Miguel Antonio de Arrascaeta

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Fallecimiento 9 de julio de 1767 (48 años)
Frontera de Puerta del Sauce.
Causa de muerte Muerto en batalla
Religión Católica Apostólica Romana
Miguel Antonio de Arrascaeta
Información personal
Nacimiento 21 de enero de 1719
Córdoba, Gobernación del Tucumán, Virreinato del Perú
Fallecimiento 9 de julio de 1767 (48 años)
Frontera de Puerta del Sauce.
Causa de muerte Muerto en batalla
Religión Católica Apostólica Romana
Familia
Padres Antonio de Arrascaeta y Hemasabel (1672–1726)
Micaela Ferreyra de Acevedo y Casas (1678–1746)
Cónyuge Maria Josefa Ferreyra (1745-1767)
Hijos
  • Justo Lorenzo de Arrascaeta
  • María del Carmen de Arrascaeta
  • María Bárbara de Arrascaeta
Información profesional
Ocupación Militar y Explorador
Conocido por Titular de la Merced de Arrascaeta, merced real de tierras concedida en 1757.
Cargos ocupados
  • Maestre de Campo
  • Comandante General de Milicias en Salta
  • Comandante de la Frontera de Río Cuarto

Miguel Antonio de Arrascaeta (Córdoba, 21 de enero de 1719-Fuerte del Sauce, 9 de julio de 1767) fue un militar y explorador español que actuó en la Gobernación del Tucumán, entonces perteneciente al Virreinato del Perú, durante los reinados de Fernando VI (1746–1759) y Carlos III (1759–1788).

Alcanzó el rango de maestre de campo en las milicias de Córdoba y lideró diversas expediciones al Gran Chaco, en el marco de las políticas de paz y defensa de una de las fronteras más inestables del espacio colonial. Según los diarios de expedición, Miguel de Arrascaeta realizó exploraciones en el Chaco con el auxilio del cacique Colompotop, referido en las fuentes como “indio amigo y aliado”.[1][2]

En una misiva elevada al virrey del Perú en 1766, el gobernador del Tucumán, Juan Manuel Campero, destacó sus méritos, instrucción y disciplina militar, considerándolo capaz de “competir con los más veteranos”.[3]

En reconocimiento a sus servicios y al de sus antepasados a la Corona Española, fue distinguido para él y sus sucesores con una merced real que llevaría su nombre. En el texto de dicha merced, Arrascaeta declaró haber servido “desde mis más tiernos años […] a mi costa y sin sueldo”, señalando asimismo que sus antepasados habían servido a la Corona “en todos los empleos políticos y militares que tiene esta ciudad desde su primera fundación”.[4]

Fue hijo del maestre de campo Antonio de Arrascaeta Hemasabel y de Micaela Ferreyra de Acevedo.

Perteneció a una de las familias fundacionales de Córdoba, según consta en los registros de la merced real que le fue otorgada, en la que se menciona que sus antepasados prestaron servicios políticos y militares a la Corona hispánica desde la primera fundación de la ciudad.[4]

Fue bautizado el 7 de febrero de 1719 en la Iglesia Catedral de Córdoba, sede episcopal de la diócesis, actuando como padrinos el maestre de campo Francisco de Villamonte y su hermana Sabina.

Contrajo matrimonio con María Josefa Ferreyra de Aguiar el 3 de octubre de 1745, en la misma Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Córdoba del Tucumán

Antecedentes cívicos familiares

En 1714, el Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Córdoba dispuso la realización del deslinde de la jurisdicción urbana, convocando a un cabildo abierto con el objeto de recaudar los fondos necesarios para afrontar los gastos de la diligencia.

En el acta correspondiente consta que, reunidos los vecinos y moradores de la ciudad para tratar asuntos “del pro y útil de esta república”, y ante la carencia de propios u otros recursos públicos, se organizó una contribución voluntaria.

