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Lamia (mitología vasca)

ser mitológico vasco From Wikipedia, the free encyclopedia

La lamia o lamina es un ser de la mitología vasca  generalmente representado con apariencia femenina y rasgos híbridos, humanos y animales. Su figura forma parte del imaginario popular de Euskal Herria y aparece vinculada a cursos de agua, simas, cuevas, puentes, montes y otros lugares considerados singulares o liminares. En muchas narraciones se la describe como una mujer hermosa que presenta algún rasgo no humano, como patas de gallina, de cabra, de pato o cola de pez, según la zona y la tradición oral concreta.

Primera aparición Tradición oral vasca
Nombre de nacimiento Lamina
Raza Ser mitológico
Sexo Femenino / Masculino (menos frecuente)
Datos rápidos Primera aparición, Información del universo de ficción ...
Lamia/Lamina
Personaje de Mitología vasca

Escultura de la lamia de Garagartza (Mondragón, Guipúzcoa).
Primera aparición Tradición oral vasca
Información del universo de ficción
Nombre de nacimiento Lamina
Raza Ser mitológico
Sexo Femenino / Masculino (menos frecuente)
Ocupación Figura legendaria
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La diversidad de denominaciones responde tanto a variantes dialectales como a la transmisión oral de los relatos. En castellano, la forma más habitual es lamia, si bien algunas obras recogen también la variante lamina al referirse específicamente a la tradición vasca. Euskaltzaindia recoge el término oficial de lamina[1]. La antropóloga Anuntxi Arana distingue dos tipos: las lamias constructoras y las lamias de las orillas del agua. Como muchos otros genios de la mitología, a veces ayudan a los seres humanos y otras veces les causan daño. En cualquier caso, se dice que mantienen relaciones con la gente, visitándola o apareciéndose ante ella.[2]

Nombre

En los dialectos de euskera, las variantes del nombre son varias: lamina, lamia, lami, lamina, lamie, illamina, llamina, labina, amilamia, lamiña, lamiñaku y eilamia. La forma más documentada es lamina, y esa es la que se ha adoptado para el euskera batúa [1].

Según Barandiaran, en pocas leyendas se utiliza como nombre propio; más que un nombre, sería un término usado en general para describir un tipo de genio. Podría decirse que es un apodo aplicado a un tipo de ser humano de sexo femenino, visto que algunas leyendas de brujas y de otros númenes aparecen mezcladas con las de las lamias.[3]

Podríamos pensar que el nombre fue tomado del latín. Se ha propuesto que ello se debe al éxito del libro De lamiis et phytonicis mulieribus, publicado por Ulrich Molitor en 1489, pero la documentación más antigua de la toponimia de Euskal Herria no encaja con esa teoría, porque el elemento "lamia" aparece ya con anterioridad. En el año 945 puede leerse este texto en el códice de San Millán de la Cogolla: de "illo fonte qui vocatur lamiturri" (P. Luciano Serrano, Cartulario de San Millán de la Cogolla, CSM 36, p. 44. Madrid, 1930).[4] Quizá fue aprendido de los romanos anteriores (aparece en la mitología griega, y en la obra Vida de Apolonio de Tiana, de Filóstrato de Atenas, se cuenta un relato sobre una lamia, y también la describe, entre otros, el dramaturgo Aristófanes)[5] y difundido después por los cristianos (en el Antiguo Testamento aparece como un demonio femenino).

Características

Lamias de las orillas del agua

Estas lamias habitan en pozas de arroyos. Algunas tienen su morada en cuevas, cerca de los pueblos, y no en montañas elevadas.[2] Los seres humanos las ven peinándose el cabello con un peine de oro o, con menos frecuencia, tendiendo y secando su hermoso paño.[2] En muchos lugares tienen patas de pato, de oveja, de gallina o de caballo,[6] pero en el entorno del río Ibaizábal y en la Costa Vasca tienen cola de pez. Son muy hermosas, y fascinan a los hombres hasta causarles la muerte. Similar es amilamia, otro genio o ser legendario. También se las ha descrito como mujeres de un solo ojo.[6]

itxaslamina
Representación de una lamia marina visible en un escudo del valle de Bertizarana

A las lamias de la costa, que de cintura para abajo son pez, también se las llama lamias marinas.

