1858 en Alepo, la población musulmana del norte de Siria aspiraba a una autonomía con respecto al Imperio Otomano y a la formación de un Estado árabe que estuviera bajo la soberanía de los jerifes de La Meca. En este contexto, al-Kawakibi preconiza que el Califa fuese elegido por un periodo de tres años y que los poderes temporales y los poderes espirituales estuviera separados.[20]

La subjetividad de la nación

La idea de nación en al-Kawakibi se inscribe explícitamente en una ontología política centrada en la subjetividad. Para él, la nación (al-umma) está formada por individuos vinculados entre sí por el linaje, la patria (watan), la lengua o la religión, de manera similar a un edificio compuesto por bloques que, en conjunto, le dan forma y solidez. El progreso o el fracaso de estos individuos repercute directamente en el avance o el deterioro de la sociedad en su conjunto, hasta el punto de que incluso la acción de una sola persona puede influir en la colectividad nacional.[1]

Aunque este concepto de nación puede parecer ambiguo en relación con la umma musulmana o con el Estado otomano, en Umm al-Qura resulta claro que al-Kawakibi opera dentro de la noción decimonónica de la «raza árabe». Si bien utiliza el término al-umma en su sentido clásico de comunidad religiosa islámica, no lo hace desde una perspectiva panislamista ni expresa una identificación nacional con otros musulmanes del Imperio, como los turcos, especialmente la élite gobernante. En cambio, su concepción de la nación está compuesta por individuos árabes cuya acción política y visión del mundo están estrechamente ligadas al destino y al bienestar de su propia nación.[1]

Declive y resurgimiento del islam

A pesar de su sólida formación islámica, al-Kawakibi manifestó una clara admiración por los sistemas políticos y administrativos occidentales, especialmente por la relación que estos establecían entre gobernantes y gobernados. Consideraba que, a diferencia de los regímenes orientales —orientados a la expropiación y al beneficio de las élites—, en Occidente se promovía una concepción colectiva de los bienes al servicio de la comunidad. En este contexto, mostró simpatía por algunas ideas del pensamiento socialista emergente, como la denuncia de las desigualdades generadas por la tiranía y la defensa del reparto de los bienes comunes, postulados que, a su juicio, coincidían en gran medida con los principios de la sharia. De ahí su convicción de que los árabes estaban especialmente familiarizados con una forma de vida basada en valores comunitarios. Asimismo, valoró positivamente el papel de la prensa, la arqueología, la literatura y los himnos como instrumentos para fortalecer la conciencia nacional.[15]

No obstante, criticó a Occidente por haber abandonado la dimensión espiritual del cristianismo y por centrarse exclusivamente en lo material, lo que le llevó a rechazar la aplicación mecánica del modelo europeo al mundo oriental. Para él, las diferencias culturales y espirituales hacían imprescindible un proyecto de renacimiento propio que integrara la religión como elemento fundamental de la construcción nacional.[15]

En este marco, identificó la educación nacional como una herramienta clave para combatir la tiranía y preservar la libertad intelectual. Defendió una educación basada en la religión, pero orientada a la ilustración y al mantenimiento de las tradiciones de la Umma, incorporando disciplinas como la filosofía racional, las ciencias, la retórica y la literatura. Rechazó una enseñanza exclusivamente teológica, por considerar que podía ser instrumentalizada para legitimar la opresión. De manera innovadora para su época, abogó por la inclusión de las mujeres en el sistema educativo, señalando su marginación como una de las causas del declive árabe. Finalmente, propuso adoptar métodos pedagógicos occidentales caracterizados por la claridad y la sencillez, así como la simplificación del árabe y de las ciencias religiosas, con el fin de facilitar el acceso de las masas al conocimiento.[15]

En Umm al-Qura, expone las causas del decline del islam: causas políticas, causas morales y causas derivadas de la política y administración de los otomanos. La obra se basa en una serie de encuentros ficticios entre miembros representantes de los 22 países musulmanes en Meca para dialogar sobre la necesidad de un "despertar del Islam" (al-Sahwa al-islamiyya).[21] Dentro de esta línea de pensamiento, al-Kawakibi considera que el retorno al islam de las primeras generaciones de musulmanes (salaf) es la solución contra el estancamiento y la ignorancia, y por lo tanto, contra la tiranía y despotismo.[22] Al-Kawakibi es uno de los primeros teóricos que emplea el término salafismo en su obra.

Otras causas del declive del islam fueron el uso de la "innovación ilegal" (bid'a), en particular la llegada de elementos místicos, y el uso de la imitación (taqlid), lo cual niega la razón para distinguir lo que es esencial de lo que no. Sin embargo, al-Kawakibi hace hincapié en las causas principales de este declive: el despotismo y la corrupción de líderes que han apoyado una falsa religión y no el verdadero islam.[23]

Obras publicadas

Estilo

Referencias

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