Entre los contribuyentes figura el maestre de campo Antonio de Arrascaeta, padre de Miguel Antonio de Arrascaeta, quien realizó un aporte económico destinado a financiar el deslinde de la ciudad de Córdoba. Existen constancias documentales que acreditan la participación de la familia de Arrascaeta en asuntos públicos y administrativos de la ciudad a comienzos del siglo XVIII.[5]

Participación de Miguel Antonio de Arrascaeta en la defensa y conformación temprana de La Carlota

Miguel Antonio de Arrascaeta fue una de las personalidades relevantes en los orígenes y la consolidación temprana del asentamiento de Punta del Sauce —actual ciudad de La Carlota—, en el marco de uno de los espacios más inestables de la frontera sur de la jurisdicción de Córdoba del Tucumán, caracterizado por la recurrencia de ataques y la fragilidad de los dispositivos defensivos coloniales.[6]

El historiador Raúl López, integrante de la Junta Municipal de Historia de La Carlota, lo destacó entre aquellos hombres que desempeñaron un papel estratégico en la conformación histórica del lugar.[6]

Durante el siglo XVI, el área de Punta del Sauce era considerada una zona de tránsito y caza, con nula ocupación indígena permanente. Esta situación se modificó hacia comienzos del siglo XVIII, cuando pueblos nativos vecinos de la región —particularmente los pampas— incorporaron el uso sistemático del caballo, lo que incrementó considerablemente su movilidad y capacidad de incursión sobre los territorios de frontera. A partir de entonces se registraron ataques conocidos como malones, que afectaban de manera recurrente tanto a los pobladores como a las rutas interregionales.[6]

Tal como señala López, estas incursiones implicaban el robo de ganado y la captura de personas, incluyendo mujeres destinadas a procreación forzada y niños tomados como cautivos. Los hombres, en general, no eran asesinados salvo que ofrecieran resistencia.[6]

Como respuesta a este escenario, en 1752 el gobernador Juan Victorino Martínez de Tineo ordenó la construcción de un fuerte en el campo de Maldonado, al oeste del actual emplazamiento urbano.[6]

En este contexto, Miguel Antonio de Arrascaeta propuso la edificación de un segundo fuerte en el núcleo del asentamiento —en el área de la actual plaza principal— y la delimitación de solares para el establecimiento de pobladores en sus inmediaciones. Estas medidas facilitaron el arraigo de vecinos y contribuyeron a la consolidación de un núcleo urbano estable.[6]

Raúl López describe que el sistema defensivo de Punta del Sauce funcionaba como una línea de contención precaria, sostenida por un número reducido de milicianos, lo que limitaba severamente su capacidad para impedir de manera efectiva las incursiones en uno de los tramos más expuestos de la frontera colonial.[6]

Nombramiento como comandante

En 1757, a pedimento de la vecindad de Cruz Alta, el gobernador de la Provincia del Tucumán, Joaquín de Espinosa y Dávalos, nombró comandante general del Fuerte del Sauce al maestre de campo Miguel Antonio de Arrascaeta. Dicho fuerte se encontraba emplazado en el denominado camino de las Pampas del Sur, referido en las fuentes históricas como el “camino de la muerte” debido a su peligrosidad.[6][7][5]

Los antecedentes documentales indican que la aceptación de este cargo no constituía un nombramiento meramente honorífico, sino que implicaba un compromiso militar efectivo y una exposición permanente a los riesgos propios de la frontera. En ese mismo período se produjo el otorgamiento de la merced real de tierras, entendida como reconocimiento a los servicios prestados y asegurar a sus descendientes.[6]

Diplomacia y política indígena

Su labor se inscribió en la búsqueda de acuerdos de paz con los pueblos originarios, en consonancia con las disposiciones del derecho indiano vigente, que regulaban las relaciones entre la Corona española y las comunidades indígenas, incluyendo el reconocimiento de las autoridades locales (caciques) en sus territorios ancestrales.

En este sentido, el bibliófilo y editor Miguel Ángel Porrúa ha señalado que la supresión del término “conquista” en las ordenanzas indias responde al espíritu pacifista que anima a estas disposiciones.

La Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias establecía, en su artículo 20, la denominada “Orden de Evitar la guerra y las violencias”, que suponía la prohibición de emprender acciones de guerra o violencia injustificada contra los pueblos indígenas, disponiendo que los descubridores por mar o tierra “no se empachen en guerra ni conquista en ninguna manera ni ayudar a unos indios contra otros […] ni les tomen contra su voluntad cosa suya”.[3]

Concesión de una merced real de tierras en 1757

En reconocimiento a su lealtad y a los servicios prestados en la guerra, el gobernador y capitán general otorgó para Miguel Antonio y sus descendientes, una concesión de tierras que llevaría su nombre. El acta oficial, refrendada por el prosecretario del gobierno José Justo Guerrero y el secretario Joaquín Espinosa – por mandato de Su Majestad– formalizó dicha concesión en noviembre de 1757, la cual fue posteriormente confirmada mediante cédula real a su mujer e hijos.

