Monasterio de San Isidro de Loriana
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| Monasterio de San Isidro de Loriana | ||
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| Datos generales | ||
| Tipo | Monasterio | |
| Estilo | arquitectura gótica | |
| Catalogación | bien de interés cultural y elemento de la Lista Roja del Patrimonio | |
| Localización | Mérida (España) | |
| Coordenadas | 39°08′42″N 6°34′27″O / 39.1449, -6.57405 | |
| Construcción | siglo xvi | |
El monasterio de San Isidro de Loriana se encuentra en el término municipal de Mérida, aunque muy alejado de la ciudad, estando más próximo a las localidades de La Roca de la Sierra y Puebla de Obando. Fue erigido en el siglo xvi sobre los restos de una antigua ermita visigótica.
Actualmente en manos privadas, el monasterio, por su valor patrimonial, ejemplo de arquitectura franciscana, fue declarado como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.[1] El estado de conservación del bien es muy deficiente, por lo que se encuentra incluido dentro de la llamada Lista Roja del Patrimonio de bienes patrimoniales en peligro de la asociación Hispania Nostra.
La zona que ocupa el monasterio fue ocupada por los caballeros de la Orden de Santiago en el siglo xiii, fundándose, entre otras, las poblaciones de Puebla de Obando y Puebla de Manzanote (luego Roca de la Sierra). En el entorno del monasterio de Loriana se creó con anterioridad, además, el poblado del señorío del mismo nombre. Actualmente de esta localidad apenas quedan restos físicos, localizables en la vega que hay entre el monasterio y el Cerro del Vidrio. Loriana debió de pertenecer desde su fundación a la marcación territorial de Mérida, a pesar de que el historiador Moreno de Vargas, en su obra sobre la ciudad (mediados del siglo xvii), no menciona ningún lugar con este nombre.
En el siglo xvi, Fray Alonso de Manzanote, vecino de la cercana villa del mismo nombre y colaborador íntimo de San Pedro de Alcántara, erige el monasterio franciscano aprovechando los restos de una antigua ermita, tal vez visigótica. La fundación quedó concluida a mediados de la centuria, siendo inaugurada en 1551, según consta por el testimonio de Solano de Figueroa. Este mismo autor menciona la celebración en el Monasterio de Loriana de sendos Capítulos generales de la Provincia de San Gabriel de esta Orden, en los años 1557 y 1559
Durante más de tres siglos el monasterio fue parte fundamental del poblado del Loriana. Este, sin embargo, fue decayendo con el transcurso del tiempo, hasta acabar por desaparecer definitivamente en el siglo xviii. Causas importantes de ello fueron los graves daños y arrasamientos sufridos repetidamente por el lugar con ocasión de las guerras de Portugal y de Sucesión, que entre 1640 y la primera década de 1700 afectaron a amplias zonas fronterizas de la Baja Extremadura, entre ellas las situadas entre Alburquerque y Badajoz. Por todo ello la zona fue muy castigada, afectando seriamente al lugar y al monasterio. Según tradición, el monasterio fue lugar de refugio para las poblaciones cercanas.

En el reinado de Felipe III, la villa pasó al patrimonio de Juan Velázquez Dávila y Guzmán, quien obtuvo con ello el título de marqués de Loriana. Posteriormente el mismo monarca entregó el lugar a su valido Diego de Mexía Ovando, conde de Uceda, donándolo finalmente, en 1620, a Francisco Dávila Guzmán y Velázquez de la Torre, IV marqués de Loriana.
A mediados de esa centuria el lugar se encontraba ya prácticamente despoblado, según hace constar el cronista Solana de Figueroa, el cual escribe en 1670 que Loriana «… oy no tiene más que el palacio y los Religiosos administran los Sacramentos a los labradores que se recogen allí para hacer sus sementeras». De su parroquia, dedicada a San José indica que «aun duran las paredes», quien añade: «pero se conserva el nombre de la villa».
Por el Catastro de Ensenada se sabe que a mediados del siglo xviii la villa de Loriana estaba completamente despoblada, si bien el monasterio franciscano se mantenía en toda su pujanza, ocupado por una comunidad de dieciocho frailes y tres legos menores.
Madoz, en 1853, señala también al propio monasterio como despoblado. El abandono de los monjes del monasterio de Loriana tuvo lugar, en efecto, una docena de años antes, cuando, por causa de las desamortizaciones religiosas, por las que numerosos centros conventuales fueron exclaustrados. Tras la marcha de los frailes franciscanos el edificio pasó a manos particulares, habiendo contado desde entonces con diversos propietarios. A partir de ese momento se levantaron grandes cortijos en las inmediaciones.
Los frailes de Loriana repercutieron en la vida local de los poblados de la comarca (La Roca, Puebla de Obando, La Nava de Santiago, Cordobilla de Lácara, La Garrovilla, Torremayor, Puebla de la Calzada, Montijo y Lobón). En Montijo, por ejemplo, intervienen en el siglo xviii en los sermones de diversas festividades (Ntra. Sra. del Rosario, La Candelaria, etc.). Este monasterio además fue precursor del Convento-Hospicio de San Antonio de Montijo, dado que este último se utilizaba como enfermería del primero y lugar de retiro para enfermos. El Convento de San Antonio de Montijo fue fundado a petición de los franciscanos de Loriana por el V conde de Montijo, Cristóbal Portocarrero y Villalpando en 1729 con motivo del nacimiento de su hijo.
