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Proteína A

compuesto químico From Wikipedia, the free encyclopedia

La proteína A es una proteína de superficie de 42 kDa que se encontró originalmente en la pared celular de Staphylococcus aureus y que es capaz de reconocer moléculas de la matriz extracelular.[1] Está codificada por el gen spa y su regulación está controlada por la topología del ADN, la osmolaridad celular y un sistema de dos componentes llamado ArlS-ArlR. Está compuesta por cinco dominios homólogos de unión a Ig que se pliegan en un paquete de tres hélices. Es ampliamente usada en bioquímica por su capacidad de reconocimiento de anticuerpos, especialmente IgG. Interactúa con la cadena pesada y se une a la región Fc. Su función biológica sería, en el suero sanguíneo, unir los anticuerpos en el sentido opuesto al esperado, lo cual dificultaría la opsonización y la fagocitosis.

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1DEE, 1BDD, 4WWI
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Proteína A
Estructuras disponibles
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Identificadores
UniProt
P38507 n/a
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Bases de datos / Identificadores
InterPro IPR003132
STRING Red de interacciones
AlphaFold Modelo P38507
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Propiedad Valor
Tipo de proteínaProteína de superficie bacteriana no enzimática
Longitud508 aminoácidos
Masa molecular56 kDa
Número de dominios5 (A–E)
Motivo de anclajeLPXTG (anclaje a la pared celular Gram-positiva)
EstructuraMódulos de hélice-hélice-hélice (tres α-hélices por dominio)
pI teórico5,1
Estabilidad térmicaDominios estables hasta ≈ 70 °C
LocalizaciónPared celular de Staphylococcus aureus
FuncionesUnión a la región Fc de IgG; evasión del sistema inmunitario
Usos biotecnológicosPurificación de anticuerpos IgG mediante columnas de afinidad
HomólogosS. pseudintermedius, S. lugdunensis
Modelo AlphaFoldP38507
Referencias:
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Estructura de un dominio de la proteína A como un haz de tres hélices que se une a la cadena variable pesada de un VH3 humano Fab a la izquierda. Proteína A minimizada unida a un fragmento Fc de Rituxima a la derecha,

Descubrimiento e historia

Como subproducto de su trabajo sobre los antígenos de estafilococos de tipo específico, Verwey informó en 1940 que una fracción de proteína preparada a partir de extractos de estas bacterias no precipitadas específicamente de antisueros de conejo se elevó contra diferentes tipos de estafilococos. En 1958, Jensen confirmó el hallazgo de Verwey y demostró que los sueros de preinmunización de conejo, así como los sueros humanos normales unidos al componente activo del extracto de estafilococos, designó a este componente como Antígeno A (porque se encontró en la fracción A del extracto) pero pensó que era un polisacárido.[2] La clasificación errónea de la proteína fue el resultado de pruebas defectuosas [5] pero no fue mucho después (1962) que Löfkvist y Sjöquist corrigieron el error y confirmaron que el Antígeno A era de hecho una proteína de superficie en la pared bacteriana de ciertas cepas de S. aureus.[3] El grupo Bergen de Noruega nombró a la proteína "Proteína A" en honor a la fracción de antígeno aislada por Jensen.[4]

Estructura y organización molecular

La proteína A de Staphylococcus aureus es una proteína de superficie anclada a la pared celular bacteriana, cuya principal función consiste en unirse a la región Fc de las inmunoglobulinas G (IgG) de diversas especies, incluida la humana, interfiriendo así en los mecanismos de defensa del huésped.[5]

Estructura primaria

La proteína A está compuesta por 508 aminoácidos en su forma precursora que incluye tanto el péptido señal N-terminal como la región de anclaje C-terminal con el motivo LPXTG, característico de las proteínas de superficie de bacterias Gram positivas.[6]

Tras la secreción y el procesamiento postraduccional mediado por la sortasa A, la forma madura extracelular— que constituye la porción funcional responsable de la unión a las IgG— comprende alrededor de 319 aminoácidos. Esta forma madura es la que se expone en la superficie celular bacteriana.

La región extracelular presenta una organización modular compuesta por cinco dominios homólogos (E, D, A, B y C). Cada dominio es capaz de unirse de manera independiente a la región Fc de las IgG, lo que permite una multivalencia funcional: la proteína puede unirse simultáneamente a varias moléculas de anticuerpo, aumentando la afinidad y la estabilidad del complejo proteína-anticuerpo. [7]

Entre los dominios existen regiones espaciadoras, ricas en glicina y ácido aspártico, lo que proporciona flexibilidad estructural a la molécula y permiten la orientación tridimensional adecuada de los dominios de unión hacia las inmunoglobulinas. Esta disposición facilita la interacción eficiente con la región Fc de las IgG. [8]

Péptido señal y motivo LPXTG

En su extremo N-terminal, la proteína A contiene un péptido señal que dirige la secreción a través del sistema Sec bacteriano, encargado de transportar proteínas al exterior de la célula. Una vez secretada, la enzima sortasa A reconoce el motivo LPXTG en el extremo C-terminal y cataliza su unión covalente al péptidoglucano de la pared celular. Este proceso asegura que la proteína A quede orientada hacia el exterior de la célula, condición indispensable para su interacción con anticuerpos del huésped. [9]

Estructura secundaria y terciaria

Cada dominio de unión a IgG presenta una estructura secundaria dominada por tres ɑ-hélices antiparalelas que forman un haz compacto.