El texto de la merced detallaba el alcance de los derechos concedidos al beneficiario

“En cuya conformidad y en virtud de los referidos poderes y facultades que me son conferidos os hago la dicha merced a vos el Maestre de Campo Don Miguel de Arrascaeta de las mencionadas tierras según y cómo y con los linderos que en dicho pedimiento se contienen para vos y vuestros sucesores, para que podáis hacer en ellas estancias y poblaciones, venderlas, trocarlas y cambiarlas como cosa vuestra propia, adquirida por vuestros servicios y los de vuestros antepasados, y en esta atención ordeno y mando a las leales justicias de esta referida Ciudad, que constando haber enterado en esta real caja lo correspondiente al real derecho de media anata, de intrínseco valor de dichas tierras, le pongan en posesión de ellas y ninguna persona de cualquier estado o condición le podrá despojar de dicha posesión sin que primero sea oído y por fuero y derecho vencido, debiendo entender es una merced.[4]

La concesión comprendía un territorio estratégico delimitado entre la laguna de Chaguay (actualmente La Carlota, provincia de Córdoba) y la laguna de Melincué (actual provincia de Santa Fe).

Expedición de 1764 al río Bermejo (octava expedición)

En 1764, bajo órdenes del gobernador del Tucumán, Juan Manuel Campero, de Arrascaeta lideró una octava expedición compuesta por 80 hombres con el objetivo de explorar la navegabilidad del río Bermejo y buscar un camino terrestre hacia la ciudad de Corrientes.[8]

El 13 de septiembre de ese año, la expedición fue sitiada en la zona de Lacangayé por una coalición de aproximadamente 700 indígenas liderados por el cacique Lachirikin.[2] La situación fue desactivada mediante la mediación diplomática del cacique aliado Colompotop, quien actuó como intérprete.

En una carta dirigida al gobernador Campero, de Arrascaeta relató que entabló diálogo con Lachirikin, a quien identificó como “principal de todos y protector de esa nación”, y  que, con el fin de concertar la paz, lo “agasajó”, según sus propias palabras, entregándole “lo mejor de mi ropa que llevaba, 50 vacas, 15 caballos, una mula, tabaco, gorros y otras frioleras”, extendiendo obsequios similares a los demás caciques que lo acompañaban. En dicha misiva mencionó asimismo acuerdos preliminares con otros líderes indígenas, entre ellos Paikín (mocovíes), Chala (mocoví), Ladigori y Guaquin (tobas), entre otros.

No obstante, de Arrascaeta advirtió un clima de “desabrimiento” entre los indígenas. Asimismo, señaló que los soldados manifestaron temor al verse rodeados por un contingente tan numeroso, negándose a continuar la marcha pese a la relativa cercanía de Corrientes.

Con el fin de evitar que dicha situación fuese advertida por los indígenas, decidió comunicar a todos que el objetivo de la expedición —la concertación de la paz— había sido cumplido y que regresaría a informar al gobernador. Según su relato, los caciques le solicitaron entonces que se enviara nuevamente al padre Sandon con el fin de avanzar hacia un proceso de reducción.

En la misma carta, fechada el 30 de septiembre de 1764 y firmada por de Arrascaeta en su carácter de Maestre de Campo, el expedicionario informó a Campero que “tenía la gloria de que con 80 hombres había penetrado el Chaco hasta donde nadie había llegado”. Agregó que hizo un mapa de los rumbos del “Río Grande” (Bermejo).[9]

El diario de viaje de la expedición de 1764 consigna asimismo los objetos personales entregados por Arrascaeta al cacique Lachirikin en el marco de las negociaciones, entre ellos espuelas de plata, un yesquero, un puñal con mango de plata y su poncho balandrán.

Esta expedición permitió concertar acuerdos iniciales de paz con figuras indígenas centrales, como los caciques Lachirikin y Paikín, los cuales serían retomados y formalizados posteriormente, en 1774, durante la gobernación de Gerónimo Luis de Matorras.[9]

Reconocimientos y promoción militar

En octubre de 1766, el gobernador del Tucumán, Juan Manuel Campero, elevó al virrey del Perú, Manuel de Amat y Junyent, una solicitud formal de promoción de Miguel de Arrascaeta, documentada con el n.º 625. En dicho escrito, Campero destacó la trayectoria militar de Arrascaeta, señalando su designación previa como ayudante general y subrayando su “honor y singular conducta”.[3]

Según el Lic. Pablo Fridman, investigador del CONICET, esta solicitud se inscribe en el contexto del denominado proyecto pacificador impulsado por Campero en la frontera chaqueña entre 1764 y 1767.

