Prisión Central de Durango

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País España
Localidad Durango
Ubicación Durango
Inauguración 1939
Prisión Central de Durango
Localización
País España
Localidad Durango
Ubicación Durango
Información general
Inauguración 1939

La Prisión Central de mujeres de Durango, que funcionó en los comienzos de la dictadura franquista, entre noviembre de 1939 y diciembre de 1940,[1] fue una prisión situada en un convento de monjas francesas en Durango que, después de funcionar como cárcel, se convirtió en un colegio de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de Nevers.[2] Documentos del Archivo Municipal de Durango la denominaban Prisión Central de mujeres del barrio de San Roque.[3]

En Vizcaya, en enero de 1938 se habilitó el balneario de la playa de Saturrarán como prisión central destinada al cumplimiento de condenas. Fueron las mujeres vizcaínas las primeras en ser trasladadas a este centro. Tras el final oficial de la guerra civil en 1939, la llegada masiva de reclusas procedentes de otras provincias españolas desbordó su capacidad por lo que, ese mismo año, se pusieron en funcionamiento dos nuevas prisiones centrales para la ejecución de penas: la de Amorebieta, en septiembre, y, dos meses después, la de Durango que permaneció activa únicamente durante 1940, coincidiendo con uno de los momentos de mayor presión penitenciaria de la posguerra. La prisión de Amorebieta continuó operativa hasta noviembre de 1947.[1]

En el País Vasco funcionaron cinco cárceles destinadas específicamente a mujeres. En Vizcaya se encontraban el chalet Orue -integrado en la red penitenciaria dependiente de la Prisión Provincial de Bilbao, aunque operó como centro diferenciado-, así como las Prisiones Centrales de Amorebieta y de Durango. En Guipúzcoa se ubicaba la Prisión Central de Saturrarán, en Motrico y en Álava se localizaba la Cárcel de Mujeres del Sagrado Corazón, en Vitoria, que, al igual que Orue, formaba parte de la estructura de Prisión Provincial.[4] [1]

Historia

El 28 de diciembre de 1939 fueron enviadas desde la cárcel de Ventas a esta cárcel 350 presas, muchas con sus hijos.[2] Tomasa Cuevas, presa de la cárcel, manifestó que la población local fue solidaria con las presas y se hizo cargo de los niños hasta que poco a poco fueron recogidos por sus familiares.[2] [3] Además, las presas que no recibían visitas eran asistidas por mujeres de Durango.[4]

Ángeles Mora, que ingresó en Durango en marzo de 1940, en su testimonio recogido por Tomasa Cuevas en Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, dijo que los franquistas habían fusilado a trece de las monjas al azar porque todas se habían negado a declarar que habían sido violadas por los rojos. Estaban enterradas en el mismo jardín de la cárcel.[2]

Además de Tomasa Cuevas,[5] [6] también Rosario Sánchez Mora, la Dinamitera y Flor Cernuda estuvieron en la cárcel.[7] Se conoce el nombre de otras 126 presas,[8] aunque se cree que estuvieron en ella alrededor de mil mujeres.[9]

Según unas fuentes, entre marzo y octubre de 1940, murieron 15 personas, 6 mujeres, 4 niñas y 5 niños, hijos de las reclusas;[10] sin embargo, las fuentes del Ayuntamiento de Durango comunican que en aquel penal murieron las adultas Dolores Castillo, Guadalupe Gargallo, Eugenia Hinojosa, Nieves Martín, Eustaquia Pérez[3] y los niños Manuel Arana (seis años), Antonio Cáceres (seis meses), Victoria Gálvez (2 años), Alejandro Jimeno (ocho meses), Ángeles Landa (un año) y Victor Martín (4 años).[11]

Fueron ejecutadas a garrote vil tres dirigentes del Partido Socialista Obrero Español de Ciudad Real, y la militante comunista Elena Tortajada que había intervenido en un mitin en la plaza de toros de Ciudad Real, junto a la diputada comunista Dolores Ibárruri.[12] Hay testimonios que confirman que se aplicaba la incomunicación en celdas de castigo.[2]

Según testimonios orales las presas articularon en el interior de la cárcel un sistema de resistencia basado en la formación de grupos de tres integrantes. El primero de los miembros solía ser una militante joven, con suficiente conciencia política para comprender la naturaleza de la represión ejercida sobre ellas y, además, la única del grupo que sabía leer. La segunda integrante era una mujer de edad avanzada -con frecuencia de 60, 70 o incluso 80 años-, considerada entre las más vulnerables. La tercera componente era una presa originaria de la localidad, cuya presencia garantizaba un mayor acceso a paquetes procedentes del exterior, recursos que se compartían con las otras dos compañeras.[8]

Memoria histórica

  • El Ayuntamiento de Durango, junto a asociaciones memorialistas y feministas, rindió homenaje a las víctimas de la cárcel de mujeres en enero de 2023.[13]

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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