Mita minera
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La mita minera fue un sistema de trabajo instaurado en América en la época hispánica, principalmente en el virreinato del Perú. Este sistema laboral fue uno de los pilares de la minería del virreinato, junto a las reservas metálicas.[1]
El término mita proviene de la palabra quechua mit’a, que hacía referencia al trabajo comunitario basado en la reciprocidad del imperio incaico. Posteriormente fue remodelado y adaptado por los españoles para explotar los yacimientos con metales preciosos.
Su propósito era asegurar la mano de obra indígena para la extracción de minerales en los distintos centros mineros del virreinato peruano; al indígena que brindaba forzosamente su trabajo se le llamaba "mitayo", y a los peones voluntarios se les conocía como "mingados".
Las minas más resaltantes del virreinato del Perú fueron:
- Potosí (19 de abril de 1545)[2]
- Santa Bárbara de Huancavelica (1564)[3]
- Cerro de Pasco (1569)
- Castrovirreyna
- Oruro
- Cailloma
- Cotahuasi
- Laicacota
- Porco
- Lucanas y Paricacochas
- Condoroma
- Chorunga (1750)
- Hualgayoc (1771)[1]
- Chalhuani (1775)
Historia
La mita minera fue instaurada por el Virrey Toledo en el año 1572, transformándola en una especie de tributo al trabajo, en el cual una séptima parte de los adultos casados de cada pueblo de indios (entre los 18 y 50 años) estaban obligados a cumplir con esta labor un año de cada seis para la extensión del reino del Perú, estos se ausentaban de sus ayllus junto con toda su familia, incluyendo mujeres y niños. Para facilitar la implementación de la mita, Toledo dispuso la creación de reducciones o pueblos de nativos a cargo de un corregidor que se encargaba de gestionar el envío de mano de obra.[4]
Los curacas eran los encargados de reclutar una determinada cantidad de indígenas para enviarlas a las minas, estos cumplían su labor bajo la coerción de los corregidores;[5] en caso de que no cumpliesen con el número total de mitayos eran severamente castigados:
Cuelga de los pies al cacique prencipal y a los demás le asota sobre encima de un carnero y a los demás le ata desnudo en cueros en el rrollo y lo castiga y trasquila. Y a los demás le tiene en la cárzel pública preso en el sepo con grillos cin dalle de comer ni agua y cin dalle lisencia para proueerse. Toda la dicha molestia y afrenta lo haze con color de que falta algunos yndios de la mita. Se haze estos castigos a los señores deste rreyno de la tierra, que tienen título por su Magestad. Castigan muy cruelmente como ci fuera ladrón o traydor. Con estos trauajos se an muerto afrentados y no ay rremedio.[6]Felipe Guaman Poma de Ayala
Los mitayos tenían un salario que iba destinado para sus gastos en el tiempo en que residiese en la minas, el tributo indígena,[5] deudas con el corregidor por el Reparto de Mercancías, el diezmo y pagos por los ritos sacramentales; sin embargo ocurría muchos casos en los que no se les pagaba un salario completo:
Y no le paga su trauajo de la yda y buelta de los caminos y de acudir en las minas, de los tienpos questá y a los yndios de sus jornales. Con color de las minas y tareas le ocupa en guardar ganados y tragenear [trajinar] y los mete a los llanos y se muere los yndios. Y hazen cunbes [tejido fino] y a otros les manda texer ropa y a otros les pone por rrescatadores; a éstos no le paga su tarea y lo esconde su trauajo. Y tienen en los acientos yndias cocineras; con color de la cocina están amansebados. Y con algunos hijas de los yndios cirues le fuerza y lo quita y lo desvirga ellos y sus mayordomos y les fuerza a sus mugeres, enbiando a sus maridos a las minas de noche o le enbía a otra parte muy lejos. Y lo haze tomar maýs y carne o chicha o queso o pan por fuerza a su cuenta de ellos y le desqüenta de su trauajo y tarea. Y con esto al cabo salen muy pobres y con mucha deuda y no tiene qué pagar a su tributo.[6]Felipe Guaman Poma de Ayala
