Música en el Virreinato de Nueva España

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Órgano y coro de la Catedral de Puebla.

La música del Virreinato de la Nueva España se refiere a la producción musical que tuvo lugar en México durante el periodo virreinal comprendiendo desde finales del siglo XVI a principios del siglo XIX. Incluye tanto la música sacra, que tuvo su centro en las catedrales con los maestros de capillas como figura central, y la música secular o popular que es más propia de ambiente no religioso o del pueblo.

Antecedentes europeos

Coro de la Catedral de Sevilla

Durante gran parte de la Edad Media, en Europa predominó en toda la Iglesia católica el canto gregoriano, cuya melodía era monódica y sin acompañamiento instrumental. Tuvo gran desarrollo en los monasterios y los monjes se dedicaron a interpretar, componer y difundir por toda Europa, los cantos gregorianos un ejemplo de esto son las antífonas. En el siglo XI surge la polifonía en el norte de Francia, que, a diferencia del canto gregoriano que es unísono, se basaba en la conjunción de varias voces que al unirse crean un nuevo estilo de música que la iglesia introdujo en las celebraciones religiosas. Ya para la época de los reyes católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, las composiciones polifónicas eran muy populares y ya tenían definido un estilo español. Los reyes católicos eran muy aficionados de la música instrumental.[1]

El auge de la música sacra española se da en torno a las catedrales, a manos de los maestros de capilla, que era el músico más importante. Sus obligaciones incluían componer, interpretar, y además transmitir su conocimiento a niños para prepararlos como músicos, que, a su vez, en un futuro emigrarían a otras catedrales para convertirse en maestros de capilla, Los niños entraban a los 14 años y eran entre 7 y 15 por catedral, esta metodología dio sus frutos pues los más grandes músicos del siglo XVI en España surgieron en las catedrales. En la catedral de Sevilla se enlistaban las siguientes obligaciones para aceptar a un maestro de capilla.[1]

  1. Debe enseñarles a leer, escribir y cantar los responsorios, versículos, antífonas, lecciones y calendas y todas las demás partes del divino servicio, de uso en la catedral.
  2. Les enseñará canto llano, armonía, contrapunto. Este último debe incluir ambos sentidos: el arte de agregar una melodía a un canto llano o a una pieza polifónica ya conocida. Debe enseñarles a componer, dándoles ayuda en cualquier ramo que sea necesario para hacer de ellos músicos y cantantes muy hábiles.
  3. También debe vestirles decentemente y con propiedad, asegurándose de que calcen buenos zapatos y que sus camas estén limpias.
  4. Debe alimentarlos con la misma comida que él acostumbra y nunca tomar dinero para asuntos que no estén relacionados con los servicios de la iglesia o con la instrucción musical.
  5. Debe también dar lecciones públicas en las que muestre cómo agregar un contrapunto arriba o abajo de un canto llano dado.
  6. De su prebenda debe dar ropa de graduación a los niños que hayan cambiado de voz, pero el capítulo (cabildo eclesiástico) se reserva la decisión de despedir a un niño del coro.
  7. Debe conservar un número suficiente de niños por si surge alguna obligación imprevista.
  8. El trato, ropa, enseñanza y adelanto musical de los niños, será revisado sin previo aviso, una vez al mes, por un miembro del capítulo. Si se descubre que la ropa y los zapatos de los niños están en mal estado, el maestro de capilla pagará las compras que se requieran.

En general el ambiente musical religioso en España cambio con respecto a la Edad Media, pasando de ser solemne a decorativo y como una herramienta eficaz para atraer a los fieles. En el siglo XVI es cuando la música religiosa española llega a su mayor auge. Tres de los músicos más importantes y conocidos fueron Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales que trabajó en las catedrales de Toledo, Marchena y Málaga, y Francisco Guerrero de la catedral de Sevilla.[1]

Músicos mexicas en el Códice Florentino

Antecedentes mesoamericanos

Todas las culturas y pueblos de México tenían formas de música, para adorar a deidades o celebrar hazañas de los guerreros. En el México prehispánico no se plasmaba la música de manera gráfica como en Europa por medio de las partituras, los cánticos se trasmitían de manera oral, de maestro a alumno. El Cuicacalli era la escuela donde les enseñaban los cantos a los jóvenes. Los sacerdotes tenían toda una organización dentro de la escuela:[1]

  • El Hapizcatzin: era el responsable de corregir y enseñar los cantos.
  • El Tzapotlateohuatzin: era el sustituto del Tlapizcatzin para que los jóvenes no perdieran ni un día de práctica en sus cantares.
  • El Tlamacazcateutl: era el maestro de la escuela. Su oficio era señalar y enmendar a los que se equivocaban en el coro.
  • El Epcoaquacuiltzin tec pic ton ton: Era un poeta que componía. Tenía la encomienda de crear los nuevos cantos, tanto para los cues como para los hogares. También era el especialista en el calendario ritual.

Esta organización es un testimonio de la gran importancia que tenía la música en las sociedades prehispánicas, no solo entre los mexicas, los zapotecas, mayas, purépechas también tenían su propia. Los instrumentos eran de percusión, no armónicos como en Europa.[1]

Música en la Nueva España

Bibliografía

Referencias

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