El análisis criptográfico del dominio B reveló que se organiza en un haz tridimensional de tres hélices antiparalelas, lo que genera una superficie hidrófoba ideal para acoplarse a la región Fc de las IgG.[7]

Los modelos tridimensionales disponibles en el Protein Data Bank (PBD) —como las estructuras 1BDD, 1DEE y 1FC2— muestran como estos dominios se acoplan a la región Fc de la IgG mediante una combinación de

Esta arquitectura helicoidal explica la estabilidad y la elevada afinidad por la región Fc de las inmunoglobulinas.[10]

Interacciones internas y estabilidad del plegamiento

El plegamiento helicoidal de la proteína A se mantiene gracias a interacciones hidrófobas entre los residuos apolares del núcleo de cada dominio, y a puentes de hidrógeno y fuerzas de Van der Waals entre las hélices. Esta red de interacciones dotan a la proteína de una gran estabilidad térmica y química, permitiendo que la proteína conserve su estructura incluso frente a variaciones de pH o concentración salina. Propiedades clave para su papel fisiológico y para su uso en biotecnología. [11]

Propiedades fisicoquímicas

La proteína A madura tiene una masa molecular teórica de 42 kilodaltons (kDa) y un punto isoeléctrico (pl) de alrededor de 5,1, lo que condiciona su comportamiento electrostático a distintos pH.

Su estructura compacta, basada en haces de ɑ-hélices, le proporciona una alta resistencia a la desnaturalización térmica y química. Puede resistir condiciones desnaturalizantes como 4M de urea o de tiocianato, pH muy ácido (~2,5) i mantener su capacidad de unión a IgG después de estas exposiciones. Incluso tras la exposición a detergentes o elevadas concentraciones salinas, la proteína conserva su capacidad de unión a los anticuerpos, lo que ha permitido su uso rutinario en técnicas bioquímicas y biotecnológicas. [12]

Relevancia estructural

La arquitectura modular y helicoidal de la proteína A está especialmente diseñada para interactuar con las inmunoglobulinas. La repetición de dominios estructuralmente similares multiplica los puntos de unión posibles con las IgG, aumentando su afinidad global y eficacia tanto en la evasión inmunitaria de S. aureus como su utilidad en aplicaciones biotecnológicas.[13]

Estructura cuaternaria

Organización general

Las proteínas de superficie y los pili en la cara externa de la pared bacteriana, resultan elementos clave en el momento de la adhesión de patógenos bacterianos a los tejidos del huésped. La razón detrás de tal importancia radica en la capacidad provista por dichas proteínas de establecer interacciones específicas receptor-ligando con los factores tisulares. Estas proteínas son conocidas como las adhesinas bacterianas y algunas, como la correspondiente a la proteína A, permiten la interacción directa con moléculas de la matriz extracelular del huésped.[14]

La estructura cuaternaria de la proteína A está compuesta por un único monómero. Estas proteínas están localizadas en la superficie de la bacteria, dispuestas de forma ordenada y orientada hacia el exterior, de tal forma que los dominios de unión a immunoglobulinas quedan expuestos hacia el medio extracelular. Su distribución está lejos de ser uniforme: se concentran en focos discretos localizados alrededor de la bacteria, obteniendo así, una cobertura parcial de su superficie. [15]

Motivo LPXTG3

El motivo LPXTG3 se trata de una región de la proteína A cuya función consiste en posibilitar el anclaje de la proteína en la pared bacteriana. Esta región se sitúa próxima al extremo C-terminal de la cadena polipeptídica.[16] Este anclaje es un proceso previo esencial para que la proteína A pueda llevar a cabo su función.[17]

Las bacterias Gram-positivas, como en el caso del Staphylococcus aureus, presentan un mecanismo de transpeptidación que únicamente permite que proteínas que contengan una señal de clasificación C-terminal con un motivo LPXTG conservado sean ancladas a la envoltura que constituye la pared bacteriana. Este proceso es desarrollado gracias a la proteína transmembrana de la bacteria Staphylococcus aureus denominada sortasa A. Esta tiene la función de producir una escisión de la cadena polipeptídica entre la treonina y la glicina presente en el motivo LPXTG, generando una enzima aciclada entre el grupo tiol de la cisteína y el grupo carboxilo de la treonina.[18] Esto permite que, posteriormente, se catalice la formación de un enlace amida entre el grupo carboxilo de la treonina y el grupo amino de los puentes cruzados de la pentaglicina, peptidoglicano constituyente de la pared bacteriana.[19] Así, de esta forma, se consigue un exitoso anclaje de la proteína a la pared bacteriana, quedando, esta, orientada hacia el exterior.[20]

Dominio X

El dominio X se trata de una región polimórfica cuya composición se fundamenta en la repetición en tándem de ocho unidades de aminoácidos. Tras la realización de un estudio llevado a cabo por el Departamento de Higiene de la Facultad de Medicina de la Universidad Médica de Sapporo, Japón, se determinó que existen 10 tipos diferentes de regiones X para la proteína A, caracterizados por la repetición de 4 a 13 aminoácidos en su secuencia proteica, en un total de 293 aislamientos clínicos. También, dependiendo de la cepa de S. aureus, esta tendrá con mayor probabilidad un tipo u otro de región X.[21] En otro estudio, se determinó la secuencia primaria de aminoácidos de la región de dos cepas diferentes: la cepa 8325-4 y la Cowan I.

