Nacido en San Luis Potosí, donde su padre se había establecido para continuar los negocios de su abuelo, Cayetano Rubio, Ramón descendía de una familia de prominentes empresarios del País Vasco que amasaron una fortuna en México. Rico y gran amante de las artes, Ramón estuvo expuesto a ellas desde muy joven gracias a su abuelo, quien fue el primero de la familia en ejercer el mecenazgo. También fue uno de los fundadores de la industria textil y salinera mexicana.
Cuando Ramón tenía doce años, su padre decidió establecerse en París, la capital francesa. Allí, Ramón siguió las costumbres de la clase social más prominente, cultivando desde muy joven un gusto refinado por las artes. Desde joven se involucró en el negocio familiar, contribuyendo al establecimiento de la industria salinera, con frecuentes viajes a su país natal. Aun así, pasó la mayor parte de su tiempo en París, donde formó parte de la élite social de hispanoamericanos residentes en Francia.
Su interés por la pintura también pudo haber surgido de considerar el coleccionismo como otro elemento de distinción social. Sin embargo, su amistad con Raimundo Madrazo, también adinerado coleccionista, tuvo una influencia notable y decisiva tanto en su gusto como en la formación de su enorme colección de arte.
Legó en su testamento veinticinco obras de su colección de pintura del XIX al Museo del Prado. Entre las obras que legó se encuentran obras maestras de Mariano Fortuny, Raimundo Madrazo y Paul Baudry (La perla y la ola (fábula persa)). Así mismo donó al Museo de Arte Moderno de Madrid un retrato de Meissonier, que posteriormente ingresaría en el Prado.[2][3] Fue hermano del también coleccionista Luis de Errazu.