De acuerdo con la misiva elevada al virrey, la expedición inicial había quedado detenida por la escasez de agua propia del período invernal en la frontera chaqueña y por la falta de preparación militar adecuada de la caballada. Ante estas dificultades, el gobernador resolvió reducir el contingente y encomendar la continuación de la campaña con destino a Higuerilla a un grupo más reducido, profesionalizado y experimentado, bajo el mando de Miguel de Arrascaeta.

En el mismo documento, Campero destacó la capacidad de Arrascaeta y su conocimiento de los circuitos y desplazamientos de los pueblos guaycurúes, subrayando la idoneidad, diligencia y disciplina militar del grupo bajo su cargo.

En 1766, Campero remitió además un informe al funcionario Arriaga, posteriormente transcripto en el compendio de Reales Órdenes de 1777–1780 de la Secretaría de Cámara y Virreinato de Lima, en el cual solicitó que se le confiriera a de Arrascaeta el mando de armas de la ciudad de Córdoba.[3]

Fridman señala que, en estos documentos, Campero elaboró una detallada relación de servicios y méritos de su lugarteniente, utilizando —en sus propios términos— “exuberantes marcas apreciativas” para destacar sus dotes militares, a quien consideraba capaz de “competir con los más veteranos”, en virtud de su instrucción y experiencia en campañas vinculadas a las relaciones interétnicas. Asimismo, las cartas mencionan el rol de Arrascaeta en el liderazgo de expediciones al Chaco entre 1764 y 1765, así como la referencia a “un crecido número de indios pidiendo reducción” en Salta y Santa Fe.[3]

Muerte

La historiografía regional ha señalado que Miguel de Arrascaeta fue destinado a campañas de alto riesgo en el Chaco, desarrolladas bajo condiciones materiales sumamente precarias, debido a la falta de recursos inmediatos de la Caja de la Sisa y a la tensión entre Juan Antonio de la Bárcena (alférez real) y Campero.[10][11]

En particular, durante la expedición de 1764, la tropa a su cargo contó con recursos claramente insuficientes para enfrentar la sequedad y la escasez de agua, al tiempo que avanzaba hacia un escenario de conflicto en el Chaco Gualamba.[3]

Esta situación fue referida por Gerónimo Luis de Matorras en su Diario de la expedición hecha en 1774 a los países del Gran Chaco, al rememorar la marcha de 1764, donde señaló que “toda defensa habría sido imposible, porque los 80 hombres de Arrascaeta llevaban muy pocas municiones, y apenas tenían dos cartuchos cada uno ese día”.[2]

El fallecimiento del Maestre de Campo ocurrió el 9 de julio de 1767 en las inmediaciones del Fuerte del Sauce (actual Córdoba), tras una emboscada de grupos pampas donde Arrascaeta perdió la vida junto a 37 de sus hombres.

Tras su deceso, la merced fue confirmada por Cédula Real a su viuda e hijos, cuyos descendientes se establecieron y la habitaron durante cuatro generaciones.[12] Con la organización del Estado argentino, la Asamblea del Año XIII reconoció la validez de los títulos reales preexistentes, criterio que fue posteriormente reafirmado por la Constitución Nacional de 1853-1860 bajo el principio de continuidad jurídica y por el Código Civil de Vélez Sarsfield en 1869.

El Litigio con el Estado Provincial

Hacia 1883, en un contexto de plena expansión del ferrocarril y de creciente valorización del suelo, la provincia de Santa Fe subastó tierras de dominio privado como si fueran fiscales[13], sin ley habilitante ni indemnización previa.[14][15]

Las tierras correspondientes a la merced de Arrascaeta, estratégicamente ubicadas por su cercanía a puertos y líneas férreas, fueron ofrecidas y promocionadas en diarios regionales destacando su alta fertilidad,[13] luego de haber sido vendidas a un particular, Jaime Arrufé.[12]

Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Iturraspe, 1913) y consecuencias posteriores

Véase también

Referencias

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