  • Cepa Cowan I: Determinada parcialmente mediante un proceso de degradación de Edman.
  • Cepa 8325-4: Analizada en su totalidad mediante la secuenciación de nucleótidos del gen correspondiente a la región X. Gracias a ello, se descubrió que el dominio consta de dos subdominios con diferencias estructurales entre sí. El primero se trata de 12 repeticiones de un octapéptido, mientras que el segundo es un dominio C-terminal con una única secuencia.

Si la región X de ambas cepas es comparada, se observa una elevada homología entre ellas y, de forma interna, entre las estructuras del octapéptido: seis de los ocho aminoácidos son idénticos y los otros 2 sufren cambios siguiendo un patrón altamente regular.[22]

Al igual que en el motivo LPXTG3, esta región también tiene un papel importante en la unión de la proteína A a los peptidoglicanos que constituyen la pared bacteriana.[22]

Dominios A-E

Estos dominios son zonas clave de la proteína A en el momento de facilitar la unión de esta a las regiones Fab y Fc presentes en las inmunoglobulinas humanas.[23] Conforman la porción extracelular de la proteína A y cada dominio posee una estructura concreta que favorece la unión de la proteína a las IgG.[24]

Dominio A

Región localizada en la zona inicial-intermedia de la cadena polipeptídica. Su secuencia de aminoácidos es la siguiente: ADNNFNKEQQNAFYEILNMPNLNEEQRNGFIQSLKDDPSQSANLLAEAKKLNESQAPK.[25]

Dominio B

Dominio B de unión a immunoglobulina, RMN, estructura promedio minimizada.

Región localizada en la zona intermedia de la cadena polipeptídica. Su secuencia de aminoácidos es la siguiente: ADNKFNKEQQNAFYEILHLPNLNEEQRNGFIQSLKDDPSQSANLLAEAKKLNDAQAPK.[25]

Dominio C

Región localizada en la zona final-intermedia de la cadena polipeptídica. Su secuencia de aminoácidos es la siguiente: ADNKFNKEQQNAFYEILHLPNLTEEQRNGFIQSLKDDPSVSKEILAEAKKLNDAQAPK.

Dominio D

Región localizada en la zona inicial de la cadena polipeptídica. Su secuencia de aminoácidos es la siguiente: ADAQQNKFNKDQQSAFYEILNMPNLNEEQRNGFIQSLKDDPSQSTNVLGEAKKLNESQAPK.[25]

Dominio E

Animación del dominio E de la proteína A de Staphylococcus aureus, mostrando su estructura helicoidal característica

Región localizada en la zona inicial de la cadena polipeptídica. Su secuencia de aminoácidos es la siguiente: AQHDEAQQNAFYQVLNMPNLNADQRNGFIQSLKDDPSQSANVLGEAQKLNDSQAPK.[25]

Así pues, a lo largo de la cadena polipeptídica, los dominios se localizan en el siguiente orden, siguiendo el sentido N-terminal → C-terminal: N’→ E → D → A → B → C → C’ [25]

Oritentación y disposición superficial

La proteína A estafilocócica se trata de un factor de virulencia clave anclado a la pared bacteriana. Para poder llevar a cabo correctamente su función, es esencial que esta se encuentre correctamente anclada y orientada en la pared bacteriana. Estudios recientes han demostrado que el proceso de distribución de esta proteína se encuentra regulado por un péptido señal YSIR/GXXS, el cual tiene la función de promover la colocación de la proteína en posición transmembrana en la zona media de la célula. No obstante, cabe destacar que los procesos encargados de la colocación no se encuentran estudiados en profundidad y aún se desconoce parte de dicho proceso.[26]

Resumen del proceso

Durante la biogénesis de la proteína, esta se dirige al septo de división mediante su péptido señal N-terminal YSIRK/GS, permitiendo que se ancle a la pared transversal entre las dos células hijas. El proceso de anclaje que sigue a continuación es el descrito con anterioridad en el que interviene la proteína sortasa A y el motivo LPXTG3 de la proteína A. [26]

Existen múltiples factores que regulan la biogénesis de la proteína, como por ejemplo el dominio LysM presente presente en la proteína A, el cual potencia su direccionamiento a la pared transversal. [26]

Otro aspecto a destacar es la distribución de la proteína a lo largo de la superficie bacteriana. Esta se encuentra distribuida de forma heterogénea a lo largo del cuerpo bacteriano: tras su eliminación con tripsina, la cadena polipeptídica recién sintetizada se deposita en dos a cuatro focos discretos y, durante el crecimiento de la bacteria, esta tiende a distribuirse lentamente desde estos focos. A más a más, a partir de estudios de observación con microscopio de barrido láser en múltiples planos focales, se ha determinado que estos focos se disponen en círculo alrededor de la célula bacteriana. Este patrón de distribución requiere de la presencia de la señal de clasificación LPXTG y la sortasa A, elementos cuya función ya han sido anteriomente explicados.[27]

Regulación de la expresión génica

La síntesis de la proteína A se da gracias a la transcripción del gen spa, tal y como ya se ha explicado anteriormente. Por ende, la regulación de la expresión génica tratada en este apartado se encontrará basada en los reguladores de expresión del gen spa. Aun así, cabe recalcar que gran parte de los reguladores tratados también tendrán efecto sobre otros genes.

