Lidia Doce

combatiente revolucionaria cubana From Wikipedia, the free encyclopedia

Lidia Doce (Holguín, 27 de agosto de 1916 – La Habana, 17 de septiembre de 1958) fue una combatiente revolucionaria cubana, conocida por su labor como mensajera entre la Sierra Maestra y la dirigencia en el llano durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.[1]

Nombre de nacimiento Lidia Esther Doce Sánchez Ver y modificar los datos en Wikidata
Otrosnombres Lilí
Nacimiento 27 de agosto de 1916
Velasco, Gibara, provincia de Holguín Cuba Cuba
Fallecimiento 17 de septiembre de 1958 (41 años)
La Habana Cuba Cuba
Datos rápidos Información personal, Nombre de nacimiento ...
Lidia Doce
Información personal
Nombre de nacimiento Lidia Esther Doce Sánchez Ver y modificar los datos en Wikidata
Otros nombres Lilí
Nacimiento 27 de agosto de 1916
Velasco, Gibara, provincia de Holguín Cuba Cuba
Fallecimiento 17 de septiembre de 1958 (41 años)
La Habana Cuba Cuba
Causa de muerte Asesinato
Nacionalidad Cubana
Familia
Padres Claudio Doce Gómez
Teresa Sánchez Ávila
Cónyuge Orestes Parra
Hijos Efraín Parra Doce
Información profesional
Ocupación Revolucionaria Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados Combatiente revolucionaria
Conflictos Revolución cubana Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Movimiento 26 de Julio
Cerrar

Fue capturada, torturada y desaparecida junto con Clodomira Acosta Ferrales, tras negarse a revelar información a sus perseguidores. Es identificada como mártir de la Revolución.[2]

Biografía

Primeros años y formación familiar

Lidia nació el 27 de agosto de 1916 en la localidad de Velasco, municipio de Gibara, provincia de Holguín, aunque sus primeros años estuvo vinculada al poblado de Mir, en el municipio de Calixto García. Su padre, Claudio Doce Gómez (originario de Santander, España), y su madre, Teresa Sánchez Ávila, se trasladaron a Mir cuando Lidia era niña, tras el incendio de un negocio familiar.[3]

Tras la muerte de su padre en un atentado y la posterior mudanza de su madre, Lidia y sus hermanos quedaron al cuidado de sus tíos paternos, Justa y Vicente González, quienes poseían el hotel “El Rif” en Mir. Su educación formal alcanzó hasta el quinto grado elemental, después del cual continuó formándose con la ayuda de su tía y una maestra local.

Desde joven mostró inclinaciones artísticas: le gustaba cantar, asistir a encuentros sociales, montar a caballo y participar en actividades culturales del pueblo. A los 17 años contrajo matrimonio con Orestes Parra, con quien se trasladó a San Germán, localidad donde él trabajaba y donde Lidia vivió durante varios años. De esa unión nació un hijo, Efraín Parra Doce.[4]

Trayectoria revolucionaria

Decisión de incorporarse a la lucha

La manifestación de su oposición al régimen batistiano comenzó con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Cuando supo que su hijo Efraín se había unido al Ejército Rebelde, Lidia decidió seguir el mismo camino. Se integró al movimiento en San Pablo de Yao, en el territorio oriental de Cuba, donde también llegó a estar vinculada con la columna comandada por el Che Guevara.[3]

Ernesto “Che” Guevara la describe en sus escritos como una mujer alrededor de 45 años que, al comienzo de su participación en la lucha, ya estaba involucrada activamente en labores de apoyo al movimiento guerrillero: transportar mensajes, medicamentos y otros documentos desde la Sierra hacia el llano. Ella misma asumió funciones de enlace entre la Sierra Maestra y la dirección en La Habana, desempeñándose como mensajera de alto riesgo.

Durante la reorganización del movimiento rebelde, el Che la nombró jefa de un campamento auxiliar de unos 40 guerrilleros, mientras que otros miembros del grupo manifestaban escepticismo por recibir órdenes de una mujer. En momentos en que la lucha se trasladaba hacia Las Villas, Lidia fue designada como enlace clave entre la Sierra y los mandos en La Habana.[5]

Misiones en La Habana y captura

En agosto de 1958, Lidia viajó a La Habana desde la Sierra Maestra con documentos importantes para la dirección del Movimiento 26 de Julio, especialmente para el comandante Delio Gómez Ochoa. Poco después, su compañera Clodomira Acosta Ferrales hizo lo propio con otros papeles, y ambas coincidieron en un domicilio clandestino en el reparto Juanelo, Regla. Durante la madrugada del 12 de septiembre de 1958, su escondite fue asaltado por fuerzas combinadas bajo el mando de los coroneles Esteban Ventura y Conrado Carratalá, con la colaboración de un delator identificado como José Piñón Vequella (“Popeye”). Cuatro jóvenes revolucionarios que estaban en el lugar —Alberto Álvarez, Reinaldo Cruz, Leonardo Valdés y Onelio Dampiell— fueron asesinados en el acto.[6]

Lidia y Clodomira fueron brutalmente golpeadas, arrastradas por la cabeza, torturadas y conducidas a la 11.ª estación de Policía. Se afirma que en los interrogatorios les infligieron palizas violentas: al bajar al sótano de la estación, Ariel Lima empujó a Lidia, quien cayó con fuerza, recibiendo un golpe que le habría provocado lesiones graves en la cabeza. A pesar del dolor, ninguno de los dos aceptó revelar información alguna ni delatar compañeros o la estructura del movimiento.[7]

Muerte y desaparición

En la madrugada del 15 de septiembre fueron sacadas moribundas de la estación y montadas en una lancha dirigida hacia el Castillo de La Chorrera. Allí se habrían somerido a torturas adicionales (sumergimiento repetido en agua salada) para forzarlas a confesar. Al no obtener resultado alguno, finalmente el 17 de septiembre de 1958 sus cuerpos fueron envueltos en sacos con piedras y dejados caer al mar, sin que se recuperara su cadáver.[8]

Fidel Castro, al referirse a ellas, las calificó como “mujeres heroicas” que permanecieron firmes aun bajo torturas extremas. El Che también las evocó en sus memorias, destacando que sus cuerpos “han desaparecido… como juntas lucharon… vivirá eternamente la memoria… Lidia ocupa un lugar de preferencia.”[3]

Legado y reconocimientos

La casa natal de Lidia Doce en Mir, municipio de Calixto García, Holguín, se ha convertido en un museo que conserva objetos, fotografías y mobiliario de época relacionados con su vida. En noviembre de 2008, con motivo del medio siglo del IV Frente Simón Bolívar, se restauró el hotel El Rif y el complejo histórico de Mir, en el cual la casa de la familia Doce pasó a formar parte del patrimonio local.[9]

El nombre de Lidia Doce se recuerda en múltiples homenajes oficiales en Cuba como símbolo de entrega, valor y fidelidad a la causa revolucionaria. En el discurso institucional cubano, junto con Clodomira Acosta, se les atribuye el papel de mensajeras fundamentales que aseguraron la comunicación entre las zonas montañosas y la dirección del movimiento rebelde.[1]

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI