Mina de Valborraz
Yacimiento arqueológico contemporáneo, explotación minera en Casaio, Carballeda de Valdeorras, siglo XX
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La mina de Valborraz (Santa María de Casaio, Carballeda de Valdeorras, Ourense), también conocida como la Mina de los Alemanes, es un yacimiento arqueológico de época contemporánea asociado a la explotación minera del wolframio en Galicia, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial.
| Mina de Valborraz | ||
|---|---|---|
| Mina de los Alemanes | ||
![]() Vista del lavadero de la Mina de Valborraz | ||
| Ubicación | ||
| País | España | |
| División |
| |
| Subdivisión | Orense | |
| Municipio | Carballeda de Valdeorras | |
| Localidad | Santa María de Casaio | |
| Coordenadas | 42°17′37″N 6°45′57″O | |
| Historia | ||
| Tipo | Yacimiento arqueológico | |
| Uso original | Industrial minero | |
| Época | Contemporánea | |
| Construcción | 1913 | |
| Abandono | 1963 | |
Contexto histórico
En el contexto de la Guerra Civil española, se crea, el 31 de julio de 1936, una sociedad ficticia llamada HISMA (Hispano-Marroquí de Transportes, Sociedad Limitada), que servía como tapadera para el tráfico de armas que había de la Alemania nazi al bando nacionalista español. En contrapartida a esta empresa, en octubre de 1936, se creó en Berlín la ROWAK (Rohstoff-Waren-Kompensation Handelsgesellschaft) de la mano de Göring, que canalizaría cómo y a través de qué España pagaría su deuda con Alemania. La alianza bilateral entre Alemania y España se llevó a cabo a través de HISMA-ROWAK, hasta que en 1938 ambas empresas se fusionaron en SOFINDUS (Sociedad Financiera Industrial S.A) más orientada a la adquisición de materias primas.
Un año antes, en 1937, Göring envió a España una campaña de expedición geológica para encontrar potenciales yacimientos para la explotación minera en los territorios de dominio nacionalista.[1] Esta operación se enmarcaba en el Plan Cuatrienal, que tenía como objetivo que el Tercer Reich alcanzara una “economía de guerra” sostenible durante cuatro años.
Entre 1942 y 1943, el wolframio representaba más de la mitad de las exportaciones españolas, dirigidas a los países en guerra, tanto Aliados (Estados Unidos y Gran Bretaña) como de las Fuerzas del Eje (Alemania e Italia). Durante el conflicto, los países Aliados mantuvieron una guerra económica contra la Alemania nazi conocida como la batalla del wolframio, con el objetivo de hacerse con el control del mineral en la Península Ibérica, debido a la abundante exportación de España y Portugal a Europa (a pesar de declararse neutrales en la Segunda Guerra Mundial).[2] Una de sus principales medidas era la compra del mineral a precios mayores, provocando que la tonelada de wolframio pasara de 7.500 pesetas en 1937, a 275.000 pesetas en 1943.[3] Hacia el final de la guerra, los Aliados bloquearon el suministro de petróleo a España como coacción definitiva para acabar con la alianza hispano-alemana.
Historia

La mina de Valborraz fue abierta en 1914 por la empresa belga "Societé Mines de Wolfram de Balborraz"[4] y su actividad fue prometedora hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Después de 15 años abierta, los derechos de la mina pasan a manos de los alemanes en 1938, a través del holding empresarial de SOFINDUS. Esta es la época más significativa, no solo para la mina, sino para la población de los alrededores, que empezaron a denominarla “La Mina de los Alemanes”.
Entre 1942 y 1944 la mina funcionó como destacamento penal, donde los presos republicanos podían redimir sus penas y reducir su condena a cambio de trabajar en las minas, cobrando un mínimo salario y fuera de las cárceles, donde las condiciones de vida eran lamentables.[5] Durante esos años, 463 presos se desplazaron hasta la mina de Valborraz, principalmente excombatientes republicanos de las zonas de Andalucía, Madrid, Guadalajara, Asturias y el Bierzo. Cabe destacar que del escaso sueldo que recibían, más de la mitad era confiscado para la Hacienda pública en concepto de indemnización de guerra. El Destacamento Penal no funcionó por dos motivos principales: la fuga de presos y el contacto de los mismos con los guerrilleros de la zona, de quienes conservamos vestigios como la Ciudad de la Selva.
Los alemanes explotaron la mina de Valborraz hasta 1945, momento en el que perdieron la guerra. Antes de abandonarla, el ingeniero Georg Burk ordenó desmantelar la sala de máquinas y otras instalaciones para que no cayeran en manos de los Aliados, acusando a la guerrilla española de su destrucción.
En 1954, las minas fueron adquiridas y reactivadas por el Grupo Minero de Casaio S.A., en el contexto de la guerra de Corea, pero la bajada del precio del wolframio provocó el cierre definitivo del yacimiento en 1963.[6]
Impacto social
En el momento de mayor explotación de la mina llegaron a trabajar más de 1000 personas, sobre todo de las comarcas de Valdeorras y la Cabrera. El sueldo era mayor que el habitual, de entre 5 y 7 pesetas para trabajadores generales y de hasta 20-25 pesetas para los técnicos especialistas.[5] Luego, la mina se convirtió en el modo de vida y sustento de muchas familias en un momento de posguerra y hambruna. Esto supuso cambios en el entorno, tanto paisajístico como social.
Los dos avances más importantes que trajo la mina fue la electricidad, con la construcción de un salto hidroeléctrico de agua en la década de 1940, y la construcción de una carretera de acceso de 24 km en el margen derecho del río Casaio para el transporte de maquinaria, que facilitó la comunicación de las poblaciones de Casaio, Viladequinta, A Portela y O Trigal. Así, el paisaje rural se fue convirtiendo en un entorno industrializado, y la economía tradicional de autosuficiencia pasó a una economía también industrial, permitiendo que muchas familias no tuvieran que emigrar para mantenerse durante la posguerra española.
Estraperlo de wolframio
A raíz de la batalla del wolframio, surgió la llamada "fiebre del wolfram", aludiendo a la cantidad de personas que iban por su cuenta a los filones sin explotar para ganarse la vida en un período de miseria. El mineral que extraían podían venderlo bien a la empresa titular encargada de la explotación oficial, o bien a compradores independientes que pagaban siempre un precio más elevado (que podía llegar a duplicar el precio ofrecido por la empresa). Estos compradores independientes también compraban el mineral en el estraperlo de wolframio, extraído ilegalmente de las minas y vendido en el mercado negro.[7] Había varias formas de extraer este wolframio: escondiéndolo en los alrededores de la mina para recuperarlo por la noche, buscando en zonas sin explotar o incluso en las minas custodiadas por la Guardia Civil, que hacía la vista gorda a cambio de cierto porcentaje de las ganancias. Una de las características del estraperlo fue el gran protagonismo de las mujeres y la implicación de las familias y vecinos para poder garantizar cierta seguridad en la actividad. Esta economía sumergida ayudó a muchas familias durante la posguerra, ya que por pequeñas cantidades se pagaba lo suficiente como para mantenerse durante varios meses.