Sistema de componentes ArlS y ArlR

El patógeno humano Staphylococcus Aureus es una bacteria gram-positiva muy versátil, capaz de detectar y adaptarse a una elevada diversidad de ambientes dentro del huésped humano. En gran parte, la principal causa de tal característica reside en los 16 sistemas reguladores de dos componentes que presenta.[28]

El sistema de componentes ArlS y ArlR modifica la actividad de la serina proteasa extracelular, haciendo que, con elevada probabilidad, este sistema se encuentre implicado en la regulación de los factores de virulencia del patógeno humano Staphylococcus Aureus.[29] Además, se ha demostrado múltiples veces como este sistema afecta a numerosos procesos celulares de la bacteria, como la formación de biopelículas o la síntesis de la cápsula, entre muchos otros. Los detalles moleculares han permanecido desconocidos hasta la actualidad: un estudio realizado recientemente ha permitido dar a conocer más información acerca de estos procesos. Este ha consistido en la secuenciación del ARN, permitiendo, así, la detección del regulón ArlRS. En el mismo se ha encontrado un solapamiento del 70% con el del regulador de expresión génica global MgrA, también de la proteína A. Gracias a este estudio se ha demostrado que el regulón ArlR activa directamente la expresión de mgrA, regulando, así, la expresión del gen spa. Además, también ha demostrado que el gen ArlS posee actividad quinasa hacia ArlR in vitro, aún presentar una cinética más lenta que otras histidina-quinasas similares.[28]

Sistema AGR

En los organismo estafilococos, su capacidad de detectar la densidad celular bacteriana o cuórum y de ser capaces de responder con adaptaciones genéticas, se debe generalmente a un sistema principal denominado regulador génico accesorio (AGR). La señal extracelular de AGR consiste en un péptido modificado postraduccionalmente que contiene una estructura de tiolactona. Dependiendo de la densidad celular bacteriana, el comportamiento del gen será de un tipo u otro:

  • En caso de haber una elevada densidad celular bacteriana, este produce una disminución de la expresión de factores encargados de la colonización bacteriana y un aumento de la expresión de genes codificadores de exoenzimas y toxinas degradativas.
  • De forma contraria, en caso de haber una baja densidad celular bacteriana, se produce el efecto contrario, para, de esta forma, poder permitir el crecimiento de la colonia bacteriana.[30]

Este sistema permite que el gen spa, al igual que muchas de las proteínas de unión a la matriz extracelular, únicamente se exprese durante la fase exponencial de crecimiento de la colonia bacteriana. A partir de aquí, se va regulando negativamente a nivel transcripcional.[31]

Estructura del sistema AGR

El locus de dicho sistema presenta una extensión de 3,5kb y contiene dos unidades transcripcionales divergentes: RNAII y RNAIII, cuya transcripción se encuentra controlada por los promotores P2 y P3, respectivamente.

Por un lado, el locus RNAII presenta cuatro genes diferentes: el AGR A, el AGR B, el AGR C y el AGR D.

  • AGR D: Codifica un péptido inductor (AIP), un precursor peptídico de la señal de cuórum extracelular de AGR. Este péptido en su forma madura presenta un anillo característico de tiolactona entre la cisteína central y el extremo C-terminal de la cadena polipeptídica con una longitud de 7 a 9 aminoácidos.
  • AGR A y AGR C: Estos genes codifican un sistema de transducción de señales de dos componentes, el cual incluye un sensor de histidina-quinasa AGR C, proteína transmembrana que ejecuta su función fosforilativa en el momento de unión al AIP. Su regulador de respuesta se encuentra asociado al gen AGR A. En el momento de su activación a raíz de la fosforilación independiente de AGR C, se produce la unión de AGR A a la región promotora P2 para RNA II, a la región P3 para RNA III y a los promotores de expresión de los péptidos PSMα y PSMβ.
  • AGR B: Codifica una endopeptidasa transmembrada cuya función es la introducción de la modificación de una tiolactona, la escisión del extremo C-terminal y la exportación del polipéptido AIP hacia el medio extracelular. En este, esta sufrirá un procesamiento final llevado a cabo por la peptidasa señal de tipo I SspB.[30]

