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Literatura latinoamericana

aquella literatura oral o escrita principalmente en español y en portugués From Wikipedia, the free encyclopedia

La literatura latinoamericana es aquella literatura escrita en español, portugués y francés, por autores de países considerados parte de América Latina. No incluye las obras anglófonas estadounidenses o canadienses, ni las caribeñas escritas en inglés, neerlandés, criollo u otros idiomas no romances. También se le llama literatura iberoamericana cuando se excluye a la literatura francoamericana.

Historia

Literatura colonial

Desde el mismo momento en que los europeos entraron en contacto con el Nuevo Mundo, los primeros exploradores y conquistadores produjeron relatos escritos y crónicas de su experiencia, como las cartas de Colón o la descripción de Bernal Díaz del Castillo sobre la conquista del Imperio azteca. En ocasiones, las prácticas coloniales suscitaron un vivo debate sobre la ética de la colonización y la condición de los pueblos indígenas, como se refleja, por ejemplo, en la obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas. La primera imprenta de Norteamérica se estableció en la actual Ciudad de México en 1539 por el editor Juan Cromberger.[1]

Los mestizos y los indígenas también contribuyeron al corpus de la literatura colonial. Autores como El Inca Garcilaso de la Vega y Guaman Poma escribieron relatos de la conquista española que muestran una perspectiva que a menudo contrasta con la de los colonizadores, ya que la crónica de Guaman Poma constituye una fuente única de la visión indígena sobre la conquista y el primer siglo de la colonia española.[2]

Durante el período colonial, la cultura escrita estuvo a menudo en manos de la Iglesia, contexto en el cual Sor Juana Inés de la Cruz escribió poesía memorable y ensayos filosóficos. Su interés por el pensamiento y la experimentación científicos la llevó a discusiones y escritos profesionales con Isaac Newton.[3] Hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX surgió una tradición literaria criolla distintiva, que incluyó las primeras novelas, como El Periquillo Sarniento (1816) de José Joaquín Fernández de Lizardi. Los propios "libertadores" fueron a menudo también escritores destacados, como Simón Bolívar y Andrés Bello.

El siglo XIX de la literatura latinoamericana

El siglo XIX fue un período de «ficciones fundacionales» (según palabras de la crítica Doris Sommer),[4] novelas de tradición romántica o naturalista que intentaban establecer un sentido de identidad nacional y que a menudo se centraban en el papel y los derechos de los pueblos indígenas o en la dicotomía de «civilización o barbarie», introducida en América Latina por Esteban Echeverría,[5] quien recibió la influencia de los románticos parisinos durante su residencia en la ciudad entre 1825 y 1830. El romanticismo fue retomado posteriormente por otras figuras literarias destacadas, entre ellas el argentino Domingo Sarmiento, con Facundo (1845). Asimismo, Martín Rivas (1862), de Alberto Blest Gana, ampliamente reconocida como la primera novela chilena, fue a la vez una apasionada historia de amor y una epopeya nacional sobre la revolución.[6][7] Otras ficciones fundacionales incluyen María (1867), del colombiano Jorge Isaacs; Cumandá (1879), del ecuatoriano Juan León Mera; y Os Sertões (1902), del brasileño Euclides da Cunha. Estas obras siguen siendo pilares de los cánones nacionales y, por lo general, elementos obligatorios en los programas de educación secundaria.

Otras obras importantes de la literatura latinoamericana del siglo XIX incluyen clásicos regionales, como el poema épico Martín Fierro (1872), de José Hernández. La historia de un gaucho pobre reclutado para luchar en una guerra de frontera contra los indígenas, Martín Fierro es un ejemplo de lo «gauchesco», un género poético argentino centrado en la vida de los gauchos.[8]

Los movimientos literarios del siglo XIX en América Latina abarcan desde el neoclasicismo a comienzos de siglo, pasando por el romanticismo a mediados de siglo, hasta el realismo y el naturalismo en el último tercio del siglo, y culminan con la invención del modernismo, un movimiento literario propiamente latinoamericano, hacia finales del siglo XIX. Las siguientes secciones abordan con mayor profundidad las tendencias más destacadas de estos movimientos.

Romanticismo, Realismo, Naturalismo y nuevas tendencias literarias

Las guerras de independencia hispanoamericanas que ocurrieron a principios del siglo XIX en América Latina dieron lugar a temas literarios de identidad, resistencia y derechos humanos. Los escritores a menudo seguían e innovaban dentro de movimientos literarios populares (como el Romanticismo, el Realismo y el Naturalismo), pero muchos también exploraban ideas como el nacionalismo y la independencia. La independencia cultural se extendió por toda América Latina durante esta época, y los escritores retrataron temas y lugares latinoamericanos en sus obras.[9] Si bien la literatura que cuestionaba el orden colonial pudo haber surgido inicialmente durante el siglo XVII en América Latina, esta ganó popularidad en forma de resistencia contra España, Estados Unidos y otras naciones imperialistas durante el siglo XIX. Los escritores latinoamericanos buscaban una identidad latinoamericana, lo cual más tarde estaría estrechamente vinculado con el movimiento literario del Modernismo.[10]

Los autores masculinos dominaron principalmente la literatura colonial, con la excepción de grandes figuras literarias como Sor Juana Inés de la Cruz, pero a partir del siglo XIX comenzó un cambio que permitió el surgimiento de más autoras. Un aumento en la educación y la escritura de las mujeres llevó a algunas escritoras a destacarse, entre ellas la autora romántica cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, con la novela Sab (1841), una novela romántica que ofrece una sutil crítica a la esclavitud y al trato hacia las mujeres en Cuba; la autora naturalista peruana Clorinda Matto de Turner, quien escribió lo que se considera una de las novelas más importantes del "indigenismo" del siglo XIX: Aves sin nido (1889); y la escritora romántica argentina Juana Manuela Gorriti (1818–1892), quien redactó una variedad de novelas y cuentos, como La hija del mashorquero (1860), y dirigió un círculo literario en Perú. Precursora del Naturalismo, la peruana Mercedes Cabello de Carbonera escribió Blanca Sol (1888) para criticar la falta de opciones laborales prácticas para las mujeres en su sociedad. Las escritoras del siglo XIX a menudo escribían sobre las desigualdades en América Latina que eran vestigios del colonialismo, como la marginación y opresión de los pueblos indígenas, los esclavos y las mujeres.[11] Muchas obras escritas por mujeres en este período desafiaban las sociedades patriarcales latinoamericanas. Estas destacadas escritoras señalaban la hipocresía de la clase dominante y de las instituciones existentes en sus naciones nacientes, y criticaban la corrupción del gobierno. Algunos ejemplos destacados de tales obras incluyen Indole, Herencia y El Conspirador: autobiografía de un hombre público, de Clorinda Matto de Turner.[12]

Modernismo, las vanguardias y los precursores del Boom

A finales del siglo XIX surgió el modernismo, un movimiento poético cuyo texto fundacional fue Azul (1888), del nicaragüense Rubén Darío. Este fue el primer movimiento de poesía latinoamericana en influir en la cultura literaria fuera de la región, y también la primera literatura verdaderamente latinoamericana, en el sentido de que las diferencias nacionales dejaron de ser un obstáculo tan importante y los autores buscaron establecer conexiones latinoamericanas. José Martí, por ejemplo, aunque era un patriota cubano, también vivió en México y Estados Unidos y escribió para revistas de Argentina y otros lugares. En 1900 el uruguayo José Enrique Rodó escribió lo que llegó a leerse como un manifiesto del despertar cultural de la región, Ariel. Delmira Agustini, una de las figuras femeninas del modernismo, escribió poesía que tanto utilizaba imágenes típicamente modernistas (como los cisnes) como las adaptaba con mensajes feministas y temas eróticos, según describe la crítica Sylvia Molloy.[13]

Aunque el modernismo en sí mismo suele considerarse esteticista y apolítico, algunos poetas y ensayistas —Martí entre ellos, pero también los peruanos Manuel González Prada y José Carlos Mariátegui— introdujeron críticas contundentes al orden social contemporáneo y, en particular, a la situación de los pueblos indígenas de Latinoamérica. De esta manera, comienzos del siglo XX también vio el auge del indigenismo, una corriente popularizada anteriormente por Clorinda Matto de Turner, dedicada a representar la cultura indígena y las injusticias que sufrían dichas comunidades, como es el caso del peruano José María Arguedas y la mexicana Rosario Castellanos.