Pueden aparecer solas o en grupo.

Variantes

Aunque comparten rasgos generales, las diferencias recogidas en las investigaciones son notables.

En Bera, Julio Caro Baroja recogió que tenían la piel de color cobrizo.[7] Según recogió Webster en Lapurdi, eran mujeres pequeñas que vivían bajo tierra.[7] Un informante dijo a Jean Barbier que tenían una agilidad similar a la de los monos y el cuerpo cubierto de pelo.[7] En Labort y Baja Navarra se decía que había lamias de ambos sexos, pero en Sola a las femeninas se las llamaba lamina mientras que a los masculinos se los llamaba maide.[7] En Berriz, Azkue recogió que parecían simples cabezas y que en la nuca tenían un mechón del tamaño de una moneda; mientras tanto, en Arratia se decía que las lamias iluminaban con la boca, de modo parecido a los ireltxu o idittu.[7] Solo en Vizcaya se recogió también que, como Tartalo, tenían un solo ojo.[7]

Lamias constructoras

Lamias constructoras con aspecto de hombre haciendo un puente.

Existen lamias canteras o albañiles, pequeños hombres, sobre todo en Sola y Baja Navarra. También las hay con apariencia de hermosas mujeres que se peinan al sol, desde Sola hasta Vizcaya. Hay asimismo seres que reúnen ambas características y otras más: lamias constructoras con figura femenina o grandes transportadoras de piedra, semejantes a los jentiles y a los gigantes lanzadores de piedras. Tampoco está claro en cada zona qué seres concretos son considerados lamias. En Vizcaya existe una tendencia a mezclarlas con las brujas, así como con los familiares, aunque estos tienen forma de mosca. Cuando se pregunta a los informantes cómo las imaginan, la mayoría no lo precisa; quizá no tenga demasiada importancia, o tal vez el mito les haya llegado ya desgastado.[8]

Sexo

El sexo de las lamias varía según las leyendas. En 1876, cuando Cerquand recogió una primera serie de leyendas, en ellas solo figuraban lamias masculinos. Más tarde, Cerquand descubrió otros relatos que mostraban a los lamias viviendo en familia, como maridos y mujeres con sus hijos. No obstante, señaló que el papel de los lamias masculinos es con mucho el más importante y que el de sus esposas queda más desdibujado.[9]

Por su parte, el diccionario vasco-inglés de Gorka Aulestia y Linda White, publicado en 1990, define las lamiak o laminak como «elfos, gnomos, duendes o troles».[10]

En cambio, José Miguel de Barandiarán afirmó que «la mayor parte de las leyendas en las que aparecen precisan que son de sexo femenino». Aunque señalaba que en el País Vasco francés están presentes ambos sexos, algunos autores posteriores no dudan en sostener que, «cuando se les asigna un sexo, los lamias son invariablemente femeninos», o bien que las lamiaks son espíritus exclusivamente femeninos.[11] Por último, el británico Wentworth Webster los incluyó dentro del término genérico inglés fairies, menos restrictivo que el francés fées, ya que se aplica al pueblo feérico (hadas, elfos, duendes, etc.) y puede así designar a un ser indistintamente masculino o femenino.[12]

Hábitat

En cuanto a su lugar de residencia, las lamias viven a menudo en lugares vinculados a aguas corrientes y templadas, y los cristianos las encuentran en las orillas. Estas mujeres, generalmente muy hermosas, suelen aparecer peinando su bello cabello con un peine de oro mientras cantan. Esos cantos tuvieron una difusión muy amplia por todo el mundo. Los relatos legendarios sobre lamias eran conocidos en pueblos y culturas muy diversos.[13]

A menudo viven bajo los puentes, bajo el agua.[14] A veces las lamias viven en cuevas, y pueden raptar a muchachas jóvenes para llevárselas a su cueva y tenerlas allí como sirvientas. El motivo del rapto de muchachas es también muy habitual en otros personajes míticos, ya que también Basajaun, Mari y los jentiles pueden raptarlas.

