Presa Mayarí
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| Presa Mayarí | ||
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| Embalse Melones | ||
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| Ubicación geográfica | ||
| Río | Río Mayarí | |
| Coordenadas | 20°35′31″N 75°40′01″O / 20.591805555556, -75.666805555556 | |
| Ubicación administrativa | ||
| País |
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| Provincia | Holguín | |
| Municipio |
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| Datos generales | ||
| Propietario | Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos | |
| Presa | ||
| Población cercana | Arroyo Seco | |
| Cuerpo de agua | ||
| Superficie | 12 km² | |
| Capacidad total | 354 000 000 m³ | |
| Mapa de localización | ||
| Ubicación (Cuba). | ||
La presa Mayarí, conocida oficialmente como embalse Melones, es una infraestructura hidráulica ubicada en la cuenca del río Mayarí, en la provincia cubana de Holguín.[1] Se trata de una de las obras de ingeniería más relevantes de Cuba, considerada una maravilla de la ingeniería hidráulica nacional.[2]
Con una capacidad de almacenamiento superior a los 300 millones de metros cúbicos de agua, constituye la segunda mayor presa del país, solo superada por la presa Zaza. Su construcción se proyectó como parte del sistema de trasvases para aprovechar los abundantes recursos hídricos del oriente cubano y redistribuirlos hacia zonas deficitarias.[3]
El embalse se localiza en el municipio de Mayarí, en un punto de división natural entre las sierras de Nipe y Cristal. El río Mayarí, cuyo antiguo recorrido coincide con la actual represa, constituye el eje central de la cuenca.
La zona se encuentra entre las más húmedas del país, con un promedio anual de precipitaciones de aproximadamente 1 450 milímetros. El embalse posee una superficie total de unos 12 km², de los cuales al menos 10 km² corresponden a bosques secundarios sumergidos. Su forma alargada responde al relieve del valle y al antiguo cauce fluvial.[4]
Características
La Presa Mayarí es la obra hidráulica construida a mayor altitud en Cuba y la de mayor profundidad. Tiene una capacidad de almacenamiento de 354 millones de metros cúbicos de agua, con una cota de coronación de 93 metros. Es también la única en Cuba construida mediante la técnica de enroscamiento y pantalla impermeable de hormigón.
Una de sus particularidades es que el acceso a la corona desde la base se realiza por viales asfaltados, lo cual no es común en las represas cubanas. Su diseño y dimensiones le permiten desempeñar múltiples funciones estratégicas, desde la regulación de crecidas hasta el suministro de agua potable, riego agrícola y generación hidroeléctrica. El embalse se complementa con una red de túneles y trasvases que lo vinculan a otras cuencas de la región oriental.
Historia y construcción
Las obras de la Presa Mayarí comenzaron en la década de 1980, pero se interrumpieron tras el inicio del Período especial en Cuba, lo que dejó inconclusa la infraestructura durante varios años. Su reactivación ocurrió en los años 2000 y finalmente se completó en la segunda década del siglo XXI.
El llenado del embalse, que según los especialistas debía prolongarse durante al menos dos años, se produjo en apenas nueve meses. Este hecho generó preocupación entre los habitantes de la zona, ya que más de 60 000 personas residen en áreas ubicadas a cotas inferiores a la de la presa. No obstante, los ingenieros aseguraron que el dique se había construido “tres veces más grueso de lo necesario”, atendiendo a exigencias de seguridad.
Durante el proceso constructivo, se realizaron intensos trabajos de movimiento de tierra y maquinaria pesada, tanto en el área del embalse como en las montañas aledañas, que no quedaron bajo el agua. Se construyeron numerosos caminos de terraplén y se desarrollaron túneles y canales de trasvase, lo que afectó alrededor de 20 000 hectáreas de territorio, cifra que incluye tanto la superficie inundada como la impactada por las obras auxiliares.
Importancia económica y social
La Presa Mayarí constituye una obra estratégica para la región oriental de Cuba. Su capacidad de regulación hídrica permite:
- Controlar las crecidas del río Mayarí y de sus afluentes, que históricamente causaban daños materiales y pérdidas humanas en el valle.[5]
- Garantizar el suministro de agua potable a poblaciones cercanas.
- Abastecer sistemas de riego agrícola, contribuyendo al desarrollo de cultivos en la zona.
- Generar energía hidroeléctrica mediante las pequeñas centrales Mayarí I y Mayarí II.[2]
- Integrarse al sistema de trasvase Este-Oeste, que redistribuye recursos hídricos hacia territorios con déficit, como Las Tunas y Camagüey.[6]
En términos de valor económico y social, la presa es considerada fundamental para el desarrollo agrícola e industrial de la provincia de Holguín y de regiones vecinas.
Impacto ambiental
La construcción y operación de la Presa Mayarí generó un fuerte impacto ambiental. La inundación de bosques secundarios supuso la pérdida de ecosistemas frágiles, con un alto nivel de endemismo. Entre las especies más afectadas se encuentra la Polymita, un molusco policromado endémico del oriente cubano. Su hábitat, restringido a áreas muy localizadas en Holguín, Santiago de Cuba y la frontera entre las sierras de Nipe y Cristal, quedó severamente fragmentado, lo que incrementó su riesgo de extinción.[7]
La alteración de estos nichos ecológicos repercutió en otras especies como el gavilán caguarero, depredador natural de moluscos terrestres, cuya población se redujo al disminuir la disponibilidad de alimento. Asimismo, la fauna acuática del río Mayarí se vio desplazada por especies introducidas como la tilapia (Oreochromis niloticus), el pez gato (Clarias batrachus) y la tenca (Tinca tinca), que poseen mayor capacidad de adaptación a las condiciones de aguas estancadas y lentas propias de un embalse.
El proceso constructivo, que incluyó la canalización de arroyos afluentes y la creación de túneles y canales de drenaje, también afectó a poblaciones autóctonas de camarones, cangrejos y peces ribereños.
Otro aspecto relevante es la descomposición de la biomasa vegetal sumergida, que contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, en especial metano. Se estima que alrededor del 1,3 % de estos gases a nivel mundial proceden de embalses, y el caso de Mayarí no es la excepción. La incapacidad de la empresa forestal estatal para aprovechar la madera antes de la inundación, sumada a la prohibición de uso por parte del sector privado, hizo que una gran cantidad de biomasa quedara en putrefacción bajo el agua, intensificando el impacto ambiental.
Aunque la legislación cubana exige la realización de estudios de impacto ambiental y la obtención de licencias para este tipo de obras, no existen evidencias públicas de que los mismos se hayan divulgado con transparencia ni de que se aplicaran medidas de mitigación significativas.
