Ministerio de Abastecimientos
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| Ministerio de Abastecimientos | |||||
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| Localización | |||||
| País |
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| Localidad | Madrid | ||||
| Información general | |||||
| Jurisdicción | España | ||||
| Tipo | Ministerio | ||||
| Sede | Madrid | ||||
| Organización | |||||
| Ministros | Juan Ventosa | ||||
| Dependencias | Abastecimiento del país, compra de trigo extranjero, subsistencias. | ||||
| Historia | |||||
| Fundación | R.D 3 de septiembre de 1918 | ||||
| Disolución | R.D 8 de mayo de 1920 | ||||
| Sucesión | |||||
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El Ministerio de Abastecimientos fue un departamento ministerial español creado a raíz de la Crisis española de 1917, para garantizar los abastecimientos interiores durante la Primera Guerra Mundial, en la que España se había declarado neutral.
Según la revista El Año Político, «todo el mundo celebró la supresión de este departamento» que «parecía no haber tenido más objetivo que dificultar el reparto y el encarecimiento de las subsistencias» y que «quedará en la Historia como un borrón en la Administración española».[1]
Cuando se inició el conflicto europeo el 28 de julio de 1914, España era un país económicamente atrasado, con solo el País Vasco y Cataluña con una industria importante, un país que tras el Desastre del 98 y el posterior tratado con Alemania en 1899 había liquidado su antiguo imperio colonial (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), estaba moralmente destrozado, con el sistema de gobiernos del «turno» cuestionado, con un ejército que se encontraba anticuado, casi sin armada naval, y con el problema de Marruecos que desembocaron en crisis y huelgas como la Semana Trágica en 1909. Además, España no pertenecía a ninguno de las dos alianzas europeas enfrentadas. En 1913, España se asegura de un territorio en el norte de Marruecos, que se convirtió en una fuente de problemas militares continuos, y no se consiguió pacificar hasta 1927.
El gobierno conservador de Eduardo Dato decidió mantener a España neutral, compartida por la mayoría de la clase dirigente, y tal y como afirmaba Manuel Azaña, la decisión «era una neutralidad forzosa, impuesta por nuestra propia indefensión».[2] La neutralidad tuvo importantes consecuencias económicas y sociales ya que se produjo un enorme impulso del proceso de "modernización" que se había iniciado tímidamente en 1900, debido al aumento considerable de la producción industrial española a la que de repente se le abrían nuevos mercados (los de los países beligerantes). Sin embargo, la inflación se disparó mientras que los salarios crecían a un ritmo menor y se produjeron carestías de los productos de primera necesidad, como el pan, lo que provocó motines de subsistencias en las ciudades y crecientes conflictos laborales protagonizados por los dos grandes sindicatos, CNT y UGT, que reclamaban aumentos salariales que frenaran la disminución de los salarios reales debido a la inflación.[3]