Según el manuscrito, el dios Pariacaca y el dios Huallallo Carhuincho se enfrentaron en una batalla que duró tres días y sus tres noches. Pasados estos días y noches, Pariacaca venció a Huallallo y lo expulsó hacia las montañas que están en la actual provincia de Jauja.
Antes de huir en dirección a los antis, Huallallo había invocado a varias criaturas poderosas para serle nefasto a Pariacaca; sin embargo, este último terminó derrotando a todas las bestias, dejando a Huallallo sin fuerza alguna para seguir con el combate.
También se menciona como Pariacarco, uno de los hermanos de Pariacaca, persiguió a Huallallo hasta la entrada de los antis. Asimismo, se menciona que Pariacarco, transformado en un nevado, aun sigue custodiando la entrada de los antis frente a un posible retorno de Huallallo.[2]
Después de derrotar a Huallallo, Pariacaca enfrentó a la feroz Manañamca, la cual, al igual que la diosa Chaupiñamca, residía por la parte baja de un lugar llamado Mama.
Manañamca, convertida en el mismo fuego, enfrentó a Pariacaca.
Pariacaca recibió el apoyo de uno de sus hijos, el cual era Chuquihuampo.
En el acto, Manañamca empieza a lanzar sus poderosas flamas y una de estas alcanzó a Chuquihuampo en el pie.
Sin embargo, fue nuevamente el poderoso Pariacaca quien venció y ahuyentó a Manañamca hacia la laguna.
Cuando ya había vencido a estos, Pariacaca volvió al sitio donde se encontraba su hijo Chuquihuampo, quien, al quebrarse el pie, se había quedado cojo.
Este le dijo: No regresaré; voy a quedarme aquí para custodiar de cerca a esta mujer, Manañamca, e impedir que vuelva.
Su padre estuvo de acuerdo y prescribió todo lo que su hijo iba a recibir como ofrendas.[1]