Funcionamiento del sistema AGR

Esquema del funcionamiento del sistema regulador AGR en Staphylococcus aureus

La señal AIP se origina a partir del precursor AGR D, que es procesado y exportado por la proteína AGR B. Cuando la concentración de AIP alcanza un nivel umbral, esta molécula activa el sistema de dos componentes AGR C-AGR A. Una vez que AGR A se fosforila, estimula la transcripción desde el promotor P2, generando así un mecanismo de autorregulación positiva y logrando que, así, se transcriban los operones AGR. Una propiedad destacada del sistema AGR es su especificidad de grupo el cual provoca una inhibición cruzada. Esto significa que el sistema AGR puede bloquear su propia actividad en cepas pertenecientes a otros grupos de especificidad o incluso en otras especies. Además, la mayoría de los genes diana están regulados por RNAIII, cuya transcripción se incrementa gracias a AGR A, a través del promotor P3. Este RNAIII también contiene el gen de la δ-toxina (hld). El RNAIII regula los genes diana uniéndose por complementariedad de bases a las regiones 5'UTR de los ARNm, lo que normalmente inhibe su traducción. Este mecanismo se utiliza para reprimir directamente los genes inhibidos por AGR, como el de la proteína A, mientras que la inhibición de la traducción del represor Rot provoca la activación de la transcripción de muchas toxinas clásicas controladas por AGR, como la α-toxina. Finalmente, AGR A también estimula la transcripción de los operones psm α y psm β, que codifican los péptidos PSM, mediante un mecanismo de regulación independiente del RNAIII.[30]

Este sistema, al igual que el sistema lytRS, es sensible a las condiciones ambientales, lo que permite que el gen spa lleve a cabo su función únicamente expuesto a determinadas condiciones del entorno, tal y como ya ha sido comentado con anterioridad.[32]

Sistema sarA

Staphyloccus aureus produce una familia de proteínas con afinidad por el ADN que regulan la expresión de factores de virulencia, entre las cuales encontramos el sistema AGR explicado en el anterior apartado. La más estudiada hasta el momento es la proteína SarA, perteneciente al sistema regulador accesorio estafilocócico, que se une a los ácidos nucleicos.

Staphylococcus aureus es conocido por ser un patógeno oportunista, sobre todo en el contexto de las infecciones hospitalarias. Este causa infecciones nosocomiales adquiridas en la comunidad y con elevadas tasas de morbilidad y mortalidad. Su éxito se debe a la gran variedad de proteínas reguladoras que posee, entre ellas la familia de proteínas SarA, las cuales le permiten adaptarse a distintos microambientes.[33]

Estructura general del sistema SarA

El locus sarA está formado por una región de ADN de 1,2 kb que origina tres transcritos solapados: SarA, SarC y Sar B. Todos ellos finalizan en el mismo punto y codifican la misma proteína SarA.[34] A diferencia de RNAIII, la producción de SarA se mantiene constante a lo largo de todas las fases de crecimiento del bacterio Staphylococcus Aureus. No obstante, la expresión de cada transcrito individual depende de la fase de desarrollo: Sar A y Sar B se expresan principalmente durante la fase exponencial del crecimiento bacteriano, mientras que Sar C se activa sobre todo en la fase estacionaria.[35][36]

Funcionamiento del sistema SarA

SarA actúa como un regulador transcripcional pleitrópico de los factores de virulencia, capaz de unirse a las regiones promotoras de algunos de los genes que controla, como hla (gen codificante de la α-hemolisina) o spa (gen codificante de la proteína A).[34][37]

Sin embargo, varios estudios han señalado que los efectos reguladores de SarA son más complejos de lo que se creía en un inicio. Un grupo de investigadores observaron que, además de influir en la síntesis de ARNm de spa, SarA también modula indirectamente la producción de la proteína Spa.[38]

Hasta ahora no se ha identificado un sitio de unión consenso definido para SarA. Otro grupo de investigadores descubrió que esta proteína se adhiere a una región de 26 pares de bases, conocida como la caja SarA, mientras que otros autores la describen como una secuencia de 7pb que aparece más de mil veces en el genoma del bacterio Staphylococcus aureus.[39] Esto sugiere que SarA podría interaccionar con el cromosoma con una frecuencia mucho mayor de la esperada para un factor de transcripción típico.[37]

En esta línea, otros investigadores han propuesto que SarA actúa de manera similar a las histonas, y que su función reguladora dependería de su capacidad para modificar la estructura del ADN y, con ello, afectar la accesibilidad de las regiones promotoras.[40]

Topología del ADN

El ADN bacteriano se mantiene en un estado de superenrollamiento negativo, una condición que facilita procesos esenciales como la recombinación, la replicación, la transcripción y la transposición del material genético. El grado de superenrollamiento depende de la energía celular disponible, por lo que puede variar rápidamente en función de las condiciones ambientales o nutricionales.

