La balada de Narayama (película de 1958)
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| La balada de Narayama | ||
|---|---|---|
| Título | Narayama-bushi Kō | |
| Ficha técnica | ||
| Dirección | ||
| Producción |
Masaharu Kokaji Ryuzo Otani | |
| Guion | Keisuke Kinoshita | |
| Basada en |
Narayama-bushi kō de Shichirō Fukazawa | |
| Música |
Chūji Kinoshita Matsunosuke Nozawa | |
| Fotografía | Hiroyuki Kusuda | |
| Montaje | Yoshi Sugihara | |
| Protagonistas |
Kinuyo Tanaka Teiji Takahashi Yūko Mochizuki | |
| Ver todos los créditos (IMDb) | ||
| Datos y cifras | ||
| País | Japón | |
| Año | 1958 | |
| Estreno | 1 de junio de 1958[1][2] | |
| Género | Drama | |
| Duración | 98 minutos | |
| Idioma(s) | Japonés | |
| Compañías | ||
| Productora | Shochiku | |
| Distribución | Shochiku | |
| Ficha en IMDb Ficha en FilmAffinity | ||
La balada de Narayama (楢山節考 Narayama-bushi Kō?) es una película dramática histórica japonesa de 1958 escrita y dirigida por Keisuke Kinoshita. Está basada en la novela homónima de 1956 de Shichirō Fukazawa.[1][2][3] La película explora la legendaria práctica del ubasute, en la que se llevaba a ancianos a una montaña y se los abandonaba para que murieran.
En una aldea de alta montaña de Japón, según una antigua costumbre, y debido a la escasez de alimentos, los hombres y mujeres mayores de 70 años deben ser llevados a la espalda de uno de los suyos y abandonados en el monte Narayama. La anciana, Orin, en edad de ser llevada allí, anima a su hijo, Tatsuhei, a realizar esta tarea. La madre está decidida, pero el hijo actúa en contra de su voluntad.
Reparto
- Kinuyo Tanaka como Orin;
- Teiji Takahashi como Tatsuhei;
- Yūko Mochizuki como Tamayan;
- Danko Ichikawa como Kesakichi;
- Keiko Ogasawara como Matsu-yan;
- Seiji Miyaguchi como Matayan;
- Yūnosuke Itō como el hijo de Matayan;
- Ken Mitsuda como Teruyan.
Recepción
La película fue presentada en competición en el 19.º Festival Internacional de Cine de Venecia, donde dividió a la crítica entre quienes la consideraron una obra maestra y quienes la consideraron mediocre.[4]
En una reseña publicada en junio de 1961 en The New York Times, A.H. Weiler la calificó como «una evocación peculiar y colorida del pasado de Japón, que solo resulta impactante ocasionalmente», y añadió que era «una obra estilizada y en ocasiones gráfica, al estilo del teatro kabuki», y «decididamente extraña para el gusto occidental».[5]
Roger Ebert, del Chicago Sun-Times, le otorgó a la película un máximo de cuatro estrellas y la añadió a su lista de Grandes Películas en 2013, convirtiéndose en la última película que añadió a la lista antes de su muerte.[6]