Luz mala
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La Luz Mala, a veces conocida como Luz Buena, es una de las leyendas más famosas de los folclores rioplatenses de Argentina y Uruguay. Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil, desplazarse o, en algunos relatos, perseguir a gran velocidad al observador. Muchas veces aparece a una distancia cercana al horizonte.[1]
Desde los tiempos de unitarios y federales, y particularmente en el campo argentino, la leyenda de la luz mala permanece presente a lo largo del tiempo en la cultura popular Argentina. Existen zonas como el Noroeste argentino y las provincias de San Juan y Mendoza donde estas leyendas populares son más frecuentes de ser escuchadas. Personas de campo, habitantes de montaña, automovilistas y, sobre todo, camioneros aseguran haber visto alguna vez una luz a escasos metros del suelo durante sus viajes nocturnos. En Mendoza, los choferes de camiones afirman haberla visto durante sus trayectos en alta montaña, entre Uspallata, Puente del Inca y Las Cuevas.[2]
Descripción y leyenda
Estas manifestaciones son muy temidas, ya que se identifica comúnmente a la luz mala como un «alma en pena», el espíritu de un difunto que no recibió sepultura cristiana. Ante un encuentro, se recomienda popularmente decir una oración y luego morder la vaina del cuchillo; como último recurso, se las debía enfrentar con un arma blanca, ya que las armas de fuego resultaban inefectivas.
En el Noroeste argentino también se le da el nombre de luz mala al «farol de Mandinga», fosforescencia que suele verse en cerros y quebradas durante los meses más secos, después de ponerse el Sol. Se asegura que el farol de Mandinga aparece en lugares en los que hay enterrados tesoros de oro y plata, y que la luz es el espíritu del antiguo dueño tratando de alejar del lugar a los extraños. La tradición dice que el 26 de junio estas luces son más brillantes por influencia de Satanás, ya que es el único día del año en que este se libra de la vigilancia de los ángeles, y aprovecha para atraer las almas.[3]
Es poco frecuente el perturbar de los sitios donde las luces malas son avistadas debido al miedo causado por la superstición. Los pocos que observan bajo la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena. Ésta, al ser destapada, se dice que despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir el objeto encontrado, o hacerlo cubriendo nariz y boca con un pullo (manta gruesa de lana) o con un poncho.[cita requerida]
Cuenta Hipólito Marcial Rojas[¿dónde?] que: «La luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar(...) va a encontrar oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo».