Plaza Huerto Sogueros (Castellón)
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La plaza Huerto Sogueros (en valenciano plaça Hort dels corders) es una espacio público de la ciudad española de Castellón de la Plana. Se trata de una gran plaza ubicada al oeste del núcleo histórico y a pocos metros del parque Ribalta. Su situación marca uno de los lugares más importantes para la historia económica local y desde su urbanización como plaza se ha convertido en un importante punto de encuentro para la sociedad castellonense.
| Plaza Huerto Sogueros | ||
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| Plaça Hort dels Corders | ||
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| Ubicación | ||
| País |
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| Comunidad autónoma |
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| Municipio | Castellón de la Plana | |
| Localidad | Castellón de la Plana | |
| Coordenadas | 39°59′11″N 0°02′30″O | |
| Características | ||
| Tipo | Plaza | |
| Vías adyacentes |
Avenida Rey don Jaime Calle Trullols Calle Joan Fuster i Ortells Calle Amadeo I Calle Germà Colón | |
Odonímia
El término «Hort dels Corders» es un topónimo extendido en los territorios de lengua catalana para referirse a las grandes parcelas donde los gremios de sogueros disponía de la maquinaria necesaria para fabricar sus productos de forma colectiva. Es un nombre documentado desde época medieval en ciudades como Barcelona o Valencia.[1] El espacio dedicado a estas labores en Castellón se encontraba donde construyó la plaza, por lo que el 20 de octubre de 1948 se le dio este nombre al lugar, en recuerdo del anterior uso del espacio y en agradecimiento al gremio local. Antes de la urbanización de la plaza el lugar no tenía nombre, siendo conocido únicamente por su uso. El nombre ha permanecido invariable desde que se le otorgó.[2]
Historia

Se tiene constancia del cultivo del cáñamo en Castellón desde, al menos, 1239, por lo que ya era una cosecha habitual durante la dominación árabe de la zona. Apenas se conocen unos pocos artesanos de la transformación de esta fibra vegetal durante el siglo XV, pero en el siglo posterior el cronista Rafael Martí de Viciana lo colocaba como el tercer cultivo en importancia del municipio con recolecciones anuales de entre 36 000 a 40 000 arrobas, aumentó considerablemente durante el siglo XVIII, en 100 años se pasó de recoger 80 000 arrobas a 146 000 arrobas. Su importancia era estratégica, las autoridades municipales prohibieron el empleo de cáñamo exportado en 1619, y a partir de 1730 el Estado comenzó a controlar la producción de la comarca y a hacerse con la mitad de la cosecha, que se destinaba a las Reales Fábricas de Cartagena, Ferrol o Santander; mientras que el resto se destinaba a la fabricación de cuerdas que, en régimen de monopolio, se servían a la Armada española. Pese al control férreo del Estado, el del cáñamo se convirtió en el cultivo más rentable de la zona, la mejor manufactura de Castellón según Pascual Madoz y su fama fue nacional.[1]
Este cultivo requería un trabajo intensivo más allá de la recolección, que realizaban pequeños talleres familiares organizados en torno al gremio de sogueros y que requerían de numeroso espacio molesto para el resto de la población castellonense. La presión popular provocó que en 1744 el gremio presentase al Ayuntamiento el proyecto de creación de un huerto donde poder realizar su oficio, petición que fue aprobada el 3 de octubre de dicho año.[1]
El nuevo huerto se situaba en una zona de secano propiedad de Tomás Castell junto a una balsa de las que se utilizaban en las labores de procesamiento del cáñamo. El solar de 13 613 m²,[1] limitaba al este por las casas que lo cerraban de la plaza Nueva, al norte por la calle de la Cantareria (hoy de Echegaray), al oeste por la calle San Pascual (hoy Amadeo I) y al sur por las casas de la calle San Vicente. Se situaba no muy lejos de la ermita de San Juan donde celebraban las asambleas y actos religiosos. La entrada principal al huerto se producía por la plaza Nueva y existía otra hacia la calle de la Cantarería.
