Parábola del amo y el siervo
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Gracias de doy, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura concesión de tu misericordia, te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo mi Señor Jesucristo
(Pintado por Alphonse Legros)
La Parábola del amo y el siervo es una parábola contada por Jesús en el Nuevo Testamento, que se encuentra sólo en el Evangelio de Lucas (NVI). La parábola enseña que cuando alguien "ha hecho lo que Dios espera, sólo está cumpliendo con su deber"[1].
Según san Lucas:
»Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: «Entra enseguida y siéntate a la mesa?» Por el contrario, ¿no le dirá más bien: «Prepárame la cena y disponte a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú?» ¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: «Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer».[2]