Marquesado de Santiago de Oropesa
título nobiliario español
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El marquesado de Santiago de Oropesa es un título nobiliario español de carácter hereditario que fue concedido en el virreinato del Perú por el rey Felipe III de España el 1 de marzo de 1614 para Ana María Lorenza de Loyola, noble inca, Coya, nieta de Sayri Túpac Inca, inca de Vilcabamba y por ello descendiente de la dinastía real incaica por línea femenina. Su descendencia emparentó con las principales familias nobles de España. Implicaba el mayorazgo del Valle de Yucay, mayorazgo de Oropesa o señorío de Yucay. Inicialmente el título se concedía al linaje del matrimonio que se extinguió en 1741, cuando el título regresó a la corona española, sin embargo eso cambió a partir de 1982 cuando se le otorgó a los descendientes de los familiares colaterales de la última titular.
1 de marzo de 1614
Casa de Loyola
Casa de Alcañices
Casa de Medina de Rioseco
Casa de Granada de Ega
| Marquesado de Santiago de Oropesa | ||
|---|---|---|
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| ||
| Primer titular | Ana María Lorenza de Loyola Coya | |
| Concesión |
Felipe III de España 1 de marzo de 1614 | |
| Linajes |
Casa de Borja-Loyola Inca Casa de Loyola Casa de Alcañices Casa de Medina de Rioseco Casa de Granada de Ega | |
| Actual titular | Alfonso Martos y Carrión | |
Fue junto con el ducado de Veragua, el ducado de Atrisco, el marquesado del Valle de Oaxaca todos en Nueva España y el marquesado del Valle de Tojo en la región de Jujuy, antiguo virreinato del Río de la Plata, los únicos señoríos plenos en América.
Historia
Antecedentes
El antecedente histórico de este título nobiliario es el repartimiento de tierras en el Cuzco que recibió Sayri Túpac, inca de Vilcabamba, como hijo de Manco Inca Yupanqui y nieto de Huayna Cápac por parte del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, cuando Sayri Túpac salió de su refugio a finales de 1557 y en 1560 el soberano Sayri Túpac Inca renunciaría, en el Tratado de Acobamba ante el Virrey del Perú, a sus derechos al “Imperio del Perú” (una manera occidental de referirse a los 4 Suyos), en favor del rey Felipe II de España y de sus sucesores a cambio de una Encomienda y otros privilegios señoriales (Mayorazgo). Dentro de estas propiedades otorgadas, se encontró el Valle de Yucay, así como tierras cerca de Oropesa, al sureste de la ciudad del Cuzco, además de otras posesiones.[2]
“Si bien Titu Cusi estaba aceptando el gobierno y la religión de la monarquía española, a cambio de ello resultaría ser un hombre rico y poderoso, pues Yucay generaba importantes ingresos económicos, procedentes especialmente del cultivo del maíz”Cattan, 2011
Radicado en el Cuzco, Sayri Túpac casó con su hermana la coya María Cusi Huarcay, de la que tuvo como única hija a Beatriz Clara Coya (que también sería nieta de Manco Inca), que heredó sus bienes al morir en 1560. Tras varias negociaciones, Beatriz fue casada hacia 1590 con Martín García Oñez de Loyola, capitán general de Chile, señor de la casa de Loyola y sobrino nieto de san Ignacio de Loyola (fundador de la Orden jesuita durante la Contrarreforma católica). Fueron padres de Ana María Lorenza de Loyola Coya, que siendo niña quedó huérfana, y fue enviada a España para ser criada por su familia paterna.
