Manuel Martínez Mediero
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| Nombre | Manuel Martínez-Mediero |
| Nacimiento | 12 de marzo de 1937 |
| Origen | Badajoz (España) |
| Ocupación | Escritor, dramaturgo, funcionario, periodista. |
Manuel Martínez-Mediero (12 de marzo de 1937, Badajoz-) es uno de los dramaturgos más representativos del teatro extremeño de la segunda mitad del siglo XX en España. Debido a la gran cantidad de obras producidas y a su compromiso social en la primera etapa de su obra, es considerado el autor extremeño más importante en la historia del teatro contemporáneo. En 1999 fue galardonado con la Medalla de Extremadura "para un extremeño que considera un gozoso deber la participación de los intelectuales en las discusiones públicas de su entorno más inmediato, desde la cercanía cariñosa con las personas y la distancia irónica con las banderías[1]", según se decía en el Decreto de concesión.
Martínez-Mediero nació en Badajoz, ciudad que es también origen de su familia. Su padre fue ginecólogo, y fue la primera persona que realizó la operación de histerectomía en Extremadura. Su madre, que fue ama de casa, crio a sus cuatro hijos, de los que Martínez-Mediero es el tercero. En la actualidad, es viudo, padre de dos hijos y abuelo de dos nietas hispano-portuguesas.
Vivió en Badajoz hasta que terminó el Bachillerato en el Colegio de los Hermanos Maristas de Badajoz. Después, se licenció en Ciencias Económicas en Barcelona y Bilbao.
Sobre los recuerdos de su infancia y juventud, afirma lo siguiente: “Yo nací en el 37, en plena guerra, y fui concebido en el 36, o sea que yo iba en el vientre de mi madre cuando los milicianos de la República iban a casa buscando o requisando dinero y joyas. Mi madre era una mujer muy fuerte […]. Así comenzó mi vida, sin yo enterarme. Mi padre entonces curaba heridos en el Hospital de San Sebastián. Era un cirujano de una perfección enorme. Un difícil comienzo. Y de ahí a la escuela de doña Adelina. […] La etapa en los Maristas daría para una novela. […]. Como me críe con ama y niñera las mujeres fueron siempre mi refugio. Todas me adoraban, y yo a ellas. Yo siempre fui Manolito para mucha gente; hoy todavía hay primos que me llaman Manolito. Pero la mejor etapa fue la de Marilyn Monroe, que le escribí y me mandaron una foto de ella. La tengo por todas partes. Mi mujer, que sabía de esta debilidad, me compro un cuadro con ella, maravilloso. Pero yo tenía y tengo un tema serio, que mi imaginación va por delante de la realidad, y según la hora y el momento me doy contra una pared y me encuentro con la dura realidad[2]”