El Cacicazgo de Jaragua estaba bajo el cacique Bohechío. Después de la muerte de Bohechío el territorio pasó a su hermana Anacaona. Ella mediaba entre los nativos de Jaragua y los españoles. Tenía fama de haber sido una administradora eficiente, una mujer hermosa y muy respetada. En aquella época los españoles tenían alianza con el cacique de Marién Guacanagaríx. Guacanagarix dijo a los españoles que la tribu de Jaragua planeaba una rebelión. Aunque Anacaona siempre había pagado su tributo, Ovando la consideró una amenaza. Según Las Casas, en 1503, Ovando aconsejó a Anacaona que visitara la ciudad de Jaragua con sus hombres para celebrar el progreso. Durante la celebración Ojeda y sus hombres se volvieron contra los nativos. Anacaona y otros nobles fueron arrestados y acusados de conspiración y de intentar iniciar una rebelión. Ovando había ido a Jaragua con 300 hombres y muchos nativos de la tribu de Marién. En pleno festejo se dio una señal preestablecida y los españoles se apoderaron de los caciques y los atacaron. Así, murieron muchos de los indios, entre ellos 80 caciques quemados vivos y Anacaona ahorcada. Este acto de crueldad se ha grabado como la matanza de Jaragua.[2][3]