Origen
Hacia el año 1611, Ana María contrajo matrimonio con Juan Enríquez de Borja, hijo de Álvaro de Borja y Aragón (de la Casa de Gandía), y de Elvira Enríquez de Almansa, V marquesa de Alcañices. Con la participación de su influyente esposo, Ana María obtuvo, del rey Felipe III de España, el Marquesado de Santiago de Oropesa, por real cédula del 1 de marzo de 1614, además de la dignidad de Adelantada del Valle de Yucay (Señorío de Yucay). Esto fue hecho como retribución a los daños y perjuicios que sufrieron sus antepasados, los "emperadores y reyes incas", por culpa del mal accionar de algunos de los súbditos del Rey de España en la Conquista del Perú. A su vez, el rey de España la declaró «legítima heredera del Imperio de los Incas«.[3] Pudo haber ayudado, a la magnanimidad de la donación de este título, la unión con los Borja, que eran grandes de España, parientes cercanos del duque de Lerma, valido del rey y en sí mismo la familia más poderosa en todo el Imperio español, quienes hicieron todo lo posible por persuadir al rey de España con una narración histórica de que la familia de los incas de Vilcabamba habían sufrido vejaciones por algunos malos súbditos (algunos conquistadores y funcionarios coloniales) y merecían justicia digna de su estirpe imperial. Tenía un rango especial de dominio señorial (siendo un Feudo autónomo de la monarquía), por el que las tierras de Maras, Yucay, Urubamba y Huayllabamba, así como las haciendas de Coya, Chinchero, Pucará, Quipa, Jaquijahuana, Canco, Gualla, etc, poseían autonomía y estaban fuera del dominio directo del rey de España (incluido sus virreyes) hasta que quedase extinto el linaje de la "infanta del Perú". Sus dominios quedarían entonces libres de impuestos, así como del control del gobierno del virreinato del Perú, haciendo que los funcionarios (encargados de su administración y justicia) en ese territorio sean designados por los mismos marqueses y no por otra autoridad.[4][5][6]Mientras la familia "De Loyola-Borja Inca" radicaba en España, el marquesado en Perú fue administrado por la familia de los caciques-gobernadores, Chiguantopa Inga (de la panaca de Lloque Yupanqui).[7]
Importancia histórica del título
La importancia del título de marques de Oropesa es por su gran valor simbólico (sobre todo para el campesinado andino y los funcionarios españoles de la época colonial), ya que el titular de dicho marquesado sería considerado por las autoridades como el legítimo heredero del poder imperial incaico de los Reyes del Perú (y con ello, herederos de un hipotético Tahuantinsuyo restaurado a Sapa Incas independientes), puesto que el propietario de este título lo poseía explícitamente por haber cedido al Rey de España (bajo el principio del “Translatio Imperii”) la soberanía sobre el resto del Perú, mientras que conservaba esa soberanía en las tierras correspondientes del marquesado, siendo a su vez un feudo autónomo dentro de la Monarquía Hispánica (volviéndose en la teoría un caso único en toda América, y excepcional en el imperio al estar creciendo el poder del rey contra los señores feudales de la Monarquía tradicional). Lo que implicaba que legalmente el Tahuantinsuyo aún existía en ese pequeño feudo que mantuvo las instituciones incas intactas y solo estaba bajo un Protectorado español.[8] Por esta razón, los mantenían a sus propietarios en Europa (para que en la práctica sea un feudo sometido al Estado español), siendo entonces un título nobiliario de Castilla con Mayorazgo de Oropesa, expedida por el rey Felipe III de la Casa de Austria en favor de Doña Ana María de Loyola Coya Inca (nieta de Túpac Amaru I). Fue el único título nobiliario concedido por la Corona de Castilla directamente a los descendientes de Huayna Capác (pues estos títulos de Castilla solían ser para la nobleza criolla), en este caso a la Panaca de la Casa Real de Manco Inca (casa real de Vilcabamba), como retribución y reconocimiento de su "linaje imperial", al servir como compensación por su renuncia pacífica de está familia a la soberanía del Estado neoinca de Vilcabamba (que reclamaba en el papel el control de todo el Perú). Esto fue acordado en el Tratado de Acobamba, cuando el soberano Sayri Túpac Inca renunció ante el virrey del Perú, en favor del rey Felipe II, a sus derechos al “Imperio del Perú” (siendo los Reynos del Perú el entendimiento occidental del Imperio incaico) a cambio de privilegios señoriales.[9] Por lo que el titular del marquesado era reconocido automáticamente como el más importante de entre toda la nobleza Inca bajo la concepción europea, es decir que poseían la "primogenitura imperial" (razón por la cual en la Corte del Rey los conocían como los "Infantes del Perú" ), mientras que para el resto de panacas incaicas eran un Primus inter pares entre ellos.[10][11]