Escultura de la lamia de Garagartza (Mondragón, Guipúzcoa).
Escultura de una lamia (Michel Duboscq), en Saraleginea, Guetaria. Texto: «Laminak lehen, laminak orai. Laminek dugu bihotza alai. Bihotza alai, begia alai. Laminek dugu bihotza alai.»

Lamia en la mitología griega

En la mitología griega aparece la lamia, un demonio femenino (hermafrodita en un texto) que devoraba niños y seducía a los hombres. Apareció en la literatura en el siglo VI a. C. y se la describe como un ser aterrador. Tiene la parte superior del cuerpo de una mujer, la inferior de una serpiente y un rostro monstruoso.[15]

Algunos relatos dicen que era hija del rey Belo o Belus; según otras versiones, era hija de Poseidón y de Libia (la personificación de la antigua región de Libia). Fue amante del dios Zeus; por ello, la diosa Hera sintió celos y mató a los hijos de la lamia. Además, le quitó la capacidad de cerrar los ojos, para que contemplara eternamente la muerte de sus hijos. Desde entonces mata a los hijos de otras mujeres.

Leyendas

Se dice que las lamias ayudan en sus trabajos a quienes les ofrecen algún regalo; así, algunos puentes son atribuidos a las lamias, como los de Ebrai (Bidarray), Azalain (Andoáin) y Urkulu (Salinas de Léniz). Estas construcciones las realizan de noche, y a menudo abandonan el trabajo con el primer canto del gallo.

Si algún campesino les dejaba comida en los márgenes de sus tierras, las lamias la comían por la noche y, a cambio, le araban la tierra o terminaban el trabajo que hubiera quedado sin concluir.[6]

En ciertas leyendas, las lamias de las orillas del agua piden ayuda a una comadrona. Tras asistirlas, las lamias le entregan como regalo pan blanco, monedas, joyas, oro, una hermosa tela o algún otro presente. Cuando las lamias viven bajo el agua, entonces la mujer atraviesa el agua sin mojarse. Al entregar los regalos, imponen una condición, es decir, una prohibición. La mujer o el hombre debe prometer que no hará algo concreto (contar lo que ha visto, mirar hacia atrás, llevarse algo de la casa de las lamias, etc.); y cuando no cumple su promesa, el regalo desaparece, se derrite o se transforma en algo sin valor.[14]

Lamia representada en una estela funeraria
Lamia representada en una estela de Lizarraga (Navarra), conservada en el Museo San Telmo de San Sebastián con el número A000141.

En algunos cuentos, una lamia se enamora de un muchacho, hasta que este descubre que su amada es una lamia.

En otras versiones, la lamia visita una casa y pide la comida de sus habitantes. Según la versión, la lamia dará o no algo a cambio. Finalmente, el hombre de la casa castiga a la lamia, y esta huye.[2]

Se dice que en el extremo del arcoíris hay una lamia peinándose el cabello, y que al incidir el sol en su cabellera se despliega el arcoíris.

Las lamias masculinas poseen una fuerza extraordinaria. A veces construyen dólmenes por la noche, y a menudo entran en las casas cuando sus habitantes ya se han acostado. Reciben distintos nombres: maideak, mairiak, intxixuak (en Oiartzun) y Saindi Maidi (en Baja Navarra).

Se dice que la mayoría de las lamias desaparecieron cuando se construyeron ermitas en las montañas, según unas versiones, o cuando comenzó a utilizarse el arado arrastrado por bueyes, según otras.[6]

Barandiaran explicó que las leyendas de las lamias y las de las brujas se mezclaban, de modo que en algunos pueblos los sucesos atribuidos a las lamias en otros se atribuían a las brujas.

Peines de oro

Representación de una lamia.

