Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen

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Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen


Arzobispo de Santa Fe en Nueva Granada
18 de diciembre de 1744-28 de mayo de 1753
Predecesor Diego Fermín de Vergara
Sucesor José Javier de Arauz y Rojas


Obispo de Concepción
28 de febrero de 1742-18 de diciembre de 1744
Predecesor Salvador Bermúdez y Becerra
Sucesor José de Toro-Zambrano


Obispo auxiliar de Concepción y titular de Botri
27 de julio de 1735-28 de febrero de 1742
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 16 de abril de 1722
Ordenación episcopal 27 de julio de 1735
Información personal
Nombre Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen
Nacimiento 27 de mayo de 1693
Santiago de Chile, Bandera del Imperio español Imperio español
Fallecimiento 22 de abril de 1754
Cartagena de Indias, Bandera del Imperio español Imperio español
Padres
  • Tomás Ruíz de Azúa
  • María Catalina Iturgoyen y Amasa
Alma mater Real y Pontificia Universidad de San Marcos

Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen (Santiago de Chile, ca. 27 de mayo de 1693-Cartagena de Indias, 22 de abril de 1754) fue un jurista, canonista y prelado criollo chileno que desarrolló su carrera eclesiástica en los virreinatos del Perú y de la Nueva Granada. Entre 1744 y 1753 ocupó la sede de Santa Fe de Bogotá. Anteriormente, fue obispo de Concepción (1742-1744).

Primeros años y estudios

Nació en Santiago de Chile unos días antes del 29 de mayo de 1693, fecha en la que fue bautizado. Era hijo de Tomás Ruíz de Azúa, regidor de Santiago y corregidor de Valparaíso, natural de la localidad alavesa Ubarrundia (España) y de María Catalina Iturgoyen y Amasa, de noble y acaudalada familia chilena. [1]

Estudió cursos de gramática, filosofía y teología en el Real Convictorio de San Francisco Javier de Santiago, regentado por los padres jesuitas, a quienes manifestó siempre un gran afecto. Luego se trasladó a Lima, completando sus estudios en el Colegio de San Martín, también jesuita. [1]

En la Universidad de San Marcos estudió ambos derechos, civil y canónico. El 13 de febrero de 1711 se graduó de licenciado en cánones y el 29 de octubre del mismo año se estableció como abogado en Santiago. En el contexto de la escasez de abogados existente en la Capitanía general de Chile, accedió con relativa rapidez a cargos de responsabilidad en la administración. [cita requerida]

Carrera civil

El 31 de agosto de 1715 fue designado asesor del gobernador Juan Andrés de Ustáriz y del obispado de Santiago. Posteriormente, el sucesor de Ustáriz, Gabriel Cano y Aponte lo nombró asesor del gobierno el 7 de enero de 1718. Ejerció además los cargos de protector de los indígenas, auditor de guerra y asesor del cabildo de Santiago. En representación de esta última institución municipal, realizó un viaje a la España europea con poderes otorgados por el cabildo. El 16 de abril de 1722 obtuvo por oposición la canonjía doctoral de Santiago, siendo todavía laico.

Carrera eclesiástica

En 1722, con solo 29 años fue ordenado sacerdote en Santiago. Dada su amplia experiencia, cultura y formación, Azúa empezó muy pronto a ocupar cargos importantes en la diócesis de Santiago. El 9 de mayo de 1723 tomó posesión de su canonicato, que había obtenido siendo todavía laico, y en 1728, el obispo Alfonso del Pozo lo nombró provisor y vicario general de la diócesis, que además administró cuando aquel fue trasladado a la sede metropolitana de Charcas, hasta la llegada del nuevo obispo, José Manuel de Sarricolea y Olea (1730 -1734), en cuyo nombre tomó posesión el 11 de mayo de 1731. Ejérció también los cargos de examinador sinodal del obispado y comisario del Santo Oficio.

El 24 de septiembre de 1732, Sarricolea propuso al rey el nombramiento de Azúa para el cargo de deán de la catedral de Santiago. En la carta que dirige al rey destaca las grandes cualidades de Azúa y, especialmente, sus dotes de gobierno.

Episcopado

Obispo auxiliar de Concepción (1735-1742)

El 27 de julio de 1735 con solo 42 años, fue nombrado obispo auxiliar de Concepción, confirmado por el papa Clemente XII, siendo entonces obispo de Concepción, Salvador Bermúdez (1731-1742). Sin embargo, la ordenación episcopal se demoró hasta el 17 de abril de 1740, asignándosele la sede titular de Botri (sufragánea de Tiro, en el actual Líbano) in partibus infidelim. Su acción pastoral como auxiliar se limitó al archipiélago de Chiloé. [1]

Terminada la visita a Castro, Azúa decidió volver a Santiago con el objeto de buscar medios, para realizar un segundo viaje a Chiloé y consolidar lo anteriormente hecho. Tras un viaje accidentado, llegó a Santiago en abril de 1742. Poco antes, se habían producido novedades importantes en la diócesis de Concepción: el 28 de febrero de 1742 Benedicto XIV trasladó a Salvador Bermúdez al obispado de La Paz, Bolivia y simultáneamente nombró a Pedro Felipe de Azúa obispo de Concepción con solo 48 años.

