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Mártires del siglo XX en Santander

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Los mártires del siglo XX de la provincia de Santander (España) son los sacerdotes, religiosos y laicos asesinados por odio a la fe en la persecución religiosa de los años treinta, en su mayor parte durante la Guerra Civil, aunque también se produjeron muertes por las secuelas en los años siguientes. Suponen, en total, 108 personas cuyo martirio ha sido reconocido por la Iglesia católica.

En la Iglesia del Cristo de Santander están enterrados algunos de los mártires del siglo XX.

Al mismo tiempo, algunos naturales de la provincia de Santander (al menos dos santos y cinco beatos) fueron asesinados en otros lugares en el mismo contexto de persecución.

La violencia anticlerical durante la Segunda República

La violencia anticlerical, que alcanzó cotas inéditas a partir de los primeros compases de la Segunda República, tuvo un primer estallido nacional en mayo de 1931, con la quema de varios conventos y asaltos a edificios (residencias, escuelas, etc.) utilizados por religiosos.

En 1934, durante los sucesos revolucionarios de Asturias, fueron asesinados los dos primeros cántabros mártires del siglo XX, san Román Martínez, de 24 años, y san Manuel Seco, de 22 años, hermanos de La Salle. Román Martínez, nacido en la calle Cisneros de Santander en 1910 y huérfano de padre, había ingresado con dieciséis años en La Salle con el nombre de Hermano Augusto Andrés. Manuel Seco procedía de Celada Marlantes (Campoo de Enmedio) y había ingresado en la institución religiosa con el nombre de Hermano Aniceto Adolfo. Los dos forman parte del grupo de mártires de Turón.

Entre febrero y junio de 1936, en Santander hubo dos ataques contra sendas iglesias y fue incendiado el centro de Acción Católica. En la provincia, fueron incendiadas las iglesias de Barreda, Cartes, Somahoz, Cudón, Puente Arce, Salcedo, Vioño, Zurita, Polanco, Llano, Mata (San Felices de Buelna), Cortiguera, Campuzano, Ganzo, La Montaña (Torrelavega) y Tanos. La Acción Católica sufrió también el incendio de su centro en Castro Urdiales.[1]

Los primeros meses de la Guerra Civil

Manuel Arizcun Moreno (1892-1936), militar, padre de familia y presidente de la Acción Católica de Navarra

Al comenzar la guerra civil española, la provincia de Santander permaneció bajo el control del Frente Popular hasta finales del verano de 1937. Durante casi un año, se desató la persecución contra la Iglesia católica, plasmada tanto en el martirio de numerosos sacerdotes, religiosos y laicos, como en la incautación y destrucción de templos.

La contienda sorprendió también a algunos veraneantes, como Manuel Arizcun Moreno, presidente de la Acción Católica de Navarra, que se encontraba en Suances con su mujer y nueve hijos. Arizcun fue identificado pronto y, desde el mes de agosto, vigilado, registrado e interrogado. Finalmente fue arrestado y trasladado a la capital de la provincia, donde fue asesinado el 13 de noviembre de 1936.[2]

Durante el tiempo en el que permaneció en Suances, tanto Arizcun, un hombre piadoso, como su familia, recibieron la eucaristía sirviéndose de sus dos hijos mayores, que se acercaban hasta donde, clandestinamente, se la proporcionaba un sacerdote y educador burgalés que se encontraba en la zona atendiendo a una colonia escolar. Este sacerdote, Valentín Palencia Marquina, era el director del Patronato de San José para la enseñanza y educación de niños pobres. Algo más tarde fue delatado por uno de sus alumnos ante el Frente Popular de Torrelavega y fusilado, con cuatro colaboradores (Donato Rodríguez, Germán García, Zacarías Cuesta y Emilio Huidobro) que quisieron acompañarlo en sus sufrimientos, en el monte Tramalón de Ruiloba el 15 de enero de 1937. Fue beatificado junto con sus compañeros en 2016, durante el pontificado del papa Francisco.[3]

En el buque prisión Alfonso Pérez (1936)

José María Corbín Ferrer (1914-1936)

El comienzo de la contienda recrudeció la persecución religiosa. A finales del siglo XX y principios del XXI, el papa Juan Pablo II reconoció el martirio y beatificó al escolapio Alfredo Parte Saiz (1899-1936) y al joven universitario José María Corbín Ferrer, asesinados el 27 de diciembre de 1936 en el buque prisión Alfonso Pérez, anclado en los muelles de Maliaño.[4]En total, 18 laicos, sacerdotes y religiosos reconocidos como mártires por la Iglesia católica se encuentran entre los 160 prisioneros del barco asesinados ese día.