Las lamias poseen peines de oro, y numerosos poemas y cantos mitológicos del Euskal Herria relatan una historia en la que una mujer (y en unos pocos casos un hombre) roba uno de esos peines; por la noche, las lamias acuden a la casa de esa persona para exigir su devolución,[6] amenazándola con castigos de muy diversa índole:

Entre las amenazas atribuidas a las lamias cuando reclamaban la devolución de su peine figuran versos tradicionales como los siguientes:

Emoiten esposu artzie ta orrasie,
Nik kenduko deutzut Torrontegiko mintegie.[16]
«Si no me das el peine y el velo, te quitaré el semillero de Torrontegi».
Emaidezu orrazie,
Espabe kenduko dotzut bizie.[16]
«Devuélveme el peine; si no, te quitaré la vida».
Lanbreabeko etzanderea,
Ekasu nire orrasie;
Espabe egingo dot sure askasie.[16]
«Señora de Lanbreabe, devuélveme mi peine; si no, acabaré con tu linaje».
Intxusko eratziye,
Ekazu neure orrasiye.
Espabare kendukotzut
Kortako bei nagosiye.[16]
«Habitante de Intxus, devuélveme mi peine; si no, te quitaré la vaca principal del establo».
Ozten ezpona neure orrazija,
Galduko deunat eure azi-orrazi guztija.[16]
«Si no me dejas mi peine, perderás todos tus peines de cardar».
Matxineko neskamea,
Ekatzu nere orrazea
Bestela emango dinat
Ere biziko ezurretako onazea.[16]
«Criada de Matxin, tráeme mi peine; de lo contrario, te causaré dolor hasta en los huesos».

La mujer que se peina junto al agua y el tabú de tomar el peine

Las mujeres sobrenaturales de larga cabellera que aparecen peinándose cerca del agua también figuran en otros folclores europeos, por ejemplo las banshees[17] y las rusalkas de los países eslavos. También en esos casos está prohibido tomar y llevarse el peine: es un tabú.[18] También la sirena o lamia marina fue representada con frecuencia en la Europa medieval ante un espejo, peinándose el cabello.[19][20] La lingüista rusa Tatyana Mikhailova ofrece además otros ejemplos procedentes de pueblos eslavos y de su entorno, en los que mujeres sobrenaturales pueden aparecer peinándose: la Albasta o Albasti turca (especialmente entre los tártaros de Kazán), la tártara Syu-Ansany ("madre del agua"); la muchacha Shishiga de la región komi-permiaca (o komi-ziriana), cuya lengua es finoúgrica; las ondinas germánicas, las huldres escandinavas, las cillas o la Velebitska vila serbocroatas, las wilas del folclore polaco, la pripoldnica serbia ("mujer del mediodía"), la glastig o glaistig escocesa ("dama verde"), entre otras.[18]

En la mitología irlandesa, la diosa Etain es descrita así en el texto Togail bruidne Da Dergan: «vio a una mujer junto al borde de un pozo. Llevaba un brillante peine de plata adornado con oro... En el pozo, la mujer soltó su cabello para lavarlo, y las manos le aparecieron a través de la abertura del cuello de su vestido...».[21] Pero también otras mujeres hermosas aparecen de manera muy parecida en la mitología irlandesa, peinándose junto a una masa de agua; por ejemplo, Aine, diosa del verano.[22] Este motivo aparece asimismo en personajes como las mouras gallegas, la xana asturiana y la encantada castellana. En muchos casos se aparecen en la Noche de San Juan, durante el solsticio de verano.

Toponimia

Gigantes de Mondragón (Guipúzcoa): el herrero, Mari de Anboto, Basajaun y la lamia (Kukubiltxo, 2011).

En la toponimia son abundantes los nombres relacionados con las lamias: Lamera y Lamerapunte, en Bermeo; Lamikiz, en Markina; Laminaputzu, en Zeanuri; Lamitegi, en Bedaio; Lamirain, en Arano; Lamusin, en Sara; Lamiñosin, en Ataun; Lamiako, en Lejona; el Puente de las Lamias en Ligi-Atherei, y otros.

También fuera del País Vasco se encuentran topónimos relacionados con la lamia; por ejemplo, en la localidad riojana de Ojacastro está la fuente de Laminiturri.[23]

El lingüista Juan Inazio Hartsuaga recogió la toponimia de la lamia en su libro Euskal mitologia konparatua y la publicó también en forma de artículo en la Auñamendi Eusko Entziklopedia en línea.[4]

Puente de las Lamias en Ligi-Atherei, Sola.

Referencias

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

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