La Siempreviva (obra de teatro)
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| La Siempreviva | ||
|---|---|---|
| de Miguel Torres | ||
| Género | Drama | |
| Subgénero | Drama histórico | |
| Tema(s) | La desaparición forzada y el dolor de una familia durante la toma del Palacio de Justicia en 1985 | |
| Edición original en español bogotano | ||
| Ciudad | Bogotá | |
| País | Colombia | |
| Fecha de publicación | 1994 | |
La Siempreviva es una obra de teatro escrita y dirigida por el dramaturgo colombiano Miguel Torres, estrenada en 1994.[1] La pieza se inspira en los trágicos hechos de la toma y retoma del Palacio de Justicia en Bogotá en noviembre de 1985, y narra la historia íntima de una madre, Lucía, que busca desesperadamente a su hija Julieta tras su desaparición.[2]
La obra ha sido considerada una obra relevante dentro del teatro colombiano, en parte por su enfoque en los hechos relacionados con la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985 y en sus repercusiones sociales.[3] A partir de la historia de una madre que busca a su hija desaparecida, la pieza aborda temas vinculados a la memoria, la justicia y las víctimas de ese periodo.[4] Su presencia constante en la cartelera teatral, incluyendo numerosas funciones y reposiciones en distintas temporadas, ha contribuido a su reconocimiento dentro de la escena teatral contemporánea del país.[5]
La historia se desarrolla principalmente en una casa de inquilinato del barrio La Candelaria, en Bogotá, entre junio de 1985 y noviembre de 1986.[2]
En este espacio conviven varios personajes de origen humilde, cuyas dinámicas diarias incluyen momentos de humor, convivencia e intercambios propios de la vida cotidiana.[6]
La trama central gira en torno a Lucía, una madre viuda, y sus dos hijos: Julieta, una estudiante de Derecho que trabaja en la cafetería del Palacio de Justicia, y su hermano Humberto.
Tras la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, Julieta desaparece. Este hecho altera profundamente la rutina de la casa y afecta la vida de Lucía y de los demás inquilinos.[7]

La desaparición de Julieta desencadena la búsqueda persistente de Lucía, quien se rehúsa a aceptar la muerte de su hija. Su proceso refleja las dificultades asociadas a la ausencia, la incertidumbre y el impacto emocional de la desaparición.[8]
A lo largo de la obra, el tono se transforma: lo que inicia como un relato costumbrista con elementos de comedia deriva gradualmente hacia un drama más complejo, que incorpora recursos simbólicos vinculados a la figura de los desaparecidos.
En su versión original, el dramaturgo Miguel Torres se basó en testimonios y en hechos documentados, entre ellos la desaparición de Cristina del Pilar Guarín Cortés, para construir el personaje de Julieta.[2] La obra utiliza la dinámica familiar y el espacio del inquilinato como una representación del contexto social marcado por la desigualdad y la violencia en Colombia durante ese periodo.[9]
El conflicto de Lucía culmina en su confrontación con la falta de respuestas oficiales y la ausencia definitiva de su hija; su búsqueda adquiere dimensiones tanto narrativas como simbólicas. La obra concluye mostrando cómo la experiencia de la protagonista se vincula con los procesos de memoria y reconocimiento de las víctimas de desaparición en el país.[10]