Obispo de Concepción (1742-1744)

El proceso de su nombramiento se había iniciado en Madrid el 1 de abril de 1741. El 27 del mismo mes el rey hizo la presentación de Azúa al papa, y Benedicto XIV lo nombró en la fecha antes señalada. Azúa tomó posesión de su diócesis personalmente en la primera mitad del año siguiente, 1743. Era el decimoquinto obispo de Concepción, y el segundo criollo en la sede penquista.

Una de sus primeras iniciativas al frente de la diócesis fue la realización de la visita pastoral. Entre el 23 de agosto de 1743 y comienzos de 1744 recorrió las distintas zonas del obispado, con la excepción del archipiélago de Chiloé, que había sido visitado poco antes como obispo auxiliar. Durante el desarrollo de esta visita, el 10 de noviembre de 1743, publicó una carta pastoral. Otro aspecto relevante de su episcopado fue su defensa de los indígenas. No obstante, el acontecimiento más significativo de su ministerio pastoral fue la celebración del sínodo diocesano, desarrollado entre el 11 de octubre y el 13 de diciembre de 1744. [1]

Su gestión económica se centró en la reconstrucción de la catedral, destruida tras el terremoto de 1730 y en la que invirtió incluso sus propios fondos personales. [1]

La gestión de Azúa al frente de la diócesis de Concepción se caracterizó por una intensa actividad administrativa y pastoral. En un período aproximado de un año y medio llevó a cabo la visita general de la diócesis, evaluó la situación espiritual y disciplinaria del clero y de los fieles, promovió medidas de corrección y reforma, convocó y presidió el sínodo diocesano y completó el ordenamiento canónico del cabildo catedralicio mediante la promulgación de las constituciones capitulares, conocidas como consueta.

Arzobispo de Santa Fe de Nueva Granada (1744-1753)

Su promoción a la sede de Santa Fe de la Nueva Granada (actual Colombia) cortó prematuramente su acción pastoral en Concepción. Azúa fue promovido a Bogotá el 18 de diciembre de 1744, con solo 51 años, a los pocos días de concluir el sínodo. Sin embargo, permaneció en Concepción hasta principios de 1746 concluyendo a su cuenta las obras de la catedral y manteniendo una dura lucha con la Real Audiencia de Santiago de Chile para conseguir la aprobación del sínodo. En enero de 1746 consagró la catedral de Concepción. [1]

Tras la toma de posesión del nuevo obispo de Concepción, José de Toto y Zambrano. Azúa se trasladó a Santiago y allí siguió su lucha por la aprobación del sínodo. El 12 de abril de 1746, desde Santiago, dio poder a tres miembros del cabildo eclesiástico de Santafé para que tomaran posesión, en su nombre, del arzobispado. El 28 de agosto de 1747 el canónigo Nicolás Javier de Barazorda y Larrazábal tomó posesión en nombre de Azúa.

El 16 de noviembre de 1747, ya de camino hacia Santafé, Azúa recibió en Popayán el palio arzobispal de manos del obispo Francisco José de Figueredo y Victoria. Finalmente, el 20 de enero de 1748, a los tres años de su designación, tomó posesión personalmente del arzobispado de Santafé de Bogotá. Sucedió en la sede al agustino Diego Fermín de Vergara, fallecido el 7 de febrero e 1744.

Su programa de actuación en Santafé fue similar al que había llevado a cabo en Concepción. Realizó en cuanto pudo la visita pastoral, redactó para el cabildo catedralicio unas reglas consuetas, dado que no existían más que unas pocas ordenanzas muy antiguas hechas por prebendados sin contar con el obispo y, además, contrarias a las disposiciones tridentinas.

A nivel diocesano prohibió al clero cobrar a los indios por besar el manípulo y por extenderles la cédula de comunión; dictó normas para tutelar la libertad de contraer matrimonio, sobre todo en favor de la mujer; mandó que en los días festivos se cerrasen las pulperías, tabernas en las que se vendía la bebida llamada vulgarmente chicha; prohibió a los clérigos dedicarse a negocios contrarios al estado eclesiástico y, especialmente, negociar con el aguardiente. También también procuró el embellecimiento de la catedral.

Su arzobispado se desarrolló en medio de un ambiente hostil, en particular con la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Así expone la situación el mismo Azúa en carta a su hermano Tomás, fechada en Tunjuelito el 30 de diciembre de 1749, con una posdata de primeros de enero de 1750:

"Yo me hallo poco menos que arrestado en un cortijo de campaña, sólo con mi hermana y sobrinos, sin ánimo de volver a la ciudad, en tanto que el rey resuelve un sinfín de diferencias que han ocurrido en la audiencia, la que manda al arzobispo más que al portero; la que tuvo audacia, cuando llegué de visita, para llevar mi equipaje y de familia a registro de caja y, aunque no se hallaron más que miserias de un pobre menaje, han persistido en procesos sobre implicaciones en algo..."

Durante los últimos años de su gobierno arzobispal, Pedro Felipe de Azúa e Iturgoyen manifestó un progresivo desánimo, que diversas fuentes atribuyen tanto a las dificultades en las relaciones personales e institucionales dentro de la archidiócesis como a problemas de salud, posiblemente agravados por la altitud de la ciudad de Bogotá. En este contexto, decidió presentar su renuncia a la sede arzobispal. [1]

Renuncia y muerte

Referencias

Bibliografía

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