Nunciatura apostólica en Portugal

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La nunciatura apostólica en la República de Portugal, conocida durante gran parte de la historia como nunciatura apostólica en Lisboa, es la embajada de la Santa Sede en Portugal. Se trata de la representación diplomática permanente del papa ante el Estado portugués y, al mismo tiempo, del órgano a través del cual el pontífice se relaciona oficialmente con la Iglesia católica en Portugal. El representante pontificio recibe el título de nuncio apostólico y ostenta rango de embajador; tradicionalmente, es un arzobispo de la Iglesia católica.[1][2]

País PortugalBandera de Portugal Portugal
Localidad Lisboa
Jurisdicción PortugalBandera de Portugal Portugal
Tipo Embajada de la Santa Sede
Datos rápidos Localización, País ...
Nunciatura Apostólica en Portugal
Embajada de la Santa Sede en Portugal
Localización
País PortugalBandera de Portugal Portugal
Localidad Lisboa
Información general
Jurisdicción PortugalBandera de Portugal Portugal
Tipo Embajada de la Santa Sede
Sede Bandera de Portugal Avenida Luís Bivar 18, 1069-147 Lisboa.
Organización
Depende de Secretaría de Estado de la Santa Sede
Historia
Fundación 1527
Cerrar

El último nuncio apostólico en Portugal ha sido el italiano Ivo Scapolo, arzobispo titular de Tagaste, nombrado el 29 de agosto de 2019; su renuncia fue aceptada en mayo de 2025, quedando desde entonces la sede vacante.[3][4][5]

Historia

Orígenes de la representación pontificia

Las relaciones entre los Estados Pontificios y el Reino de Portugal se remontan a la Edad Media, cuando legados y enviados papales visitaban la corte portuguesa para tratar cuestiones de disciplina eclesiástica, delimitación de diócesis y participación en empresas militares y misionales.[6]

La tradición historiográfica suele señalar como primer representante estable a Justo Baldino, obispo de Ceuta, en el siglo XV, aunque su misión no constituyó aún una nunciatura permanente, sino una legación enviada para responder a necesidades concretas de la diplomacia pontificia.[7]

El origen de la nunciatura apostólica como representación estable se sitúa habitualmente en el nombramiento, en 1527, del obispo de Funchal Martinho de Portugal como representante pontificio en Lisboa. A partir de ese momento, la legación adquiere continuidad y estructura propia, y la nunciatura de Lisboa se convierte en una de las misiones diplomáticas permanentes más antiguas de la Santa Sede, ligada también a la coordinación de la actividad misionera en los territorios de ultramar sometidos al patronato portugués.[8][9]

Conflictos, suspensiones y colectores apostólicos

A lo largo de la época moderna y contemporánea, la nunciatura ha sufrido varias interrupciones, casi siempre vinculadas a conflictos entre la corona portuguesa y la Santa Sede. En el contexto de la unión dinástica con la Monarquía Hispánica (1580-1640) la nunciatura fue suprimida como representación diferenciada para Portugal y la Santa Sede recurrió a la figura del colector apostólico, centrado en la administración de rentas pontificias pero que, de facto, asumía también funciones espirituales y de enlace con la jerarquía local.[10] La restauración de la independencia portuguesa y el reconocimiento internacional culminado en 1668 prepararon el restablecimiento de la nunciatura, que recuperó en 1670 su carácter de misión diplomática ordinaria.[11]

En el siglo XVIII, pese a la intensa proximidad entre Juan V de Portugal y la Santa Sede, se produjo una nueva ruptura (1728-1732) cuando el monarca, tras años de insistencia, decidió cortar relaciones por la negativa del Colegio de Cardenales a elevar a cardenal al nuncio Vincenzo Bichi. La mediación de la diplomacia europea y la elección del papa Clemente XII permitieron cerrar la crisis y reanudar la nunciatura.[12] Décadas más tarde, durante el reinado de José I de Portugal y el gobierno del marqués de Pombal, la expulsión de los jesuitas y las políticas regalistas se tradujeron en otra suspensión de la representación pontificia entre 1761 y 1769.[13]

En el siglo XIX, tras las Guerras liberales portuguesas y la Convención de Évora-Monte (1834), la presencia en Roma del exiliado Miguel I de Portugal fue percibida por el nuevo régimen liberal de María II como una afrenta política, lo que llevó a una nueva interrupción de relaciones hasta 1842, cuando la situación del pretendiente quedó definitivamente normalizada fuera de los Estados Pontificios.[14]

La última suspensión se produjo con la Revolución del 5 de octubre de 1910 y la proclamación de la Primera República Portuguesa, que adoptó una legislación marcadamente anticlerical e interrumpió las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. La nunciatura permaneció cerrada hasta 1918; ese año, el entonces encargado de negocios Benedetto Aloisi Masella fue nombrado nuncio apostólico, reanudándose oficialmente los vínculos diplomáticos.[15][16]

Durante estos periodos de ruptura, la Santa Sede mantuvo en varias ocasiones la figura del colector apostólico o de un encargado de negocios que actuaba como delegado apostólico de hecho, garantizando un mínimo canal de comunicación con las autoridades portuguesas y con la jerarquía eclesiástica local.[17]

Siglo XX y Portugal democrático

En el siglo XX la nunciatura desempeñó un papel importante tanto durante la dictadura del Estado Novo como en la posterior transición democrática. Bajo el gobierno de António de Oliveira Salazar, la Santa Sede y Portugal firmaron el Concordato de 1940, que reguló el estatuto jurídico de la Iglesia católica en el país, la enseñanza religiosa y el reconocimiento civil de los efectos de determinados actos canónicos.[18] La nunciatura, a través de sus titulares y del personal diplomático, fue un actor discreto pero relevante en las negociaciones y en la aplicación práctica del acuerdo.

Tras la Revolución de los Claveles de 1974 y la implantación del régimen democrático, las relaciones Iglesia-Estado fueron revisadas en profundidad. La nunciatura acompañó el proceso de diálogo que condujo a la firma del nuevo Concordato de 2004, adaptado a la Constitución portuguesa y a la legislación contemporánea sobre libertad religiosa.[19]

En el ámbito eclesial, la nunciatura ha tenido un papel constante en la propuesta de candidatos al episcopado, en la reorganización de diócesis y en la coordinación entre la Santa Sede y la Conferencia Episcopal Portuguesa. Asimismo, intervino de manera significativa en la preparación de las visitas de Juan Pablo II a Portugal en 1982, 1991 y 2000, especialmente en lo relativo a las peregrinaciones a Fátima.[20][21]

En agosto de 2023, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud Lisboa 2023, el papa Francisco utilizó la nunciatura como residencia durante su viaje a Portugal, pasando allí las noches y celebrando encuentros privados, entre ellos un almuerzo con jóvenes, de acuerdo con el programa oficial del viaje y con crónicas que describieron la sede como «la casa del Papa» en Lisboa durante la JMJ.[22][23][24]

Sede

La nunciatura tiene su sede en la ciudad de Lisboa. Directorios diplomáticos y eclesiásticos sitúan la representación pontificia en la avenida Luís Bivar, en el centro de la capital:

Avenida Luís Bivar 18, 1069-147 Lisboa, Portugal.[25][26][27]

El edificio alberga las oficinas diplomáticas, la residencia del nuncio y una capilla donde se celebran actos litúrgicos y encuentros con la comunidad católica y el cuerpo diplomático.

Nuncios apostólicos

Nuncios desde el siglo XXI

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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