Estos nobles, al emparentarse con la aristocracia española, se convirtieron en los descendientes legítimos de los soberanos Huayna Cápac, Manco Inca, Sayri Túpac Inca, Alfonso XI de Castilla, Juan II de Aragón, Sancho VI de Navarra, Alfonso V de León y del Papa Alejandro VI (Casa de Borja), acumulando más poder, así como por emparentarse con la Casa de Loyola (y con San Ignacio de Loyola), ganándose el favor constante de los Jesuitas, como de la Monarquía Española al estar emparentados con la Casa de Trastámara.[11][12][13] El titular del marquesado recibía el tratamiento protocolar de "Su Ilustrísima" o "Ilustrísimo Señor". Por lo que pertenecía a un rango medio-alto dentro del sistema nobiliario español. Además, el titular recibía una renta de 10.000 ducados de oro (aproximadamente 270.000 €), y como el título tenía vinculado el Mayorazgo de Oropesa, se le concedía la potestad señorial de dominio sobre las ricas tierras de Maras, Yucay, Urubamba y Huayllabamba; además, era la prueba decisiva para la sucesión en un supuesto trono inca. Para que alguien pudiese ostentar el título de Marqués de Santiago de Oropesa, debía probar ante la Corona su parentesco con el soberano Inca de Vilcabamba (Sayri Túpac) tanto directamente o de manera colateral, o en última instancia su parentesco con los “Loyola y Borja”.[12]
Retención del título por la corona
Para cuando quedó extinta la sucesión, se percibió como un gran alivio para los Borbones (más centralistas que los Habsburgos) contra lo que se percibía era un insulto a su entendimiento afrancesado y regalista de la soberanía del Rey para afianzar el Absolutismo español. Por una real cédula del 16 de octubre de 1744, se ordenó que el territorio del Marquesado en Perú fuese administrado por la Real Hacienda, sin perjuicio del que tuviese derecho de propiedad.[14] Frente a ello, a lo largo de la historia virreinal, numerosos personajes quisieron obtener este codiciado título por diversos motivos, sobre todo cuando la marquesa María de la Almudena Enríquez de Cabrera muriese el 31 de julio de 1741, quedando el título retenido por la Corona española. Así, pretendientes indianos como Juan Bustamante Carlos Inca, Antonio de Idiáquez, Domingo Uchu Ampuero Inca (padre de Dionisio Inca Yupanqui) y Diego Felipe Betancur Túpac Amaru, como pretendientes españoles (como Antonio Francisco de Idiáquez, Manuel de Osorio, Francisco de Osorio, Francisco de Pimentel Borja, Francisco de Borja y Joaquín de Enríquez) habían intentado apoderarse del título. Para iniciar este proceso de probanza (que podía durar muchos años y traía consigo muchos gastos) primero uno debía de ser reconocido como descendiente legítimos del soberano Sayri Tupac por vía patrilineal, siendo así un miembro certificado del Ayllu Real de los Incas por el Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco. Fue tal el interés por este título, que incluso tras la Independencia del Perú, en el año de 1860, apareció en escena Manuel Laza Ladrón de Guevara (un sargento del Ejército del Perú) solicitando al Congreso de la República del Perú que se le entregara el Mayorazgo de Oropesa.[10][13][11]
Durante su existencia, miembros de la Nobleza incaica consideraban que el Mayorazgo de Oropesa era poca compensación para lo que fue la entrega del extenso Imperio Incaico; sin embargo, había consenso de que la legitimidad de la soberanía del Rey de España no podía ponerse en discusión por ser justa dentro de la concepción católica (Escolástica) del Derecho natural:[15]
"sí, solamente el maiorazgo antiguo y estado de Oropesa, que es lo mismo que una gota de agua respecto del mar y un grano de mostaza a un troje o depósito de ella. Así pues, debemos de entender que haviendo sido mis reales pasados dueños y señores lejítimos de aquel imperio del Perú, que comprehende más de 2M leguas, que al presente domina[n] dignamente por la piedad y permisión de Dios los señores católicos reies de España, por la cesión y renuncia que hicieron mis padres, abuelos y tíos abuelos; nos contentamos con la gota de agua y grano de mostaza del corto recinto de dicho estado y maiorazgo de Oropesa, que no tiene de circunbalación de tres a quatro leguas en los quatro lugares que ay, como es notorio. [Comentario al margen:] Yo, como natural del Cuzco, he visto y andado todos los lugares que compone este estado de Oropessa."Juan Bustamante Carlos Inca, AHN, Consejos, 20161, Pza. 16, f. 2.
