Las microfibrillas (MCF) sirven como andamio para el depósito y la modificación de la elastina durante la formación de fibras en los tejidos elásticos como pulmones, vasos sanguíneos, piel y ligamentos.
En tejidos no elásticos como la córnea, el tendón, el pericondrio y el glomérulo renal, las MCF proporcionan resistencia a la tracción.[4]
Las MCF le dan integridad de estructura a los sistemas orgánicos y están involucradas en el control de las vías de señalización celular a través del almacenamiento y activación de los factores de crecimiento de la superfamilia TGF-β, incluidas las proteínas morfogénicas óseas (BMP) y factores de diferenciación del crecimiento (GDF).[5]
Además de TGF-β, las microfibrillas de fibrilina secuestran otros factores de crecimiento, incluidos BMP y GDF.[4]
Las microfibrillas (MCF) a menudo tienen una segunda función, en muchas células el citoplasma (o partes de él) fluyen de un lugar a otro dentro de la célula. Este fenómeno se torna dramático en el caso de la formación de seudópodos en una ameba o en los glóbulos blancos, pero puede ocurrir también en muchas otras células. En los casos en los cuales se ha podido observar, aparece asociado con la presencia de microtúbulos.[6][7][8]
Un caso especial de movimiento intracelular se presenta durante la distribución exacta de los cromosomas a las células hijas resultantes de la división celular. Cada cromosoma se mueve a su distinto final adherido a una microfibrilla larga. El conjunto completo de microfibrillas que participan en este proceso se denomina el huso acromático y puede verse en varias de las fotomicrografías de células en proceso de división.[9]