Varios estudios independientes han demostrado que el superenrollamiento del ADN participa en la transmisión de señales ambientales hacia el nucleoide bacteriano. En concreto, se ha comprobado que factores como la osmoralidad o mutaciones en el gen gyrB142 pueden alterar el nivel de superenrollamiento del ADN, modificando así su estructura y función. La influencia de estos factores sobre el cromosoma bacteriano puede provocar una mayor o menor condensación, aspecto que determina la facilidad de expresión de los genes, entre ellos, el gen spa.[41]

Factores ambientales que afectan a la topología del ADN:

Osmolaridad

Varios estudios han mostrado que factores como la presencia de NaCl, la sacarosa, un pH alcalino, la glucosa, la temperatura y distintos iones en el entorno pueden producir una modificación de la expresión de los genes de virulencia.[42][43] En investigaciones previas, se introdujo una fusión transcripcional sspa::lacZ como copia única en el cromosoma de la cepa silvestre RN6390BF.[44]

Se observó que la presencia de 1M de NaCl reducía de manera marcada la expresión del gen spa: su nivel se vio reducido entre cuatro a siete veces en comparación con las condiciones sin NaCl. Para averiguar si esta represión inducida por NaCl se debe a un efecto general de estrés osmótico o a una acción específica de los iones sodio o cloruro, se analizó cómo afectaban a la transcripción de spa otros osmolitos: un osmolito iónico similar (KCl) y uno no iónico (sacarosa). Tanto la sacarosa (1M) como el KCl (1M) redujeron la expresión de spa en un grado comparable. Esto indica que la inhibición de spa está probablemente relacionada con la respuesta al estrés osmótico, más que con un efecto particular de los iones específicos del NaCl.[45]

La elevada osmoralidad también modifica el superenrollamiento del ADN plasmídico. Esto se determinó gracias a un análisis realizado sobre el efecto que produce la osmoralidad en la distribución de topoisómeros del plásmido pE194 aislado de RN6390BF.[46] Las bacterias se cultivaron a 37 °C en medio TSB con los antibióticos adecuados hasta alcanzar una DO₆₀₀ de 2, y posteriormente se extrajo el ADN plasmídico. Como era previsible, los plasmidios obtenidos de células expuestas a condiciones de alta osmolaridad presentaban un mayor número de topoisómeros superenrollados que aquellos obtenidos de cultivos con baja osmolaridad.[45]

Mutación del gen gyrB142

El superenrollamiento del ADN está controlado por diversas enzimas especializadas. Entre ellas, la ADN girasa es la topoisomerasa bacteriana encargada de introducir superenrollamientos negativos en el ADN, utilizando energía libre procedente de la hidrólisis de ATP. Esta enzima está formada por dos tipos de subunidades, A y B, que juntas constituyen el complejo activo A₂B₂. La subunidad A (GyrA) se ocupa de romper y volver a unir las hebras de ADN mediante su dominio N-terminal, además de participar en las interacciones ADN-proteína a través de su dominio C-terminal. Por otro lado, el dominio N-terminal de la subunidad B alberga la actividad ATPasa. Fármacos como las cumarinas, por ejemplo la novobiocina, actúan inhibiendo esta actividad ATPasa.[45] En Stpahylococcus Aureus existe un alelo denominado gyrB142 que contiene dos mutaciones: Ile102Ser y Arg144Ile; confiriendo una elevada resistencia a la novobiocina.[47] Ambas mutaciones se encuentran en el dominio N-terminal de la proteína, responsable de la función ATPasa. El residuo Arg144 de Staphylococcus Aureus ocupa la misma posición que Arg136 en la proteína equivalente de Escherichia coli. Las variantes mutadas Arg136-His, Arg136-Cis y Arg136-Ser de Escherichia coli muestran una reducción variable de la actividad de superenrollamiento, comparadas con la enzima silvestre.[48] Por tanto, se considera que, al igual que ocurre en Escherichia coli, la presencia del alelo gyrB142 en Staphylococcus Aureus provocaría una relajación del ADN al alterar su actividad ATPasa.[47]

Al comparar la distribución de topoisómeros obtenida de los plasmidios de la cepa silvestre y de la mutante gyrB142, se observó que la de la cepa silvestre mostraba dos o tres desplazamientos respecto a la del mutante. Esto indica que, en cepas de Staphylococcus Aureus que poseen el alelo gyrB142, se produce una relajación del ADN plasmídico. Además, distintos estudios han demostrado que el alelo gyrB142 provoca un aumento en la expresión del gen que codifica la proteína A, sobre todo durante la fase exponencial del crecimiento bacteriano. Dado que este alelo también causa relajación del ADN, los resultados apoyan la idea de que existe una relación directa entre la relajación del ADN y el incremento de la producción de la proteína A.[45]

Estructura cristalina del dominio C de la proteína A estafilocócica en complejo con el fragmento Fc de la IgG humana a una resolución de 2.3 angstroms.

Unión a inmunoglobulinas y otras proteínas

A nivel estructural, la proteína A está formada por dos secciones:

  • El extremo N-terminal, el cual consiste de 5 dominios (E, D, A, B y C) con capacidad de unión a proteínas.
  • El extremo C-terminal, encargado del anclaje de la proteína a la pared celular de la bacteria.