Relación con José Gabriel Túpac Amaru
Litigio con Betancur sobre la filiación con Túpac Amaru I
En el año de 1776 José Gabriel Túpac Amaru entró en una disputa con Diego Felipe Betancur Túpac Amarú (quienes tenían aspiraciones con reclamar el codiciado Marquesado de Santiago de Oropesa, arguyendo que su madre Manuela Túpac Amaru Arce supuestamente descendía de Túpac Amaru I)[16][17] por el que estos últimos habían denunciado a José Gabriel de ser un cacique impostor, pidiendo que se le retiren todos los privilegios que el poseía como noble indígena, además de exigir que presente su partida de bautizo y el de sus antepasados como defensa.[18][19][20]Previamente, los Betancur le habrían tendido una trampa a José Gabriel; Vicente José García (esposo de la nieta de Diego Felipe, María Gertrudis Avendaño Betancur-Túpac Amaru, por tanto, yerno de su hijo, Felipe Betancur Túpac Amaru) había ido a Pampamarca y, a través de engaños (autonombrándose apoderado del Consejo de los 24 nobles electores Incas del Cusco), logró extraer de la parroquia varias partidas de nacimiento, bautizo y casamiento de los Túpac Amaru, a su vez que manipuló y falsificó información en favor de su suegro. José Gabriel se dio cuenta de que los Betancur le habían tendido una trampa, además estos contaban con apoyo de importantes funcionarios del Cuzco, puesto que muchos eran amigos o familiares de Felipe a través del matrimonio de sus hijos con criollos, haciendo que Diego Felipe lograra ser admitido en el Consejo de nobles electores del Cusco. Ante esta situación adversa, José Gabriel decidió acudir a la Real Audiencia de Lima, esperando encontrar allí justicia.[21][22][23] Sin embargo, ambas familias perdieron mucho, tanto su honor (ya que ambos quedarían con la infamia de usurpadores a largo plazo), como grandes sumas de dinero en juristas, genealogistas, apoderados y heraldos. El mismo cacique don José Gabriel Túpac Amaru contrajo una deuda de aproximada de 8000 pesos en Lima. Actualmente mucho se especula sobre cual habría sido el resultado, pero a ciencia cierta, la Real Audiencia nunca emitió un veredicto final en favor de ninguno de los litigantes, aunado a que los documentos del proceso fueron destruidos casi en su totalidad tras la Gran Rebelión de 1780.[20][24] Según los historiadores Tomson[25] y Lewin,[26] las autoridades españolas de la Real Audiencia de Lima podrían haber ralentizado el proceso, por causa de un temor en que los litigantes, de lograr el reconocimiento jurídico del linaje que se atribuían como descendientes de Túpac Amaru I, entonces fuesen a reclamar la herencia del Marquesado de Santiago de Oropesa como efecto colateral (ya que hipotéticamente serían los herederos más próximos tras la extinción de la Panaca de Sayri Tupac). Por lo que, para los jueces del Virreinato del Perú, ni Túpac Amaru o Betancur, aún teniendo apoyo de los Incas del Cuzco o de los indios plebeyos, y aún si hipotéticamente pudieran haber demostrado su ascendencia, no habrían podido legitimarse como descendientes de Túpac Amaru ni recibir ese reconocimiento por parte del gobierno español con facilidad. Además, las autoridades judiciales, documentándose con el Archivo General de Indias, puede que se hayan dado cuenta de las inconsistencias en la genealogía y reclamos de ambas familias nobles, ya que los Betancur habían logrado legitimarse en varias instancias gubernamentales con documentación falsificada (pues el soberano Túpac Amaru I del siglo XVI nunca tuvo un hijo llamado Juan Túpac Amaru, ni una hija llamada Juana Pilcohuaco, puesto que su descendencia quedó extinta y sería imposible que tuviera descendientes en el siglo XVIII), y la misma familia de José Gabriel Túpac Amaru se había legitimado con una filiación falsa entre Túpac Amaru I y Juana Pilcohuaco (tatarabuela de José Gabriel, que en realidad era hija de Titu Cusi Yupanqui). Sería por eso que, hasta 1780, aún en la Real Audiencia de Lima seguían en proceso de investigación, sin emitir veredicto.[27]Al final, el litigio quedó sin ganador, además que, por motivos políticos, era poco probable que la Corona le concediera tal título a alguien que no pudiesen controlar.
José Gabriel Túpac Amaru y su reclamo del Marquesado
Son numerosos los historiadores del siglo XIX, XX y XXI que mencionan que José Gabriel Túpac Amaru reclamó el Marquesado de Santiago de Oropesa en 1776, otros en 1777, algunos señalando que no se lo concedieron, en tanto otro señalan que si, por ello en muchos textos y artículos se le presenta con el título de “Marqués de Oropesa”.[28]Sin embargo, hasta el día de hoy no existe un documento virreinal (fuente directa) que demuestre de forma explícita que el cacique Don José Gabriel Túpac Amaru haya pedido formalmente este título nobiliario a la Corona española o, en su defecto, a las instancias judiciales del reino.
Quienes defienden la idea de que Túpac Amaru sí tramitó dicho título sostienen que ese documento "no se ha encontrado aún" o que se destruyó en 1781. Añaden que “es probable que si existiera”[29] en algún momento y que muy posiblemente el pedido del marquesado ocurrió entre 1776-1777, paralelo a sus reclamos comunitarios como autoridad indígena y al proceso legal con el que buscaba legitimarse como descendiente del soberano Felipe Túpac Amaru.
“El expediente de litigio entre José Gabriel y Betancur no ha salido a la luz, por lo que el derecho a la sucesión debe quedar abierto a la duda”David Cahill, 2003[24]
Origen de la versión que afirma que Túpac Amaru reclamó el Marquesado
Vicente García y los Betancur
En el Libro de genealogía de Don Diego Felipe Betancur Tupa Amaru, los Betancur afirman que "el indio impostor José Gabriel Condorcanqui" estaba exigiendo el Marquesado de Santiago de Oropesa al igual que Diego Felipe Betancur.[30] Según el español Vicente García, "Condorcanqui" habría iniciado estos reclamos en Lima en 1775 luego de haber ocupado de manera irregular los cacicazgos de Betancur. Sin embargo, García no presenta ninguna prueba documental que lo respalde y además menciona que ellos (García y Betancur) tenían más derecho porque venían gestionándolo desde la década de 1750 mediante apoderados en Madrid.
"Vicente García, autonombrándose apoderado de los nobles incas, extrajo los archivos del Cabildo de los 24 y manipuló y falsificó información en favor de su suegro. Es esta documentación, más los archivos del Marquesado de Oropesa, la que heredó Ángel Vega Enríquez, quien, en 1901, la mandó encuadernar en doce volúmenes y que primero formó parte de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco y, actualmente, del Archivo Regional del Cusco”Donato Amado Gonzales, 2004[30]
Cuando los historiadores del siglo XIX usaron el memorial de los Betancur para reconstruir la vida de Túpac Amaru, incluyeron la versión de esta familia, donde se interpreta que ambas partes ("Betancur y Condorcanqui") estaban solicitando y disputándose el marquesado. Con el tiempo esta versión se consolidó, especialmente durante el gobierno de Velasco Alvarado.[31] Por esta razón muchos textos indigenistas y escolares mantuvieron la idea de que Túpac Amaru reclamó el marquesado, e incluso algunos asumieron que lo obtuvo, llegando a figurar erróneamente en obras universitarias como "Marqués de Oropesa".[31]
Documentos anteriores a la rebelión (1775-1780)
En los documentos previos a la rebelión no existe evidencia de que Túpac Amaru haya solicitado el título de Marqués de Santiago de Oropesa ni otro similar ante la Real Audiencia de Lima o la Corona. Lo que sí está acreditado es que viajó a Lima en 1777 para demostrar que pertenecía a la "Sangre Real", al "linaje de Dn. Phelipe Tupa Amaro Ynga" o al "Tronco Principal de los Emperadores y Reyes Naturales que gobernaron estos Reinos del Perú".[21] El fiscal Serafín Veyán Mola indicó en 1778 que Túpac Amaru acudió a la Real Audiencia para ser "declarado descendiente de los Reyes Incas del Perú". Es decir, viajó a Lima para probar su nobleza indígena por línea materna, luego de que Vicente García y Diego Felipe Betancur lo acusaran de ser un “impostor” y “usurpador” en 1776.[22]
Documentos durante la rebelión (juicio de 1781)
En los documentos del proceso judicial de 1781 contra los rebeldes se menciona a un "marquesado". Francisco Túpac Amaru, Micaela Bastidas, familiares y allegados señalaron que en 1776 y 1777 el sacerdote Dr. Antonio López de Sosa incitó "muchas veces a Thupa Amaro para reclamar mayorazgo y marquesado", “que le leía al rebelde todos sus papeles explicándole mejor su genealogía”, que “le decía que no podía estar ultrajado por los corregidores, y que a los menos le correspondería ser marqués”,[32] y que "dijo al rebelde en muchas ocasiones que merecía el marquesado de Alcañices".
