Mama Sara

diosa incaica del maíz From Wikipedia, the free encyclopedia

Mama Sara (también como: Mama Zara, Zaramama o Saramama)[1] es la diosa del grano de maíz en la mitología incaica.

Etimología

El nombre de la diosa se compone del término quechua Mama (madre) y de Sara o Zara (maíz). Esto último denota su facultad como la diosa madre del maíz, el grano sustancial que tuvo un profundo significado divino para los pueblos andinos.[2]

Concepto

Desde tiempos antiquísimos, los pueblos andinos han considerado al maíz como uno de los alimentos primordiales dentro de la base de alimentación y economía. Dichos pueblos desarrollaron eficaces técnicas de cultivo como terrazas y sistemas de riego para perfeccionar la producción de maíz y otros productos alimenticios en diferentes altitudes. Con el surgimiento del Estado Inca, se impulsó obras de gran envergadura, construcción de sistemas agrícolas y empleo de abonos procedentes de la costa para producir maíz a gran escala en la sierra y amplificar su frontera agrícola. El maíz estaba presente en diversas actividades de carácter religioso para congraciar a los dioses y/o huacas. Al ser un cereal muy volátil, fue utilizado en diversas preparaciones como la chicha de jora (bebida) o el sanku (panecillo ritual).[1]

Asimismo, dicho cereal fue concebido como una fuerza vital y/o entidad viviente. Se conceptualiza como un ser personificado que siente, se expresa y a quien le deben respeto y aprecio como si se tratase de una madre biológica. De acuerdo con el pensamiento andino, muchos elementos del cosmos no pueden existir sin una fuerza divina primordial que sea la personificación o la creadora del elemento en cuestión. Respecto a ello, el clérigo Cristóbal de Molina manifestó la siguiente información:[3]

La orden por donde fundaban sus huacas, que ellos llamaban a las idolatrías, era porque decían que todas criaba el sol, y que les daba madre por madre; que mochaban a la tierra porque decían que tenía madre y teníanle hecho su bulto y sus adoratorios; y al fuego decían que también tenía madre, y al maiz y a las otras sementeras y a las ovejas y ganados decian que tenian madre; y a la chicha, que es el brevaje que ellos usan, decian que el vinagre de ella era la madre y lo reverenciaban y lo llamaban mama, agua madre del vinagre, y cada cosa adoraban de estas de su manera, y le tenian hecho, como digo, sus casas y puesto su servicio, muy cumplida y particularmente; a la mar decían que tenía madre y que se llamaba Mamacocha, que es madre de la mar y le tenían gran respeto.
Relación de muchas cosas acaecidas en el Perú

Representación

Mazorcas de maíz dobles, ejemplo de representación natural de la diosa Mama Sara.

Múltiples cronistas enfatizan diversas representaciones de la diosa Mama Sara. Por lo general, la diosa del cereal se representa mediante dos formas: la natural y la artificial. En relación con la forma natural, Mama Sara se encuentra plasmada en mazorcas de maíz de aspecto particular y/o único (mazorcas de maíz unidas; dos, tres o múltiples mazorcas en el mismo nudo). Esta rareza agrícola es sumamente valorada por los pobladores andinos, por lo que son encasillados como huacas (objeto sagrado). Además de representar a la diosa, dichas mazorcas de peculiar aspecto actúan como agentes que auguran abundancia, prosperidad y una fructífera cosecha. A raíz de lo anterior, estos objetos eran guardados meticulosamente en las pirhuas (estructuras para almacenar provisiones). El cronista Polo de Ondegardo ha documentado información al respecto.[1] [4]

El sexto se llama Hatun Cuzqu Raymoray que responde a mayo [...] En esta Luna y mes (que es cuando se trae el mayz de la era a la casa) se hazía una fuesta que hoy día es muy vsada entre los Indios que llaman Aymoray vel Aymorana. Esta fiesta se haze viniendo desde la chacra hasta su casa diciendo ciertos cantares. En que ruegan que dure mucho el mayz y hacen cada yno en su casa una huaca del mayz la qual llaman Mamaçara, tomando de su chacra cierta parte del mayz más señalado en cantidad y poniéndola en una troxe pequeña que llaman Pirua, con ciertas ceremonias y velando tres noches, y este mayz meten en las mantas mas ricas que cada uno tiene, y desque está tapado y adereçado adoran esta Pirua, y la tienen en gran veneración, y dicen que es madre del mayz de su chacra y que en esto se dá y conserua el mayz, y por este mes le hacen un sacrificio particular y los hechizeros le preguntan si tiene fuerça para el año que viene y si responde que no le lleuan a quemar a la misma chacra con las ceremonias diciendo que la renueuan para que no perezca la simiente del mayz, y si responde que tiene fuerça para durar más, le dexan otro año. Esta superstición dura hasta hoy día.
Informaciones acerca de la religión y gobierno de los Incas, Volumen III

