Lustro Real
estancia en Sevilla de Felipe V de España y parte de la corte de España
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El Lustro Real es el nombre dado a la estancia de Felipe V de España, su familia y parte de la Corte en la ciudad de Sevilla desde principios de 1729 hasta la primavera de 1733.
Historia
Antecedentes
A lo largo de la Edad Moderna, las monarquías europeas abandonan progresivamente las cortes itinerantes y comienzan a fijarlas de manera permanente. En el caso de la monarquía hispánica, podemos ver como Felipe II sedentariza la Corte en Madrid en 1561, algo que se mantendrá a la llegada de Felipe de Borbón a España, tras la muerte de Carlos II de Habsburgo. A pesar de los desplazamientos que Felipe V realiza por la península Ibérica y los territorios italianos durante la Guerra de Sucesión (1701 - 1714), o los ciclos estacionales en torno a los Reales Sitios, la estancia de la Corte durante más de cuatro años en Sevilla es algo inédito para la monarquía borbónica. [1]
En enero de 1729, se produciría, con motivo de la política matrimonial internacional de las coronas española y portuguesa, un intercambio de princesas en la frontera entre España y Portugal. La hija de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio, Mariana Victoria, sería desposada con el heredero al trono portugués, José, príncipe del Brasil (futuro José I de Portugal). Por su parte, el heredero al trono español, Fernando, príncipe de Asturias, desposaría a la infanta portuguesa Bárbara, hermana del príncipe del Brasil e hija como este de Juan V de Portugal y María Ana de Austria.[Nota 1]
Estas negociaciones matrimoniales venían aconteciendo desde 1725, pero se habían demorado, tanto por la juventud de los infantes, como por la delicada salud de Felipe V, debida a los conocidos problemas mentales que padecía.[1] A pesar de ello, el monarca comunicó en diciembre de 1728 el desplazamiento de la Corte hacia la frontera portuguesa para realizar el intercambio de princesas.
Debate
Algunos autores afirman que la decisión del traslado a Sevilla se realizó al mismo tiempo que el viaje a la frontera. Según ellos, el monarca declaró que: "se trasladarían a Sevilla, Cádiz, Granada y Córdoba durante cuatro meses, tiempo necesario para las obras que exigía el palacio Real de Madrid [...]".[2] En cambio, otros exponen que fue una decisión de última hora.
Desarrollo

El 3 de febrero de 1729 la familia real española[Nota 2][3] y parte de la corte entró en la ciudad, que por este motivo fue ricamente engalanada y se levantaron arcos triunfales. Durante su estancia en Sevilla, el monarca y su familia residieron en el Real Alcázar de Sevilla. En los días inmediatos visitaron la catedral, la fábrica de artillería y otros lugares de la ciudad.
A los pocos días, el 21 de febrero, saldrían hacia Cádiz para contemplar la entrada de la flota de Indias, procedente de América. Después volvieron a Sevilla. Durante su estancia en Sevilla, la familia real también visitó otros lugares de Andalucía como Granada, Jaén o Doñana.
El 14 de mayo de 1729, se realizó de forma solemne la traslación del cuerpo incorrupto de San Fernando III el Santo a urna de cristal, en la catedral de Sevilla.[4]
En el mismo año de su llegada se firmaría el Tratado de Sevilla con Francia y Gran Bretaña y reconocía el equilibrio impuesto por la Triple Alianza. También en este año nacería la infanta María Antonia Fernanda (futura reina consorte de Cerdeña).[5]
El 20 de octubre de 1731, el infante don Carlos (futuro Carlos III) saldría de Sevilla para tomar posesión de los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla, de acuerdo con el Tratado de Sevilla firmado dos años antes.[6][7]

La estancia de la familia real en la ciudad sirvió para dar un impulso a obras como las de la iglesia de San Luis, inaugurada en 1731; o la construcción de la primitiva plaza de toros de la Maestranza, de madera, en 1730.
Las festividades celebradas tuvieron una gran influencia en la composición musical durante el período.[8]
La Guerra de la Sucesión polaca y la falta de mejoría del rey forzó la vuelta a Madrid el 16 de mayo de 1733.[9] Los infantes Luis, María Teresa y María Antonia quedaron en Sevilla, saliendo unos días después.[10]
El papel de Isabel de Farnesio
Tras el matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio en 1714, la reina ejerció un papel fundamental dentro de la corte borbónica, sirviendo de apoyo en muchas ocasiones al monarca o tomando las riendas del poder cuando los problemas mentales achacaban a Felipe V.
Después de la abdicación del rey en 1724, la reina temía un nuevo intento en 1728 por parte de su esposo, debido al episodio depresivo que vivía durante este periodo. Es probable que por ello tratase de "distraer" al monarca con el viaje a Sevilla, con el objetivo de mejorar su ánimo. Hay autores que afirman que uno de los objetivos de Isabel de Farnesio con este desplazamiento era alejar a su esposo del Consejo de Castilla, con el fin de evitar una nueva abdicación.[11]
Otra de las posibles razones para el establecimiento en Sevilla eran los beneficios que podía traer a las afecciones del rey el cambio de ambiente a la ciudad andaluza, lejos del bullicio de Madrid. [11]