"habiendo enviado el señor virrey de Lima a buscar a dicho José Gabriel Tupa Amaro dos soldados con orden de que le llevasen preso, habiendo tenido esta noticia Micaela Bastidas, mujer de dicho rebelde, dijo a presencia del confesante [Francisco Túpac Amaru] que el cura de Pampamarca era causa para todo, y llorando expresaba no volvería a ver más a su marido."Benito de la Mata Linares, 1781[32]
Una de las preguntas en el interrogatorio a Túpac Amaru tenía como objetivo que el rebelde confesase que Antonio Lopez le incitó a reclamar el Marquesado:[33]
"Preguntósele si su cura [Dr. López de Sosa] no le dejó más expresión; responde que no. Hízosele cargo como falta a la verdad, cuando consta le dijo también era acreedor a marquesado o renta en cajas reales; responde es cierto era acreedor al marquesado de Urubamba, pero que esto es notorio y consta por sus títulos, pero de renta en cajas reales nada le dijo"Benito de la Mata Linares, 1781[34]
El propio Dr. López de Sosa declaró en 1781 que actuó así porque Vicente García pretendía despojar a Túpac Amaru de sus cacicazgos con documentos falsificados, y que por linaje Túpac Amaru sí tenía mayores derechos para reclamar el “Marquesado de Santiago de Oropesa” que los Betancur venían solicitando desde la década de 1750. El fiscal Serafín Veyán anotó en 1781 que “alegando que no sabe si el indio alzado pidió marquesado en Lima”.
Documentos posteriores a la rebelión (1781-1785)
En los documentos posteriores a la ejecución de Túpac Amaru se observa que muchos mestizos, criollos y españoles se dirigían a él, a sus herederos e incluso a su memoria llamándolo “Marqués de Alcañices”, “Duque de Oropesa”, “Marqués de Oropesa” y “Señor de Urubamba”.[35] Estas denominaciones surgieron a partir de rumores que circulaban tanto en Lima como en el Cuzco. Dichos tratamientos nobiliarios aparecen en documentos generados en el Perú, Charcas, Chile, Río de la Plata e incluso Nueva Granada.[36]
“Que somos varios los criollos y españoles que existimos en la buena compañía del Señor Gobernador Don Andrés Túpac Amaru Inca, Marqués de Alcañices, hijo primogénito del Señor Gobernador Túpac Amaru, cuya benignidad lo había despachado a remediar varios excesos y atropellamientos, que habían padecido muchos criollos vecinos”Capitán Juan Figueredo, 11/9/1781
"Y estaban hablando de como fué muerto el Marqués en el Cuzco por los españoles"J. Carrasco, 25/6/1781
En septiembre de 1781, en Potosí, el español Francisco Hurtado declaró haber “oído que el alzado Tûpa Amaro ganó un marquesado en Lima”, lo cual era falso y parece ser un producto de chismes y rumores populares.