El beato José María Corbín (1914-1936), valenciano de origen modesto, recién licenciado en Química, se encontraba en Santander participando en los cursos organizados por la universidad de verano establecida en el palacio de la Magdalena. Fue detenido el 28 de agosto por su asistencia diaria a la Misa celebrada en el convento de las Esclavas del Sagrado Corazón de Santander. Tras pasar por la tristemente célebre checa de Neila, pasó al buque prisión, donde acostumbraba a dirigir el rezo del Rosario y atender a los enfermos. Sus últimas palabras fueron “¡Por Dios y por España! ¡Viva Cristo Rey!".[4]

Otro joven asesinado en el Alfonso Pérez fue el santanderino Francisco Sánchez Trallero (1913-1936), que había estudiado en el Colegio Cántabro de los Agustinos y en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santander (Santa Clara). Sánchez Trallero, estudiante de Derecho, era el presidente de la Juventud de Acción Católica montañesa y pertenecía a la Asociación Católica de Propagandistas. Como era normal entonces, en el contexto del impulso que el papa Pío XI habría impreso a la Acción Católica, el joven santanderino desarrollaba un intenso apostolado a través de esta institución sensible a la participación de los católicos en la vida pública. Se ha destacado su capacidad oratoria: "Desde las tribunas, el joven no dudaba en sacudir las conciencias de sus correligionarios, reprochando en sus discursos el abandono de los deberes cristianos y llamando a reconquistar la fe a través del ejemplo de las buenas acciones".[5]

Entre los laicos asesinados en el buque prisión Alfonso Pérez se encontraba el juez Luis Mosquera Caramelo, destinado en Santoña, casado y padre de cinco hijos. Mosquera, juez de primera instancia de Quiroga (Lugo) desde 1930,[6] tuvo problemas con algunas autoridades republicanas y fue jubilado forzosamente con 32 años. Tras interponer recurso, fue rehabilitado y, ya en 1933, pasó a ocupar una vacante existente en Santoña.[7][8][9][10]Allí asesoró al párroco, Francisco González de Córdova (también martirizado), en distintos episodios de persecución anticlerical. En noviembre de 1936 aún ejercía como juez de Santoña, pero a finales de mes, el día 26, fue depurado (con separación del servicio y sueldo) por el gobernador civil junto con varias decenas de funcionarios considerados "desafectos al régimen".[11]Fue fusilado en Santander, al igual que el párroco santoñés, el 27 de diciembre de 1936.[12]

También fue asesinado en el barco el capuchino Ambrosio de Santibáñez, prior de Montehano.[13]

Aunque en alguna ocasión se ha identificado entre los prisioneros a los salesianos Andrés Gómez Sáez y Antonio Cid Rodríguez, profesores del colegio de la institución en la ciudad, lo cierto es que estos dos beatos, asesinados respectivamente en Santander y Garellano (Vizcaya), murieron en otras circunstancias. Gómez Sáez (1894-1937) fue asesinado el 1 de enero de 1937 tras haber sido denunciado por su condición de sacerdote. El salesiano, cuya comunidad había sido disuelta y disgregada al recrudecerse la persecución, vivía de incógnito. Sin embargo, fue delatado por un antiguo alumno expulsado del colegio, que lo reconoció en el muelle mientras contemplaba las lanchas que cruzaban a Pedreña.[14][15]

Religiosos beatificados

Las comunidades religiosas sufrieron persecución. Además del capuchino Ambrosio de Santibáñez y de los salesianos mencionados, distintas congregaciones y órdenes padecieron el martirio. Este es el caso de los 16 monjes trapenses de la Abadía de Santa María de Viaceli de Cóbreces, de los tres claretianos de la comunidad de Castro Urdiales, beatificado por el papa Francisco.[16][17]Además, en noviembre de 2026 serán beatificados tres carmelitas descalzos: Ruperto de la Cruz, Maximino de la Virgen del Carmen (novicio) y Atanasio del Sagrado Corazón de Jesús (sacerdote).[18]

