Misión de San Ignacio de Cabórica
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La Misión de San Ignacio de Cabórica es una de las misiones jesuíticas en el Estado de Sonora. Es una de las misiones fundadas por el misionero Eusebio Francisco Kino. Está ubicada en la localidad de San Ignacio, a 8.7 kilómetros al norte de la ciudad de Magdalena de Kino, justo frente al kiosco y plaza de la localidad.
Kino visitó por primera vez la aldea de Cabórica el 14 de marzo de 1687 y le puso por nombre San Ignacio. El padre Pinelli se estableció en San Ignacio pero poco después sería sustituido por Hostinsky, procedente de la Tarahumara, quien a su vez sería reemplazado por el padre Campos. El padre Agustín de Campos llegó a la Pimería Alta en 1693. Luego tuvo su residencia desde febrero de 1696 en la misión de San Ignacio. El padre Campos. hizo de San Ignacio su residencia; desde ahí hizo sus viajes hacia las otras misiones tanto de Guevavi, como San Xavier del Bac, Dolores, Remedios, Cocóspera, Magdalena de Buquivaba y San José de Himeris (Imuris), para continuar y consolidar lo que Eusebio Kino su antecesor, había iniciado.[1]
La misión no era más que una choza en 1695. En 1702, ya enterró el padre Campos a Francisco Montalvo frente al altar de la Misión de San Ignacio. Después de la muerte de Kino en 1711, fue la única iglesia de misión activa durante 20 años.[2]
En 1730, el edificio fue descrito como “deteriorado”. Convirtió a San Ignacio en una escuela de lenguas y la Misión más importante de la Pimería en aquellos entonces.
El misionero visitador Cristóbal de Cañas escribió en 1730 que las mujeres ópatas embarazadas invocaban a San Ignacio, para tener buen parto. “en sus partos piden al padre la medalla de nuestro seráfico padre con quien tienen gran confianza y de felicidad”. El reemplazo del padre Campos en San Ignacio fue el padre Gaspar Stiger. Permaneció allí hasta su muerte en 1762 y fue sucedido por Francisco Pauer, quien estuvo a cargo de San Ignacio hasta la expulsión de los jesuitas en 1767.
A la llegada de los franciscanos a fray Diego Martín de García, quien fue asignado a San Ignacio, recibió el templo en Magdalena, de parte de don Antonio de Velasco, el 10 de julio de 1768, cuando la población era de 288 personas. La construcción era antigua y contaba con tres altares, y entre ellos había una pintura de san Ignacio, una imagen de la Purísima Concepción, una imagen de nuestra señor y de san Antonio de Padua, una escultura de nuestra señora con el niño en brazos montada en un burrito, una escultura de san José, otra de San Juan Bautista, además del sagrario y ornamentos diversos. En la sacristía también había otros cuadros, y oros artículos utilizados en la liturgia.