La plaza Nueva, que era el límite sur del huerto era un espacio que hasta el siglo XVIII fueron campos de cultivo ocupados dos veces al año por la feria en el que el gobernador Bermúdez de Castro promovió la urbanización de una plaza extramuros y la construcción de los primeros edificios. Con los siglos, esta plaza acabaría dando lugar a la actual avenida del Rey don Jaime.
El huerto se adecentó con la plantación de árboles, la construcción de un edificio encarado a la plaza Nueva que hizo de sede del gremio y de un pozo en su planta baja para suministrar las necesidades del huerto y que en verano abría su uso al público para aumentar las ganancias económicas del gremio. En 1752 Castellón poseía un tercio de los maestros artesanos de la comarca; en 1791 200 familias se empleaban en el huerto preparando el cáñamo y elaborando hilos, cuerdas y demás materiales. Bernardo Mundina, cronista de mediados del siglo XIX, habla de 3000 personas trabajando en el huerto. Cada artesano soguero tenía derecho a emplear hasta a dos maestros alpargateros para la elaboración de alpargatas en el propio huerto.[1]
Pese a las crisis que atravesó el Imperio español desde finales del siglo XVIII, el proteccionismo económico y el monopolio mantuvieron estable, e incluso en crecimiento, la producción de cáñamo y derivados, hasta que las necesidades económicas del Estado y su apertura comercial y librecambista impulsaron al más rentable cultivo de la naranja. Las diferentes desamortizaciones obligaron al gremio a vender varias de sus propiedades, y a poner a la venta en 1872 su huerto. El gremio, decidió a no perder su lugar de trabajo, persuadió al rey Amadeo I durante su visita a Castellón para que prestase el dinero necesario que les permitiera mantener la propiedad. El rey aceptó y dio la cantidad necesaria para que un intermediario accediese a la compra y cediera el terreno al gremio para el ejercicio de sus labores. Con cosechas que todavía alcanzaban las 900 toneladas de cáñamo, el gremio pudo recomprar el terreno en 1916.[1]
Para esa época, hacía ya tiempo que la ciudad se había expandido hacia el oeste para alcanzar las vías del ferrocarril, y que se había creado el parque Ribalta a pocos metros de distancia, por lo que el huerto se encontraba en una de las zonas más codiciadas del casco urbano. En 1833 el Ayuntamiento intentó expropiar la zona de forma infructuosa, durante la desamortización intentó comprar el terreno, pero el rey lo impidió. De nuevo en 1925 Vicente Traver formuló el primer plan general de Castellón, en el que la construcción del huerto constituía uno de los puntos más importantes. En 1927 el Ayuntamiento encargó a Francisco Tomás redactar el proyecto de urbanización de la zona. Lo mismo ocurrió en 1932 cuando Francisco Maristany presentó su propio proyecto a las autoridades municipales, que no lo aprobaron hasta 1936. La guerra civil española paralizó todo, hasta que en 1939 el entonces alcalde Vicente Traver anuncia la permuta del suelo del antiguo huerto al gremio por un solar para el desarrollo sus labores en la zona de Rafalafena, así como la apertura del espacio del antiguo huerto hacia la calle San Vicente por el sur y la Ronda Mijares por el oeste. Más tarde, en 1944, el Ayuntamiento compró las viviendas que la cerraban de la plaza del Rey para unir ambos espacios.
La plaza se pavimentó en 1955 y mantuvo su organización original hasta 1982, cuando se dispuso un paseo de palmeras. A finales de la década de 1990, el Ayuntamiento remodeló la plaza, creó un aparcamiento subterráneo debajo de ella y dejó la superficie libre para organizar diversos actos de las fiestas de la Magdalena. Los vecinos se opusieron a este plan y organizaron varias manifestaciones, pero solo consiguieron que se incluyesen algunos elementos vegetales más debido a motivos técnicos.