Monjes trapenses de Cóbreces

  • Pío Heredia Zubía, O.C.S.O
  • Amadeo García Rodríguez, O.C.S.O
  • Valeriano Rodríguez García, O.C.S.O
  • Juan Bautista Ferris Llopis, O.C.S.O
  • Álvaro González López, O.C.S.O
  • Antonio Delgado González, O.C.S.O
  • Eustaquio García Chicote, O.C.S.O
  • Ángel de la Vega González, O.C.S.O
  • Ezequiel Álvaro de la Fuente, O.C.S.O
  • Eulogio Álvarez López, O.C.S.O
  • Bienvenido Mata Ubierna, O.C.S.O
  • Marcelino Martín Rubio, O.C.S.O
  • Leandro Gómez Gil, O.C.S.O
  • Eugenio García Pampliega, O.C.S.O
  • Vicente Pastor Garrido, O.C.S.O
  • José Camí Camí, O.C.S.O

Claretianos de Castro Urdiales

  • Félix Barrio Barrio
  • Isaac Carrascal Mozo
  • Joaquim Gelada Hugas

Reconocimiento del martirio de 80 católicos el 22 de mayo de 2026

El papa León XIV reconoció el 22 de mayo de 2026 un nuevo grupo de mártires, paso previo a la beatificación. En total son 80 personas, algunas de ellas ya mencionadas, como los tres religiosos carmelitas o los asesinados en el buque prisión Alfonso Pérez. En su mayor parte son sacerdotes diocesanos (67), aunque también se encuentran entre ellos 3 seminaristas del Seminario diocesano de Monte Corbán y 7 laicos, seis de los cuales pertenecían a la Acción Católica.[18][19] Su beatificación, presidida por el cardenal Marcello Semeraro, está programada para el 7 de noviembre de 2026.[20]

Sacerdotes

  • 2 de agosto de 1936, Juan Palencia Díaz
  • 5 de agosto de 1936, Félix Sainz López
  • 8 de agosto de 1936, Ernesto González de la Pedrosa
  • 8 de agosto de 1936, Ángel Mijares Herrero
  • 22 de agosto de 1936, Lucas Mena Angulo
  • 25 de agosto de 1936, Arturo Soto Tapia
  • 26 de agosto de 1936, Felipe Sobrado Fernández
  • 2 de septiembre de 1936, Gerardo González Martínez Laso
  • 5 de septiembre de 1936, Ángel Viqueira Villanueva
  • 12 de septiembre de 1936, José López Torre
  • 15 de septiembre de 1936, Agustín Domingo Incera Torre
  • 17 de septiembre de 1936, José Salcines Salas
  • 4 de octubre de 1936, Félix Legido Herrero
  • 5 de octubre de 1936, Antonio Fernández Olea
  • 6 de octubre de 1936, José Gutiérrez Huerta
  • 12 de octubre de 1936, Benedicto Sandoval Prieto,
  • 12 de octubre de 1936, Segundo Toyo Galarza
  • 12 de octubre de 1936, Servando Saiz Peña
  • 12 de octubre de 1936, Santos Carrera Pereda
  • 12 de octubre de 1936, Adolfo Mantecón Sánchez
  • 13 de octubre de 1936, Teodoro Sánchez Vacas
  • 16 de octubre de 1936, Emilio Fernández Gandarillas
  • 21 de octubre de 1936, Lino López Ruiz
  • 24 de octubre de 1936, Eloy Sedaño Hoyos
  • 26 de octubre de 1936, Anselmo de la Torre Fuertes
  • 28 de octubre de 1936, Lino Velasco Ruigómez
  • 30 de octubre de 1936, Santiago González Concha
  • 2 de noviembre de 1936, José Martínez Colina
  • 4 de noviembre de 1936, Lorenzo González Macho
  • 9 de noviembre de 1936, Daniel Rivas Mendiondo
  • 9 de noviembre de 1936, Enrique Pacheco Gómez
  • 12 de noviembre de 1936, Aurelio Balbás Sánchez
  • 2 de diciembre de 1936, Bonifacio Angulo González
  • 17 de diciembre de 1936, Ángel García Mantilla
  • 20 de diciembre de 1936, Manuel Crespo Vega
  • 21 de diciembre de 1936, Victorino Ortega Oteo
  • 24 de diciembre de 1936, Manuel Mazón Navada
  • 27 de diciembre de 1936, Francisco González de Córdova
  • 27 de diciembre de 1936, Aurelio Velasco Martínez
  • 27 de diciembre de 1936, Bernardino Hoyos Bustamante
  • 27 de diciembre de 1936, Eliseo Alonso Pumarejo
  • 27 de diciembre de 1936, Eloy Martínez Muñoz
  • 27 de diciembre de 1936, Hilario Arce Cañarte
  • 27 de diciembre de 1936, Serafín Villar Laso
  • 27 de diciembre de 1936, Vicente Poo Noriega
  • 28 de diciembre de 1936, Indalecio Balbás González
  • 2 de enero de 1937, Félix Carriazo García
  • 2 de enero de 1937, Lauro García Fernández
  • 2 de enero de 1937, Manuel Macho Iturbe
  • 2 de enero de 1937, Ramón Martín Martínez
  • 8 de enero de 1937, Ángel Diego Ortega
  • 15 de enero de 1937, José Echevarría Rivero
  • 20 de enero de 1937, Benedicto Fernández Calderón
  • 20 de enero de 1937, Gregorio Blanco Varona
  • 23 de enero de 1937, Lucio Herrero Maza
  • 15 de febrero de 1937, Joaquín Fernández Martínez
  • 18 de febrero de 1937, Jesús Torre Torre
  • 18 de febrero de 1937, Pedro Díez Delgado
  • 27 de febrero de 1937, Manuel González Martínez
  • 28 de febrero de 1937, Graciano Pérez González
  • 15 de mayo de 1937, Abdón Muñoz López
  • 25 de julio de 1937, Luis Moreno Escudero
  • 7 de agosto de 1937, Guillermo Alonso Setién
  • 7 de agosto de 1937, Manuel Cagigas Marroquín
  • 17 de agosto de 1937, Isidoro Gutiérrez González
  • 20 de agosto de 1937, Arsenio García Lavid
  • 22 de agosto de 1937, Eduardo Díez Lorenzo