La resistencia contra el colonialismo, una tendencia que ya se había manifestado a principios del siglo XIX, fue también sumamente importante dentro del modernismo. Esta literatura de resistencia fue promovida por destacados modernistas, entre ellos el ya mencionado José Martí (1853–1895) y Rubén Darío (1867–1916). Martí advirtió a los lectores sobre las tendencias imperialistas de Estados Unidos y describió cómo Latinoamérica debía evitar que Estados Unidos interviniera en sus asuntos. Un ejemplo destacado de este tipo de mensaje se encuentra en Nuestra América de Martí, publicado en 1892. Darío también trabajó para poner de relieve la amenaza del imperialismo estadounidense, lo cual puede verse en su poema A Roosevelt, así como en otras de sus obras como Cake-Walk: El Baile de Moda. Muchas de sus obras fueron publicadas en La Revista Moderna de México, una revista modernista de la época.[12]

El argentino Jorge Luis Borges inventó lo que fue casi un nuevo género, el cuento filosófico, y llegaría a convertirse en uno de los escritores latinoamericanos más influyentes de todos los tiempos. Al mismo tiempo, Roberto Arlt ofrecía un estilo muy distinto, más cercano a la cultura de masas y a la literatura popular, que reflejaba la urbanización y la inmigración europea que estaban transformando el Cono Sur. Ambos escritores fueron las figuras más importantes en una controversia relevante dentro de la literatura argentina, entre el llamado Grupo Florida de Borges y otros escritores y artistas que solían reunirse en la Confitería Richmond, en la céntrica calle Florida de Buenos Aires, y el Grupo Boedo de Roberto Arlt, que solía reunirse en el Café El Japonés, en el barrio periférico de Boedo, en la misma ciudad.

El venezolano Rómulo Gallegos escribió en 1929 lo que llegaría a ser una de las novelas latinoamericanas más conocidas del siglo XX, Doña Bárbara. Doña Bárbara es una novela de realismo literario que describe el conflicto entre civilización y barbarie en los llanos de Sudamérica, y constituye una obra maestra del criollismo. La novela se convirtió en un éxito inmediato, siendo traducida a más de cuarenta idiomas.

Entre las figuras destacadas de Brasil en esta época se encuentra el extraordinario novelista y cuentista Machado de Assis, cuya mirada a la vez irónica y de profundo análisis psicológico introdujo un alcance universal en la prosa brasileña; los poetas modernistas Mário de Andrade y Oswald de Andrade (cuyo "Manifesto Antropófago" ensalzaba la capacidad brasileña de transculturación); y Carlos Drummond de Andrade.

En el México de la década de 1920, el Estridentismo y los Contemporáneos representaron la influencia de los movimientos de vanguardia, mientras que la Revolución mexicana inspiró novelas como Los de abajo de Mariano Azuela, una obra comprometida de realismo social sobre la revolución y sus secuelas, tema que seguiría siendo un punto de referencia para la literatura mexicana durante muchas décadas. En la década de 1930, muchos artistas intentaron emplear un nuevo estilo para expresar emociones a través de la palabra escrita; sin embargo, resulta imprescindible mencionar al escritor venezolano Arturo Uslar Pietri como el mayor exponente, considerado el indiscutible padre de esta vanguardia literaria que da vida al realismo mágico con su novela Las lanzas coloradas, publicada en 1931, ya que en ella se menciona en busca de un nombre que explicara y reflejara las necesidades que se vivían en aquel momento. En la década de 1940, el novelista y musicólogo cubano Alejo Carpentier acuñó el término "lo real maravilloso" y, junto con el mexicano Juan Rulfo y el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, resultarían precursores del Boom de la literatura latinoamericana con su estilo característico del "realismo mágico". Años más tarde, con su novela Cien años de soledad, el colombiano Gabriel García Márquez llegaría a ganar el Premio Rómulo Gallegos de Literatura en 1967.

Lista de literaturas latinoamericanas

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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