Respaldando a su colega, el historiador Martín de Murúa también exhibe información análoga a la ofrecida por Ondegardo.[5]

Hacían una huaca del maíz, la cual ponían por nombre Mamacara, tomando de la chácara cierta parte de maíz más señalado, en alguna cantidad, y poniéndolo en alguna troje pequeña llamada pirua, con ciertas ceremonias [...] adoraban esta pirua, y tenían en suma veneración, y dicen que es la madre del maíz de su chácara, y que, mediante ella, se daba y conservaba el maíz por todo el año [...] Aunque haya cesado esto en público, en secreto lo hacen mudando las ceremonias y supersticiones, porque sea oculto y se advierta menos en ello.
Historia general del Perú

En cuanto a la forma artificial, la diosa está personificada en ídolos o fabricaciones humanas. Por lo general, sus representaciones materiales suelen ser figuras hechas a manera de muñecas y, posteriormente, deben lucir bien ataviadas (replicando la figura de una madre que debe parir y/o crear mucho maíz). Otra forma de representarla es por medio de unos ídolos de piedra que son labrados con forma de maíz denominados Conopa. La antedicha información se encuentra mayormente documentada por el misionero Joseph de Arriaga.[1] [6]

Zaramamas, son de tres maneras, y son las que se qüentan entre las cosas halladas en los pueblos. La primera es vna como muñeca hecha de cañas de maíz, vestida como muger con su anaco, y lliclla, y sus topos de plata, y entienden, que como madre tiene virtud de engendrar, y parir mucho maíz [...] Otras son de piedra labradas como choclos, o mazorcas de maíz, con sus granos relevados, y de éstas suelen tener muchas en lugar de Conopa. Otras son algunas cañas fértiles de maíz, que con la fertilidad de la tierra dieron muchas maçorcas, y grandes, o quando salen dos maçorcas juntas, y éstas son las principales Zaramamas, y assí las reverencian como a madres del maíz, a éstas llaman también Huantayzara, o Ayrihuayzara [...] y colgando estas cañas con muchos choclos de vnos ramos de sauce baylen con ellas el bayle, que llaman Ayrihua, y acabado el bayle, las queman, y sacrifican a Libiac, para que les dé buena cosecha. Con la misma superstición guardan las mazorcas del maíz, que salen muy pintadas, que llaman Micsazara, o Matayzara, o Caullazara, y otros que llaman Piruazara, que son otras maçorcas en que van subiendo los granos no derechos sino haziendo caracol. Estas Micsazara, o Piruazara, ponen supersticiosamente en los montones de maíz, y en la Piruas (que son donde guardan el maíz) parque se las guarde.
Extirpación de la idolatría en el Perú, página 16

Leyenda

Al igual que otros dioses andinos, muchos mitos en torno a Mama Sara se han perdido a lo largo del tiempo. Esto último es a raíz de la conquista española, que institucionalizó el cristianismo y prohibió las prácticas religiosas incas. La destrucción de templos, la persecución de sacerdotes y la demonización de las deidades andinas condujeron a la decadencia y transformación de la religión incaica.

No obstante, existe un relato verbal que gira en torno a la diosa del maíz. Dicha historia es breve y explica el origen del cereal dorado.[7]

La historia comienza con lo siguiente:

En tiempos antiguos, existió una hermosísima doncella llamada Sara. Dicha doncella era pretendida por Kuru, el hechicero de su pueblo; no obstante, Sara evidenciaba un profundo rechazo hacia el hechicero porque este le inspiraba pavor e inseguridad. A pesar de ello, los padres de la doncella se sentían complacidos por la predilección de Kuru hacia su hija. Al sentirse incomprendida por sus propios padres, la preocupación de Sara se hacía mayor y, al mismo tiempo, el enigmático hechicero estaba cada vez más próximo a ella. Inmersa en una insana desesperación, la doncella pensaba quitarse la vida clavándose un puñal en medio de su pecho antes que ser tomada por Kuru. Sin embargo, ella se rehusó en hacerlo, pensando que debía haber otra solución. Entonces, la doncella solicitó el apoyo de Inti (el Sol), su dios. La respuesta del astro rey fue inmediata y, en su rauda respuesta, Sara sintió una dulce sensación. En el acto, el cuerpo de la bella doncella obtuvo una extremada estrechez y sus brazos se estiraron hacia el Hanan Pacha (cielo), para convertirse en las extensas hojas de una planta de maíz.

Desde ese momento, el maíz fue bautizado como Sara (en honor a la doncella que pudo superar las adversidades). Asimismo, en el valle sagrado del Cusco, lugar donde se produce el mejor maíz del mundo, se tiene la creencia de que el maíz solamente debe ser recolectado por mujeres. Esto último es porque Sara era una doncella y no puede ser tocada por los hombres. De lo contrario, ellos pueden perder sus futuras cosechas.[7]

Véase también

Referencias

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