Cada dominio está formado por unos 58 residuos,[25] los cuales adoptan un motivo de 3 hélices α antiparalelas.[49] En estas estructuras helicoidales, especialmente en las hélices I y II, se localizan principalmente los residuos con mayor implicación en la unión de la proteína A a la región Fc de la IgG.[50][51] Cada dominio puede unirse, además, a la región Fab, aunque su afinidad por esta región es unas 30 veces menor que por la región Fc.[52] También es posible la unión a otras proteínas humanas, como el receptor TNFR1, o el factor de von Willebrand (vWf).[53][54]

Más información Dominios involucrados, Estructuras involucradas ...
Dominios, estructuras secundarias y principales residuos implicados en las interacciones de la proteína A con ligandos del huésped.[55][56]
Dominios involucrados Estructuras involucradas Principales residuos involucrados
Región Fc E, D, A, B, C Hélices I y II His-18, Tyr-14, Lys-35, Asp-36, Asp-37, Asn-43, Ala-44
Región Fab Principalmente D Hélices II y III Tyr-14, Phe-31, Tyr-32, Lys-35, Asp-36, Asp-37
TNFR1 E, D, A, B, C Hélices I y II Phe-5, Phe-13, Tyr-14, Leu-17, Ile-31, Lys-35
vWf E, D, A, B, C Hélices I y II Gln-10, Phe-13, Tyr-14, Leu-17, Asn-28, Lys-35
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Unión de la proteína A a la región Fc de las IgG

Habitualmente, la opsonización de la IgG es un proceso mediante el cual los anticuerpos marcan al patógeno para su ingesta y destrucción:

  1. La región Fab, situada en el extremo variable de la molécula, reconoce de forma altamente específica a los antígenos en la superficie bacteriana, impidiendo la adhesión y entrada del patógeno en las células del huésped.
  2. Una vez establecido el reconocimiento, la región Fc, correspondiente al dominio constante del anticuerpo, se une a receptores específicos (e.g. FcγR, FcαR) en fagocitos y células presentadoras de antígenos, así como con proteínas del sistema del complemento.[57]

En cambio, la proteína A se une con gran afinidad a la región Fc de las IgG en sentido inverso al de los receptores Fcγ presentes en las células inmunitarias como macrófagos o neutrófilos. Esta unión bloquea el acceso de los receptores FcγR a la región Fc de la inmunoglobulina, impidiendo la opsonización y la fagocitosis. Como resultado, los complejos antígeno-anticuerpo no pueden ser reconocidos por el sistema inmunitario innato, lo que permite a la bacteria S. aureus evadir la respuesta inmune.[56][58]

Unión de la proteína A a la región Fab

Este tipo de unión ocurre en inmunoglobulinas con una región variable de cadena pesada cuya procedencia es del gen de la familia VH3.[59][60] A diferencia de la mayoría de otras uniones en las cuales está implicada la proteína A, su unión a la región Fab se limita principalmente al dominio D.

Esta unión le permite a la proteína A actuar como un superantígeno de linfocitos B al unirse a los receptores de células B (BCR), desencadenando una activación policlonal no específica de linfocitos B. Esto provoca la apoptosis de los linfocitos B, lo que reduce la producción de anticuerpos específicos.[61]

Tipos de interacciones químicas

La proteína A es capaz de unirse e interaccionar con otras proteínas gracias a diversas interacciones químicas que pueden ocurrir entre las moléculas implicadas:

  • Las interacciones hidrofóbicas, especialmente importantes durante las unión a la región Fc de las IgG (Phe132, Tyr133 y His137 de la hélice I[62]) y a la región Fab de las IgM, son posibles debido a la presencia de residuos aromáticos apolares, incrementando la estabilidad de la unión.[56][50][55]
  • La formación de puentes de hidrógeno incrementan la afinidad del dominio D a la región Fab. En concreto, se forman dos enlaces de hidrógeno entre Tyr-H59 y Asp-37 y entre Asn-H82a y Ser-33, además de otros dos enlaces de hidrógeno entre la cadena principal y la cadena lateral.[56]
  • Se forma un puente salino entre la región Fab y la proteína A, concretamente entre Arg-H19 y Asp-36.[56]
  • Algunas cargas eléctricas presentes en residuos de la proteína A y la IgG generan interacciones electrostáticas (Glu143, Arg146 y Lys154 de la hélice II).[62]

Función biológica y relevancia clínica

La capacidad de unión de la proteína A a otras proteínas conduce a diversas consequencias biológicas:

IgG3 y su resistencia a la inhibición por la proteína A

En el suero humano, las inmunoglobulinas G desctacan por su abundancia y por su contribución en la defensa frente a infecciones bacterianas. Esta clase se divide en cuatro subclases: IgG1, IgG2, IgG3 e IgG4 (ordenadas en función de su abundancia decreciente). Las cuatro subclases difieren, entre otros aspectos, en ciertos residuos que componen su región Fc, lo que explica sus diferentes capacidades para activar la respuesta del complemento. IgG3 presenta la mayor capacidad para activar el complemento (debido a su elevada afinidad por C1q) y opsonofagocitosis, incluso en presencia de la proteína A de Staphylococcus aureus. Esto se explica debido a una sustitución puntual en el residuo 435 de su región Fc, donde la histidina presente en IgG1 (His435) es reemplazada por arginina (Arg435), que impide la interacción entre la región Fc y los dominios de unión de la proteína A. La IgG3, como consequencia, mantiene su capacidad de formar los complejos IgG-hexámero en la superficie bacteriana, pudiendo así llevar a cabo el reclutamiento de C1q.[64]