Incoherencias sobre la versión de la solicitud del Marquesado en Lima
El proceso descrito en algunas versiones y publicaciones no coincide con el procedimiento formal que debía seguir cualquier aspirante a un título nobiliario español antes de dirigirse a la autoridad competente en España, y con mayor razón si se trataba de un pretendiente al Marquesado de Santiago de Oropesa. Un individuo no podía pedir un título de Castilla al Corregidor, al Protector de Naturales ni a la Real Audiencia de Lima, ya que esa atribución pertenecía únicamente a la Corona española.[37] Lo único que Túpac Amaru sí podía gestionar ante la Real Audiencia era que, mediante un juicio, el tribunal confirmara la autenticidad de sus documentos y argumentos que lo acreditaban como descendiente de los Incas. Esto significa que primero debía legitimar ante la justicia limeña y ante las autoridades del virreinato su condición de Inca auténtico. Ese paso no podía omitirse.
Además, para que alguien pudiese ostentar el título de Marqués de Santiago de Oropesa debía probar ante la Corona su parentesco con Doña Ana María de Loyola Coya Inca, tanto directamente o de manera colateral, o en última instancia su parentesco con Sayri Túpac. Para iniciar este proceso, primero uno debía de ser reconocido como descendiente legítimo del soberano Sayri Tupac por vía patrilineal, siendo miembro certificado del Ayllu Real de los Incas por el Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco.[38] Don José Gabriel Túpac Amaru no figuraba en el Ayllu Real, sino en el Ayllu Calca de Surimana; además, él sostenía que su linaje incaico procedía del soberano Felipe Túpac Amaru por vía materna, lo cual hoy se sabe que es incorrecto, puesto que era descendiente del inca Titu Cusi Yupanqui. Sus relaciones con los Electores Incas del Cuzco eran muy conflictivas debido a que se había atribuido la primogenitura. Tampoco disponía del dinero necesario para viajar a Europa, contratar apoderados ni financiar el extenso proceso probatorio.
Sumado a ello, por motivos políticos y económicos, era poco probable que la Corona otorgara nuevamente un título tan particular, ya que todos los reclamos presentados tanto por indianos como por españoles habían sido rechazados por el rey Carlos III.[38] Con tantas exigencias y limitaciones, resultaba inviable que la Corona concediera ese título nobiliario a José Gabriel Túpac Amaru o a cualquier otro solicitante de esa época; además, se sabe que en 1782 el rey Carlos III llamó severamente la atención a la Real Audiencia de Lima por permitir litigios de ese tipo en sus salas, llegando a afirmar en 1783 que "Incas, fingidos son ya muchos, con tan crecidas y perjuiciosas pretensiones que ya no temen disimular conmigo".
"Que en el expediente del expresado Josef García se ve también que habiendo seguido litigio con el rebelde Josef Gabriel Tupa Amaro, sobre cuál de los dos era el legítimo descendiente [de los Reyes Incas del Perú] en la Audiencia de Lima, desaprobó Su Majestad que hubiese admitido semejante instancia, por ser susceptibles de gravísimos inconvenientes estas disputas, y pretensiones de entronques con los "Incas supuestos y fingidos", contra todo lo que consta de la historia acerca de la extinción de la familia referida, y por consiguiente dando lugar a mil supercherías y suplantaciones [...] En la Ciudad de México a 28 días de noviembre de 1796"Francisco Javier de Borbón y Torrijos, 1796
Rehabilitación
Algunos de los reclamantes al Marquesado de Oropesa estaban ligados a la nobleza española, como Don Antonio Francisco de Idiáquez y Garníca (cuyo linaje familiar era de los Duques de Granada de Ega), quien dejaría un memorial a sus descendientes para continuar con el reclamo del título. Una de sus descendientes, Doña María del Carmen Azlor de Aragón y Guillamas, VIII Duquesa de Granada de Ega, reclamará el título de Marquesa de Santiago de Oropesa, utilizando el memorial de su antepasado Don Antonio Francisco de Idiáquez.[39]
Esto fue posible ya que se dieron algunos cambios de legislación en España, influenciada por los diversos procesos históricos y sociales en Europa durante el siglo XIX, y por el que se haría posible que muchos españoles reclamen títulos nobiliarios que en el pasado habían pertenecido a linajes cuyos titulares radicaban en América (ya no habiendo algún motivo en la Corona para seguir reteniendo el título de Marqués de Oropesa, tras consumarse la Independencia del Perú).