Carmelitas descalzos

  • 18 de noviembre de 1936, el carmelita descalzo Ruperto de la Cruz
  • 27 de diciembre de 1936, el carmelita descalzo Maximino de la Virgen del Carmen
  • 30 de diciembre de 1936, el sacerdote carmelita descalzo Atanasio del Sagrado Corazón de Jesús

Seminaristas

  • 26 de septiembre de 1936, José Angulo Zaballa
  • 27 de diciembre de 1936, Ramón Tresgallo Arenal
  • 2 de marzo de 1937, José Susilla Bustamante

Laicos

  • 17 de septiembre de 1936, Jaime de la Lama y Ruiz-Escajadillo
  • 20 de septiembre de 1936, Marcelino Pedro Lucio Gutiérrez-Cañas
  • 13 de noviembre de 1936, Manuel Arizcun Moreno
  • 27 de diciembre de 1936, Francisco Sánchez Trallero
  • 27 de diciembre de 1936, Luis Mosquera Caramelo
  • 2 de marzo de 1937, Adalberto Susilla Bustamante
  • 22 de agosto de 1937, José María Soler Pla

Asesinados fuera de la provincia de Santander

Durante la guerra, fueron asesinados, y beatificados posteriormente, otros cántabros, como Jacinto Hoyuelos González (1914-1936), de la Orden de San Juan de Dios, natural de Matarrepudio (Valdeolea); o Abel Ángel (Mauro) Palazuelos Maruri (1903-1936), de Peñacastillo, miembro de la Orden de San Benito. El padre Mauro, benedictino, prior en el monasterio de Nuestra Señora del Pueyo en Barbastro, encabezó a los suyos conducidos al martirio y, tras rezar la Salve, fue fusilado.[21]

Otros mártires cántabros son los beatos Agustín García Calvo (Picadero de Paterna, Valencia), Petra María Victoria Quintana Argos (Puzol, Valencia) y Cándida Cayuso González (Picadero de Paterna, Valencia).[22]

Destrucción del patrimonio material de la diócesis de Santander

Iglesia de la Compañía o de la Anunciación de Santander, que fue parcialmente destruida en el periodo 1936-1937.