Acimismo no les paga quando quedan mancos para cienpre, no le rrestituye ni les paga, serbiendo con sus mugeres y hijos y carneros y sogas y costales y mantas. Con todo lo dicho parese que cirue con más tarea y ci se pierde algo que ualga dos rreales, se le quita cinco pesos y no ay rremedio en los dichos pobres. Con este trauajo les muele y castiga en las dichas minas.[7]Felipe Guaman Poma de Ayala
Los malos tratos en las minas hizo que muchos indígenas se ahuyentasen de sus pueblos para evitar la prestación de la mita, se establecían en otros pueblos y eran conocidos como forasteros, el mismo virrey Juan Mendoza y Luna narró esta problemática en un memorial del 12 de diciembre de 1615[8]
Porque a las yndias en ausencia de los dichos maridos les asota a sus mugeres y a los dichos sus maridos le asota arregasado y la güergüensa fuera; le castiga como a niño en las nalgas y otros le apalea como animal cauallo, como a su negro esclabo. [...] De todos estos dichos agrauios se ausentan de sus pueblos por no yr a las dichas minas a padeser tormento y martirio y por no padeser en aquel ynfierno aquellas penas y tormento de los demonios. Y otros se huyen de las dichas minas, otros de los caminos por no llegar a las dichas minas y por no murir muerte supitania.[8]Felipe Guaman Poma de Ayala
Las condiciones en las minas eran muy pésimas, especialmente en las minas de azogue (mercurio) de Huancavelica que provocaba una altísima mortandad por intoxicación en los indígenas; a estos indígenas intoxicados se les conocía como azogados:
Antes quieren yr a murir que a biuir y dizen que le acauen una ues porque, en cogiendo el mal de azogado, se seca como palo y tiene asma y no puede de día ni de noche beuir. Y dura un año o dos desta manera y se muere.[8]Felipe Guaman Poma de Ayala
Los mitayos eran caracterizados por su inexperiencia en la minería en contraste con los peones voluntarios y pagados,[3] sin embargo su contrato resultaba muy costoso para las autoridades, además las malas condiciones y las remuneraciones incompletas provocó una alta cantidad de dimisiones, por lo que se procedió al trabajo femenino e infantil:[3]
La alternativa obvia al trabajo indígena forzado, la mano de obra voluntaria, también presentaba problemas. La incomodidad del trabajo minero -inevitablemente a los obreros voluntarios se les empleaba en las tareas más difíciles en los frontones- y la inhospitalidad general y aislamiento de la comarca de Huancavelica, se oponían a la presencia de una mano de obra voluntaria y contenta. El sueldo establecido por la corona, el más alto entre todos los mineros del Perú, de 4 reales por día, pocas veces se pagaba entero por la dirección de la mina, la cual tenía muy mala fama en cuanto a la explotación de los obreros mediante altos precios cobrados por la alimentación, la ropa y las herramientas. Según el director Ordozgoyty, estas grandes dificultades de la mano de obra fueron la causa principal de su dimisión, mientras que, en el año siguiente, Márquez [Fernando Márquez de la Plata] informó que se veía obligado a recurrir al trabajo femenino e infantil.[3]Mervyn Lang
Fue abolida en 1812 por las Cortes liberales de Cádiz.[9]
Impacto demográfico en la población indígena
La mita minera tuvo un impacto significativo en las comunidades indígenas.[10] Muchos trabajadores sufrían enfermedades,[11] agotamiento extremo o morían debido a las duras condiciones. Además, su ausencia prolongada desestructuraba la economía agrícola de las comunidades.
La implementación de la mita minera tuvo consecuencias en las poblaciones indígenas de las regiones afectadas, reduciendo la demografía de los Andes y otras zonas mineras.[12] Un caso notable es el de Chumbivilcas, cuyos ayllus tenían la obligación de presentar mitayos a la mina de Huancavelica; en 1571 la población total de esta provincia era de 30,304 indígenas; mientras que en 1690 (auge de la mita minera) era de 7,300 indígenas.[13]