El moderno Huerto de Sogueros acoge numerosas actividades ciudadanas y eventos de interés. El más destacado sería el festival circense Magdalena Circus, que lleva más de 24 ediciones siendo parte del programa anual de las fiestas mayores de Castellón.[3] La plaza también dispone de un quiosco bar.[4]
Elementos de interés
Esculturas
Las dos esculturas que se encuentran en la plaza rinden homenaje al antiguo oficio del cáñamo, simbolizado en la figura del menaor, el niño que se encargaba de mover la rueda con la que se creaban las cuerdas. La más antigua es un monolito de piedra de Borriol esculpido por el artista Álvaro Falomir en 1968 llamada El menaoret. En él se puede ver la figura esquemática de este trabajador ejerciendo su labor. Del año 2002 es la escultura de Juan García Ripollés Homenatge al filaor i el menaor o Les cordeliers. En su base aparecen los personajes del menaor y el filaor elaborados en bronce y unidos por hilos de agua que recuerdan las cuerdas. Sobre ellos se levanta una estructura multicolor de 14 m de altura y 16 m de diámetro elaborada en fibra de vidrio coronada por varios brazos extendidos.[5] Inicialmente el monumento fue muy controvertido, pero con el tiempo se ha convertido en un símbolo de Castellón.
Edificios

En la plaza destacan dos edificios oficiales que se construyeron para organismos gubernamentales. El más antiguo es el que sirvió como delegación del Ministerio de Hacienda entre 1946 y 2006. Es obra de F. Echenique, L. F. Quijada y M. Nasarre en un lenguaje pseudo renacentista típico de los primeros años de la dictadura franquista y preside el lado oeste de la plaza. Su fachada de piedra presenta nueve ejes verticales y simetría central. El cuerpo central contiene siete de los ejes y dispone cuatro plantas de altura, a los slados, sendos cuerpos laterales se reparten el resto de ejes y presentan tres alturas. El eje central contiene el acceso al edificio y los principales elementos decorativos. Un almohadillado se extiende por la planta baja del edificio y separan el eje central y el cuerpo central de los laterales. El entablamento presenta florones decorativos. la fachada se cierra con una balaustrada sobre el cuerpo central acompañada de pináculos y con rejerías en los cuerpos laterales. Del interior del edificio destaca el patico central techado. En 2017 se convirtió en el Menador espacio cultural.
Otro edificio destacado es la casa gran, antiguo Instituto Nacional de Previsión, actualmente oficinas de la Consejería de Sanidad de la Generalidad Valenciana, centro de salud y centro de especialidades médicas, que también tiene fachada a la avenida del Rey don Jaime y a la calle Trullols. De autoría desconocida, se construyó entre 1950 y 1952. El edificio estructura sus fachadas a partir de una serie de bandas horizaontales que pueden agruparse en el basamento formado por el semisótano y la planta baja realizado en piedra, el cuerpo del edificio de cuatro pisos de altura realizado en ladrillo visto con recercados de piedra en las ventanas y balcones corridos en el centro. Por último el remate, formado por una quinta planta que en fachada se expresa con una logia de arcos rebajados y cornisa de piedra bordeando la cubierta inclinada.
Frente al edificio de Hacienda también destaca el edificio de viviendas del grupo San Cristóbal, proyectado por Vicente Traver y finalizado en 1958.[6]
Cerámica

En 2016 se instaló en el pavimento del lado este de la plaza un juego de la oca realizado con la tecnología más moderna para la decoración digital sobre azulejo porcelánico que narra la historia de Castellón de la Plana desde la expedición del Privilegio del Traslado en 1251 hasta la fecha ilustrada con dibujos de Joan Montañés, Xipell.[7] Unos años antes, en 2012, se instaló cerca de la zona de juegos de la parte oeste dos juegos infantiles realizados en cerámica. Una pizarra donde los niños pueden dibujar con tiza y un sambori realizado con baldosas de 401 x 401 mm.[8]