Cómo La Casa "De Loyola Borja Inca" estaba extinta, la duquesa María del Carmen alegaría que sus antepasados eran parientes colaterales lejanos de los marqueses por la rama de la Casa "De Loyola", un linaje con el que antepasados de los Duques de Granada de Ega se habían emparentado desde el siglo XIV. Además la duquesa era la Señora de la Casa de Loyola y eso la ayudó.[40] Es así que, por disposición del rey Juan Carlos I de España, se aceptó su alegato y por Real Decreto (publicado en la Gaceta de Madrid el 28 de enero de 1982),[41] se rehabilitó el Marquesado de Santiago de Oropesa, otorgado a Doña María del Carmen Azlor de Aragón y Guillamas, pero sin incluirse en este el Señorío de Yucay, título que sigue aún en posesión de la Corona.
Posteriormente, en 1988, la corona expidió carta de sucesión a favor de Alfonso Martos Carrión.[42] La nueva legislación nobiliaria de España otorgó un plazo de 40 años, en caso de que hubiera algún pariente o persona con mayores derechos que pudiera presentar alguna objeción o reclamo al título recientemente restaurado. Pero, debido a que el plazo se acabó en el 2022, el título de Marquesa de Santiago de Oropesa quedaría firmemente ligado a la descendencia de Doña María del Carmen Azlor de Aragón y Guillamas.
Marqueses de Santiago de Oropesa

- Ana María Lorenza de Loyola y Coya, I marquesa de Santiago de Oropesa, Adelantada del valle de Yupanquí (1614) y señora de la Casa de Loyola, casada con Juan Enríquez de Borja, caballero de la Orden de Santiago (1594), capitán general de la Armada de Barlovento y consejero de Guerra de Felipe IV de España, hijo segundo de Álvaro de Borja y Aragón, hijo de los IV duques de Gandía, y de Elvira Enríquez de Almansa, V marquesa de Alcañices. Sucedió su hijo:
- Juan Enríquez de Borja y Almansa (1619-1675), II marqués de Santiago de Oropesa, VIII marqués de Alcañices, señor de la Casa de Loyola. Casado en primeras nupcias con Ana de la Cueva y Enríquez, hija de Francisco Fernández de la Cueva, VII duque de Alburquerque, con sucesión; casado en segundas nupcias con Ana de Velasco y Tovar, hija de Bernardino Fernández de Velasco, VI duque de Frías, de quien tuvo una hija que le sucedió:
- Teresa Enríquez de Velasco (m. 1713), III marquesa de Santiago de Oropesa, IX marquesa de Alcañices, señora de la Casa de Loyola, que casó con Luis Enríquez de Cabrera y Álvarez de Toledo, VIII duque de Medina de Rioseco, de quien tuvo un hijo que le sucedió.
- Pascual Enríquez de Cabrera y Almansa (m. 1736), IV marqués de Santiago de Oropesa, X marqués de Alcañices, IX duque de Medina de Rioseco, XII Almirante de Castilla, XIII conde de Melgar y XIII de Rueda, casado con María Josefa Pacheco y Rojas, hija de Juan Francisco Pacheco y Téllez-Girón, III conde de la Puebla de Montalbán y de María de Sandoval y Girón, IV duquesa de Uceda; sin sucesión, heredó su hermana:
- María de la Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa, V marquesa de Santiago de Oropesa, XI marquesa de Alcañices. A falta de herederos, la sucesión fue por rehabilitación, pues el título quedaría retenido por la Corona España desde 1741 a 1982
- María del Carmen Azlor de Aragón y Guillamas, VI marquesa de Santiago de Oropesa, VIII duquesa de Granada de Ega, casada con Alfonso Martos y Zabálburu, VII marqués de Casa Tilly y VIII de Iturbieta, hijo de Alfonso Martos y Arizcúm, VI marqués de Casa Tilly y VII de Iturbieta, IV conde de Heredia Spínola. Sucedió su hijo:
- José Luis Martos y Azlor de Aragón, VII marqués de Oropesa.
- Alfonso Martos Carrión y Azlor de Aragón, VIII marqués de Oropesa, actual titular.