Potencial terapéutico

Con el objetivo de poder neutralizar la actividad inmunoevasiva de la proteína A para que el sistema inmune pueda reconocer y eliminar S. aureus, se terminaron llevando a cabo investigaciones en las cuales se diseñaron variantes de proteína A en las que se mutan los residuos responsables de la unión de la proteína a las regiones Fc y Fab para poder usarlas como vacunas contra la infección de Staphylococcus aureus. Estos estudios, basados en modelos murinos, demostraron una reducción de la virulencia.[65]

Otros trabajos más recientes utilizaron vacunas multicomponentes que incluyen proteína A detoxificada, las cuales combinan proteína A modificada con otros antígenos, en modelos más grandes (minicerdos). Los resultados también demostraron una mejora en la respuesta inmune.[66]

Aplicaciones biotecnológicas

La capacidad de la proteína A para unirse con alta afinidad y especificidad a la región FC de las inmunoglobulinas G (IgG) ha sido ampliamente utilizada en biotecnología, inmunología y medicina. Gracias a que la proteína A reconoce únicamente el fragmento Fc, los fragmentos Fab —encargados del reconocimiento del antígeno— permanecen libres, lo que permite orientar anticuerpos funcionales sin bloquear su actividad. Esta propiedad ha sido aprovechada en técnicas de purificación, análisis, captura y detección molecular.[67]

Purificación de anticuerpos

Una de las aplicaciones más extendidas de la proteína A es la purificación de anticuerpos por cromatografía de afinidad. Para ello, la proteína A se inmoviliza sobre matrices sólidas como agarosa o Sepharosa, originando las resinas conocidas como Protein A-Sepharose o Protein A matrices.

Cuando una mezcla de proteínas atraviesa una columna de cromatografía de afinidad cargada con la proteína A inmmovilizada:

  • las IgG quedan retenidas gracias a su unión específica al fragmento Fc,
  • mientras que el resto de proteínas fluyen a través de la columna y se eliminan.

Posteriormente, los anticuerpos se recuperan mediante elución en condiciones de pH ácido controlado (≈2,5 - 3), lo que permite obtener IgG de elevada pureza. Este método es estándar en laboratorios de investigación y especialmente en la industria farmacéutica, donde constituye el primer paso en la purificación de anticuerpos monoclonales terapéuticos, [68]

Inmunoprecipitación, inmovilización de anticuerpos y biosensores

La proteína A se utiliza también en técnicas de inmunoprecipitación (IP) e inmunoprecipitación en condiciones nativas (Co-IP). En estos procedimientos, la proteína A se acopla a soportes sólidos como perlas magnéticas o microesferas de agarosa para capturar anticuerpos y sus antígenos asociados con alta especificidad.

Del mismo modo, se emplea para inmovilizar anticuerpos en microplacas, chips biosensores o superficies biofuncionalizadas, garantizando su orientación correcta. Esto mejora la sensibilidad de métodos como ELISA, Western blot, flujo lateral y plataformas de detección basadas en resonancia de plasmones superficiales (SPR), interferometría y biosensores electroquímicos y ópticos.

Gracias a la orientación correcta, los anticuerpos presentan sus regiones Fab hacia la muestra, aumentando la capacidad de detención. [69]

Variantes recombinantes y modificaciones de ingeniería

Se han desarrollado numerosas versiones recombinantes de la proteína A para mejorar su estabilidad, reducir su inmunogenicidad o modificar su especificidad.

Entre ellas destacan

  • Dominio Z: una variante derivada del dominio B, que mantiene la capacidad de unirse a IgG, pero presentando mayor estabilidad térmica y mejores propiedades para inmovilización. Se utilizan ampliamente en biosensores, plataformas de diagnóstico y procesos industriales de producción de anticuerpos monoclonales. [70]
  • Proteína A recombinante con reducción de sitios inmunogénicos: aplicada en procesos donde el contacto con sistemas inmunes humanos es inevitable. [71]
  • Versiones con especificidad alterada: diseñadas para mejorar la afinidad hacia ciertos subtipos de IgG o para evitar la unión a IgG de especies no deseadas (por ejemplo, sueros animales utilizados en cultivo celular)
  • Proteína A acoplada a etiquetas o dominios de fusión: utilizadas en purificación rápida de anticuerpos recombinantes mediante técnicas tag-capture.

Ejemplos comerciales

Numerosas empresas biotecnológicas comercializan una amplia variedad de productos basados en la proteína A. Entre estos se encuentran resinas de cromatografía de afinidad de alta capacidad, columnas pre empaquetadas, cartuchos desechables, microesferas magnéticas, kits de inmunoprecipitación, biosensores y partículas magnéticas utilizadas en técnicas de inmunoprecipitación y purificación de anticuerpos

Entre los fabricantes más destacados se encuentran Cytiva (GE Healthcare), Thermo Fisher Scientific, Bio-Rad o Sigma-Aldrich/Merck. [72] [73]

En la industria farmacéutica, las resinas de proteína A son actualmente el estándar mundial para la captura de anticuerpos monoclonales terapéuticos, constituyendo una fase crítica en la purificación a gran escala.

Véase también

Referencias

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