Durante la persecución religiosa en la provincia de Santander, fueron demolidas 54 iglesias, mientras que otras, como la catedral de la diócesis, sufrieron la destrucción de sus imágenes, altares, ornamentos sagrados y libros parroquiales. Además de la profanación de los templos, fueron levantadas numerosas tumbas. El seminario de Monte Corbán, transformado en prisión, sufrió también numerosos destrozos.[19][23][24]

Tras un acuerdo del Ayuntamiento de Santander, el 27 de diciembre de 1940 fue colocado en el muelle de Maliaño un monumento en recuerdo de los asesinados en el buque prisión Alfonso Pérez. Desmontado luego por las autoridades portuarias, sus restos quedaron en plena calle. Familiares de las víctimas han denunciado esta situación y, en 2026, se puso en marcha una iniciativa ciudadana solicitando la rehabilitación del memorial a los asesinados.[25][26] En el cementerio de Ciriego existe, en cambio, un monumento, obra de Javier González Riancho, en la fosa común donde inicialmente fueron depositados los restos de los fallecidos.[27]

Nave de la iglesia del Cristo, presidida por el Santísimo y la réplica de una Piedad de Gregorio Fernández. Los restos de los mártires se encuentran a sus pies.

Al término de la contienda, los restos de los asesinados en el Alfonso Pérez fueron trasladados a la iglesia del Santísimo Cristo de Santander, templo situado debajo de la catedral de la ciudad, en una de cuyas naves fueron enterrados. Un altar con la inscripción de sus nombres y apellidos recuerda la catástrofe e invita a la oración por los difuntos. En la nave opuesta se encuentran los restos de San Emeterio y San Celedonio, legionarios romanos mártires durante la persecución de Diocleciano y patronos de la ciudad.[28]

El hermano Augusto Andrés (san Román Martínez) de los Hermanos de la Salle es venerado con una escultura de Diana García Roy en la iglesia de San Francisco. El santo había sido bautizado en esta iglesia, destruida durante la guerra y reconstruida en una zona cercana a su primitiva ubicación. La escultura fue comprada y donada por la Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle de Santander.[29]

En 2024 fue reeditado el libro A bordo del Alfonso Pérez (escenas del cautiverio rojo en Santander), escrito por Ramón Bustamante Quijano, prisionero del barco en el momento de producirse la masacre del 27 de diciembre de 1936. Sus páginas dan cuenta de la presencia en el Alfonso Pérez de varios de los mártires de Santander en el siglo XX. Esta publicación, prolongada y comentada por un grupo de estudiosos, ha dado pie a una intensa conversación sobre estos otros protagonistas de esos años; también ha iniciado un proceso de recogida de testimonios de víctimas y de sus familiares .[30][31][32]

Biografías y hagiografías de los mártires de Santander

Las trayectorias de algunos asesinados han ido siendo objeto de un número reseñable de biografías, a cargo de estudiosos devotos de su memoria, que han contribuido a extender su fama de santidad. Por orden cronológico, son las siguientes:

  • Izquierdo Sorlí, Antonio V., Un mártir de nuestro siglo. José María Corbín Ferrer, Gráficas Universo, Valencia, 1959. Existe una segunda edición de 1963.
  • de Bustamante, P. Crisóstomo, 22 testigos de Jesucristo, Gráficas Yagües, Madrid, 1960. Entre los biografiados se encuentra Ambrosio de Santibáñez.
  • López-Santidrián, Saturnino, Don Valentín Palencia Marquina. El cura de los niños pobres y huérfanos, Biblioteca de Autores Cristianos, 1999.
  • Catret Mascarell, Amparo, Se llamaba José María: universitario valenciano y mártir, Palabra, Madrid, 2001.
  • Odriozola Argos, Francisco, Cántabros testigos de la fe en el siglo XX. Santos, beatos, venerables, siervos de Dios, Obispado de Santander, 2001.
  • Ruiz Carvajal, Javier, La espera liberadora: P. Pío Heredia y compañeros mártires de Viaceli y Fons Salutis, Abadía Cisterciense de Viaceli, 2015.

Sobre los santanderinos asesinados fuera de la provincia:

  • Benabarre, José Pascual, Murieron cual vivieron. Apuntes biográficos de los 18 monjes benedictinos del Pueyo de Barbastro, sacrificados en 1936, Aler - Huesca, Gorfisa, 1991.

Referencias

Bibliografía

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